Algunos lo llaman actor de reparto pero en esta parte del mundo los conocemos como “secundarios”. Son esos actores y actrices cuyo (gran) mérito reside en salir ahí fuera un rato y robarle la cartera a la estrella de turno.
El cine les ha dado brillo y disgustos y la tele les ha dado algo que el séptimo arte les había robado: proyección, público y visibilidad. Se ha dicho siempre que una serie en condiciones es un gran regalo para un actor, no sólo porque la tele se enciende en millones de hogares sin necesidad de pago (más allá de la electricidad, las plataformas privadas o los impuestos especiales, como el del Reino Unido) sino porque los arcos argumentales son largos y los tiempos de cocción lentos. Además hay un último factor a tener en cuenta: la tele ya no es el cementerio de elefantes donde los actores van a morir y finiquitado (definitivamente) ese matiz se ha abierto la veda para que cualquier intérprete, sea grande o muy grande, pueda meter pie en la pequeña pantalla sin recibir miradas de oprobio.