Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Islamofobia y género

Por: Red de Casas

11 jul 2018

Laura Mijares

 

La islamofobia es siempre una cuestión de género, no solo porque las musulmanas, o personas consideradas como tales, se vean más afectadas que los hombres por discursos o prácticas islamófobas, sino sobre todo porque instrumentaliza la cuestión de la discriminación de las mujeres para justificar y legitimar las políticas que la vehiculan. Que las mujeres musulmanas son las principales víctimas, tanto de los discursos como de las prácticas islamófobas, lo constatan los informes de las plataformas de lucha contra la islamofobia y los análisis académicos. Pero además, la idea de que el islam, y particularmente los hombres musulmanes, subordinan a las mujeres es uno de los fundamentos ideológicos desde el que se sostiene el racismo antimusulmán en cualquiera de sus vertientes. También en este sentido el género es central.

Una de las primeras investigadoras que utilizó el término “islamofobia de género” fue Jasmin Zine, definiéndola en 2006 como “una forma específica de discriminación etno-religiosa y racializada dirigida a las mujeres musulmanas, procedente de estereotipos negativos históricamente contextualizados y fundamentada en formas de opresión individuales y sistémicas”. Zine destacaba por encima de otras cuestiones la larga historia de representaciones orientalistas que habían contribuido a concebir el islam como una religión atrasada y la musulmaneidad como una forma no moderna de estar en el mundo. Con dicha definición enfatizaba igualmente la representación de las mujeres musulmanas como seres a los que salvar. En la misma línea, Jasmin Zine hablaba de mujeres sometidas a una doble dominación: la ejercida por la islamofobia y el racismo, y por las formas patriarcales de opresión experimentadas en el seno de las propias comunidades.

Otro de los elementos que se han destacado para analizar cómo se articulan tanto las representaciones sobre las mujeres musulmanas como las discriminaciones a las que son sometidas es el hiyab, el velo o pañuelo islámico. De ahí su centralidad, tanto en el pasado como en el presente. Fue importante durante el colonialismo para legitimar políticas de salvación de las mujeres que lo llevaban y sigue siendo central en la actualidad, como evidencia de que el islam es incompatible con los derechos de las mujeres. Las polémicas sobre el velo en Francia, España y otros países europeos así lo demuestran. El hecho de que pueda debatirse el derecho de las mujeres a llevarlo, e incluso que pueda llegar a prohibirse, es la prueba de que el cuerpo de las mujeres musulmanas es considerado patrimonio público. Igualmente evidencia que solo existe una forma de liberación legítima, la que opina que hay que quitárselo.

Si bien todas estas cuestiones son centrales en el debate sobre la islamofobia de género, hay otros aspectos menos estudios que deberían ser igualmente tomados en consideración.  Además de esa larga tradición orientalista, resulta innegable que la islamofobia es un fenómeno funcional a un sistema patriarcal y neoliberal interesado en reforzar las desigualdades y en limitar las libertades de todas las personas, aunque sean las musulmanas a las que más interpele. La relación entre neoliberalismo, patriarcado y xenofobia no solo explica la existencia de políticas migratorias restrictivas que afectan a todos los colectivos, sino también la proliferación de políticas securitarias, dispositivos de control y disciplinamiento legalmente establecidos que, dirigidos a estas poblaciones, acaban por afectarnos a todas y todos. Los programas de prevención de la “radicalización”, que incluso han llegado a algunos centros educativos permiten que se normalice el cuestionamiento de ciertas corporalidades/espiritualidades y que se limiten los derechos de los colectivos más vulnerables, entre los que sin duda se encuentran las mujeres musulmanas pobres. Es por ello que el sistema patriarcal, indisoluble del neoliberal, redunda en prácticas específicas de islamofobia contra las mujeres que permiten el cuestionamiento de ciertas prácticas religiosas y/o culturales que en definitiva suponen un desafío para el proyecto neoliberal propio de las sociedades occidentales. Ubicar la islamofobia de género en esta confluencia entre racismo, neoliberalismo y patriarcado es absolutamente necesario para comprender el sentido y alcance de esta forma de racismo.

Laura Mijares es profesora titular del Departamento de Lingüística y Estudios Orientales y directora del Grupo de Análisis sobre Islam en Europa (GRAIS) de la Universidad Complutense de Madrid. Su artículo se enmarca en la conferencia “Conversaciones con Jasmin Zine sobre islamofobia de género” organizada por Casa Árabe los días 2 y 3 de julio en sus sedes de Madrid y Córdoba.

Genealogías de Sefarad

Por: Red de Casas

26 jun 2018

Dra. Michal Rose Friedman

Con motivo del centenario de la creación de la comunidad judía de Madrid, el grupode investigación “Genealogías de Sefarad” y el Centro Sefarad-Israel, con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid, hemos organizado un simposio internacional en el que participarán historiadores, filólogos e intérpretes culturales, además de escritores y cineastas. Las diferentes mesas redondas y coloquios reflexionarán durante tres jornadas sobre la persistente presencia del pasado judío medieval de España, o “Sefarad”, tanto en la historia, cultura y narrativa españolas como en la sefardí, de finales del siglo XVIII hasta el presente.  

