Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Francisco Javier Garzón


El 5 de julio tuve ocasión de inaugurar la jornada empresarial “10 años de relaciones económicas España-países árabes: balance y futuro”, que celebró el 10º aniversario de Casa Árabe, institución que se ha constituido en un excelente espacio de encuentro e intercambio entre España y los países árabes. ICEX ha seguido de cerca la evolución de la Casa, a partir de su pertenencia a su patronato, y estamos encantados de colaborar con ella.

En este contexto, permítanme realizar un análisis de la evolución de los intercambios de naturaleza comercial entre España y los países árabes durante la última década y abordar el papel de la Administración Comercial del Estado en su impulso.

Quiero enmarcar este repaso en el cuadro general de la internacionalización de nuestra economía, pues, además, en los últimos diez años hemos asistido a un ciclo completo expansión – crisis – expansión que hace particularmente interesante el análisis.

En 2007, cuando se creó Casa Árabe, nos encontrábamos inmersos aún en un ciclo expansivo que en España había durado una década. Muy pocos analistas se atrevían a predecir, no ya la profundidad de la crisis que sucedería a continuación, sino la posibilidad misma de que ésta se produjera. No obstante, una variable, de fundamental importancia, debería habernos puesto en guardia: nuestro desequilibrio externo.

En los cuatro trimestres que siguieron al estallido de la crisis financiera internacional se produjo, entre otras cosas, un hundimiento del comercio internacional, que en el caso de nuestro país supuso que, en 2009, exportáramos un 16% menos que en el ejercicio anterior.

No obstante, 2009 fue también el comienzo de un periodo extraordinariamente provechoso e interesante desde el punto de vista del comercio exterior y que se prolonga hasta nuestros días.

Desde entonces, España ha pasado de ser el país desarrollado con mayor desequilibrio externo a cerrar el ejercicio pasado, 2016, con una capacidad de financiación respecto al resto del mundo por encima del 2% del PIB.

Tan excepcional es la situación actual que, en los cuatro últimos trimestres, es decir, incluyendo el primero de 2017, se ha producido una situación sin precedentes en la serie histórica: la demanda interna y la externa contribuyendo contemporáneamente al crecimiento de nuestro PIB.

Se puede, por tanto, afirmar, que el salto de nuestras exportaciones dado durante los últimos años tiene un componente estructural e independiente del ciclo.

Y, dada la relación entre internacionalización y competitividad, los resultados alcanzados por nuestras empresas en los últimos años son una muestra de su competitividad y, a nivel agregado, de la de nuestra economía.

La aportación de los mercados árabes a este excepcional cuadro es una cuestión con frecuencia ignorada.

La exportación a los 22 países que forman parte de la acción de Casa Árabe se ha más que duplicado entre 2009 y 2016, muy por encima del aumento del 60% que se ha producido en el total de nuestras exportaciones. La cuota que representan los países árabes en nuestra exportación ha pasado del 6 al 8%. Los mercados árabes absorben casi un cuarto de la exportación española fuera de la UE.

Permítanme además celebrar la situación comercial superavitaria con los países árabes que alcanzó España en 2016, la primera en la serie histórica.

Las relaciones económicas están concentradas, en la práctica, en cuatro países: Marruecos, Argelia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Estos cuatro países son los principales receptores de nuestros productos, de nuestra inversión y de los proyectos de implantación de nuestras empresas. A cierta distancia les siguen Túnez y Egipto.

Entre todos ellos, desde el punto de vista comercial destaca, en cualquier caso, Marruecos, nuestro segundo mayor socio comercial fuera de la UE, sólo por detrás de EE.UU. España, por su parte, se ha convertido en el primer socio comercial de Marruecos.

Los buenos resultados comerciales en los países árabes en estos últimos años se han visto acompañados del aumento de la presencia tanto de empresas como de profesionales españoles en estos países, impulsada por sus éxitos en proyectos de infraestructuras, tanto de transporte como energéticas, defensa y medio ambiente.

Estos éxitos están basados en el liderazgo internacional que ha alcanzado la ingeniería española; un liderazgo, además, que no se circunscribe al ciclo técnico de los proyectos, sino que es también patente en el diseño de soluciones integrales que incorporen la gestión, el mantenimiento y la financiación de las infraestructuras, habiendo desarrollado una experiencia muy importante también en las distintas modalidades existentes de participación público – privada, cuestión ésta última fundamental en el actual contexto de reducción de precios de las materias primas energéticas y que está suponiendo un enorme reto fiscal para el conjunto de las economías árabes.

De hecho, uno de los proyectos más emblemáticos a nivel mundial de nuestras empresas y que con más frecuencia citamos como ejemplo de su posición de vanguardia es la línea ferroviaria de alta velocidad entre Medina y La Meca, un reto gigantesco desde cualquier punto de vista y cuya consecución servirá para afianzar aún más la actividad de nuestras empresas en la región.

Pero podrían citarse también, por su envergadura y novedad, la construcción de la primera fase de la planta termo solar de Ouarzazate, en Marruecos, que se prevé sea la más grande del mundo, la participación en la construcción de un complejo petroquímico en Arabia Saudí y que será el mayor de Oriente Medio o el primer contrato bajo modalidad PPP aprobado en Egipto para el diseño, construcción y mantenimiento de una depuradora en New Cairo.

La diplomacia económica española, representada al más alto nivel, ha desplegado todos sus medios para apoyar éstos y otros muchos proyectos en la zona.

La Secretaría de Estado de Comercio estableció desde la puesta en marcha en 2004 de su estrategia de mercados prioritarios que tanto Marruecos como Argelia debían serlo. Y, en 2009, reforzó el peso del mundo árabe en esta estrategia con la inclusión de los Emiratos Árabes Unidos. Ese mismo año se abrió una nueva Oficina Económica y Comercial de España en Omán, un centro de negocio en la Ofecomes de Dubái y, en 2011, una nueva Ofecomes en Kuwait.

La región es prioritaria también en la acción de ICEX, como viene a mostrar el hecho de que casi el 10% de nuestras acciones de promoción fuera de la UE se desarrollen en países árabes y que, sólo en este 2017, organizaremos en países del área dos de nuestras acciones más comprometidas: unas Jornadas de Partenariado Multilateral en El Cairo y unas Jornadas ICEX Integra en Dubai, ambas con el más alto apoyo institucional.

Debemos aprovechar las oportunidades que surgen de la voluntad de apertura de muchos de estos países y su deseo de modernizar y diversificar sus economías, incrementando tanto la cuota de mercado de nuestras exportaciones como nuestro volumen inversor.

En ese sentido, tratamos de incorporar los mercados árabes en todas nuestras iniciativas, incluyendo las más novedosas, como por ejemplo la serie “Conecta con el mercado”, un programa que produce ICEX y que emite RTVE. ICEX, junto a KPMG y el Instituto de Empresa, elabora también un informe sobre Fondos Soberanos que se ha convertido en el documento de referencia en España. Exploramos igualmente nichos de oportunidad específicos del mundo árabe, marco en el que se encuadra la línea de seminarios enfocados a rentabilizar certificados como el halal o las finanzas islámicas.

En suma, ICEX mantiene una intensa actividad en la promoción de la presencia de nuestras empresas y de nuestros productos en los países árabes. Me gustaría pensar que hemos jugado un cierto papel en las excelentes cifras de negocio de nuestras empresas que les he ofrecido anteriormente.

