Red de Casas del Ministerio de Exteriores

El Renacimiento de la «Ciencia en al-Andalus»

Por: Red de Casas

18 oct 2017

Daniel Valdivieso

 

            En su elevada gloria, el emir Abd al-Rahman [II] superó los hechos oídos de sus predecesores en cuanto al agasajo que             hacía a toda clase de sabios, alfaquíes, literatos y poetas, con constante atención, acercamiento, reconocimiento de             sus derechos y satisfacción de sus peticiones [...].

Así describía Ibn Hayyan la labor del cuarto emir de al-Andalus en su afán por cultivar las artes y las ciencias en el emirato occidental. No en vano, muchos lo consideran el iniciador de la que un siglo después se convertiría en la biblioteca más importante de Occidente gracias a la labor de su remoto sucesor, el califa al-Hakam al-Mustansir. Ambos constituyen los más sobresalientes ejemplos de la política de mecenazgo que caracterizó —en mayor o menor medida— a los gobernantes Umayya de al-Andalus, y que convirtió a Qurtuba en aquella “luz de Occidente” donde el talento o el conocimiento podrían granjearte una vida acomodada, y las ideas revolucionaras encontraban amparo en lugar de hostilidad. De hecho, según nos cuenta también Ibn Hayyan, el célebre músico Ziryab elegiría al-Andalus como lugar donde refugiarse de su antigua vida cuando le hablaron de las grandezas del emir al-Hakam [I] [...], de sus elevados afanes y sólido poder.

La identidad de algunos de estos hukama al-Andalus —“sabios de al-Andalus”— nos es hoy conocida gracias a las páginas que Ibn Hayyan, Ibn Sa‘id, Ibn Abd al-Malik al-Marrakusi o Ibn al-Faradi les dedicaron dentro de sus crónicas pero, de igual manera, sus logros han sobrevivido hasta nuestros días a través de instrumentación hallada en contextos arqueológicos, datos contenidos en sus manuscritos científicos, cálculos encerrados en la compleja arquitectura andalusí o abundantes trazas botánicas de los desaparecidos jardines, así como en la fuerte influencia que tuvieron en la cultura europea y magrebí. Toda esta información permite abordar e incluso retomar sus propios estudios desde las equivalentes disciplinas de la ciencia moderna, conformando un apasionante área de investigación que atrae a expertos de diferentes ámbitos académicos.

Con este motivo, se celebró entre los días 20 y 22 de septiembre el congreso internacional Ciencia en al-Andalus que, bajo la coordinación de Monica Rius (CRIC-UB) y Cristina de la Puente (CSIC), reunió a varios de los más ilustres expertos nacionales e internacionales en la materia: el arabista Julio Samsó, el ingeniero Salim al-Hassani, el biólogo Mustafa Yavuz, el matemático Benno Van Dalen o los historiadores David King y Ekmeleddin Ihsanoglu, por citar algunos. Y por si el programa no resultase lo suficientemente atractivo, mencionar que este prestigioso encuentro tuvo lugar en la sede cordobesa de Casa Árabe, una institución que, como viene siendo habitual, lo programó de forma abierta y gratuita. No hay más que consultar su agenda para comprobar la intensa actividad científica y cultural que lleva a cabo a lo largo de cada año.

Las intervenciones se sucedieron a lo largo de tres jornadas estructuradas según las diferentes disciplinas científicas y su estudio, esto es, transmisión científica, matemáticas y astronomía, instrumentación, aplicaciones de la astronomía, medicina y agronomía, y ciencia y religión; entre las cuales —y a título personal—, me gustaría destacar la brillante ponencia del profesor Esteban Hernández Bermejo (UCO) a quien, a pesar de ser protagonista en prácticamente la totalidad de la investigación arqueobotánica —y al que por cierto, debemos nuestro exuberante Jardín Botánico—, su intacto entusiasmo le obligó a recortar su intervención, muy a pesar de los asistentes, que asistíamos fascinados a una clase magistral acerca de la abundante introducción de especies vegetales durante el periodo andalusí.

Aunque sin duda, la mayor expectación la generó la ponencia que cerraba el congreso: La qibla en la Córdoba medieval y la orientación de la Mezquita Aljama, presentada por el profesor David King. Éste es sin duda un tema que siempre ha generado —y seguirá generando— intensos debates entre quienes achacan su relativa imprecisión a errores instrumentales y aquellos que afirman existía intencionalidad, a pesar del relativo consenso respecto a las limitaciones urbanísticas de su fase constructiva inicial. Tras desgranar toda la investigación realizada hasta el momento, acabaría afirmando entre risas que “¡Resulta que está bien orientada!”. La ronda de preguntas se convirtió entonces en una charla entre amigos, en la que el propio King y Julio Samsó se recordaron anécdotas personales fruto de su larga amistad. Y es que ése es precisamente el mayor logro de Casa Árabe: que en un evento de tal envergadura se cree esa sensación de familiaridad. Personalmente, creo que nada resume mejor lo vivido esos días que el comentario que mi apreciada —y futura eminencia— Dra. Carmen González me hizo en uno de los descansos, cuando vimos a Julio Samsó, David King y Ekmeleddin Ihsanoglu sentados bromeando en el borde de la fuente del patio: “esa es una imagen de las que acaba en los libros de Historia”.

 

Daniel Valdivieso es licenciado en Psicología, autor de "La Córdoba de Ibn Hazm: Crónica de Ibn Hazm sobre la Qurtuba de los Banu Umayya", y uno de los asistentes al congreso internacional “Ciencia en al-Ándalus”, celebrado en la sede de Casa Árabe en Córdoba entre el 20 y el 22 de septiembre.

Camille Pissarro: judío y artista

Por: Red de Casas

11 oct 2017

Federica Palomero

 

Pissarro ha sido sin lugar a dudas el primer artista judío en obtener un sitio destacado en la historia del arte, como pionero del impresionismo que fue junto

Monet y Renoir. Antes de él hubo en el Siglo XIX algunos artistas judíos que lograron cierto renombre, como es el caso de Moritz Daniel Oppenheim en Alemania y Edouard Moyse en Francia. Sin embargo, su impronta en el contexto artístico de su época fuera del ámbito propiamente judío fue escasa, en nada comparable con la importancia que todavía se le reconoce a Pissarro.

La ascendencia del artista es judía tanto por parte materna (la que según la Ley determina su pertenencia al Pueblo judío), como paterna. Su madre, Rachel Manzano Pomié, era criolla dominicana, sefardita como lo demuestra su apellido Manzano. Pomié es la traducción al francés de manzano: “pommier”, ortografiada al modo “créole”.

El padre de Camille, Frédéric Abraham Gabriel Pissarro, era de origen portugués, del pueblo de Bragança. Según algunas fuentes, su nacimiento en 1802 fue en ese lugar; según otras, en la ciudad francesa de Burdeos, donde la comunidad judía sefardita era numerosa y próspera.

