'Baskets', el payaso triste no se rinde

Por: | 03 de febrero de 2016

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Zach Galifianakis tiene un humor muy particular, no apto para todos los paladares. De hecho, si alguien se acerca a su comedia pensando encontrar una versión del tono genérico y gamberro de la trilogía de Resacón en Las Vegas, podría no entender nada de lo que está viendo. Incluso podría querer salir corriendo. Galifianakis es surrealista, incómodo, inconexo y con cierto tono trágico; no practica el chiste, ni la risa fácil. Pero cada palabra y movimiento físico en su número está medido. Todos los adjetivos que lo definen describen también la personalísima Baskets, serie sobre un payaso triste creada a cuatro manos con otro maestro de los silencios y la comedia incómoda como Louis C.K.

Igual que las mejores comedias, Baskets es la historia de un fracaso y su fracasado protagonista. Chip Baskets es un payaso frustrado. Nació con una gran vocación, pero con un insalvable problema: nadie le ha visto nunca la gracia. Después de formarse en una prestigiosa universidad parisina, el destino —y la pobreza— le vuelven a llevar al mismo lugar donde empezó su calvario, su natal Baskerville, un recoveco rural de Estados Unidos donde todo lo que le queda es ser un payaso de rodeo. "Pareces un payaso, pero no eres un payaso", se atreve a confesar su arisca mujer francesa. Allí nadie entiende su arte, no puede pagar el alquiler y su esposa no le hace caso, pero por primera vez está satisfecho con algo. Solo trata de hacer el trabajo para el que ha nacido. Todos los días tiene la oportunidad de ponerse tras el maquillaje blanco y ver a alguien sonreír. Él sigue adelante, buscando el arte en un mundo banal hecho "solo para hacer réir". Ni las cornadas diarias de la vaquilla le hacen rendirse.

Baskets, o Renoir como le gusta que le llamen, es un personaje patético, pero también un soñador sin ínfulas de grandeza y con los pies pegados al suelo. Identificarse con un payaso no es sencillo. Pero Galifinakis es un clown particular, no es exagerado ni hace "payasadas", es simplemente un hombre empeñado en perseguir su vocación, aunque la realidad se le ponga por delante. Ser ese payaso gracioso del que nadie se ríe en su vida real. Un mimo de la vieja escuela, sin nariz de payaso. Baskets es en sus entrañas una historia de optimismo, no solo para el payaso protagonista, sino también para las personas a su alrededor como Martha, la tímida agente de seguros (Martha Kelly, en su primer trabajo como actriz, es un descubrimiento) que busca hacer la vida de su compañero un poco mejor. Cada uno de sus silencios carga a la serie y sus personajes, tranquila y meditativa, de profundidad. Una historia de superación personal que, además de la marca surrealista e incómoda Galifianakis, lleva el inconfundible sello de Louie, uno de los mayores héroes tragicómicos que ha dado la televisión en mucho tiempo (y pese a su parón indefinido, su creador sigue dándonos grandes proyectos). Él bien sabe que lo primero para triunfar en este tipo de comedia, pornografía del patetismo, es llegar al alma. Si nos identificamos con quien hace el chiste, todo será entonces más sencillo.

 

Baskets, el personaje, quiere gustar a todo el mundo, aunque ni él lo sepa: a su jefe; a sus nuevos compañeros payasos, a los que enseña su arte; a su mujer, con la que se casó para que ella pudiera vivir en EEUU. e incluso a su terca madre, a ojos de quien siempre ha sido la oveja negra. Baskets, la serie, por el contrario, no quiere convencer a todos los espectadores. Es suficientemente madura para saber que va a alinear con su sentido del humor (o la falta del mismo) a gran parte de la audiencia. Y por eso brilla, gracias a la libertad creativa que desprende. FX ha confiado todo al criterio de Louis C.K. (con quien tiene exclusividad para desarrollar sus propias series), que dio un tripe salto mortal y se atrevió con un concepto que ni Jerry Lewis había logrado sacar adelante: una tragicomedia en la América profunda sobre un payaso, esa figura circense que el cine identifica mejor con el terror que con la comedia. 

Esa libertad creativa se nota en cada una de las decisiones, desde la selección del cómico Louie Anderson como la madre del protagonista (un sorprendente y creíble acierto) a la utilización de actores no profesionales para algunos de los roles, pasando por la rápida y naturalista dirección de Jonathan Krisel, que impregna Baskets del estilo más desgarrado de las últimas temporadas de Portlandia. Otros recursos clásicos de la obra de Galifianakis, sin embargo, no casan tan bien con el ambiente melodramático de la serie. Su pasión por los hermanos gemelos opuestos o el recurso de los vídeos caseros rodados en VHS parecen más propios de los programas de sketches exagerados de Tim & Eric que de esta historia. Y, a pesar de ello, todo es puro Galifianakis, que aparece en cada plano. Nadie más podría copiar el estilo de este cómico que se atrevió a postrar al presidente Obama entre dos macetas en una entrevista en la que se mantenía callado, y que hace sus monólogos vestido de Annie, con playback de Tomorrow acompañado por una pizarra. El humor de Zach Galifianakis no es cercano ni accesible ni de carcajada, es complicado, pero sobre todo su humor es suyo. Más similar a Andy Kaufman que a Adam Sandler. Nadie puede plagiar su voz. Eso es lo mejor de Baskets. Eso es lo que alejará a muchos de Baskets.

 

Hay 2 Comentarios

Una propuesta muy interesante.

Dicen que es un personaje que no tiene término intermedio, es venerado u odiado por partes iguales. En mi caso no he visto nada de esta nueva aventura.
www.seriesruy.blogspot.com

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