Esperamos que los próximos diez años sean igual de provechosos.

Francisco Javier Garzón es consejero delegado de ICEX España Exportación e Inversiones. Su artículo se enmarca en la jornada empresarial “10 años de relaciones económicas España-países árabes: balance y futuro” organizada por Casa Árabe el pasado mes de julio con motivo de su décimo aniversario.

Ecosistemas Mediterráneos

Por: Red de Casas

09 ago 2017

Antonio Pastor-López

 

Los ecosistemas mediterráneos ocupan áreas con características peculiares en diversas áreas de la Tierra. Su déficit hídrico debido al régimen pluviométrico irregular y altamente estacional imperante en el clima mediterráneo, ha hecho que los organismos que constituyen sus comunidades animales, vegetales y microbianas presenten ejemplos de adaptaciones e interacciones para sobrevivir bajo condiciones de estrés ambiental. Además de ello, por el relieve, las características del litoral y otros factores del medio físico se establecen en el ambiente litoral comunidades en ambientes altamente salinos o cambiantes (dunas) con especies únicas adaptadas a dichos hábitats extremos. Sin embargo el factor más determinante en los ecosistemas mediterráneos es la presencia humana. La historia del ser humano en el Mediterráneo está ligada al medio y ha modelado desde hace miles de años el paisaje natural del mismo. Desde hace pocas décadas, hemos sometido a los ambientes mediterráneos una presión antrópica sin precedentes. El turismo, convertido en fenómeno de masas, ha cambiado la fachada litoral del mar Mediterráneo y de los ecosistemas litorales. En muchos casos ha supuesto la destrucción, perdida de hábitats o su deterioro; es el caso de lagunas litorales, sistemas dunares o costas acantiladas invadidas por residencias humanas u obras civiles como puertos y otras infraestructuras. La globalización ha aumentado el comercio y consecuentemente el transporte de mercancías y personas. Este hecho ha supuesto el crecimiento exponencial de especies invasoras muchas de ellas de ambientes más cálidos que el mediterráneo, que al amparo del aumento global de las temperaturas han prosperan y se convierten en plagas, dando lugar a enfermedades animales y vegetales. Por ello es preciso realizar un análisis de la problemática medioambiental mediterránea que permita priorizar la adopción de medidas que solucionen o mitiguen las disfunciones de nuestro medio natural.

Plagas y enfermedades en ecosistemas mediterráneos. Globalización.
Ya he comentado que la presión antrópica y el comercio masivo suponen el peligro de introducción de especies que pueden causar problemas en los ecosistemas mediterráneos. Un caso reciente ha sido la epidemia del picudo rojo de las palmeras. Se trata de un insecto de origen ajeno al Mediterráneo, en zonas del medio Este y Asia. En muchos casos la localización remota de palmeras en oasis desérticos o la lejanía geográfica mantenía el insecto controlado. Hace menos de dos décadas se detectó en palmeras de ambientes mediterráneos españoles. Como resultado de la introducción y transporte ilegal de palmeras, se ha extendido por todos los países mediterráneos. En muchos casos, la construcción masiva de urbanizaciones con jardines con palmeras infestadas contribuyó a la expansión de la plaga. El picudo también ha invadido todos los países del mundo con palmerales naturales o plantaciones comerciales. En el Mediterráneo el picudo amenaza el patrimonio histórico, paisajístico y natural asociado a los palmerales.

Protección del medio marino y litoral mediterráneo.
El medio marino y litoral del Mediterráneo presenta una riqueza innegable. Además de contribuir a nuestra seguridad alimentaria, tanto por las especies explotables como cultivables, es sin duda un recurso natural a conservar cuya explotación sostenible es un recurso turístico para los visitantes de la cuenca mediterránea. Investigadores como el profesor A. Ramos, de la Universidad de Alicante, asociados al Máster MAGEM (Master en Análisis y Gestión de Ecosistemas Mediterráneos), fueron pioneros en la constitución de la Reserva Marina de Tabarca, en el litoral mediterráneo alicantino.

El medio físico marino. Desarrollo medioambiental.
Sin duda alguna la presión antrópica y en el litoral mediterráneo ha modificado el medio. En muchos casos la construcción de infraestructuras como puertos o edificios sin estudios del medio físico ha puesto en peligro el mantenimiento de playas de nuestro litoral. Otros factores como el oleaje hacen peligrar la integridad de la costa y suponen un factor de riesgo para las poblaciones. La explotación sostenible de recursos marinos es también una necesidad.

Economía medioambiental.
Es imprescindible incluir nuevos paradigmas en los aspectos que rigen la economía. El concepto lineal de la economía, que considera los recursos ilimitados y el desarrollo económico de espaldas al medio, debe ser abandonado. En su lugar es preciso y posible, por las herramientas y la globalización de las actividades económicas, crear un paradigma que traslade a la economía la estructura circular de muchos de los balances de los ecosistemas.

Optimización de la evaluación de impacto ambiental.
La degradación de los bienes y servicios de los ecosistemas es esencial en el mantenimiento del potencial biológico que la naturaleza regala a las sociedades humanas. El incremento poblacional hace imprescindible identificar y dimensionar correctamente los daños que la intensificación de las actividades humanas tiene sobre el territorio. Alcanzar un desarrollo sostenible es una cuestión multidisciplinar que requiere nuevos diseños en el uso, mantenimiento, explotación, y restauración de los recursos naturales bióticos y sus hábitats afectados. Una correcta evaluación de impacto ambiental es esencial para conseguir este objetivo.


Antonio Pastor-López es profesor del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante. Su artículo se enmarca en el Seminario “Problemática Actual de los Ecosistemas Mediterráneos”, celebrado el pasado mes de junio en la sede de Casa Mediterráneo.

Zamora en la memoria sefardí

Por: Red de Casas

02 ago 2017

Jesús Jambrina

 

“Por cuanto es fama que vive en Zamora / y otros me dicen que cree en la Torá” se lee en unos versos del Cancionero de Juan Alfonso Baena (1419) acerca de un Gonzalo Cuadros. La referencia es una de las tantas que durante el siglo XV se hicieron a la ciudad del Duero con respecto a su comunidad hebrea. En 1492, de acuerdo con el historiador Manuel Ladero Quesada, ésta representaba el 20% de la población, ocupaba el 14% del territorio del antiguo recinto amurallado y se concentraba en el hoy llamado barrio de La Lana.

En el año de la expulsión, los principales maestros judíos de las comunidades de la Península Ibérica habían nacido o estudiado en Zamora: Isaac Aboad II (Toledo y Guadalajara), Issac de León (Ocaña), Samuel Mimi (Segovia), Jacob Habib (Salamanca), Issac Arama (Barcelona) y Josef Hayyun (Lisboa). Todos eran discípulos o seguidores de Isaac Campantón (1360-1463), Gaon de Castilla y León y rabino de Zamora. “Quien lo vio, vio la presencia divina”, llegó a decir de él Abraham Zacuto en su famoso Libro de las genealogías.

