Para conocer la opinión de Hugo Moyano, el sindicalista más poderoso del país, solía alcanzar con su palabra. Pero de un tiempo a esta parte, también resulta necesario escuchar a sus hijos Pablo y Facundo, quienes han ido ganando protagonismo, como reflejo de los intereses familiares que se diversifican y requieren de más de un intérprete. Detrás de la escena familiar se mueve Liliana Zulet, tercera esposa del secretario general de la Confederación General de Trabajadores (CGT), y encargada de manejar las finanzas de la obra social, de la mutual y de los varios negocios que derivan del manejo del sindicato de los camioneros, la piedra basal del poder de los Moyano.
Hugo, el patriarca, arrancó en el escalón más bajo de la pirámide: fue delegado de la empresa de mudanzas Verga Hermanos con apenas 18 años, en la ciudad de Mar del Plata. Escaló hasta la cúpula de su gremio y lleva las riendas de los camioneros sin descanso desde 1987.Cuando fue elegido para conducir la CGT, en el 2004, delegó parte del manejo diario del sindicato, que ahora cuenta con 200 mil afiliados, en su hijo Pablo. Hugo y Pablo volvieron a encabezar hace un par de meses la única lista que se presentó a elecciones, y previsiblemente, obtuvieron un mandato por otros cuatro años.
A Pablo le toca el papel más rudo: representa el costado bravo de su padre, el que amenaza con bloqueos en las calles si el Gobierno no eleva pronto el piso a partir del cual se descuentan en forma compulsiva impuestos a las ganancias del salario, una quita que hoy alcanza el bolsillo de los camioneros. Pablo es discreto y reservado con su vida privada, golpeada por muertes muy cercanas. En diciembre del año pasado trascendió que su segunda esposa, Patricia Villares, había fallecido a los 40 años por una descompensación que habría sufrido durante una cirugía estética, pero nadie de su entorno confirmó las circunstancias de la muerte.
Mientras redactaba este ingreso, se conoció la noticia de la muerte del hijo mayor de Hugo Moyano, Emiliano, de 39 años, el único hermano de padre y madre de Pablo (Moyano tuvo dos hijos del primer matrimonio, cuatro con el segundo, y un séptimo hijo varón, Gerónimo, con su tercera esposa). Hijo de Olga Mariani, una dirigente sindical de Mar del Plata, Emiliano, quien padecía una enfermedad mental y vivía con un enfermero en una localidad rural de la provincia de Buenos Aires, se descompensó mientras deambulaba por una plantación de maíz.

Hugo Moyano con su hijo Pablo, el heredero en el gremio de Camioneros.
Los mensajes de Pablo no son sutiles ni pulidos. Impaciente por la negativa del Gobierno a modificar el esquema del cobro de ganancias, recordó hace pocos días: "En 2008, cuando se venía abajo el Gobierno, fue Camioneros, fue Moyano, los que llenaron la Plaza de Mayo, los que estuvieron en la ruta cuando prácticamente había un golpe de Estado". Pablo puso plazo a la paciencia de los Moyano: si para el 15 de diciembre, cuando se celebra el Día del Camionero, su sindicato no obtiene una respuesta que lo contente, el reclamo se hará sentir en las calles.
Pablo desconfía sin disimulos de sus contemporáneos, los jóvenes de la agrupación kirchnerista La Cámpora. Los considera yuppies de la política que enarbolan consignas de izquierda como quien canta una bonita canción. Hablando de la representación que tendrán en el próximo Congreso, dijo Pablo Moyano: "Los jóvenes, con la rebeldía que tienen, vamos a ver qué hacen. Esperemos que a partir del 10 de diciembre, lo que han mostrado en la campaña, el movimiento nacional y popular, lo demuestren apoyando las leyes en beneficio de los trabajadores".
En Diputados, la familia estará representada a partir del 10 diciembre por el más político de los hermanos, Facundo, de 26 años. Más joven que Pablo, Facundo trabajó un par de meses en una cabina de peaje, sin interés alguno por su salario pero con un objetivo predeterminado: armar el Sindicato Unico de Trabajadores de Peajes y Afines, que ahora conduce.
A Facundo, que no alcanzó a terminar sus estudios de abogacía, le gusta más la política electoral que la pelea gremial. Le encanta salpicar sus entrevistas con citas de libros formativos y demuestra un interés por los cortes de pelo y la ropa de moda. Lidera la Juventud Sindical y en las últimas elecciones, el gobernador Daniel Scioli le hizo un lugar en la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires.

Hugo Moyano y su hijo Facundo, diputado electo por la provincia de Buenos Aires.
A diferencia de su hermano Pablo, Facundo ha tendido puentes con los jóvenes de La Cámpora, que reciben el aliento de Máximo Kirchner, el primogénito de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Cómo será la convivencia entre ellos en la Cámara de Diputados, está por verse. Hasta ahora, la voz de Moyano en la Cámara Baja se hacía escuchar a través del abogado del gremio de camioneros, el diputado nacional Héctor Recalde, quien viene empujando sin eco en el kirchnerismo un proyecto para que los trabajadores participen en las ganancias de las grandes empresas.
Aunque su vínculo con Cristina Fernández se ha resentido y en la CGT no le faltan enemigos que lo quieran derrocar, Moyano insiste con que le gustaría que un sindicalista (él mismo, si fuera posible) llegue cuanto antes a ocupar la presidencia, como lo hizo Luis Ignacio "Lula" Da Silva en Brasil. En su esquema de construcción de poder, los negocios juegan un rol fundamental (algo que Facundo admite sin tapujos como parte de una estrategia necesaria para la acumulación de fuerzas)

Liliana Zulet, la tercera esposa de Moyano, junto al séptimo hijo del líder camionero.
Cuenta la leyenda que Moyano conoció a su tercera esposa en una audiencia de conciliación de un juicio que ella le había entablado al gremio de camioneros. En un mundo tan machista y poco permeable a las mujeres como el de los sindicatos, Liliana Zulet se hizo un lugar tan relevante que ahora maneja un imperio económico, montado sobre las oportunidades que derivan del manejo de la caja del sindicato, empezando por la empresa que gerencia la obra social de los camioneros.
A Moyano también le atribuyen ser el dueño en las sombras de Covelia, una empresa de recolección de basura que ha ganado una importante cantidad de contratos en municipios del conurbano de la provincia de Buenos Aires, un territorio donde la influencia política suele ser la llave para grandes negocios. La relación no es fácil de comprobar: cuando Suiza envió un exhorto a la Justicia argentina para indagar un poco más, a raíz de un movimiento sospechoso que había detectado en una cuenta millonaria de quien figura como titular de Covelia, Moyano amenazó con paralizar el país y la Cancillería rechazó entonces por improcedente la solicitud.
A través de sociedades en las que suele figurar su hija, de un matrimonio anterior, Valeria Salerno, Zulet administra además de los sanatorios y de los negocios derivados de la medicina de los afiliados al gremio, una empresa constructora, una compañía de seguros, una textil, hoteles y otros tantos emprendimientos que se financian con descuentos obligatorios de aportes salariales al sindicato y a la mutual de camioneros.
Como verán, todo en esta historia queda en familia. En la familia Moyano.