El grupo de investigación “Genealogías de Sefarad” se estableció en 2015 en Soria con un seminario titulado "Sefarad desde la España de hoy," que se celebró durante las jornadas de la Asociación Internacional de Literatura y Cine Españoles Siglo XXI (ALCESXXI) http://www.alcesxxi.org/home/).El grupo interdisciplinario se compone de académicos y escritores que trabajan en los Estados Unidos, España e Israel, dedicados a la exploración de las varias manifestaciones de Sefarad en la historia y cultura españolas, así como en la diáspora sefardí, desde el siglo XIX hasta hoy día.  Además,se propone generar una genealogía del concepto de la “España judía” o “Sefarad” a través del análisis de los discursos y distintas formas de producción histórica-cultural.Tal análisis nos permitirá ilustrar, cartografiar y archivar la función de los discursos, las historias, memorias, narraciones y apropiaciones de Sefarad en España a través del tiempo (y sobre todo en los siglos XX y XXI), considerando sus contextos históricos particulares. A través de varios encuentros en España y Estados Unidos -incluso en la Universidad de Harvard-, y la edición de un libro, Revisiting Jewish Spain in the Modern Era (Routledge, 2015), el grupo está al frente de las investigaciones judeo-ibéricas contemporáneas. 

Para el presente encuentro que se celebra los días 2, 3 y 4 de julio en el Centro Sefarad-Israel en Madrid, hemos invitado a otros investigadores españoles, estadounidenses y europeos cuyos trabajos son de gran importancia para los estudios sefardíes en la Península Ibérica. Entre los temas del simposio destacarán: los “retornos” a Sefarad, entre sefardíes en busca de la nacionalidad española o portuguesa y en la narrativa española contemporánea; la relación del estado español con el legado judío medieval de España; la historia de la presencia judía en el Madrid del siglo XX; y la visión de la historia de “Sefarad” desde la diáspora sefardí -incluido  el imperio Ottomano, Israel y Marruecos-. El grupo también realizará una visita a la Real Academia Española, donde su director nos recibirá para hablar sobre el nuevo instituto de la RAE dedicado al estudio del judeo-español, el idioma de los judíos sefardíes. Por las tardes hemos organizado una serie de actuaciones con carácter más público, que incluyen la proyección de un documental sobre los judíos sefardíes del Magreb y una conversación con escritores españoles que han tratado el tema de Sefarad en su obra literaria. 

Las jornadas del simposio nos permitirán reunir cada uno de nuestros propios materiales de investigación y los puntos de vista compartidos con el objetivo de establecer una genealogía más amplia de la España judía, mientras nos embarcamos en una investigación y cuestionamiento de la persistencia y el poder del concepto de Sefarad en nuestros días, y, quizás, para el futuro.

Invitamos al público de Madrid a acompañarnos durante las jornadas para ampliar su conocimiento de este tema tan fundamental de la historia y cultura española. 

 

La Dra. Michal Rose Friedman (Carnegie Mellon University, Pittsburgh Pennsylvania) participará en el simposio internacional “Genealogías de Sefarad”, que tendrá lugar los días 2, 3 y 4 de julio en el Centro Sefarad-Israel.

Al-Ándalus y el turismo que viene

Por: Red de Casas

20 jun 2018

Bárbara Ruiz-Bejarano


Recientemente una joven de Singapur publicaba en una popular página web donde los viajeros dejan sus consejos y comentarios la siguiente entrada tras visitar Granada: “he encontrado un conocido restaurante andalusí agradable y muy conveniente”, ya que llevaban algunos días sin poder comer carne. Probaron el “cuscús de cordero y de pollo” y la “deliciosa sopa de lentejas”. Aseguraba que lo recomendaría a sus amistadas, ya que es muy difícil encontrar comida halal en España. Y es que la joven protagonista de la historia es una musulmana, como lo serán en la próxima década el 25% de la población del planeta.

A la conjunción de parámetros “musulmán” y “asiático” hay que añadir un tercer vector, el de “clase media emergente”. Con los tres se configura la clase media que representará en unos años el 66% de la clase media total del planeta. Mientras, menguan en una Europa que se recupera lentamente de la crisis económica.. En contraste, las economías del sudeste asiático presentan tasas de crecimiento cercanas a los dos dígitos. Es por ello que cada vez es más frecuente encontrar jóvenes turistas del sudeste asiático, particularmente de Malasia, Indonesia, Brunei o Singapur, que se desplazan a España para visitar la arquitectura del gran icono islámico occidental: las capitales de Al-Ándalus.

Con cerca de dos millones de turistas musulmanes extracomunitarios al año (en los que no se incluyen los musulmanes europeos, que ya suman cerca de 50 millones), España, el segundo destino turístico del mundo, adolece de falta de empatía o actualización con uno de los motores económicos del país. La escasa adaptación al turismo musulmán, que no solo es creciente en número sino en gasto en nuestro país, obliga a éstos a conformarse, a la hora de alojarse, o de comer, con opciones vegetarianas o recurrir a los negocios regentados por magrebís. La falta de oferta “Halal” hace que acorten su estancia para visitar Marruecos o que recomienden a sus amigos o seguidores en las redes que traigan su comida de casa.

