Recóndita Armonía

25 mar 2016

El efecto mariposa

Por: Rubén Amón

Madama Butterfly es una de las obras más arriesgadas del repertorio. Se expone, como pocas, al peligro de la sensiblería. Y se arriesga, como tantas de Puccini, a la demagogia y al tremendismo, más aún cuando la tradición la ha sepultado de tópicos y cuando el aria sublime de “Un bel di vedremo” desenfoca los restantes méritos de la partitura. Que es muy ingrata para el tenor, porque asume un papel gregario. Y que es muy difícil para la soprano, porque el papel de la geisha requiere tanto refinamiento como personalidad en una suerte de dramaturgia mutante que se atiene a la propia metamorfosis de la crisálida: de gusano a mariposa para terminar clavada en un alfiler.

Metopera

Anthony Minghella, mitad antropólogo, mitad entomólogo, acertó con su punto de vista cuando estrenó su Butterfly hace una década en el Met. Le concedió una perspectiva pudorosa, elegante y dolorosa. Y la revistió de inmisericordes premoniciones, empezando por la imagen de la geisha cuyo kimono se desfigura en unos haces de tela roja, poderosa hemorragia simbólica que anuncia el final de la ópera desde el principio, como hace Billy Wilder en “El crepúsculo de los dioses” arrojando a William Holden a la piscina.

Ha sobrevivido Butterfly a la muerte de Minghella. Y representa un hito escénico en la historia contemporánea del Met, aunque toda la sutileza del montaje y todos los aciertos cromáticos que mecen la partitura adquieren un valor multiplicatorio cuando el reparto musical asume el dolor de Puccini. Sucede estos días con la imponente Kristine Opolais. Una soprano de enorme poder dramático que rebasa el estereotipo de la geisha de origami para convertirse en una suerte de mártir griega. Parece el suyo el suicidio de Medea, aunque el libreto original del David Belasco indulta al hijo de Butterfly. Y lo entrega a la nueva mujer de su esposo para que lo críen ambos en la tierra prometida de América, lejos del pecado original.

Minghella elude el recurso de un niño. Lo transforma en un bunraku, una marioneta japonesa. Y, mutando, mutando, crea otra crisálida, un híbrido clandestino que se desenvuelve en escena gracias al movimiento invisible de los hombres sombra, no ya relacionando Butterfly con la tradición del teatro renacentista de Osaka, sino incorporando al montaje una “compaña” de espectros que mueven los hilos de la marioneta y que manipulan la acción misma entre los precarios recursos de una escenografía minimalista.

La sutileza de la dramaturgia en su propia extrapolación visual contradice cualquier tentación grandilocuente de la música. Por eso acierta el maestro Karel Mark Chichon en su versión esmerada, matizada y hasta camerística, por ejemplo cuando el coro de marineros comparece como el susurro de un requiem premonitorio. Es una Butterfly en penumbra, una ópera de ocaso, de luces crepusculares. Y un montaje que tanto encumbra la carrera de Krsitine Opolais entre sus colegas como reivindica la madurez de Roberto Alagna en el umbral de los cincuenta años.

Está en magnífica forma el tenor franco-siciliano. Canta con valentía. Frasea con distinción. Y compone un Pinkerton penetrante, fabuloso, sabiendo, como sabe, que la ópera de Puccini no se explica sin el efecto mariposa que otorga a la ópera el primer aleteo de Butterfly.

No terminará de morirse Minghella mientras el Met mantenga en el repertorio esta emocionante dramaturgia. Fue la manera de celebrar el centenario de sus primeras funciones en el Met (1907). Allí estaban entonces Geraldine Farrar y Enrico Caruso remediando la catástrofe que había supuesto el estreno en la Scala de Milán (1904). Y convirtiendo Butterfly en una ópera americana. Tanto por la contribución del libretista Belasco como porque la alusión al himno estadounidense excita todavía hoy a los espectadores.

Hay 6 Comentarios

Maravillosa Butterfly,increible Suzuki,magnificos Pinkerton y Cónsul....
Admirables artistas de títeres.....pero,a mi juicio, no caben en esa mise en scene...quisiera tener la reaccion de Puccini, el mismo, que nunca imagino al hijo de Butterfly como un títere.siempre he visto en este papel a un nino de carne y hueso mucho mejor...aquí,es un desastre.me da carne de gallina.

El viejo está bien vivo. El que se hablara solo cierra el acto de sugestión y quizá por eso es de verdad...

Para Mí, Las matemáticas son thrillers. Veo formula y tengo curiosidad por cuanto saldra. Todas y cada una de las veces en Roma fui al panteón... allí veo el cielo. Ahora preside mi cuarto, algo encogido de humedad..Por el trastero circula la junta de dilatación comunitaria de lado a lado..

Hará 2 años fui con mi hijo a llevar libros que no cabían ya a la cuesta de Moyano. Uno solo costo mas que todos allí, 30 Euros. He arreglado por fin trastero, vuelvo a tener doble fila de libros. Pero son clasicos usados. Adios A Las Armas, Confieso Que He Vivido...No existe Hemingway.net aun...Quien Se Lleva El Copyright

Estuve en el estreno de esa maravillosa función . Grande y espléndida Cristina Gallardo-Domas.. Dirigía Levine. Extraordinaria noche!

Creo que hace falta mencionar que el teatro es el Metropolitan Opera de NYC: http://www.metopera.org/

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Sobre el blog

La ópera no muerde. Como mucho, aburre. Aficiónese o síganos. O haga las dos cosas a la vez. Intentaremos que no se arrepienta.

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Rubén Amón

Rubén Amón Podría haber sido barítono, podría haber sido pianista, pero el autor de este blog tuvo que resignarse a un teclado más limitado, el del ordenador, para dedicarse al periodismo y explorar, incluso, uno de sus ámbitos más minoritarios, sospechosos y hasta esnobistas: la ópera y la música clásica.

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