En el siglo XVI, el historiador Eliyahu Capsali se refirió a varios de estos sabios como “los ojos de Israel”, sin los cuales “no hubiera quedado nada”, pues fueron sus enseñanzas en la diáspora de Portugal, el norte de África y el Medio Oriente las que darían cuerpo y forma definitiva a la tradición religiosa y cultural sefardí. Ciudades como Fez, El Cairo, Salónica, Ámsterdam, Estambul, Safed y Jerusalén, entre otras, recibirían el influjo del saber judío producido en Zamora, una ciudad que hasta hace muy poco ni siquiera figuraba entre las más conocidas de la hoy mítica Sefarad. “Hermosa provincia en los confines del norte”, había escrito Isaac Arama en el siglo XV, evocando su propia experiencia intelectual en la antigua ciudad leonesa.

Hacia el Oeste, en el Nuevo mundo, la historia más conocida es la de Luis de Carvajal el Mozo, nacido en Benavente y considerado el primer escritor judío de las Américas a través de sus Memorias, que publicó con el seudónimo de Joseph Lumbroso y en las cuales relata sus experiencias como criptojudío en Castilla y León primero, siendo un adolescente, y en la Nueva España (México), de adulto. En las páginas de su libro, Benavente, la tierra de su nacimiento, se recuerda con nostalgia en comparación con las penurias por las que atravesó en el Nuevo mundo.

Los Carvajal, muchos de ellos procesados por la inquisición en 1580, procedían originalmente de la Tierra de Sayago, particularmente de Bermillo y Fermoselle. Exiliados por poco tiempo en Mogadouro, un pueblo de La Raya, después de la expulsión, retornaron a los territorios del Conde de Benavente, en la actual Zamora, donde el noble español acogió a muchos conversos, muchos de ellos criptojudíos, que fundarían el Nuevo Reino de León. Por otro lado, todavía en el siglo XVII, encontramos en los certificados de matrimonios judíos de Ámsterdam el apellido Zamora, como uno de los tantos apellidos españoles asentados en los archivos de la ciudad holandesa.

A estas alturas quedan pocas dudas acerca de la relevancia de la ciudad y provincia de Zamora, a través de varios de sus poblados –Toro, Villalpando, Fermoselle, Benavente– en la memoria de Sefarad. Cuando hace siete años hice mi primera búsqueda en Google sobre el tema sólo había dos referencias: el concilio de 1313, uno de los tantos donde se atacaba a los judíos, y la leyenda del Niño de la Guardia, una de las más famosas propagandas antijudías del siglo XV, en la que se incluía entre los implicados a un judío zamorano, el cual, sin embargo, nunca fue llamado a declarar. Los principales historiadores modernos tanto de la ciudad capital como de Castilla y León, de Cesáreo Fernández Duro a Carlos Carrete Parrondo, pasando por Julio Valdéon Baruque, Guadalupe Ramos de Castro, María Fuencisla García Casar y Florián Ferrero Ferrero, han defendido el papel de los judíos en la formación histórica de Zamora y de la región castellano-leonesa en su conjunto, aunque sólo hasta muy recientemente las autoridades locales – el Ayuntamiento y la Diputación– han empezado a tomar nota de ese papel.

No ha sido lo mismo, sin embargo, en el caso de las instituciones culturales: a pesar de la cantidad de referencias documentales y algunas pocas arqueológicas, el Museo Provincial de Zamora no incluye ninguna referencia a los judíos en su narrativa museística. Es irónico que la propia iglesia de Santa Lucía, colindante con el Museo Provincial, fuera construida parcialmente sobre casas judías, mientras que el almacén del mismo Museo se encuentra ubicado en el Palacio de Arias Dávila, una de las conocidas familias conversas del siglo XVI, procesadas inquisitorialmente por judaizantes. De más estaría decir que el conjunto arquitectónico se encuentra en la Plaza Santa Lucía, centro oeste de la judería vieja –hoy barrio de La Horta– mencionada extensamente en los archivos y en la bibliografía histórica.


Jesús Jambrina es profesor de Español, Historia y Literatura hispanoamericana en Viterbo University, en La Crosse, Wisconsin, y fundador del Centro Isaac Campantón, dedicado al estudio y divulgación del legado judío en Zamora. Ha publicado recientemente "Los judíos de Zamora. Una cronología anotada" (Editorial Verbum, 2016), que fue presentado en Centro Sefarad-Israel el pasado mes de junio.

De la horda a la ciudad

Por: Red de Casas

26 jul 2017

Pedro Azara


La muerte inventó la ciudad.

El teórico de las artes de principios del siglo XX, Carl Einstein (1885-1940), emitió una fascinante –aunque errónea, sin duda- teoría acerca de la transición del nomadismo al sedentarismo que culminaría en la invención de la ciudad.

La horda salvaje, las tribus nómadas, vagaban por el fértil territorio del sur de Mesopotamia. Los desplazamientos estaban regidos por el ciclo de las estaciones. El crecimiento y la muerte de las plantas según el tiempo y el espacio (las condiciones geográficas y ambientales), los movimientos de las manadas de animales salvajes (también influidos por la vegetación estacional) determinaban el emplazamiento, siempre temporal, de las tribus, que seguían lo que la naturaleza dictaba. Vivían en consonancia con ella. La tierra no les pertenecía, sino que se deslizaban, sin aferrarse, sobre ella. El espacio estaba constituido por una sucesión de planos y de lugares en los que estacionaban antes de emigrar hacia otro nivel cuando el tiempo lo determinaba, y los alimentos, fieras y frutos, aparecían y desaparecían. La naturaleza les marcaba. La muerte no era un final abrupto sino parte de un ciclo "vital".

Y, de pronto, la visión de la muerte se impuso: la conciencia de ésta y el temor ante ella; también la necesidad "vital" de oponerse a aquélla o de sobreponerse a su manifestación. El hombre se descubrió frágil, mortal -como bien descubrió el legendario rey de la ciudad de Uruk, Gilgamesh, tras fracasar para siempre en la obtención de la planta de la inmortalidad-. Se dio cuenta que la naturaleza le conducía a un final sin retorno. El ciclo terrenal ya no podía regir la vida de los humanos. Tenían que hacer un alto; instalarse permanentemente para librarse del paso del tiempo, considerado ahora inclemente.

La ciudad fue la solución. Su ordenación seguía las trazas del cielo, el curso de los astros, la posición de las constelaciones que anunciaban una vida plena. La planimetría celeste del día de la fundación se vertía sobre la tierra. La ciudad era la petrificación (para la eternidad) de determinadas posiciones siderales. El tiempo se detenía. La regularidad de la trama, la repetición de ubicaciones, disposiciones, plantas, volúmenes y sistemas constructivos que ya no dependían de los caprichos naturales, sino de una lógica cuyos fundamentos no eran de este mundo, se oponía a la constante variedad que el ciclo natural, con el crecimiento, el decaimiento y la extinción de las formas antes de su renacer, causaba. La insistencia en unas pautas, unas formas unos modos de articulación de las mismas, ajenas al devenir, impedía que el tiempo cumpliera su misión. Las caídas eran pronto solventadas. Se construía de nuevo, en el mismo emplazamiento, del mismo modo, unos volúmenes idénticos o aún más alejados de las formas naturales: volúmenes geométricos, cristalinos, impenetrables, como los de los zigurats semejantes a rayos o a gemas talladas, alejados de cualquier concesión, de cualquier empatía con el mundo natural. Los muros, los tejados eran barreras contra el paso del tiempo. Las tumbas repetían la forma y la función de los hogares. La muerte era negada. El hombre quizá caía vencido por el tiempo, mas, al igual que Gilgamesh que, tras asumir su mortal condición, se alegraba al contemplar por última vez, los muros de la ciudad de Uruk que había levantado, su nombre, su presencia viva entre los hombres que recordarían, repetirían el renombre, seguiría a través de su obra arquitectónica.