Ahora bien, más allá de estos datos genealógicos, cabe preguntarse cuales eran los lazos entre Abraham Jacob Camille Pissarro y el judaísmo. Su educación escolar fue laica, si bien en el hogar Pissarro-Manzano se seguían las tradiciones judías, aunque al parecer de un modo bastante laxo. De hecho, llama la atención que en la lápida funeraria de la familia Pissarro en el cementerio parisino del Père Lachaise, donde reposan, entre otros familiares, Camille Pissarro y sus padres, no se encuentre ningún símbolo judío. Él mismo profesó desde joven ideas de izquierda, incluso anarquistas, incompatibles con cualquier creencia religiosa. Pero no renegó de sus orígenes, y el apodo de Moisés que le dieron sus compañeros artistas nunca le pesó. Al final de su vida, fue testigo del famoso caso Dreyfus, que hizo surgir a la luz pública el antisemitismo socavado de parte de la sociedad francesa.  Él se involucró en el campo de los “Dreyfusards”, defensores de la inocencia del Capitán acusado falsamente de traición. Es difícil saber si lo hizo por solidaridad con el militar -judío como él-, por sus convicciones políticas o por su afán de justicia (tal vez fue por estas tres razones juntas). Lo cierto es que su apoyo a la denuncia del escritor Emile Zola en su artículo “J’accuse”, pidiendo la revisión del juicio, lo colocó definitivamente del lado correcto de la Historia. El precio que pagó entonces fue alto, ya que le valió, además de insultos y amenazas, la ruptura de su larga y estrecha amistad con Edgar Degas, así como con otros artistas que manifestaron entonces un feroz antisemitismo, como Cézanne y Renoir.

Ahora bien, la identidad judía de Pissarro no hace de él un “artista judío”, en el sentido de que Chagall, por ejemplo, es un artista judío, en la medida en que, frecuentemente, tanto su iconografía como su peculiar mundo poético están ligados al judaísmo. Al contrario, en la pintura de Pissarro no se encuentra ningún indicio de su pertenencia hebrea, por lo que su condición de judío no posee ninguna relevancia a la hora de estudiar su obra. No hay ninguna “visión judía del mundo” en el arte de Pissarro.

A los 22 años rompió con su medio familiar burgués y económicamente próspero y viajó a Venezuela con el pintor danés Franz Melbye. Allí produjo dibujos y acuarelas que demuestran su temprano interés por la naturaleza y, particularmente, la vegetación y los efectos de luz y atmosfera. Asimismo, plasmó la vida cotidiana de la gente humilde. En 1856 se radicó en Francia y nunca volvió al Trópico. Su rechazo del lenguaje académico lo llevó a acercarse a Corot, el mayor paisajista de su tiempo, y con él se confortó en su vocación de pintor de la naturaleza. Abandonó la luz artificial del taller y se dedicó a pintar al aire libre, atento a los cambios de clima y de color, al paso de las estaciones, a los reflejos en el agua, en fin, a todo aquello que contribuye a que lo efímero, lo inestable y transitorio haga del paisaje un espectáculo siempre renovado.  En 1959 conoció a Claude Monet y juntos, al aclarar la paleta, eliminar el claroscuro, usar pinceladas visibles, fueron creando el Impresionismo.

Pero, como ya lo había demostrado desde joven en su obra “venezolana”, también era muy atento a los seres humanos y, después de Millet, se convirtió en el retratista de la gente humilde del campo, representada en sus quehaceres más cotidianos.

Desde luego, el caso de Camille Pissarro lleva a una reflexión sobre la vigencia del “arte judío” como una categoría sostenible dentro de la historia del arte. Si bien hay artistas judíos que producen un “arte judío”, otros, siendo judíos, no podrían caber en dicha categoría.

 

Federica Palomero es Historiadora del Arte graduada en la Universidad de Toulouse le Mirail, comisaria-jefe del Museo de Bellas Artes de Caracas y directora del Museo Sefardí de Caracas Morris E. Curiel. Su artículo se enmarca en la conferencia "Camille Pisarro: el olor de la tierra", celebrada el día 9 de octubre de 2017 en el Centro Sefarad-Israel.

 

Perú: firme vocación internacional

Por: Red de Casas

04 oct 2017

Gonzalo Solana

En los últimos años un número importante de empresas españolas, en especial de pequeña dimensión, se ha implantado en Perú. Según la Cámara de Comercio española en Perú hay alrededor de 400 compañías españolas operativas en este país y un gran número de ellas, casi el 70%, son pymes y se han establecido a partir de 2009. Por su parte, de acuerdo con información del ICEX, el número de empresas españolas que exportan bienes a Perú se ha más que duplicado desde inicios de la década actual, hasta alcanzar una cifra próxima a 6.500 compañías.

Los motivos más importantes del aumento de la presencia del tejido empresarial español en este país sudamericano están asociados, como en el resto de Latinoamérica, al dinamismo y potencial de expansión de su mercado y a la cercanía cultural e idiomática. En el caso de Perú, y como aspecto diferencial, muchas empresas se han instalado en este territorio por los menores costes relativos necesarios en la implantación y el desarrollo de la actividad cotidiana de los negocios, así como la existencia de más nichos de mercado que en otros países colindantes.

Perú es, después de Panamá, la nación latinoamericana que mayor crecimiento económico ha registrado en los ejercicios transcurridos del actual siglo XXI, 5,5% de media anual. No en vano, su PIB per cápita se ha más que triplicado desde 1980 y, según la CEPAL, es el país latinoamericano que más ha reducido sus niveles de pobreza en el actual siglo, del 55 % a inicios del presente milenio a un 22 % en 2015. La inflación es moderada y estable, la deuda pública en circulación y la deuda exterior son reducidas, y su moneda, el sol, ha mostrado una volatilidad limitada. De hecho, las agencias de rating han otorgado a Perú el grado de inversión a su deuda soberana, con la segunda mejor calificación de Latinoamérica por detrás de Chile.

En el año en curso, el aumento esperado del PIB peruano será más reducido, del orden del 2,5%, como consecuencia de los relevantes daños causados por el fenómeno climatológico denominado El Niño, el retraso en la ejecución de importantes programas de inversiones públicas en infraestructuras y las huelgas registradas en la mina cuprífera más importante del país. En cualquier caso, en 2017 el crecimiento de la economía peruana será superior al resto de los países que, junto a Perú, crearon la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y México) y las previsiones de los organismos internacionales son que en los próximos ejercicios recupere un ritmo de expansión anual cercano al 3,5-4% .

El “bono demográfico” que supone disponer de una población joven - la edad media es de 28 años-, el auge de las clases medias y las mejoras en la exportación y el turismo son factores expansivos que deberían complementarse con la ejecución de los ambiciosos programas de inversiones públicas previstos en infraestructuras y los efectos derivados de las políticas de inclusión social y reducción de la pobreza que se están poniendo en práctica.

Para las pymes españolas que quieran iniciarse o ampliar sus actividades en el exterior, Perú es un país a considerar. Como en cualquier país, es necesario estudiar con cuidado las características del mercado y la política local, disponer de suficientes recursos -los periodos de maduración en estos procesos son largos- y asesorarse adecuadamente. Para ello, existen servicios públicos y privados especializados y una amplia colonia de empresas españolas, con una presencia significativa en sectores básicos de la economía peruana, que les facilitarán su adaptación y el conocimiento preciso para trabajar en este mercado.