España ha pasado de ser un reducto atractivo para las petromonarquías del Golfo (que principalmente se concentraban en la costa malagueña) a inspirar a miles de jóvenes asiáticos como escenario de su “tour” europeo. El dorado pasado andalusí sigue brillando con fuerza en los países de mayoría musulmana (Indonesia, Paquistán, Irán, Egipto, Nigeria, etc), que exportan un perfil de turista al que convendría irse adaptando. Se trata de los “Muslim Millennials” o Generación M. Sus características principales: son personas que han nacido con internet, es decir, viven conectados y gestionan prácticamente todo a través de su móvil; hablan dos o tres idiomas y son titulados universitarios con un gran interés por el emprendimiento ético; pero la característica que mejor les define es que son musulmanes, y además su islam no es el popular o heredado, sino que es el resultado de un proceso intelectual donde se ha apostado por el islam como modelo social y económico, con inmejorables resultados, como ocurre en el caso de Malasia.

Las demandas de la Generación M no son difíciles para los empresarios españoles. Los musulmanes buscan la comodidad de poder viajar sin renunciar a sus compromisos islámicos. Uno de ellos es la alimentación halal (el más demandado, según estudios del grupo de trabajo de Turismo de la Organización de Cooperación Islámica). La alimentación halal es un precepto de gran importancia y que, según el estudio citado, puede ser determinante a la hora de decidirse por un viaje o un paquete vacacional. En España son sólo 4 los establecimientos hoteleros 100% Halal que ofrecen un menú, además del resto de servicios y productos, una fórmula que se conoce como “muslim-friendly tourism” y que permite comenzar a captar a este tipo de clientes sin renunciar al resto.

La alimentación “Halal” es sofisticada, pero igualmente al alcance de cualquier negocio de restauración. La carne ha de estar certificada Halal, pero existen numerosos mataderos y empresas en España que cuentan con la certificación. Igualmente ha de estar certificado cualquier producto que contenga grasa (por ejemplo, la bollería -las ensaimadas se hacen con manteca de cerdo-), gelatina (postres lácteos, salsas, sopas, y casi cualquier plato preparado (existen varios tipos de gelatina, sólo se aceptan aquellas que sean vegetales, de pescado o de animales lícitos sacrificados por el rito islámico), cuajo (quesos y otros lácteos), colorantes y aditivos (algunos son “Haram” = prohibidos en la dieta islámica), etc. Lo mejor es asesorarse con el Instituto Halal (www.institutohalal.com). En el caso de las bebidas, deben ser “0,0”, lo cual es bastante más sencillo dada la oferta actual disponible en el mercado.

Otro de los parámetros que va a influir en la toma de decisión de los clientes musulmanes a la hora de decidirse por sus vacaciones en España es el tipo de alojamiento. En general suelen viajar en grupos, o con familias (que pueden ser de entre dos y más de diez miembros, ya que es frecuente viajar con la familia). Los musulmanes del milenio buscan además algunos guiños: una señal en el techo que indique la dirección a la Meca, horarios que aseguren la privacidad de las señoras que opten por vestir “hijab” en la piscina o el gimnasio, o disponer de información acerca de la oferta turística que establezca esa “conexión con Al-Ándalus” que andan buscando (y que va desde bazares hasta el hammam o actividades como la cerámica, caligrafía, henna, etc). No sólo de monumentos vive el turista: su contextualización es fundamental. Recrear la historia y hacer renacer los momentos de esplendor de aquella civilización del Islam Occidental cautivará a aquellos que han venido en peregrinaje para leer poemas árabes en mampostería, admirar el modelo de convivencia, y rescatar de la modernidad los vestigios de algún califa, astrónomo, poeta o filósofo, de los muchos que nos dio nuestro pasado musulmán.

Y cómo no, cualquiera que se embarque en la aventura de este siglo y de las gentes que nos visitarán de allende el mar, necesitará recurrir a la tecnología para comunicar a sus clientes su oferta “Halal”: nada mejor que la web, creada por un grupo de jóvenes turco-británicos, Halal Booking: https://en.halalbooking.com/. Es la web nº 1 en el mundo islámico para reservar alojamientos adaptados a las preferencias del cliente musulmán. Es una web que hemos visto crecer en primera persona. Hace dos años conocí a su CEO, cuando el proyecto era todavía una start-up y era él quién cogía el teléfono, junto con dos socios. En 7 años ha aumentado su cuenta de resultados hasta los 15 millones de dólares en 2017 y ya ha comenzado una ronda de capitalización para acelerar esta fase de crecimiento. Esperan facturar 50 millones de dólares en 2018.

Pero de emprendimiento Halal, un sector económico en pleno auge en Reino Unido (cuyos jóvenes deben tener más ganas de emprender que de aprobar una oposición) hablaremos en otro momento. Se acerca la temporada estival, con el consiguiente aumento de turistas, y es el momento de aprovechar, no el turismo que viene, sino el que ya está aquí.

 

Bárbara Ruiz-Bejarano es directora de Relaciones Internacionales del Instituto Halal. Su artículo se enmarca en la conferencia “Turismo halal. La oportunidad del milenio” celebrada en la sede de Casa Árabe en Córdoba el 4 de junio de 2018 en el marco del programa Noches de Ramadán, que la institución ha organizado por quinto año consecutivo en la ciudad.