La ciudad aspiraba al cielo. Pertenecía a los dioses. Pero esa aspiración, ese levantamiento, era un desesperado o lúcido intento de escapar a la muerte, estaba dictado por el miedo a ella, por la presencia temida de ésta.

Pedro Azara es arquitecto y profesor en la la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (UPC-ETSAB) y de la American Schools of Oriental Research (ASOR, Chicago). Su artículo se enmarca en el curso de verano "Diplomacia de las ciudades", organizado por la Red de Casas en el mes de julio, en el que participó como conferenciante en las sesiones propuestas por Casa Árabe.

José Antonio Hergueta


Que Al Andalus guardara la clave para resolver lo que algunos han dado en llamar, con escasa finura, el “choque de civilizaciones” parecería una tesis algo aventurada, sobre todo por lo simplista. Y es que, con cierta distancia y tiempo, las lecturas de la Historia se simplifican, a veces exageradamente, y períodos como el de Al Ándalus se convierten en mitos compactos que responden, como buenas leyendas, a lo que el lector/espectador espera de ellas.


Aún así, cuando Jacob Bender me propuso lo que hoy es “Los Sabios de Córdoba” (“Out of Cordoba”, en su versión internacional), me sedujo la inspiración que él buscaba –y había creído encontrar-, incluso con la simplificación que desde fuera de España se proyecta a menudo sobre el período andalusí. El nombre de Al Ándalus y la palabra “convivencia”, de difícil traducción, funcionaban como un bálsamo ante la aspereza con que empezaba a tratarse cualquier aproximación entre religiones a partir del 11 de septiembre de 2001, si no antes.


A Bender ese día le pilló en la isla de Manhattan, donde ha residido muchos años. Al principio sorprendido, luego sobrecogido, finalmente espeluznado cuando algunos asistentes a su sinagoga (no sólo los habituales, pues aquella tarde se reunieron allí decenas de personas, no sólo judíos, de forma espontánea, quizá para sentirse recogidos y acompañados) le llegaron a recriminar por su excesiva proximidad y confianza con el mundo árabe. Toda su dedicación al diálogo entre religiones parecía desvanecerse, al menos ante los ojos de quienes optaban por permanecer en el dolor causado por la agresión, a partir del cual se articularon leyes y decisiones políticas muy graves, cuyas consecuencias aún son evidentes. De esa tarde surgió el motor para este proyecto que aún iba a tardar siete años en materializarse.


Frente al desencuentro que desde entonces se ha ido ampliando y que el documental también explora, me llama la atención la fortaleza que tiene lo que llamamos “inspiración”, pese a su aparente simplismo: una palabra, un nombre que ejerce de tótem o de manantial, un potencial para inspirar, en todos los sentidos, empezando por el propio oxígeno de la respiración. En este caso no hay trampa: detrás de Maimóndes y Averroes, de Ram-bam e Ibn Rushd, hay materia para muchas vidas, inspiración para generaciones pues, ni tratando ese contenido de forma superficial o sintética, como a menudo obliga la narrativa cinematográfica que debe ceñir una historia a un siempre escaso metraje, es susceptible de caber en un único documental por muchas aspiraciones que éste tenga.
Viajar por los legados de estos dos sabios cordobeses tanto a través de la geografía como del tiempo es nuestro hilo conductor: “Out of Cordoba”, no sólo nostalgia de lo lejano, o esfuerzo biográfico de dos vidas que resultaron tan paralelas que a menudo asombra, sino como sensación de vitalidad. En el viaje que supone cualquier trabajo documental, tanto en la investigación como en la preparación, rodaje y postproducción, son muchos los descubrimientos y también aprendizajes, por muchos años que lleve uno en este oficio.


En este caso, un motivo familiar se iba repitiendo en cualquier etapa: las ideas, como las personas que las portan, somos a veces eslabones de una cadena, impulsados a rescatarlas, elaborarlas, adaptarlas a nuestras circunstancias y las de ese momento, pero no necesariamente a poseerlas ni siquiera a tomarlas como propias. Y no me refiero sólo a quienes asumimos hacer esta película.
Averroes y Maimónides mamaron de fuentes grecorromanas, Aristóteles parece su referencia más clara, y el hecho de que la mayoría sus libros hubieran desaparecido, o el oscurantismo europeo en aquellos siglos, contribuyeron a que desde la Córdoba califal se hilara la conexión con la Grecia clásica, que volvería a perderse hasta ser recuperadas en otros momentos y lugares. Esto es conocido, sí, pero lo llamativo está en la forma en que esos textos, a veces con cierta sensación de capricho del destino, reaparecían o eran re-descubiertos, de forma parcial o por medio de curiosas traducciones. Que los libros de Averroes volvieran al mundo árabe gracias al entusiasmo de Ernst Renan que impulsó su publicación en Francia, y lo hicieran en traducción desde el francés al árabe, es sólo una muestra de cómo el viaje a través de la Historia está lleno de recovecos y curvas, aparentemente caprichosos, que convierten al “emisario” en una especie de eslabón de una misteriosa cadena.


Hasta la grandeza y brillantez de estos dos sabios, que aún hoy son referencia diaria para creyentes de dos grandes religiones, lectores e investigadores del mundo entero, puede verse dentro de ese “gran juego” en que las ideas fluyen, apareciendo y desapareciendo, sin llegar a pertenecernos. Y sería más bien quien las piensa, elabora y acaba plasmando, el que pertenece a ellas… o a esa gran cadena que nos atraviesa a lo largo de la Historia –si queremos verla, claro, como algo “lineal”.


Por eso, incluso en los momentos de oscuridad, cuando el saber es rechazado en pos de supuestas certezas, a veces dogmas, o la violencia que surge del miedo, es aconsejable confiar en ese fluir, el que hace navegar las ideas, a veces sobre el agua, visibles y triunfantes, y otras sumergidas, en aparente oscuridad. Los incendios que han hecho cenizas a tantas bibliotecas, de Alejandría a Sarajevo, y que tan bien describió Umberto Eco en “El nombre de la rosa”, sin dejar de ser trágicos y mostrar un lado estúpido de nuestra existencia, forman parte de ese ciclo del que nos gustaría salir, pero que inevitablemente vuelve a absorbernos, obligándonos a mirar el siglo en que estamos con la misma humildad que cualquier otro anterior. ¿Hay linealidad y progresión en este viaje llamado Historia?


“Los sabios de Córdoba” ha sido un viaje extraordinario, tanto cuando se planeaba como cuando se realizó y, desde luego, ya terminada. Sigue teniendo mucha vigencia, como se ha visto en la reciente presentación en la Casa Mediterráneo de Alicante. También, claro, por la gravedad de los desencuentros, las bombas, los avances y regresiones en los derechos humanos, las leyes discriminatorias, los prejuicios culturales, religiosos, raciales… La riqueza y variedad de este mundo sigue resultando provocadora para muchos, motivo de escándalo. Y la tentación de homogeneizar, sin disfrutar de la variedad, otra de las tareas pendientes en esto que llamamos cultura y civilización.