Perú es un país que muestra una firme vocación internacional y que, más allá del signo ideológico de los distintos partidos políticos que han gobernado tras la implantación de la democracia en 1980, ha apostado, como políticas de Estado, por la estabilidad y por una agresiva estrategia de inserción internacional. El actual Gobierno se ha comprometido en reformas para fortalecer sus instituciones y en la aplicación de políticas de inserción social que reduzcan la pobreza y la informalidad. De hecho, entre sus objetivos está el ingreso en el año 2021 en la OCDE.

El tejido empresarial español debe ser consciente de este activo y valorar la conveniencia de aumentar su presencia en este país, así como de llegar a acuerdos estratégicos con compañías peruanas que faciliten el acceso conjunto a otros mercados internacionales.

 

Gonzalo Solana es Director de la Cátedra Global Nebrija Santander en internacionalización de empresas y su artículo se enmarca en la presentación del libro “Perú: firme vocación internacional” que tuvo lugar el pasado 14 de septiembre de 2017 en Casa de América.

Francisco Sánchez y Rosana Hernández Nieto


Han pasado 18 años desde que la primera Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe (UE-ALC) de Jefes de Estado y de Gobierno estableciera en la Declaración de Río de Janeiro su intención de fortalecer la cooperación para crear un espacio birregional de educación, ciencia y tecnología. Sin embargo, los avances son poco significativos a pesar de los esfuerzos realizados por los actores implicados. Además de las dificultades que conllevan las diferencias entre las estructuras legales e institucionales de los países de ALC y del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), hay dos problemas subyacentes: la falta de confianza y la falta de intercambio de información, identificadas ya como razones por las que el Convenio Regional de Convalidación de Estudios, Títulos y Diplomas de Educación en América Latina y el Caribe de 1974 nunca entró en funcionamiento.

Las universidades públicas y privadas son actores fundamentales en la puesta en marcha del espacio birregional común, entre otras cosas, porque tienen un importante margen de actuación en un buen número de países. Sin embargo, existen dos realidades que no pueden ser abordadas sin voluntad política. La primera, en el caso de ALC, es la falta de suficientes instrumentos legales o institucionales de carácter regional con los que sí contaban los países europeos cuando decidieron poner en marcha el EEES. Organizaciones internacionales como la Fundación EU-LAC, UNESCO, CELAC, OEI o SEGIB, entre otras, pueden constituir puntos iniciales de encuentro entre los diferentes actores institucionales.

La segunda realidad es que un espacio requerirá cambios legislativos y regulatorios. El gran reto de este proyecto birregional es político y es esencial una mayor implicación de los gobiernos porque, sin modificaciones legislativas de gran calado, no será posible el ejercicio profesional en sectores como las profesiones sanitarias u otras ocupaciones regladas. Uno de los fallos de algunos foros surgidos a propósito de este futuro espacio ha sido mirar a la universidad desde el ideal romántico de «cuna del saber», sin tomar en cuenta que también es la institución a la que muchas personas acuden para adquirir conocimientos y capacidades que les permitan acceder al mercado laboral.

Identificadas las dificultades, por otra parte, evidentes, el reto está en emprender procesos políticos que generen las estructuras e instrumentos para reducir las barreras a la movilidad estudiantil, docente e investigadora y fomentar la creación de redes institucionales y de investigación. Contar con un mapa de las estructuras de los sistemas de educación superior, ciencia y tecnología de los países implicados y conocerlos en profundidad son dos pasos hacia la construcción del espacio birregional, sobre todo en el aspecto de la información. El análisis de los programas de becas y movilidad en ALC, a menudo iniciativas particulares con escasos ejemplos de alcance generalizado, también pone de manifiesto la necesidad de intercambiar y sistematizar las experiencias e identificar posibles modelos de cara a un futuro proyecto regional o birregional. Lo mismo sucede con las redes de universidades o los centros de investigación existentes.

Pero el gran reto siguen siendo los mecanismos de confianza. Una unidad común de medida del trabajo académico (sistemas de créditos/horas); los reconocimientos, convalidaciones y homologaciones; y la existencia de agencias de evaluación y acreditación de la calidad que cuenten con el beneplácito de los países implicados son herramientas destinadas a que estudiantes, profesores, investigadores, universidades y estados puedan confiar en que su trabajo y sus títulos serán reconocidos en otros países. Éste no es un proceso fácil: el propio EEES sigue teniendo problemas de confianza e intercambio de información según algunas evaluaciones. Por ejemplo, continúan existiendo importantes dificultades para el reconocimiento de titulaciones a pesar de la abundante normativa europea destinada a garantizar la libre circulación de los trabajadores. Pese a esto, el EEES constituye una experiencia que debe ser considerada y analizada en detalle, no para ser replicada, sino como un proceso que ya se ha enfrentado a obstáculos similares.

Para terminar, esas actuaciones deberían considerar dos elementos cruciales. El primero es la necesidad de actuar sobre los docentes, el actor olvidado en la mayoría de los sistemas educativos de ALC. El segundo tiene que ver con la financiación de las becas y de las movilidades y el diseño de programas que impidan que, como ya se observa en ocasiones en la actualidad, los recursos acaben en instituciones, estudiantes y docentes que pueden asumir los gastos.

 

Francisco Sánchez es subdirector del Instituto de Iberoamérica en la Universidad de Salamanca; y Rosana Hernández Nieto es en la actualidad becaria de la Fundación Rafael del Pino en el Observatorio del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard. Ambos son los autores del informe 'Bases institucionales y normativas para la construcción del Espacio Europeo, Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación' presentando en Casa de América el pasado 13 de septiembre.

La Fuerza de Acción Marítima

Por: Red de Casas

20 sep 2017

José Ramón Vallespín


La Fuerza de Acción Marítima (FAM) está especializada en lo que se conoce de forma genérica como misiones de Seguridad Marítima, entendiéndose estas como aquellas que tienen por objetivo proteger los intereses marítimos nacionales y controlar los espacios marítimos de soberanía, además de las zonas declaradas de interés nacional. Estas últimas pueden estar situadas en cualquier lugar del planeta en donde el Estado español determine que ese interés existe, y actualmente son consideradas como tales áreas del Mediterráneo, el Cuerno de África y el Golfo de Guinea. Estas misiones de Seguridad Marítima se hacen en estrecha colaboración con los diversos organismos de la Administración que tienen competencias en el ámbito marítimo. Todo ello constituye la contribución de la Armada a la Acción del Estado en la Mar que se concreta en una serie actividades definidas como “funciones guardacostas”, en cuyo desarrollo la Armada puede ser actor primario o bien actuar en apoyo de otras instituciones: control de pesca y apoyo a la flota pesquera, supervisión del tráfico marítimo, lucha contra la contaminación marina, búsqueda y salvamento, cooperación en tareas de protección civil, labores de investigación científica e hidrográficas, protección del patrimonio arqueológico subacuático y apoyo en la lucha contra tráficos ilícitos, principalmente.


La estructura de la FAM está encabezada por el Almirante de la Fuerza de Acción Marítima (ALMART), que cuenta en su cuartel General con los órganos de apoyo al mando necesarios para ejercer sus funciones. En particular, con el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (el COVAM) donde, a través de distintas fuentes y equipos informáticos, personal altamente cualificado realiza una vigilancia las 24 horas del entrono marítimo, mediante la recepción, fusión, compilación y análisis de toda la información marítima disponible. Este control y la gestión de la información marítima, debidamente clasificada, puede ser puesta a disposición de los organismos oficiales que la requieran. Las comandancias navales son los agentes del ALMART en el litoral y, entre otras funciones, gestionan localmente las responsabilidades que la Ley de Navegación Marítima asigna a la Armada.


