Berna González Harbour

Sobre la autora

Berna González Harbour es subdirectora de EL PAÍS, responsable del área Internacional. Antes estuvo a cargo de la sección de vida&artes, donde intentó reflejar las tendencias y debates que retratan esta sociedad. Ha sido redactora jefa de Internacional, corresponsal en Moscú y enviada especial en una veintena de países.

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La hipocresía de Europa

Por: | 30 de marzo de 2012

La fragata Méndez Núñez / Foto: MDF


Cuando Estados Unidos y Europa lograron el increíble éxito de que el Consejo de Seguridad de la ONU autorizara la operación en Libia, en un movimiento que aún guarda un coste monumental para la siguiente revolución (la siria), lo hizo con base a un elemento clave: los civiles. Esa fue la palabra mágica para que Rusia y China, los dos gigantes díscolos del club, tragaran con una intervención que realmente no querían. Fue así como, el 17 de marzo de 2011, el Consejo de Seguridad permitió "tomar todas las medidas necesarias" en Libia para "proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques". Con esas pinzas diplomáticas se sostuvo frágilmente la operación militar que arrancó el 19 de marzo, dos días después, y que desbordó ampliamente la "exclusión aérea" aprobada con la excusa de proteger a los civiles por doquier. Muerte de Gaddafi incluida.

No pasó mucho tiempo más para que, el 26 de marzo, barcos de la OTAN, entre ellos la fragata española Méndez Núñez, recibieran una alerta para socorrer una barca cargada de refugiados que intentaban huir de la guerra libia. Unos setenta náufragos estaban en peligro, sin agua ni comida, y fueron muriendo sin socorro, sin que que nadie se tomara la molestia de movilizar sus helicópteros o barcos de salvamento para rescatarles, como ha reflejado la investigación del Consejo de Europa.

Cómo esos ciudadanos habían abandonado el estatus de "civiles" dignos de una intervención militar de la OTAN para pasar al de "inmigrantes", indeseados, a los que cerrar el paso e inmerecedores del movimiento de una fragata, es la pregunta que hoy debemos responder. La OTAN ya ha hablado y ha reconocido que alertó a los buques situados en la zona. El Ministerio de Defensa español lo niega. Unos y otros deben dar una explicación creíble si quieren borrar la sospecha de la gigantesca hipocresía europea ante la inmigración.

¿España es menú o es comensal?

Por: | 30 de marzo de 2012

Puertas-abiertas¿Recuerdan esos tiempos en que los analistas españoles viajábamos a lugares como Kosovo o Azerbaiyán para intentar comprender Estados en conflicto o en plena construcción? El modelo español era siempre una referencia bienvenida ante los nuevos países que se empezaban a formar tras la caída del muro y la disolución de los regímenes comunistas. Hoy, los analizados somos los españoles.

Lo contó Jordi Vaquer, director del Cidob, al presentar esta semana en Madrid el European Foreign Policy Scorecard 2012 (véase crónica de Andrea Rizzi). Se oyeron muchas cosas interesantes en ese acto en Madrid, y esta frase de Vaquer, también columnista de EL PAÍS, fue clarificadora: "Si no estás en la mesa, estás en el menú. Antes nosotros investigábamos a los demás. Ahora son los think tanks de China los que llaman a nuestra puerta para entrevistarnos, para investigar España e intentar comprender qué está pasando, qué está fallando".

Y lo que está pasando lo definió Javier Solana con la misma claridad: Si hoy contamos cuatro países europeos entre los diez países más ricos del mundo, en 20 años serán 2, en 30 años, uno, y en 40 ninguno. Eso es lo que está pasando. "¿Y qué hacemos con este dato? Podemos ponernos a llorar o podemos unirnos. Y solo entonces, si nos unimos, Europa seguirá estando entre las 10 primeras potencias mundiales dentro de muchos años".

El ex responsable de Política Exterior y Seguridad Común de la UE dio algunas claves para empezar a actuar, más allá de fortalecer la gobernanza del euro y el proyecto europeo global. A saber:

- Urge forjar unas sólidas relaciones con Polonia. Polonia entrará en el euro y ese día todas las relaciones cambiarán. Alemania será diferente. Europa será diferente.

- Relaciones nuevas con Turquía, la que dijimos que íbamos a tener. Turquía en política exterior es más importantes que la UE en su conjunto.

- Rusia: Se puede hacer más, mucho más, especialmente desde que está en OMC.

- Ciudadanía. Esa difícil tarea que es la conexión con la ciudadanía europea.

Hasta aquí, los consejos para los gobiernos. Interesantes. ¿Y para esos analistas que antes estudiábamos Azerbaiyán y que hoy repetimos curso, como alumnos malos, para empezar por analizar esa España que creíamos ya articulada y que se ha trabado como una asignatura imposible? Para nosotros también tuvo consejos Solana, que repartió estopa (cariñosa) contra esos artículos críticos con la Unión Europea de José Ignacio Torreblanca o Lluís Bassets, allí presentes, y apeló a un "apostolado" aún necesario. "Si tiramos piedras contra ese tejado que aún es frágil cometemos un gravísimo error. La solución es Europa, no el problema".

¿Somos menú o comensal? ¿Hacemos apostolado o una crítica exigente a Europa? Las preguntas quedaron flotando en una sala pequeña y a medio llenar. Y es que la distancia del público de las asignaturas pendientes nos deja en evidencia, a los analistas también.

 

 

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