Desde que rodamos, muchas cosas han sucedido en los nueve países visitados, también a las personalidades entrevistadas, muchas más de las que se pudieron montar en los 80 minutos que dura el documental. No son pocos los que nos han dejado (Mansur Escudero, Mohamed Arkoun, Abdelwahad Meddeb y María Rosa Menocal, así de memoria) y lugares donde se han vuelto a producir explosiones, atentados y también momentos de brillo como la primavera árabe. La universidad Al-Azhar de El Cairo es uno de ellos, sufrió un incendio años después haber oído al presidente de los Estados Unidos citar la inspiración de la Córdoba del siglo XI ante los desafíos del XXI.


“Los sabios de Córdoba” se ha proyectado en buena parte del planeta, desde la ONU hasta el Parlamento alemán y a menudo junto a los elogios, surgen recelos, ribetes comparativos, en los que a muchos espectadores, críticos, les cuesta ser autocríticos con “los suyos”. Y es curioso porque ésa es la reflexión del último personaje entrevistado: el padre Burrell, en la explanada de las mezquitas de Jerusalén: “ninguna creencia ni cultura lo es de verdad si no es autocrítica”, la única posibilidad de avanzar –ahí sí parece haber linealidad- parte de ese ejercicio de cuestionar, pues así se ensanchan tanto la mente como el cuerpo, al convertirlo en una inspiración.


José Antonio Hergueta es cineasta y productor del documental “Los sabios de Córdoba”, proyectado en Alicante el pasado 8 de junio de 2017, en la sede de Casa Mediterráneo.

El judeo-español de Marruecos o jaquetía

Por: Red de Casas

12 jul 2017

Jacobo Israel Garzón


Se denomina jaquetía al dialecto judeo-español de Marruecos, suficientemente distinto del español, del ladino y del judeo-español vernáculo de los sefardíes de Oriente. Compuesto de castellano, con importantes incrustaciones de árabe y hebreo y algunas, bastante más escasas, de otras lenguas, fue el lenguaje propio de la población judía de las ciudades del norte de Marruecos, de Ceuta y de Melilla, y de las comunidades del exterior que con la emigración de esa población se crearon, como fue el caso de Gibraltar y Orán.

La palabra jaquetía, se formó probablemente de la raíz árabe haka [conversar] y terminación castellana y resulta interesante discernir en qué medida deriva del español hablado por los judíos en la España cristiana.

Los judíos medievales españoles hablaban el español corriente, aunque tuvieran especificidades léxicas derivadas de la traducción palabra por palabra de sus libros sagrados y la incorporación de palabras hebreas para designar fiestas, ritos de paso, oraciones, etc. Esto se hizo incrustando en el español hablado por los judíos determinados términos hebreos, y por lo tanto ampliando el espectro fonético del español con sonidos hebreos (la ‘het’, la ‘ayin’, la ‘qaf’, la ‘vav’ y algunos otros), inexistentes en las lenguas hispánicas medievales.

Ya los escritores españoles y portugueses de los siglos XIV y XV habían hecho notar los hebraísmos utilizados por los judíos, que se hicieron patentes para la población cristiana a partir de las conversiones forzadas masivas, tras las matanzas de 1391 y las “exhortaciones” de Vicente Ferrer hacia 1415, que provocaron la incorporación a la sociedad cristiana de unos judíos cristianizados que seguían teniendo familiares de confesión judía y que no cambiaron su idioma ni sus costumbres por el bautismo obligado.

Los hablantes judíos hispano-marroquíes de la jaquetía tuvieron contacto con el español, inicialmente a través de las ciudades españolas y portuguesas incrustadas en la costa norte del reino; en el siglo XIX tras la guerra hispano-marroquí de 1860 y la ocupación española de Tetuán; y ya en el siglo XX, con el establecimiento del Protectorado español en la zona del país habitada por los hablantes de la jaquetía.

Si el judeo-español levantino sintió un efecto importante del francés a través de las escuelas de la Alliance Israélite Universelle -lo que se ha dado en llamar su frañolización- el judeo-español marroquí sintió un influjo más directo de su más importante componente, el español, lo que produjo un efecto de “dialecto de frontera” sobre la jaquetía, complejo de inferioridad que provocó en sus hablantes el impulso de “corregir” su dialecto y sustituirlo por el español fonética y sintácticamente, lo que produjo paulatinamente la muerte de la jaquetía.

El sistema gramatical dominante de la jaquetía es el de la lengua española, origen a su vez de la mayoría de los términos usados, evolucionados de un modo propio. Así, mientras que unos pronunciaban íntegramente las palabras, otros sustituían las consonantes finales por aspiraciones. La aspiración de la ‘s’ a veces se realizaba incluso entre los compuestos: mootros por mosotros (nosotros), que otros dicen mozotros, pronunciando la ‘z’ a la francesa. También la ‘s’ la permutaban algunas familias por ‘d’ siempre que fuera antes de ‘m’, midmo, por 'mismo' y adma, por 'asma', y a veces se realizaba la permutación inversa, abrisme, por 'abridme' o subisme, por 'subidme'. Y el seseo es prácticamente generalizado al estilo del andaluz.

También el portugués, probablemente por el componente de judíos portugueses entre los desterrados y por la estancia de otros muchos judíos españoles en Portugal inmediatamente después del destierro de Castilla, tuvo influencia en la jaquetía. De este origen proceden, sin duda, algunos de los términos del dialecto, tales como preto (negro), buraco (agujero), etc., aunque esas mismas voces se pudieron utilizar en ciertas regiones españolas durante la Edad Media.

El ladino litúrgico, utilizado por los judíos hispanos como traducción ‘española’ palabra por palabra de los textos sagrados, ha contribuido por su parte a la conservación de numerosos arcaísmos hispanos.

Pero son sin duda el árabe y el hebreo los dos caladeros más importantes -después por supuesto del español- donde la jaquetía fue a recoger los términos que se iban olvidando de la lengua castellana, y aquellos otros que se iban necesitando como sinónimos o para mostrar especificidades étnico-culturales. Esta importación se realizó conservando los sonidos naturales de estos idiomas, a diferencia del modo de incorporación del léxico árabe en el español, que fue despojado de su fisonomía original. Pero no se conservó el aspecto pleno de los términos semíticos, pues se hispanizaron terminaciones verbales en –‘ar’ y –‘ear’ (que actuaron como verdaderos hispanizadores verbales), plurales en –‘s’, y géneros en –‘o’ y –‘a’, y también sufrieron otros cambios. y, entre ellos, algunos fonéticos, como la sustitución de ‘sh’ por ‘s’, por ejemplo en kiddush transformado en kiddús, shabbat transformado en sabbat (y otras veces en sabbá) y shajén transformado en sajén. Otras veces, como lo indica muy bien el profesor Bentolila1 hebraicos, se cambia el sentido propio en palabras hebraicas, como harboná, que de nombre propio pasa a significar 'paliza', o halhalá, que de 'estremecimiento' o 'temblor' pasa a significar 'prisas'.

Los términos de origen árabe designaban en general objetos o acciones de la vida cotidiana, mientras que los términos hebraicos designaban nociones u objetos rituales, ceremonias o formulaciones de cortesía. El uso de los primeros se excluía casi con carácter general en registros escritos o verbalmente formales, tanto comunitarios como religiosos: discursos sinagogales, en bar mitzva2 o en fallecimientos), que presentan una lengua hispana más prístina, aunque -eso sí- trufada de hebraísmos. Diferente fue la profusión del uso de términos de origen árabe según comunidades: eran más corrientes en el habla cotidiana de los tangerinos, sheshaunis3 o alcacereños que en la lengua habitual de los tetuaníes.