Las operaciones humanitarias han supuesto un cambio radical de la concepción del empleo de la fuerza naval, en donde la capacidad de combatir y de operar en escenarios de alta intensidad era casi de forma exclusiva el único rol que se daba a nuestra unidades, y el único en el que se adiestraban. Por ello, los nuevos buques de la Armada se diseñan y construyen teniendo en cuenta un perfil de misión de ayuda humanitaria. Así se ha hecho con los buques de acción marítima (BAM), los buques anfibios o los de aprovisionamiento.


No es de extrañar que sean los buques de mayor tamaño los mejor dotados para colaborar en este tipo de misiones, ya que disponen de mayor capacidad de alojamiento, embarcaciones menores y embarcaciones anfibias para transportes hasta y desde tierra, de medios de helitransporte, de mejores sistemas de mando y control y de modernas y más capaces instalaciones para apoyo sanitario. Por eso son estos buques los que mejor optimizan todos los recursos en las misiones de ayuda humanitaria. En el seno de la FAM, los BAM, por su tamaño, son buques aptos para este tipo de misiones, si bien normalmente lo harán complementando a buques de mayor tamaño de la Fuerza de Acción Naval (buques anfibios, de aprovisionamiento o escoltas).


Los Buques de Acción Marítima (BAM) son los más importantes de la Fuerza de Acción Marítima por las capacidades y prestaciones que proporcionan en cometidos de seguridad marítima. No obstante, la FAM cuenta con unidades especializadas cuyos cometidos no pueden ser realizados por otras (unidades de buceo de medidas contra minas) y por lo tanto de un valor incalculable.


Los BAM han supuesto un salto generacional respecto a los diseños anteriores, y han despertado el interés de otras muchas naciones (entre las que se encuentra EE.UU). Su diseño y sistemas buscan la comunalidad con el resto de unidades de la Armada de última generación, abaratando los costes de obtención y de sostenimiento. Están especialmente diseñados para dar respuesta los desafíos más probables contra los intereses marítimos nacionales, que se producen en escenarios de baja intensidad. Su gran tamaño y autonomía les permiten poder operar alejados del territorio nacional, donde España mantiene intereses marítimos que deben preservarse de riesgos y amenazas. La dotación reducida y su sistema hibrido de propulsión los convierten en un plataforma muy económica y valiosa militarmente.


Aunque en el Cuerno de África en los últimos años se ha reducido considerablemente la amenaza de la piratería marítima, sigue muy latente en diversas regiones del Planeta, especialmente asociada a zonas con países en vías de desarrollo que no disfrutan de estructuras de seguridad consolidadas para hacerle frente, evitarla o perseguirla judicialmente. La aparición de organizaciones criminales da lugar a la aparición de piratas y a las conexiones de éstos con redes de crimen organizado, creándose un círculo vicioso que solo se puede erradicar mediante el compromiso y determinación de organizaciones de defensa o a través de alianzas de cooperación internacionales.


José Ramón Vallespín es Comandante Naval de Alicante. Su artículo se enmarca en la entrevista- coloquio sobre la Fuerza de Acción Marítima de la Armada de España celebrada el pasado mes de junio en la sede de Casa Mediterráneo.

“Yo soy el Rey”

Por: Red de Casas

13 sep 2017

Juan Castell

Era aquel del siglo XIV un tiempo difícil para los hijos de Israel, pero no más que otros anteriores ni los que esperaban por venir, que todos lo fueron y serían desde que fuesen expulsados de la tierra que les prometió Adonai, y que con ello se vieron limitados en sus posibilidades de desarrollar las muchas capacidades que poseían; impelidos a ganarse la vida como bien pudieron. Entre ellas la medicina, como físicos, que tenían prohibido el acceso a la enseñanza del arte de la medicina en los cenobios primero, y en las escuelas que con el devenir de los tiempos fueron apareciendo en Occidente, después.

Es por ello que el personaje principal de Luz de Sefarad hubo de aprender el arte de los suyos, pero también de los musulmanes, que en un tiempo anterior a éste de la baja Edad Media fueron los depositarios del saber clásico de griegos y romanos, y conservaron el conocimiento de las escuelas de Hipócrates de Cos o de Galeno, entre otros, y ello les proporcionó prestigio y grandes figuras de la medicina. Por ello, los judíos siempre estuvieron en la proximidad de aquellos que podían decidir sobre sus vidas: los poderosos, que los apreciaron por sus conocimientos, gozando de enorme prestigio en el ejercicio de este arte como lo atestiguan figuras tan elevadas como lo fueron los profesores de la escuela de Montpellier o el propio Avicena.

Pero, a pesar de ello, tenían prohibido no solo el acceso a los lugares donde se enseñaba, sino al propio ejercicio de la medicina con los cristianos, lo que no era óbice para que los más poderosos y, a la cabeza de ellos los reyes, se procuraran físicos judíos a su servicio, como es el caso de los dos protagonistas de Luz de Sefarad, Muerte en Sevilla y Yo soy el Rey, en los que sus protagonistas muestran sus capacidades para afrontar los fenómenos de salud y enfermedad, no solo con los individuos como personas aisladas, sino haciendo frente a la mayor de las catástrofes sanitarias que conocieran los tiempos como fue la llegada de la gran mortandad, como se llamó en la mitad del siglo XIV a la Peste Negra. Y, valiéndose de los conocimientos de la época, y de una capacidad para interpretar las formas en las que Adonai materializaba el castigo de la enfermedad en los cuerpos, lograron ver en la tiniebla.

No menos cierto era que los judíos siempre tuvieron cierta superioridad intelectual sobre el común de los cristianos. Su obligación de leer la Torá ante la comunidad en su bar mitzvá; en esa ceremonia que le confería al niño judío su paso a miembro adulto de la aljama, le obligaba de forma ineludible a estar alfabetizado en una sociedad en la que el analfabetismo entre los cristianos estaba generalizado, incluso las mujeres judías que vivían en un ambiente familiar de hombres cultivados adquirían unas capacidades que no poseían las cristianas en general.

Los médicos judíos actuaron como transmisores del conocimiento clásico grecolatino a través de su contacto con el mundo musulmán, y el dominio de su lengua les proporcionaba las herramientas para ello. De esta manera adquirieron unas habilidades superiores y muy apreciadas por los nobles cristianos. Y, todo ello, hacía que dentro de la oscuridad generalizada de la época, en cuanto a los conocimientos médicos, el judío proporcionase una luz, como lo hizo el físico Moshé Asher Toledano y su hijo Asher Toledano, médico, este último, formado en la escuela de Montpellier; la más prestigiosa de aquella lejana época del siglo XIV, aprovechando esa relajación de las normas prohibicionistas que permitían de facto hacer lo que la norma prohibía. Y, gracias a ello, pudo estudiar y también ser médico de reyes, de Pedro I de Castilla nada menos, y de este modo ser testigo directo de los acontecimientos de una época. Como también lo había sido su padre de las regencias de la reina María de Molina tras la muerte de su esposo el rey Sancho IV de Castilla y la minoridad de su hijo Fernando IV, primero, y posteriormente tras la prematura muerte de éste con la de su nieto Alfonso XI.

