Tres son los escenarios nuevos en los que la estrategia alemana del pacto de austeridad se hunde en el barro:
1) Grecia, donde la ingobernabilidad ha ganado las elecciones; 2) Francia, donde la regia imagen de Hollande en su toma de posesión es todo un regalo de estabilidad institucional en medio de la tromenta y a pesar de los relámpagos que le hicieron regresar a París; y 3) Renania del Norte-Westfalia, donde el ascenso socialdemócrata marca una herida nueva para Angela Merkel. Aunque este sea el menos importante de los tres, paradójicamente es el que puede generar más cambios.
Y tres son los actores necesarios con los que la solución de la crisis debe empezar a contar:
1) La izquierda. El sonoro retroceso de la CDU de Angela Merkel en el land más poblado e industrializado del país impulsa a un nuevo actor en el escenario europeo: el SPD. El partido socialdemócrata alemán, desdibujado tras la última gran coalición en Alemania y castigado también por haber sido artífice de las impopulares reformas del canciller Gerhard Schröder, está recuperando una posición necesaria, urgente, en el debate europeo. Este martes, el SPD ha divulgado un programa en el que hace suyas las consignas de François Hollande para intentar fomentar el crecimiento: impuesto a las transacciones financieras; inversiones por parte del Banco Europeo de Inversiones; mejor uso de los fondos estructurales y bonos para financiar proyectos de expansión. El SPD, el socialista Hollande y la izquierda griega convertida en tercera fuerza con su discurso simple de "euro sí, pero estas condiciones para el rescate no" son nuevos personajes en el escenario con los que los líderes que han dictado las políticas hasta la fecha no pueden dejar de contar.
2) Los ciudadanos. Resolver crisis institucionales a base de soluciones tecnocráticas trabajadas en los despachos es una práctica que debe llegar a su fin. La elección de Papadimos en Grecia y de Monti en Italia sirvieron para apagar los fuegos que amenazaban con llevarse por delante ambos países el pasado otoño, pero la democracia puede más. Los ciudadanos han hablado en Grecia y han dado la espalda a los grandes partidos que pactaron las duras condiciones del rescate de su economía. El último intento del presidente Papulias de que el nuevo Parlamento atomizado e incapaz de gobernar elija un gobierno de notables ha fracasado. ¿Con qué argumentos iban los electos a explicar a sus votantes que ahora les gobernarán unos señores que no han pasado por las urnas?
3) Las instituciones comunitarias. ¿Quién dijo que no hay mimbres para una opinión pública europea? La gran noche electoral que vivió Europa el 6 de mayo ayuda a derribar el mito de una Unión sobre el papel que no sabe forjar una narrativa conjunta. Desde Sevilla a Estocolmo, los europeos estábamos atentos al veredicto de las urnas en Francia (presidenciales), Grecia (legislativas), Italia (municipales) y Alemania (regionales), conscientes de que en todos esos lugares también se estaba escribiendo nuestro futuro.
Estos días, el clamor en busca de una solución que apacigüe la inestabilidad del euro y la expectación ante los siguientes pasos que den todos los actores se han disparado en un termómetro único que no es de papel. El propio Parlamento Europeo, que ve cómo los líderes toman decisiones pasándose por alto las instituciones comunitarias, ha celebrado estos días un debate ardiente sobre su propia impotencia.
"Sufrimos un déficit de democracia grave. El Pacto fiscal ha sido aprobado por Gobiernos sin que pase por el Parlamento Europeo. No hay un control legislativo del ejecutivo", denunció Daniel Cohn Benditt en la sesión que intentaba celebrar el Día de Europa en la Eurocámara. "La solución está en el compromiso solidario. Alemania ha tardado en comprender que su economía también depende de cómo le va a la zona euro, pero al fin ya es consciente y reaccion", dijo Pervenche Berès, socialista francesa y presidenta de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales de la Eurocámara.
El nuevo presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, emerge en el mapa como un personaje interesante: socialdemócrata alemán, mantiene una interlocución privilegiada obvia con Berlín y un afán de devolver a Bruselas algo del fulgor perdido.
El propio Hollande ha defendido que el eje franco-alemán deje de ser un duopolio. Es hora de recuperar el espíritu comunitario de Bruselas frente al intergubernamental que impusieron Merkel y Sarkozy.
¿Será posible?
El rayo que ayer cayó sobre el avión de Hollande y le hizo regresar a París es la metáfora brutal de una Europa bajo una tormenta perfecta. Pero no ocultó otro rayo, uno de esperanza, la que Hollande quiso convertir en hilo conductor de su discurso y de una nueva era en Europa. Más nos vale apostar por éste.