Jacobo Israel Garzón es editor y escritor, sefardí nacido en Tetuán. Su artículo se enmarca en la presentación de la obra "El mazal de los pobres" celebrada el pasado mes de junio en el Centro Sefarad-Israel.

 

1 Bentolila, o.c., p. 3.
2 Mayoría de edad masculina.
3 Natural de Xauen, actual Chechauen.

Javier Rosón

Ramadán es un mes del año señalado para millones de musulmanes en el mundo. Un tiempo dedicado a la reflexión interior, al encuentro y la convivencia. En su vertiente más práctica, el ayuno o sawm del mes de Ramadán, es el cuarto pilar del islam y una de sus características más conocidas entre los no musulmanes, designando, fuera de la lengua árabe, más el propio ayuno que el mes.

Este ayuno, recomendado durante otros momentos del año, comenzó el día 27 de mayo, con la puesta de sol, en el momento en el que los musulmanes pudieron contemplar el cuarto creciente por primera vez. De estricto cumplimiento para todo el que pueda realizarlo, el ayuno se efectúa durante todos los días del mes desde la salida hasta la puesta de sol, llegando a modificar sensiblemente la vida de los creyentes musulmanes mientras dura: se vive más de noche; la gente se reúne para compartir la ruptura del ayuno; muchos emigrantes musulmanes vuelven a sus países de origen para ayunar con los suyos (en parte porque consideran que el ayuno es más duro si se está en un medio no musulmán); y también cambia la alimentación y la preparación de estos alimentos específicos de gran aporte energético.

Este mes se visibiliza cada vez más en nuestro país debido a que los musulmanes son una de las comunidades religiosas mayoritarias, muchos de ellos españoles, llegando a alcanzar aproximadamente los dos millones de fieles (concentrados principalmente en Cataluña, Madrid y Andalucía).

En este contexto, el Festival “Noches de Ramadán” atesora una larga trayectoria, que se inició en el año 2006 en el barrio madrileño de Lavapiés y que Casa Árabe lideró desde el año siguiente. Con el fin de fomentar la integración y cooperación cultural entre ciudadanas y ciudadanos que compartían un mismo espacio público, y durante siete ediciones consecutivas, se llevaron a cabo infinidad de actividades que involucraron a distintas instituciones públicas y privadas, colectivos y regiones (como Alicante –Benidorm y Xàbia– y Las Palmas de Gran Canaria). Este conjunto de actividades, pioneras en Madrid, también tuvo reflejo, en 2014, en la ciudad y en la sede de Casa Árabe en Córdoba, en la que por cuarto año consecutivo se ha consolidado como un encuentro único para dar a conocer la cultura del mundo musulmán, tan presente en nuestra historia común, en el que unos pueden celebrar su fiesta más importante y otros compartir y aprender de la realidad de sus vecinos más próximos.

Con este objetivo en el horizonte, Casa Árabe, en colaboración con la Unidad de Turismo del Ayuntamiento de Córdoba y el Instituto Halal, ha apostado decididamente por la diversidad y la convivencia, y muy concretamente por el papel de la cultura como elemento difusor e integrador.

Este año, con más de 30 actividades programadas, “Noches de Ramadán” ha contado con un ciclo de cine de Casa Árabe, dos exposiciones, cinco conferencias, cuatro conciertos de distinto formato, cinco presentaciones de libros, dos representaciones de narración oral y ocho paseos temáticos y/o recreaciones históricas. Para “desentrañar” un poco este programa, del que han podido disfrutar más de 1.900 personas, se ha trabajado en cinco líneas específicas o bloques de contenido: para el primer bloque, hemos contado con actividades más relacionadas con la visión que tiene el propio musulmán del mes y de la práctica en general. Para la ocasión hemos contado con presentaciones de libros de temática histórica, y con conferencias que han analizado el papel de los musulmanes en el presente, que han aportado una visión académica y formativa que pretende luchar contra los estereotipos y juicios de valor equivocados sobre las comunidades árabes y musulmanas que residen en España.

En el segundo bloque se ha trabajado específicamente sobre cuestiones de género, sobre el papel de la mujer en al-Ándalus y el papel de las mujeres musulmanas en el presente. También sobre cuestiones de cultura, protocolo y ceremonial árabe.

El tercer bloque ha tenido un componente más “lúdico”, con la programación de tres conciertos: uno de jazz con el grupo Sinouj, otro de flamenco fusión con el grupo liderado por el marroquí Simo Baazzaoui, y una velada poético musical titulada “Huellas de al-Ándalus, poesía y música para sanar el alma”.

Para el cuarto bloque hemos contado con diferentes recreaciones históricas y paseos temáticos, aprovechando el entorno privilegiado en el que se encuentra la sede de Casa Árabe en Córdoba, junto a la mezquita-catedral y el barrio de la Judería –ambas declaradas Patrimonio de la Humanidad. Poner en contexto el pasado, sin duda, es un paso imprescindible para reflexionar sobre los procesos contemporáneos de convivencia y de hibridación cultural.

Por último, y de forma transversal, también se han programado un ciclo de cine titulado “Cine y Sufismo”, distintas actividades de narración oral a cargo de Héctor Urién, narrador profesional que ha puesto en escena un espectáculo novedoso y original basándose en la estructura de la historia de Sheherezade. Y también dos exposiciones: "Jayal, la imaginación creadora: El sufismo como fuente de inspiración" -exposición que pretende mostrar una experiencia de encuentro entre el actual momento cultural español y el variado y amplísimo mundo de referencias culturales, artísticas y espirituales del islam y el sufismo, y que se puede visitar hasta el 20 de julio de 2017 en la sede de Casa Árabe en Córdoba-, y "Fiestas y tradiciones islámicas" -que da a conocer los aspectos más relevantes sobre las fiestas de la religión islámica, su calendario, sus tradiciones y costumbres festivas-.

En definitiva, actividades concebidas para jóvenes y para adultos que reflejan la rica pluralidad cultural existente en nuestro país, y la decidida apuesta de Casa Árabe por acercar de forma objetiva la cultura del mundo musulmán, para conocer y reconocer a los demás y enriquecerse mutuamente.


Javier Rosón es coordinador de Casa Árabe en Córdoba. Su artículo se enmarca en las actividades del Programa “Noches de Ramadán”, organizado por Casa Árabe durante los meses de mayo y junio de 2017.

Raquel López Cascales


“…tal vez sea necesario contar cuentos simplemente
porque sí, porque hay cuentos y hay quien los cuente.”
Nicolás Buenaventura


Mi abuela sacaba una silla al portal todos los domingos a las seis de la tarde. Se sentaba junto a las vecinas, que no tardaban en llegar, colocaba sobre sus piernas la colcha de ganchillo que había comenzado a principios de verano y empezaba a contar historias.

Yo escuchaba con la admiración de los ocho, quizá nueve años, y le preguntaba, Madre Carmen, ¿por qué cuentas cuentos? Ella sonreía y me decía: para cambiar el mundo.