Y así, de la mano de Moshé Asher Toledano y de su hijo Asher recorreremos y analizaremos una época, una cultura; varias, una religión; tres, y un arte: el de la medicina, que aún tenía un largo, un larguísimo recorrido hasta nuestro tiempo, como el que tenían ellos por delante y, que a pesar de todo traerían luz a una tierra que estaba forjándose un futuro de injusticia y de grandeza, de valor y de ignominia; esta tierra era la suya, la nuestra: Sefarad.

 

Juan Castell es médico y escritor, autor de “Yo soy el Rey”. Su artículo se enmarca en la presentación de esta obra, que tendrá lugar el 19 de septiembre en la sede del Centro Sefarad - Israel.

En torno a «Los orígenes de al-Andalus»

Por: Red de Casas

06 sep 2017

Marcos García García


Durante la tercera de semana de julio se celebró en la sede cordobesa de Casa Árabe el curso intensivo titulado «The origins of al-Andalus. Conquest, islamization and arabization» bajo la dirección científica de Maribel Fierro (ILC-CCHS, CSIC) y Alejando García Sanjuán (UHU). Destinado a un público especializado en la historia medieval del mundo islámico en general y de al-Andalus en particular, el curso congregó a una treintena de participantes de diversas nacionalidades que pudieron asistir a diez ponencias y a una serie de visitas explicativas para conocer el patrimonio arqueológico cordobés impartidas por especialistas de renombre en los campos de la historia y la arqueología medieval en nuestro país.

Se trata de la segunda edición de este curso de verano celebrado en Casa Árabe. La temática central giró en esta ocasión en torno a tres hitos en la historia medieval peninsular como fueron la conquista árabo-beréber del 711 y los procesos, estrechamente vinculados entre sí, de islamización y arabización de la población local heredera del mundo hispanogodo. Estos fenómenos se inscriben en la dinámica formativa de la entidad histórica que conocemos como al-Andalus, un periodo que, en términos historiográficos, ha supuesto desde el siglo XIX un campo de batalla ideológico en el que diferentes visiones del pasado se han enfrentado en la búsqueda de los mimbres con los que urdir la memoria histórica que defina la identidad de la nación española moderna.

Ante discursos históricos acientíficos –algunos tan tergiversadores como perniciosos–, sobre la mesa de conferenciantes de Casa Árabe se puso una miríada de argumentos científicamente incontestables que contribuyen a construir una imagen más rica de al-Andalus como lo que fue: una sociedad islámica medieval en Occidente, parafraseando el título de la influyente obra de P. Guichard. A partir de una revisión y actualización de la información histórica disponible derivada de diversas fuentes informativas (principalmente documentales, arqueológicas, numismáticas y lingüísticas), los ponentes demostraron de manera meridiana cómo a partir del siglo VIII la realidad histórica de la Península sufrió una profunda transformación. La idea, aún sorprendentemente popular, de que el 711 no tuvo efectos de calado sobre la «nación española», que se las ingenió para mantener sin mácula su esencia patria ante la llegada de un contingente mínimo de extranjeros venidos de Oriente –ilustrada en la célebre metáfora de la gota de anilina roja vertida a un estanque de J. Ribera (m. 1934)– es, a la luz de toda la evidencia histórica, insostenible y carente del más mínimo fundamento. Y es que España, como se puso repetidas veces de manifiesto a lo largo del curso, no existía como entidad histórica en el siglo VIII, por lo que a inicios de esa centuria lo que se produjo no fue una invasión, sino una conquista por parte de un imperio en expansión que marcó el inicio de una serie de procesos que condujeron al desarrollo de una nueva sociedad que, andando el tiempo, se islamizó socialmente y se arabizó lingüísticamente. Y esto no fue ni malo ni bueno, simplemente fue, sin más. Los datos documentales y arqueológicos presentados por los doce especialistas participantes son suficientemente contundentes a este respecto como para invitar a una reflexión que tenga efectos prácticos como pudiera ser el desterramiento definitivo de nuestro diccionario de conceptos como el de Reconquista (porque únicamente se «re-conquista» lo que forzosamente hubo de ser previamente arrebatado).

Como ciencia social, la disciplina histórica moderna debe huir de esencialismos y discursos epidérmicos y contribuir, desapasionadamente, a la generación de conocimiento de utilidad que ayude a mejorar la comprensión de las sociedades sobre su pasado. La historia ha de ser, al menos así la concibo, una herramienta de análisis del tiempo pretérito con un fin que no puede ser otro que el cambio social del presente. En un terreno abonado para la confrontación ideológica en torno a la formación de identidades nacionales antagónicas como es la historia medieval europea, la celebración de eventos de altísima calidad científica como el curso reseñado resulta tan útil como necesaria. Su alta demanda y la asistencia al mismo de especialistas y profesionales de la historia procedentes de las más punteras instituciones internacionales de investigación no sólo dan buena cuenta del nivel del evento –índice evidente de la vitalidad y buena salud de la que goza el medievalismo en nuestro país–, sino que reflejan además el profundo interés que despierta fuera de nuestras fronteras la historia medieval de la Península Ibérica. A pesar de que la percepción y valoración de las cualidades de lo propio no siempre resulta sencilla, los poderes públicos –particularmente los locales– debieran tomar nota y contribuir al fomento de actividades como ésta colaborando activamente a su desarrollo y financiación.
En un tiempo como el que nos ha tocado vivir, resulta esencial tomar conciencia del importante papel que la Historia desempeña en la construcción de las identidades y la memoria colectiva de las sociedades. Sean cuales sean los colores de su bandera, la derecha conservadora ha sido siempre consciente de ello (quizá lo es hoy más que nunca) y ha sabido usar el pasado en su beneficio –que, lógicamente, es el de los poderosos–. La Historia es, por lo tanto, un arma de doble filo, porque las lecturas que se hacen sobre el pasado pueden contribuir a construir tanto como a destruir espacios y marcos comunes de convivencia entre diferentes que ayuden al acercamiento o fomenten el alejamiento de sociedades y culturas diversas.

Iniciativas como el curso organizado por Fierro y García Sanjuán en Casa Árabe de Córdoba contribuyen digna y meritoriamente a la divulgación de conocimiento histórico de calidad sobre lo que verdaderamente fue al-Andalus, pero es preciso que este conocimiento rebase el ámbito académico y sea fácilmente accesible a un público más amplio. Ésta es, creo, la gran asignatura pendiente que tiene la profesión de la Historia, por lo que todos los agentes implicados debieran esforzarse por lograr que el discurso histórico generado y asentado en los círculos académicos permee a la sociedad. Eventos como éste son, en definitiva, de una utilidad social tal que todas las instituciones con responsabilidad debieran darles prioridad, fomentarlas y respaldarlas, porque nos guste o no, en comprender el pasado nos va el futuro.