Tánger, la catarsis literaria

Por: Red de Casas

15 may 2018

Rocío Rojas-Marcos

 

Son apenas catorce kilómetros los que separan las orillas del Estrecho de Gibraltar, pero esa distancia supone saltar a una ciudad por la que todavía hoy –o de nuevo hoy- podemos rastrear una esencia cultural, literaria y vital extraordinaria. La ciudad de Tánger disfrutó durante la primera mitad del siglo XX de un estatuto internacional. Lo que a simple vista parecía una carta de libertad y autonomía tuvo además consecuencias muy profundas en todos los aspectos de la vida cotidiana. Como escribe Tahar Ben Jelloun en su novela El último amigo, “Geografía significa escritura de la tierra (…) la tierra también escribe la historia de los hombres” (2005:35) y esa historia de la tierra tangerina es una historia eterna, aunque bruscamente interrumpida para muchos. Cortada de cuajo sin solución de continuidad, pues aquellos que vivieron en la ciudad durante la época internacional, tras la incorporación de la ciudad al independiente Reino de Marruecos se encontraron de un día para otro desubicados. Como bien explica el novelista tangerino Ramón Buenaventura: Tánger nos explica nuestro modo de ser, nos exculpa de las diferencias con nuestros connacionales, y sin embargo, no sigue ahí para darnos su aval. Somos ciudadanos sin carta patria (Buenaventura, 1998:16).

Así ha sido la historia de Tánger y muchos tangerinos desde 1956, un camino de recuerdos, una acumulación de nostalgias y melancolías sostenidas por el levante que fueron encauzándose de un modo literario. La encrucijada mediterránea, el cruce de caminos entre España y Marruecos hizo que Tánger se alzase como estandarte de una realidad compartida entre ambos países. Entonces, entre los rescoldos de un Tánger etéreo, golfo y divino reflejado en la presencia en la ciudad de figuras de talla internacional como Paul Bowles, Francis Bacon, o incluso Elisabeth Taylor, existió otra ciudad real con una fuerte huella española – de los españoles más que de España-. Una ciudad que gestionó con éxito la improvisación de sus días, una ciudad que tomó como pudo el relevo nacionalista. Tánger nunca existió de un modo monolítico, funcionaba como una policromía armónica donde todo tenía cabida.

            Dentro de ese Tánger real que se abría paso, a diario, por las calles de la ciudad, que regaló una vida inimaginable para muchos desde la otra orilla del mar podemos destacar la presencia de escritores de la talla de Ángel Vázquez o Ramón Buenaventura, pero la realidad es que a día de hoy Tánger ha renacido de sus cenizas y cual ave Fénix se alza de nuevo sobre el Estrecho y nos está dejando ver una nueva oleada de escritores tangerinos que han recuperado la fuerza literaria de la ciudad y la están volcando en las páginas de sus obras.

La vida perra de Juanita Narboni, la soberbia novela de Vázquez es un canto de cisne, la ciudad de Tánger adquiere forma de mujer, se llama Juanita Narboni y vive su vida cuesta abajo hasta su definitiva desaparición Es el reflejo más fiel y ajustado de ese Tánger internacional con acento español. Por otro lado, Ramón Buenaventura desde sus novelas reivindica tanto la tangerinización de su modo de vida, como la influencia española en todos los aspectos cotidianos. Una relación que se ha extendido hasta nuestros días, y tras unos años de raquitismo español, hoy podemos asegurar que las relaciones entre ambas orillas, desde un punto de vista literario están más vivas que nunca. Un buen ejemplo son los escritores marroquíes que están eligiendo el español como lengua de expresión literaria, tales como el poeta Farid Othman-Bentria quien en su último libro Mare Nostrum. Mare incógnita (2018), utiliza los versos como arma de reivindicación cultural, describe el Mediterráneo como lugar común desde su balcón tangerino.

            En definitiva, Tánger que fue una ciudad única por sus características políticas y geográficas, supo sacarle partido a la situación. La ciudad tenía y tiene un carácter tan fuerte y dominante que jugó con los designios, pero estos designios durante mucho tiempo se entendían en un español perfecto. La lengua española fue vínculo de unión y nexo único entre las orillas cercanas del Estrecho de Gibraltar, una verdadera entidad existente, resultado de geografía e historia, ocupando un espacio real y un tiempo concreto: “Tánger es como un encuentro ambiguo, inquieto, clandestino, una historia que esconde otras historias, una confesión que oculta la verdad, un aire de familia que te envenena la existencia en cuanto te alejas y sienes que la necesitas sin saber por qué. Eso es Tánger” (Ben Jelloun, 2005:46), Pero Tánger también es el Teatro Cervantes, el Instituto Severo Ochoa, la Cuesta de la Playa, El cine Goya, o el Hotel Continental. Tánger también es Carmen Laforet, los versos de Álvaro Valverde, los recuerdos de Antonio Pau y los dibujos de José Hernández… Tánger es un puzle de tantas piezas tan pequeñas que intentar montarlo se convierte en un trabajo titánico, casi como uno de los doce trabajos de Hércules, entre robar el ganado de Gerión y robar las manzanas del jardín de las Hespérides, nosotros tenemos que intentar crear Tánger, por eso las palabras sirven como herramientas. La catarsis literaria se hace fundamental para recrear día a día esta ciudad.