Unos años más tarde volví al pueblo con mis amigas de la ciudad y ellas también pudieron asistir al ritual de cada domingo. A las seis de la tarde, mi abuela narró lo que sucedió en un lugar muy lejano hacía ya mucho tiempo. Lo hizo en el portal, con las manos diestras enredadas en la colcha de ganchillo que ya iba por la mitad. Madre Carmen, ¿por qué sigues contando cuentos?Para que el mundo no cambie tan deprisa.


Cuando mis hijos nacieron mi abuela ya era muy viejecita. Arrastraba, sin prisa, los pies y la silla desde la cocina hasta el portal y daba los últimos puntos a la colcha de ganchillo que estaba casi terminada. Madre Carmen, ¿por qué todavía cuentas cuentos? No dijo nada, levantó la vista de su labor, me miró con sus ojos pequeños, todavía vivos, y me dijo: Cuento para que el mundo, a mí, no me cambie.

Y puede que haya que seguir contando cuentos porque sí, porque hay cuentos y hay quien los escuche.

Yo también cuento historias, de las de antes y de las de ahora, las que he leído y las que he escuchado, cortas y largas, de risa y de miedo, para niños y para mayores, ante cientos de personas y en familia, en desiertos y en islas, en plazas y en teatros, de día y de noche. Y si me preguntas por qué cuento cuentos, podría buscar respuestas académicas, económicas e incluso filosóficas, pero te contestaría porque me gusta, sin más.

Bueno, a estas alturas tendréis curiosidad sobre «Los que escriben y los que cuentan, encuentro de narradores». Adelante, pasa y ponte cómodo que voy a contarte. Es un ciclo de encuentros con el propósito de ofrecer un lugar común a escritores y narradores, escritoras y narradoras (y todas las combinaciones posibles) para que conversen de forma amena y distendida sobre lo que nos une, el cuento.

Se escucharon diferentes estrategias, diferentes puntos de vista y diferentes formas de abordar un relato:
• el cuento desde quien escribe, imagina o recopila historias para un lector que lee en intimidad con su propia voz.
• el cuento desde quien cuenta a un auditorio, quien narra esta misma historia con un tono, un ritmo y una voz, ajena y propia a la vez.

Este diálogo de saberes se enriqueció con la participación del público que tuvo la palabra en cualquier momento. Y puedo asegurar que intervinieron creando, con sus preguntas y comentarios espontáneos, un clima distendido y cálido.
Hasta el momento se han realizado trece encuentros; siete parejas de cuentistas y escritores que nos han dejado valiosísimas reflexiones.

¿Para qué nacen los cuentos?, le pregunté a Fernando Iwasaki Cautí en la inauguración del primer ciclo. Para soñarnos, para sumergirnos en un mundo abierto a lo fantástico, para explicar el mundo, primero el nuestro, el cercano. Todos tenemos en nuestras familias historias y esas historias son contadas desde la vivencia, la emoción y la cercanía.

Andrés Neuman habló de las ventanas que se le abrieron de pequeño al escuchar las historias que su padre creaba, recreaba y engordaba noche tras noche. Nos confesó que tiene una noción muy auditiva de la narrativa gracias a estos momentos, a los cuentos que escuchaba por el tocadiscos mientras aprendía a leer y a que la música también ha estado presente en su vida.
Pep Bruno recordó sus primeras lecturas y su primer contacto con la narración oral desde su ciudad, Guadalajara. ¿Cómo nos contamos los narradores? ¿Cómo nos llamamos? ¿Cómo nos llaman?

Gracias a Casa del Mediterráneo pudimos escuchar voces y cuentos de otro país. Ifigeneia Kakridoni contó en griego y dio voz a los mitos en su encuentro con Pedro Olalla.

Entre unos y otros hablamos de la tradición oral, del relato actual, de historias que viajan sin fronteras, de la narración como profesión (que no debe sustituir a los cuentos contados por mamá o papá), del trabajo previo, de la memoria, del repertorio, de las historias que elegimos para escribir o contar.

Disfrutamos también con los folkloristas Antonio Rodríguez Almodóvar y José Manuel de Prada Samper, con los escritores Carles Cano, Clara Obligado, Hipólito Navarro, Marta Sanz, José Ovejero, Laura Freixas, Nuria Barrios, Benjamín Prado. También con los narradores Llorens Jiménez, Cristina Temprano, Virginia Ímaz, Ana Griott, Cristina Verbena, Pablo Albo, José Manuel Garzón, Martha Escudero, Paula Carballeira y Victoria Gullón.


La palabra escrita y la palabra dicha fue la protagonista de estos encuentros.

El cuento es imaginación, una puerta abierta que te deja
atisbar lo que hay dentro, un retorno a lo mejor de la infancia.

 

Raquel López Cascales es escritora y narradora. Su artículo se enmarca en el encuentro de narradores "Los que escriben y los que cuentan", celebrado en la sede de Casa Mediterráneo en Alicante el 4 de mayo de 2017.

Michael Mail

Era una escuela de Glasgow en los años 70. En mi clase yo había aprendido que Escocia era en sí misma una sociedad mestiza compuesta de escoceses, pictos, británicos, y vikingos. A esa emocionante mezcla se habían añadido los judíos en algún momento del siglo XVIII, llegando inicialmente de uno en uno a estudiar en las famosas universidades de Escocia (a diferencia de la mayoría de las universidades europeas, los estudiantes en Escocia no estaban obligados a prestar juramento religioso) y luego creciendo en número en los siglos XIX y XX mientras que la persecución en Europa del Este hizo la vida judía cada vez más precaria.

Llegaron en grandes naves de pasajeros a los puertos de Leith y Dundee. Algunos viajaron a Edimburgo, la capital, pero muchos más fueron a la central industrial creciente que era Glasgow. Comenzó a surgir una próspera comunidad judía escocesa que construía sinagogas para la oración y cementerios para sus muertos. Las escuelas proporcionaban educación judaica suplementaria para los jóvenes, organizaciones benéficas de bienestar, y sociedades amigas que atendían a los necesitados y los indigentes, además de un orfanato y un hogar para los ancianos. Estas instituciones reflejaban los grandes valores del pueblo judío inculcados a lo largo de los milenios, junto con la preocupación más pragmática de que, como nuevos inmigrantes, no se convirtieran en una carga para un país que aún podría rechazarlos.

Los judíos pronto se convirtieron en la mayor minoría no cristiana, un nuevo clan añadido al mosaico que era Escocia. Por supuesto, la fe religiosa tenía su lugar, pero ese lugar no estaba necesariamente en primer plano. También traían su propia lengua -el yiddish, esa curiosa mezcla de alemán y hebreo, un colorido lenguaje gutural que tenía un cierto parentesco audible con el dialecto escocés, también de diseño híbrido. Había muchas palabras escocesas utilizadas por mi madre - bachle, glaikit, dreich - que sonaba perfectamente en sintonía con el yiddish, y durante mucho tiempo no se sabía cuál era cual. De hecho, hubo incluso por un tiempo un dialecto en yiddish escocés emergente que unía las dos lenguas.

Para sus anfitriones escoceses, muchos de los cuales tenían una profunda fe presbiteriana, había una fascinación inmediata con el Pueblo del Libro que había saltado de las páginas de la Biblia para vivir entre ellos. En efecto, Escocia tenía sus propios mitos fundacionales ligados a las tribus perdidas de Israel que se hacían eco en la Declaración de Abroath, esa declaración seminal de la independencia escocesa en la que la creación de la nación escocesa se sitúa en el Este, con los escoceses viajando a su Tierra Prometida en una comparación directa con los judíos bíblicos que cruzan el Mar Rojo.