Marcos García García es doctorando en la Universidad de Granada. Su artículo versa sobre el curso "Los orígenes de al-Andalus: conquista, islamización y arabización" celebrado en la sede de Casa Árabe en Córdoba entre el 17 y el 22 de julio de 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Balkania" en Casa Mediterráneo

Por: Red de Casas

30 ago 2017

Miguel Rodríguez Andreu

 

En 2017 se cumplen 25 años de las primeras misiones militares (operativas) por parte de España en democracia y en el extranjero. Aquella intervención comenzó el 25 de julio de 1992, cuando la fragata Extremadura, dentro de la agrupación naval de la UEO, tuvo encomendada la misión de vigilar el cumplimiento de las sanciones impuestas a las repúblicas de Serbia y Montenegro al comienzo de las guerras yugoslavas. Fueron años en los que las Fuerzas Armadas españolas vivieron un repunte de popularidad respecto a los años 80 debido, principalmente, a su buena actuación en las misiones de paz en Bosnia-Herzegovina. Más allá de eso, España tuvo un papel destacado en todo el sudeste europeo. No solo hubo misiones de paz, sino también actividad diplomática, política, periodística, académica y cultural, que unieron a España y a los países de la antigua Yugoslavia, como no se había producido en más de cien años de historia de relaciones diplomáticas.


De aquella experiencia coral surgió una nueva generación de “balcanistas” (periodistas, académicos, cooperantes...) que abrieron una nueva senda de conocimiento entre España y los Balcanes, dos realidades europeas que apenas se conocían. La revista Balkania supuso la ratificación de esa aproximación geopolítica, y fue gracias al impulso del diplomático español Javier Hergueta, que se encontraba de jefe de misión adjunto de la Embajada de España en Belgrado –y que durante su estancia fue el primer director del Instituto Cervantes de la capital serbia–, que este proyecto fue posible. Aquella etapa inicial de la publicación –editada por la Embajada de España en Belgrado– duró dos años y permitió dar salida a la primera y única publicación en español dedicada estrictamente a los estudios balcánicos. Tras un periodo en blanco, que abarca desde 2004 a 2010, la revista resucitó con la vuelta del diplomático español a Belgrado, para seguir una ruta ininterrumpida y marcada por su vocación inicial: divulgar conocimiento sobre el sudeste europeo y forjar una estructura estable donde converjan expertos e interesados.


La publicación ha buscado abordar temas relevantes, aportar conocimiento y una base académica para romper con el tradicional enfoque prejuicioso al que se ve condenada la región, saturada de conflictos de largo alcance durante el siglo XX: las Guerras Balcánicas, la Primera y la Segunda Guerra Mundial y las Guerras de Secesión de Yugoslavia. Desde el año 2010 la revista ha tratado cuestiones muy diversas, ensalzando los nombres de “balcanistas” españoles tan reputados como Carlos Flores Juberías, Francisco Veiga, Carlos Taibo o Ruth Ferrero Turrión. Como también ofrecer una caja de resonancia a los autores locales, traduciendo sus textos del antiguo serbo-croata al español y, por tanto, acercando los estudios balcánicos a más de 500 millones de hispanohablantes.


Cada número se publica de forma anual, diseñado en forma de monográfico, al que están invitados no solo “balcanistas” en términos genéricos, sino especialistas en un área concreta de investigación. La revista busca ofrecer profundidad e información, con un trabajo bibliográfico fundamental –muy útil para futuras investigaciones–. La disolución de Yugoslavia fue objeto de estudio y de alguna manera su impacto ha marcado otras temáticas, como la creación de los nuevos estados y la división policéntrica del antiguo serbo-croata (serbio, croata, bosnio y montenegrino), los conflictos de identidad entre la ciudadanía y el etnicismo, las consecuencias de la transición sobre la democratización de la región y el proceso de integración europeo. Pero también la revista ha buscado tomar el pulso a las posibilidades económicas, con un número especial dedicado a las oportunidades de negocio en la región, volumen realizado con la ayuda de Aitor José Mate, consejero económico y comercial jefe en la Oficina Económica y Comercial de España en Belgrado; igualmente, coincidiendo con la entrada en vigor de la Ley de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España, Balkania publicó un número coordinado por la jefa del Departamento de Estudios Ibéricos de la Universidad de Belgrado, Jelena Filipović, dedicado a la cultura sefardí en los Balcanes, que, además, no solo fue presentado en Belgrado, sino también en el Centro Sefarad-Israel en Madrid.


Balkania inicia ahora una nueva andadura gracias al impulso y la determinación de Casa Mediterráneo y de su director general, Miguel Oliveros. En esta ocasión con un monográfico en edición bilingüe (español-inglés) consagrado a la historia y actualidad de la Antigua República Yugoslava de Macedonia, y coordinado por el profesor Carlos Flores Juberías, cónsul honorario de la Antigua República Yugoslava de Macedonia en Valencia. El apoyo económico e institucional de Casa Mediterráneo significa mucho para Balkania, una vez permite la continuidad del proyecto y mantiene a la revista como referencia, pero también como incentivadora de nuevas publicaciones y nuevos vínculos intergeneracionales entre los expertos en la materia. Hasta el momento han participado en Balkania más de 70 autores con sus respectivos artículos, un inmenso capital científico que contribuye y contribuirá a que los Balcanes occidentales sean un campo de conocimiento más accesible, pudiendo inspirar múltiples oportunidades de acción para la sociedad civil española y balcánica (www.balkania.es).

Miguel Rodríguez Andreu es director de la revista "Balkania". Su artículo se enmarca en la presentación del número 7 de la revista, que tuvo lugar en la sede de Casa Mediterráneo el pasado mes de junio.

Antonio Martínez Puche

El término “economía creativa” fue popularizado en 2001 por el escritor y gestor de medios de comunicación británico John Howkins, que lo aplicó a 15 industrias que iban desde las artes hasta la ciencia y la tecnología. Según los cálculos de Howkins, en el año 2000 la economía creativa tenía un valor de 2.2 billones de dólares a nivel mundial y crecía a un ritmo del 5% anual. La noción era, y sigue siendo, muy amplia, porque no sólo abarca bienes y servicios culturales, sino también juguetes y juegos, así como todo el ámbito de “investigación y desarrollo” (I+D). Por tanto, aún cuando reconozca las actividades y los procesos culturales como el núcleo de una nueva y poderosa economía, también se ocupa de manifestaciones creativas en ámbitos que no serían contemplados como “culturales”. Este uso también tiene su origen en la asociación que se comenzó a hacer entre creatividad, desarrollo económico urbano y planificación de la ciudad. Así, recibió un primer impulso muy significativo a través del importante trabajo llevado a cabo por el consultor británico Charles Landry sobre la “ciudad creativa”. Un segundo y sumamente influyente impulso a nivel internacional fue el trabajo de Richard Florida (2009), teórico norteamericano de estudios urbanos que reflexionó sobre la “clase creativa” que las ciudades necesitaban atraer con el fin de garantizar un desarrollo exitoso. En este contexto, planteaba la necesidad de reforzar aspectos como la formación y el talento local, así como la materia prima de la futura revolución del conocimiento, entendida como fuente de desarrollo.