 

Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979) es doctora en Literatura y Estética en la Sociedad de la Información (Universidad de Sevilla, 2017), máster en Escritura Creativa y Licenciada en Estudios Árabes e Islámicos (2003). Su artículo se enmarca en la presentación de su obra "Tánger, segunda patria", que tendrá lugar en la sede de Casa Árabe en Madrid el 24 de mayo.

 

Cecilia Frías

 

Uno de los motivos que nos impulsó a incluir a Cabeza de Vaca dentro de nuestra colección de clásicos es que su figura sigue resultando desconocida para el gran público y nos ayuda a ver más allá de la leyenda negra de la Conquista de América, a descubrir personajes que no solo se integraron con la población indígena sino que protagonizaron auténticas epopeyas como la que el propio Álvar Núñez relata en los Naufragios.

Pues a ojos contemporáneos cuesta tomar conciencia de la envergadura que supuso la caminata épica que emprenden los cuatro supervivientes de la expedición fracasada de Pánfilo Narváez por conquistar La Florida, cuesta imaginarlos en pleno siglo XVI, recorriendo a pie desde la isla de Mal Hado (Galveston,Texas) hasta la Nueva España, medio desnudos y pasando un hambre atroz a lo largo de nueve intensos años.

La Florida era una tierra inhóspita; hermosa pero dividida en mil cacicazgos. Ello no quitó para que Pánfilo de Narváez propusiera al rey una atrevida expedición para conquistarla, a la que se sumó Cabeza de Vaca en calidad de tesorero y alguacil, buscando el hacer fortuna y responder al honor de sus antepasados.

Partieron de Sanlúcar de Barrameda en 1527 con 5 naves y unos 600 hombres, y aunque en Cuba sufrieron la huida de parte de la tripulación y notables pérdidas por un huracán, consiguieron poner pie en La Florida en abril de 1528. Frente a las exigencias de Narváez, Cabeza de Vaca defendió que era temerario internarse en tierra y abandonar las naves. Desastre que les llevó a sufrir mil infortunios y a ser prisioneros por los indios hasta que pudieron, al fin, escapar y aventurarse en busca de alguna tierra de cristianos.

A lo largo de estos años veremos a Álvar Núñez comiendo arañas, raíces o tierra, y pasar de cautivo a jefe de la tribu gracias a sus dotes como curandero con los indios. La oración y los conocimientos adquiridos cuando participó en las guerras de Italia (de hecho, interviene a corazón abierto a un nativo que tenía clavada una flecha) fueron sus únicos aliados.

Así, hasta llegar a San Miguel de Culiacán después de un trabajoso peregrinar en el que intenta proteger a los desdichados indios que se le van sumando. Sin embargo, el encuentro en la frontera con Diego de Alcaraz, un esclavista que toma prisioneros a los naturales, deja a Cabeza de Vaca en una extraña posición donde ya no es reconocido como español ni por los indios, ni por sus propios compatriotas.

En 1537 Álvar Núñez regresa a España con la gloria de ser el hombre que mejor conoce a los indios del Nuevo Mundo. Por ello pone los ojos en el Río de la Plata y obtiene del rey permiso para conquistarla tras los intentos fallidos de otros predecesores. En 1541 llegó a Santa Catalina (Brasil) y desde allí descubriremos a la tropa abrirse paso por la selva virgen a golpe de machete, construir puentes y transportar canoas por tierra para sortear las imponentes cataratas del Iguazú, como nos explica Pero Hernández, el escribano de la expedición que firma estos Comentarios.

Pero el destino se le torció a Cabeza de Vaca cuando los habitantes de la Asunción, acostumbrados a hacer su santa voluntad, se vieron obligados por el gobernador a acatar medidas proteccionistas para con los indígenas. Estos roces desembocaron en una sublevación abierta y sus enemigos le acusaron de rebeldía contra la corona. Pretextos con los que encarcelaron a Álvar Núñez y le confiscaron sus bienes. He aquí las circunstancias lamentables en que regresó a Cádiz en 1545, “herido en lo más profundo de su orgullo y, de nuevo, con las ilusiones deshechas”.

Al texto de los Naufragios y Comentarios, que ven la luz bajo el riguroso cuidado de Juan Gil (de la RAE), se suman algunas cartas autógrafas del propio Cabeza de Vaca así como varios mapas que nos ayudan a seguir sus itinerarios por tierras americanas. Dos crónicas de Indias apasionantes que nos siguen maravillando por su capacidad para sumergirnos en esta gran aventura humana y transmitir una mirada más abierta sobre el encuentro entre el Viejo y Nuevo Mundo.