Sí, se dieron incidentes de hostilidad y xenofobia como los que todas las minorías sufren inevitablemente. No fue por casualidad que muchos muchachos judíos jóvenes en los años 20 y los 30 tuvieron el boxeo como su deporte preferido, incluyendo mi padre, que llevaba orgulloso una estrella de David en sus shorts.

En una sociedad en la que no había barreras legales al progreso, los hijos e hijas de la comunidad judía escocesa hicieron contribuciones significativas en sus campos, produciendo científicos y médicos, jueces y diputados, ministros del gobierno, artistas y escritores, músicos de éxito y campeones deportistas, agricultores, silvicultores, fabricantes de kilts y destiladores de whisky.

Y había otras migraciones más desesperadas. Escocia se convirtió en hogar y refugio para los niños del “kindertransport” desde las estaciones de tren en Alemania, Austria y Checoslovaquia por los padres ansiosos de protegerlos de la amenaza nazi que envolvía Europa. Lo que originalmente fue una evacuación temporal se convirtió trágicamente en permanente y, para muchos de estos niños, las despedidas desde el andén se convirtieron en la última imagen de sus padres. Luego vinieron los refugiados después de la Segunda Guerra Mundial, supervivientes de un horror cuya realidad sacudió a la comunidad y dio un nuevo impulso a la causa de Israel.

Por supuesto, hay otras características compartidas por estos dos pueblos. Se puede decir que los judíos y los escoceses valoran las opiniones con la expectativa de que todos deban tener una, son cálidos y hospitalarios, tienden a estar animados en compañía, son emprendedores, aprecian la educación y sienten orgullo por su identidad. A pesar de ser naciones pequeñas, ambas han hecho importantes contribuciones al mundo.

La comunidad alcanzó un máximo de alrededor de 16.000 almas y ahora se encuentra algo reducida. En Escocia, encontrarás calles con el nombre de Rabinos, una banda judía de gaiteros, haggis kosher, Whisky Loch Chaim, la Biblia traducida al dialecto escocés, directores judíos y jugadores del Glasgow Rangers o Celtic, no menos de tres versiones judías del tartán y en algún lugar de Los Ángeles encontramos un restaurante llamado 'The Gorbals' que sirve comida fusión judía-escocesa (no es un término con mucho renombre en el mundo culinario).

El artista judío Eduard Bersudsky, cuya escultura cinética “La Torre del Reloj del Milenio” se sienta con orgullo como pieza central en el Museo de Escocia en Edimburgo, una vez se preguntó qué admiraba sobre Escocia. Su respuesta fue simple: «Nadie me pregunta nunca por qué estoy aquí.»

Los judíos vinieron a Escocia buscando refugio, y encontraron un hogar.

Michael Mail es filántropo, fotógrafo y escritor. Su artículo se enmarca en la exposición "Judíos de Escocia: identidad, pertenencia, y porvenir" que se exhibe en el Centro Sefarad - Israel durante el mes de junio de 2017.

Gonzalo Rodríguez Marín

 

Marruecos, “la tierra por donde se pone el sol” en su denominación árabe, parece que se resiste al ocaso y la luz brilla como nunca en su economía. Y es que el reino alauita se encuentra en plena expansión económica.

Son muchos los proyectos que se están ejecutando y que van a contribuir al desarrollo de nuestro país vecino, como el tren de alta velocidad que unirá los 340 kilómetros entre Tánger y Casablanca en dos horas, las importantes mejoras del aeropuerto Ibn Batuta en Tánger, que duplicarán su capacidad actual, el desarrollo portuario de esa misma ciudad o la creación de nuevos parques tecnológicos . Parece evidente el esfuerzo en la modernización del norte del país durante el reinado de Mohamed VI.

La inversión pública ha aumentado un 17,7% y la privada un 3,1% solo en 2016. Además, es significativo el esfuerzo de mejora en la adaptación de su legislación para atraer inversiones del exterior.

También cabe destacar el cambio de coyuntura económica que está experimentando el país de la mano del desarrollo de una nueva y pujante industria automovilística, que solo en 2016 exportó 5.444 millones de euros, un 12% más que el año anterior, superando a la tradicional industria de los fosfatos.

En este contexto, además, se prevén inversiones de al menos 1.000 millones de dólares para crear un “ecosistema Boeing” también en el norte del país y el desarrollo de interesantes proyectos en energías renovables o en el sector TICs (tecnologías de la información y comunicación), ambos sectores con crecimientos espectaculares en los últimos años.

En definitiva, Marruecos vive un periodo de transformación económica positivo, aún con sus sombras en términos de desigualdad y empleo, en un país donde más de la mitad de su población tiene menos de 24 años.

Para España, Marruecos representa mucho más que un vecino; la estabilidad de Marruecos es clave para nuestra tranquilidad y ofrece una oportunidad de desarrollo también para nuestra economía. Es evidente que las relaciones entre ambos reinos atraviesan un momento inmejorable y tal vez por ello España ha superado a Francia como primer país receptor de sus exportaciones e igualmente como socio comercial. Son más de 330 las empresas españolas establecidas en Marruecos, especialmente en sectores como la automoción, aeronáutica, transporte, logística, TICs o renovables.

Y es en este marco en el que surge el desarrollo de una nueva industria financiera en el país, las llamadas finanzas participativas, esto es, la creación de un nuevo ecosistema de banca islámica.

En un artículo que escribí en el diario económico Cinco Días hace unos meses ya advertía del surgimiento de esta industria financiera en el reino alauita tras un largo proceso que ha culminado con la concesión de nuevas licencias bancarias, toda vez que el Banco Central de Marruecos aprobara la creación de cinco bancos islámicos y permitía que tres filiales de bancos franceses (Société Générale, BNP Paribas y Crédit Agricole) ofrecieran productos financieros islámicos.

Este hecho supone de entrada una importante inyección de capital extranjero para Marruecos, y es que se estima que la industria financiera islámica pueda llegar a representar en 2018 entre un 3% y 5% del sistema financiero marroquí, así como atraer importantes inversiones de la región del Golfo y del sudeste asiático por valor de al menos 7 billones de dólares.

Evidentemente, España tiene ante sí una oportunidad de posicionamiento también ante este hecho. Los nuevos bancos islámicos con sus fondos de inversión podrían encontrar en nuestro país un buen mercado, estable y cercano, para garantizar inversiones en multitud de sectores absolutamente compatibles con la banca islámica como el turismo, las energías renovables, las nuevas tecnologías, las infraestructuras, el sector inmobiliario o la agricultura, entre muchos otros.

La oportunidad es evidente y el momento ideal, en mi opinión, si sabemos como país tener una estrategia de acercamiento y entendimiento hacia un mercado natural como es Marruecos, en plena expansión y tremendamente joven. En definitiva, el sol que cada día se acuesta en Marruecos también debería reflejarse en España.

 

Gonzalo Rodríguez Marín es abogado y actualmente es el coordinador general del SCIEF (Saudi-Spanish Centre for Islamic Economics and Finance) en el Instituto de Empresa. El texto se enmarca en el contexto de su participación en la conferencia que tuvo lugar en Casa Árabe el pasado día 31 de mayo sobre “Finanzas islámicas en el norte de África: desarrollo y perspectivas de crecimiento en Marruecos”.

 

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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