Desde la Geografía Humana, autores como Ricardo Méndez o Inmaculada Caravaca (2012) han aplicado el concepto en ciudades españolas para ver sus efectos reales, sus oportunidades y quizás frustradas expectativas si no se utiliza de forma adecuada. En efecto, las áreas urbanas de la Unión Europea se enfrentan al reto de elevar su capacidad competitiva y su sostenibilidad para hacer frente a las consecuencias derivadas de la crisis económica y, a más largo plazo, del efecto combinado que suponen la globalización de los mercados y el proceso de integración regional. Cobra así creciente importancia la identificación de actividades estratégicas, resistentes a la deslocalización y adaptadas tanto a su trayectoria como a la disponibilidad de recursos específicos para lograr una mejor inserción en la llamada economía del conocimiento. En ese contexto aumenta el interés que suscitan las actividades integradas en la denominada economía creativa, debido a una serie de factores que se refuerzan mutuamente. En una primera parte, aceptar el concepto de economía del conocimiento como aquella que se libera del sesgo tecnológico asociado a la idea de la sociedad de la información, para incluir las actividades asociadas a la cultura, de un alto contenido simbólico y donde los recursos intangibles son pieza esencial para generar valor añadido. Por otra parte, entendiendo la creatividad como capacidad de aportar respuestas nuevas y más eficaces frente a los retos a que se enfrentan individuos, sociedades o territorios, convirtiendo su uso en un concepto cada vez más frecuente en la bibliografía internacional de los últimos años. El interés que suscita la referencia a las industrias creativas, la clase creativa o la ciudad creativa ha multiplicado la bibliografía científica dedicada a estas cuestiones, pese a las frecuentes imprecisiones que acompañan la traslación del concepto al ámbito de los estudios sobre desarrollo territorial.


Más allá de la difusión y delimitación del concepto, Ricardo Méndez et alii (2012), señalan que la importancia relativa de las industrias creativas como generadoras de empleo es aún muy modesta. Los datos de Eurostat correspondientes a 2009 situaban su presencia en torno al 4,4% del empleo total dentro de la Unión Europea, lo que elevaba su participación respecto a estudios anteriores con datos de mediados de la década pasada (KEA, 2006; Power & Nielsen, 2010). En ese contexto, España ocupaba una posición intermedia, ligeramente por debajo del promedio (3,8% del empleo total), que no ha cambiado en exceso, y a mayor distancia de quienes siguen ocupando las primeras posiciones (Finlandia: 6,2%; Suecia: 5,9%; Dinamarca: 5,7%), en un nivel similar al de otros países mediterráneos y claramente por encima de los países orientales. Por tanto, en la actual economía del conocimiento, las industrias culturales y creativas (ICC) son un sector estratégico por su potencial para crear empleo, innovar, reaccionar rápidamente a las necesidades del mercado, movilizar inversión y estimular la economía. Como explica el investigador Pau Rausell Köster (2014), año tras año se suman estudios que apoyan como evidencia empírica la relación causa-efecto entre la riqueza de los países y la potencia e impacto de sus industrias culturales y creativas. En este sentido, la Comisión Europea sigue cifrando la contribución de las ICC a la producción y el empleo en un 4,2% del PIB del conjunto de la UE y les atribuye más de 7 millones de puestos de trabajo, un 3,3% del total del empleo europeo, según se indica en el Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas 2016. En este sentido, se cifra la contribución de las ICC en España como responsables del 3,5% del PIB. Un 3,5% del total de las empresas del país se enmarcan en las ICC (107.922 empresas), de las cuales el 9,4 % están ubicadas en la Comunitat Valenciana, que es la cuarta comunidad autónoma en número de ICC por detrás de Madrid (22,4%), Cataluña (20,2%) y Andalucía (12,7%).


En un momento en que los destinos urbanos, deben competir, ofreciendo a sus visitantes propuestas cada vez más singulares, las experiencias vinculadas a industrias creativas, pueden encontrar su oportunidad en el contexto del turismo cultural y creativo. El turismo creativo, según Richards (1998), tiene por objeto estudiar la evolución de esta nueva tendencia que está relacionada con la experiencia y las vivencias, con el lugar y sus habitantes, que también se une al subconjunto de “economía creativa o naranja”. Esta modalidad turística, como nueva tendencia que combina diferentes formas de cultura, supera la antigua división entre “alta” cultura tradicional (como museos, monumentos, ópera y galerías de arte) y cultura “popular” (como la música pop, el deporte y los parques temáticos). A medida que el mercado madura, también se va diversificando, creando nuevas oportunidades y retos. Todo indica que hay que revisar la imagen tradicional del “turista cultural” y de las propias ciudades. Por tanto, el turismo creativo significa fomentar la participación e interactividad del turista que suele desear ser viajero o sentirse local, desarrollando su potencial humano a través del aprendizaje, la creación o la exhibición de su talento mediante el formato de experiencias singulares basadas en “lo cultural” (Tresserras, 2013).


Hay que citar, por último, la estructura creada en 2004 por parte de la UNESCO bajo el nombre de “Red de Ciudades Creativas”, que según la actual secretaria general de esta entidad internacional “representa un potencial enorme para recalcar el valor de la cultura como acelerador del desarrollo sostenible, de acuerdo con el undécimo objetivo establecido en la Agenda 2030 (…) cuya vocación es estimular la cooperación internacional entre las ciudades miembros para hacer de la creatividad un motor de desarrollo urbano sostenible, de integración social y de vida cultural”. Las 116 ciudades del mundo provenientes de 54 países que en la última reunión de septiembre de 2016 en Östersund (Suecia), forman parte de la Red, trabajan juntas para alcanzar un objetivo común: posicionar la creatividad y las industrias culturales en sus planes de desarrollo a nivel local y cooperar activamente a través de la asociación entre ciudades a nivel internacional. La Red cubre siete campos creativos: Artesanía y Arte Popular, Diseño, Cine, Gastronomía, Literatura, Arte digital y Música. En este sentido hay que indicar que Denia (gastronomía), Barcelona (literatura) y Burgos (gastronomía) pasaron hace unos años a engrosar esta lista en la que ya se contaban otras tres localidades españolas: Granada en la categoría literaria, Sevilla en la musical y Bilbao en la de diseño. Hace unas semanas se presentó en la Agencia de Desarrollo Local de Alicante “Claves del estudio de los agentes y nodos de emprendimiento cultural y creativo de la ciudad de Alicante”, en la que se pone de manifiesto las grandes oportunidades para la economía local que presentan las industrias creativas y el turismo en la capital de la provincia de Alicante.

 

Antonio Martínez Puche, es profesor del departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante y director del Máster Oficial de Desarrollo Local e Innovación Territorial (DELEITE-UA). Su artículo se enmarca en el curso de verano "Diplomacia de las ciudades", organizado por la Red de Casas en el mes de julio, en el que participó como conferenciante en las sesiones propuestas por Casa Mediterráneo.

Francisco Javier Garzón


El 5 de julio tuve ocasión de inaugurar la jornada empresarial “10 años de relaciones económicas España-países árabes: balance y futuro”, que celebró el 10º aniversario de Casa Árabe, institución que se ha constituido en un excelente espacio de encuentro e intercambio entre España y los países árabes. ICEX ha seguido de cerca la evolución de la Casa, a partir de su pertenencia a su patronato, y estamos encantados de colaborar con ella.