 

Cecilia Frías es responsable de Edición de la Biblioteca Castro, que presentará el libro “Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios” el próximo 16 de mayo en la Casa de América

 

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Roger Grasas

               

        Amanece en Riyadh, la capital del Reino de Arabia Saudí, y los cantos del almuecín desde las torres de las mezquitas llamando a la oración se entremezclan con   los ruidos de las grúas de construcción que levantan rascacielos sin cesar mientras cientos de coches lujosos atrapados en el tráfico hacen sonar sus bocinas. Amer, el propietario de un restaurante sirio situado en la avenida Olaya, una de las arterias principales de la ciudad, me explica que cuando llegó a Riyadh en los años ochenta del siglo pasado no había ni semáforos y que la ciudad ha cambiado tanto que es apenas reconocible. Efectivamente, Riyadh es un ejemplo de transformación urbanística acelerada y radical como tantas otras en la región del Golfo de Arabia (Dubai, Doha, Abu Dhabi, etc.).  

        

        Pero esta transformación tiene su origen casi un siglo atrás, en la década de los años 1930, cuando se descubrieron los primeros pozos petrolíferos en la región.  A excepción de algunas ciudades históricas como Meca, Medina, Jedah o Muscat, en aquella época la Península Arábiga no era más que un vastísimo desierto de arena salpicado por algunas pequeñas ciudades-oasis o algunos pueblos de pescadores o recolectores de perlas. Primero llegó el petróleo, y con él, los gobernantes de los recién instaurados reinos y emiratos del Golfo fueron amasando poco a poco una ingente cantidad de divisas que trajeron a su vez la tecnología, la modernidad, el urbanismo y en algunos casos por qué no, la excentricidad.

               

        El proyecto fotográfico 'Min Turab',  que realicé entre los años 2009 y 2017, pretende documentar a través del paisaje urbano e interurbano de la región del Golfo Pérsico toda esta mutación del territorio, entendido éste como espacio primario del paisaje y como reflejo también de los cambios culturales y sociales que han experimentado unos  países que,  gracias -o por culpa- de la entrada masiva de ingresos provenientes de los recursos naturales extraídos del subsuelo  (petróleo y gas natural) han pasado del pasado al futuro casi sin saborear el presente.  En dicho trabajo he recorrido cerca de diez mil kilómetros a lo largo de las ciudades y paisajes de Arabia Saudí, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán.

 

        'Min Turab', que en árabe significa literalmente de la tierra, hace referencia al propio petróleo, este 'oro negro' que la madre naturaleza ha ido formando por sí sola en el transcurso de millones y millones de años y que el ser humano - gracias a la tecnología y a cierta obsesión por el progreso- ha sido capaz de extraer de la tierra para gracias a él transformar en tiempo récord lo que está por encima de la superficie del suelo, esto es, el paisaje. En definitiva, la paradoja aquí subyacente es que aquello que tarda millones de años en formarse bajo tierra, una vez el ser humano lo extrae fuera de la superficie es capaz de modificar aceleradamente el aspecto del paisaje exterior.

 

        Cuando inicié el proyecto tenía claro que quería dirigir el objetivo de mi cámara hacia la huella de lo humano en el paisaje más que hacia lo humano directamente. Este pequeño 'quiebro' conceptual me permitiría reflexionar con mayor sutileza sobre la mutación que han experimentado las monarquías petroleras del Golfo, pasando de la austera cultura nómada de los beduinos del desierto a una sociedad sedentaria, globalizada, urbana, post-capitalista y tremendamente materialista del presente. Con ello se ponen de relieve también ciertas contradicciones o paradojas como por ejemplo la difícil connivencia entre tradición y modernidad en unas sociedades especialmente conservadoras, como la de Arabia Saudí, donde la imperante doctrina islámica del wahabismo -la cual sigue una interpretación muy estricta de la ley del Corán - se ve obligada a coexistir actualmente con nuevas costumbres, con la influencia imparable de las nuevas tecnologías y cómo no, con una globalización ya incuestionable.

 

        En dos o tres generaciones la población de esta región ha experimentado el paso del camello (como animal alrededor del cual giraba buena parte de la vida doméstica del beduino) al automóvil. Pero también se ha pasado de la jaima (tienda) del desierto al rascacielos de las nuevas urbes, o de la palmera (otro elemento básico en la subsistencia de la economía ancestral de los beduinos) a la antena de telecomunicaciones. Estos contrastes se perciben en las imágenes donde la tecnología se camufla hábilmente en la naturaleza generando inquietud y sumergiendo muchas veces al espectador en múltiples interpretaciones. A veces a través de la ironía, intento fijar la atención en el concepto del 'simulacro' que encontramos en los muros decorados de las ciudades o en interiores que desprenden una sofisticación impregnada de cierto gusto por el hiperrealismo. Una estética siempre bañada de escenificación y artificio que nos habla de una sociedad que, al igual que sus paisajes, está en proceso de mutación.

             

        'Min Turab' nos ofrece una visión poética pero a la vez documental de unos espacios exteriores que nos remiten a la idea de lo extraño e ilusorio y donde la figura humana casi se diluye en la luz cegadora del desierto otorgando el protagonismo a la calle, al automóvil, al rascacielos o a la carretera, todos ellos monumentos de la postmodernidad. En definitiva, nos encontremos en una remota aldea oasis del impenetrable desierto saudí o en el downtown futurista y lujoso del Dubái cosmopolita (experimento urbano y sociológico donde los haya), ya nada escapa a la paradoja del tiempo y de su aceleración en la 'Arabia' contemporánea. El tiempo corre veloz y la historia nos pisa los talones.

 

Roger Grasas es fotógrafo. Sus trabajos, siempre vinculados con el paisaje y con el viaje entendido como experiencia estética en sí misma, se han expuesto en galerías y centros de arte de España, Francia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra, los Emiratos Árabes Unidos y México. En 2017 el proyecto 'Min Turab', después de ser laureado en diversos certámenes fotográficos, fue publicado por la prestigiosa editorial RM. Su artículo tiene lugar con motivo de la exposición "Min Turab. Paisaje contemporáneo en la región del Golfo", que puede verse hasta el 13 de abril en la sede de Casa Árabe en Córdoba.


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David Redoli Morchón


El 19 de agosto de 1960, Ernesto “Che” Guevara pronunció en La Habana un famoso discurso (ante un grupo de médicos de la Confederación de Trabajadores Cubanos). Su intervención, parafraseando al poeta José Martí y refiriéndose a los ciudadanos latinoamericanos, terminó así: “La mejor manera de decir es hacer”. 

Pues bien, está claro que, 58 años después, los ciudadanos costarricenses están diciendo muchas cosas nuevas, teniendo en cuenta lo que están haciendo en estas elecciones presidenciales. Tres hechos así lo demuestran.

Primero, los votantes enterraron su tradicional sistema de partidos, uno de los más antiguos de América Latina: por primera vez en la historia de este país, ni el Partido de Liberación Nacional (PLN) ni el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), que hasta hace apenas un par de décadas concentraban el 90% de los votos, fueron respaldados el pasado mes de febrero por los votantes para alcanzar el umbral del 40% de los votos. La abstención llegó al 33.8% a nivel nacional.

Segundo, de manera sorprendente, un partido cristiano con un líder evangélico se erigió como la primera fuerza política del país. Y lo hizo dando la vuelta a las encuestas. Fabricio Alvarado Muñoz, diputado, periodista, cantante y clérigo protestante, pasó del quinto lugar (que le atribuían los sondeos de opinión a finales de 2017) al primer lugar en los resultados de la primera vuelta, al frente del Partido Restauración Nacional (PRN). Por su parte, el ex ministro y politólogo Carlos Alvarado Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC), pasó del cuarto puesto que le asignaban las encuestas  el año pasado a ser segundo en las urnas. Un dato: apenas hubo 66.000 votos de diferencia entre ambos candidatos. Los 11 partidos restantes que concurrían en estos comicios quedaron fuera de la segunda ronda electoral.

Y, tercero, pase lo que pase, el presidente que salga electo el próximo 1 de abril manejará un parlamento fragmentado y tendrá grandes dificultades para articular consensos, enfrentando una compleja y delicada gobernabilidad. 

El corolario es bastante claro: Costa Rica está dejando de ser la gran excepción en América Latina. Aunque la confianza de los costarricenses en la democracia (62%) siga estando por encima de la media regional (53%), según datos del Latinobarómetro de 2017, el país está experimentando procesos y dinámicas similares a los de sus vecinos: elevada fragmentación y volatilidad del voto, desencanto social creciente, desafección hacia una clase política percibida como corrupta, poco confiable y poco eficiente, y aparición de alternativas populistas (discurso antipolítico), todo ello combinado con la irrupción de las iglesias protestantes como potentes actores políticos.

Hoy por hoy, el escenario es el de un empate técnico. De cómo ambos candidatos planteen la recta final de la campaña dependerá, en gran medida, el resultado final.

Anticipo algunos elementos de estrategia electoral que ya estamos viendo y que, en mi opinión, se percibirán durante estos días.

Por un lado, los asesores de ambos líderes probablemente trabajarán para minimizar (unos) y para maximizar (otros) el varapalo que el pasado 5 de marzo el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica dio tanto a la Iglesia católica como a las iglesias evangélicas del país, criticando a ambas por la emisión de un comunicado conjunto publicado el 18 de enero (con motivo de la Marcha por la Vida y la Jornada de Oración), mezclando argumentos políticos y religiosos en lo que los magistrados consideraron una amenaza para el libre ejercicio del sufragio.

Tanto la Conferencia Episcopal como la Federación Alianza Evangélica Costarricense harán lo posible por resucitar el contexto de alta polarización ideológica que propició en enero la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuando ordenó a Costa Rica que reconociera y garantizara el matrimonio homosexual, así como el derecho a cambiar de nombre a las personas transexuales. Ese alto volumen emocional les interesa a ambas iglesias, así como al Partido Restauración Nacional.

Por otro lado, Carlos Alvarado acentuará en su campaña la defensa de las libertades y de los derechos humanos. Y Fabricio Alvarado reforzará su discurso ultra conservador, ultra religioso y ultra populista. Fabricio Alvarado se empleará a fondo en el mundo rural. Y Carlos Alvarado (PAC) se concentrará en recabar el apoyo en las ciudades. Sus discursos políticos ahondarán en las enormes diferencias que caracterizan a cada uno de ellos. Porque, si cuentan con asesores profesionales en materia de comunicación política, sabrán que quienes mantienen discurso y posición en la contienda, suelen ser  recompensados por sus potenciales electorados.