En este contexto, permítanme realizar un análisis de la evolución de los intercambios de naturaleza comercial entre España y los países árabes durante la última década y abordar el papel de la Administración Comercial del Estado en su impulso.

Quiero enmarcar este repaso en el cuadro general de la internacionalización de nuestra economía, pues, además, en los últimos diez años hemos asistido a un ciclo completo expansión – crisis – expansión que hace particularmente interesante el análisis.

En 2007, cuando se creó Casa Árabe, nos encontrábamos inmersos aún en un ciclo expansivo que en España había durado una década. Muy pocos analistas se atrevían a predecir, no ya la profundidad de la crisis que sucedería a continuación, sino la posibilidad misma de que ésta se produjera. No obstante, una variable, de fundamental importancia, debería habernos puesto en guardia: nuestro desequilibrio externo.

En los cuatro trimestres que siguieron al estallido de la crisis financiera internacional se produjo, entre otras cosas, un hundimiento del comercio internacional, que en el caso de nuestro país supuso que, en 2009, exportáramos un 16% menos que en el ejercicio anterior.

No obstante, 2009 fue también el comienzo de un periodo extraordinariamente provechoso e interesante desde el punto de vista del comercio exterior y que se prolonga hasta nuestros días.

Desde entonces, España ha pasado de ser el país desarrollado con mayor desequilibrio externo a cerrar el ejercicio pasado, 2016, con una capacidad de financiación respecto al resto del mundo por encima del 2% del PIB.

Tan excepcional es la situación actual que, en los cuatro últimos trimestres, es decir, incluyendo el primero de 2017, se ha producido una situación sin precedentes en la serie histórica: la demanda interna y la externa contribuyendo contemporáneamente al crecimiento de nuestro PIB.

Se puede, por tanto, afirmar, que el salto de nuestras exportaciones dado durante los últimos años tiene un componente estructural e independiente del ciclo.

Y, dada la relación entre internacionalización y competitividad, los resultados alcanzados por nuestras empresas en los últimos años son una muestra de su competitividad y, a nivel agregado, de la de nuestra economía.

La aportación de los mercados árabes a este excepcional cuadro es una cuestión con frecuencia ignorada.

La exportación a los 22 países que forman parte de la acción de Casa Árabe se ha más que duplicado entre 2009 y 2016, muy por encima del aumento del 60% que se ha producido en el total de nuestras exportaciones. La cuota que representan los países árabes en nuestra exportación ha pasado del 6 al 8%. Los mercados árabes absorben casi un cuarto de la exportación española fuera de la UE.

Permítanme además celebrar la situación comercial superavitaria con los países árabes que alcanzó España en 2016, la primera en la serie histórica.

Las relaciones económicas están concentradas, en la práctica, en cuatro países: Marruecos, Argelia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Estos cuatro países son los principales receptores de nuestros productos, de nuestra inversión y de los proyectos de implantación de nuestras empresas. A cierta distancia les siguen Túnez y Egipto.

Entre todos ellos, desde el punto de vista comercial destaca, en cualquier caso, Marruecos, nuestro segundo mayor socio comercial fuera de la UE, sólo por detrás de EE.UU. España, por su parte, se ha convertido en el primer socio comercial de Marruecos.

Los buenos resultados comerciales en los países árabes en estos últimos años se han visto acompañados del aumento de la presencia tanto de empresas como de profesionales españoles en estos países, impulsada por sus éxitos en proyectos de infraestructuras, tanto de transporte como energéticas, defensa y medio ambiente.

Estos éxitos están basados en el liderazgo internacional que ha alcanzado la ingeniería española; un liderazgo, además, que no se circunscribe al ciclo técnico de los proyectos, sino que es también patente en el diseño de soluciones integrales que incorporen la gestión, el mantenimiento y la financiación de las infraestructuras, habiendo desarrollado una experiencia muy importante también en las distintas modalidades existentes de participación público – privada, cuestión ésta última fundamental en el actual contexto de reducción de precios de las materias primas energéticas y que está suponiendo un enorme reto fiscal para el conjunto de las economías árabes.

De hecho, uno de los proyectos más emblemáticos a nivel mundial de nuestras empresas y que con más frecuencia citamos como ejemplo de su posición de vanguardia es la línea ferroviaria de alta velocidad entre Medina y La Meca, un reto gigantesco desde cualquier punto de vista y cuya consecución servirá para afianzar aún más la actividad de nuestras empresas en la región.

Pero podrían citarse también, por su envergadura y novedad, la construcción de la primera fase de la planta termo solar de Ouarzazate, en Marruecos, que se prevé sea la más grande del mundo, la participación en la construcción de un complejo petroquímico en Arabia Saudí y que será el mayor de Oriente Medio o el primer contrato bajo modalidad PPP aprobado en Egipto para el diseño, construcción y mantenimiento de una depuradora en New Cairo.

La diplomacia económica española, representada al más alto nivel, ha desplegado todos sus medios para apoyar éstos y otros muchos proyectos en la zona.

La Secretaría de Estado de Comercio estableció desde la puesta en marcha en 2004 de su estrategia de mercados prioritarios que tanto Marruecos como Argelia debían serlo. Y, en 2009, reforzó el peso del mundo árabe en esta estrategia con la inclusión de los Emiratos Árabes Unidos. Ese mismo año se abrió una nueva Oficina Económica y Comercial de España en Omán, un centro de negocio en la Ofecomes de Dubái y, en 2011, una nueva Ofecomes en Kuwait.

La región es prioritaria también en la acción de ICEX, como viene a mostrar el hecho de que casi el 10% de nuestras acciones de promoción fuera de la UE se desarrollen en países árabes y que, sólo en este 2017, organizaremos en países del área dos de nuestras acciones más comprometidas: unas Jornadas de Partenariado Multilateral en El Cairo y unas Jornadas ICEX Integra en Dubai, ambas con el más alto apoyo institucional.

Debemos aprovechar las oportunidades que surgen de la voluntad de apertura de muchos de estos países y su deseo de modernizar y diversificar sus economías, incrementando tanto la cuota de mercado de nuestras exportaciones como nuestro volumen inversor.

En ese sentido, tratamos de incorporar los mercados árabes en todas nuestras iniciativas, incluyendo las más novedosas, como por ejemplo la serie “Conecta con el mercado”, un programa que produce ICEX y que emite RTVE. ICEX, junto a KPMG y el Instituto de Empresa, elabora también un informe sobre Fondos Soberanos que se ha convertido en el documento de referencia en España. Exploramos igualmente nichos de oportunidad específicos del mundo árabe, marco en el que se encuadra la línea de seminarios enfocados a rentabilizar certificados como el halal o las finanzas islámicas.

En suma, ICEX mantiene una intensa actividad en la promoción de la presencia de nuestras empresas y de nuestros productos en los países árabes. Me gustaría pensar que hemos jugado un cierto papel en las excelentes cifras de negocio de nuestras empresas que les he ofrecido anteriormente.

Esperamos que los próximos diez años sean igual de provechosos.

Francisco Javier Garzón es consejero delegado de ICEX España Exportación e Inversiones. Su artículo se enmarca en la jornada empresarial “10 años de relaciones económicas España-países árabes: balance y futuro” organizada por Casa Árabe el pasado mes de julio con motivo de su décimo aniversario.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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