Ambos buscarán campos de batalla distintos. Por eso el Alvarado conservador (Fabricio) intentará evitar los debates cara a cara con el Alvarado progresista (Carlos). Porque sus equipos saben que las campañas son como las carreras de Indianápolis: hay que aguantar las 500 millas, pero las vueltas decisivas son las 5 últimas (donde los aciertos suman mucho y los errores se pagan caros). El aspirante querrá arriesgar. El ubicado en primera posición querrá resguardarse y protegerse.

El próximo 1 de abril, Domingo de Resurrección, Costa Rica tendrá como presidente a Fabricio Alvarado, seguidor del apóstol Rony Chaves, fundador del Ministerio Avance Misionero Mundial y apóstol del Centro Mundial de Adoración. O tendrá por presidente a Carlos Alvarado, un exministro de Trabajo y Seguridad Social, ex vocalista de las bandas de rock progresivo Por Partes y Dramática, y novelista de cierto prestigio. Los costarricenses nos dirán qué Alvarado prefieren que rija sus destinos hasta 2022. Porque, como bien recordó el Che hace décadas, “la mejor manera de decir es hacer”.

 

David Redoli Morchón es sociólogo y miembro del Consejo Directivo de la Asociación de Comunicación Política (ACOP). Su artículo se enmarca en la mesa redonda Elecciones en Costa Rica. Segunda vuelta celebrada el 21 de marzo en Casa de América.


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Pablo Infante Amate


Cuando las Hijas del Sol entraron de lleno en las listas de éxitos hace unas dos décadas, buena parte del mundo europeo se encontró por primera vez con las tradiciones musicales de lo que fue la única colonia española en África subsahariana: Guinea Ecuatorial.

Las Hijas del Sol (Paloma y Piruchi) no fueron las primeras artistas ecuatoguineanas en pisar España, pero lo hicieron, de la mano de la discográfica Nubenegra, con más impacto y trascendencia que el resto de grupos del mismo país. Tras un primer disco (Sibèba, 1995) claramente arraigado en la tradición de la etnia bubi (desde el idioma a la técnica vocal, pasando por los giros melódicos y las armonías), el dúo se metió de lleno en la emergente escena de “músicas étnicas” (world music en el mundo anglosajón), atrayendo la atención del público y de la prensa especializada en varios países europeos. Los dos siguientes álbumes (Kottó, 1997, y Kchaba, 1999), fruto de una extraordinaria fusión de la tradición musical ecuatoguineana con sonidos y ritmos de géneros tan variados como el reggae, el funk, el afrobeat y el highlife, deben ser considerados como unos de los más importantes trabajos nunca realizados por un grupo ecuatoguineano. Con Pasaporte Mundial (2001) alcanzaron la cima de su carrera, pero el grupo no tardaría mucho en disolverse y en caer en el olvido, dejando un hueco que ningún otro artista de su país ha podido cubrir.

Este panorama, sin embargo, podría cambiar con la próxima llegada a nuestras fronteras de Nélida Karr y Alex Ikot Band, sendos ganadores del Festival Vis a Vis 2018. Organizado por Casa África en el marco de la diplomacia y la cooperación cultural, Vis a Vis pretende ser un encuentro profesional entre productores y promotores musicales españoles y artistas africanos. Cada año celebrado en un país africano diferente, la IX edición del festival ha recaído en Guinea Ecuatorial, el microestado centroafricano de habla hispana que frecuentemente hace aparición en la prensa española por sus peculiaridades económico-políticas pero raras veces por su producción cultural. 

A principios de marzo, el equipo de Casa África, con una docena de directores de festivales, aterrizó en Guinea para evaluar el potencial de los artistas guineanos en vivo y en directo. Doce candidatos habían sido previamente seleccionados de entre más de 50 solicitudes (un número llamativamente alto, según los organizadores), y dos fueron finalmente los ganadores, cuyo premio será realizar una gira veraniega por los más importantes festivales españoles de músicas del mundo. Este año participaron Pirineos Sur (Huesca), La Mar de Músicas (Cartagena), Etnosur (Alcalá La Real, Jaén), Festival Internacional Heineken Jazz&Más de Canarias, Festival Mumes y Cantos de Mujer(Tenerife), Imagina Funk (Torres, Jaén), el Sin Sal Son Estrella Galicia, la productora The Project (Barcelona) y la Diputación de Jaén, en un evento producido por Dr.Zhivago y que además contó con la asistencia de un representante de la SGAE.

Los seleccionados, Alex Ikot Band y Nélida Karr, representan la veteranía y la fresca innovación, respectivamente. Alex Ikot, batería de reconocido prestigio a nivel internacional, dejó su país en los duros años 1970, durante el régimen de Macías. Tras pasar por numerosos países africanos, Alex se instaló en España y formó parte de algunas de las primeras bandas de música africana del país, como La Banda Negra o Afro-Brass. Tras su vuelta a Guinea hace unos años, se ha constituido en un maestro y mentor de muchos músicos jóvenes guineanos, no solo bateristas, y ha formado una de las bandas más potentes del panorama nacional. Nélida Karr, por su parte, es una de las grandes promesas musicales de Guinea Ecuatorial. Sorprendió al jurado por su espectacular versatilidad vocal e instrumental y por su innovadora fusión de rítmicas e instrumentos tradicionales del país, y tiene el potencial para encontrar su hueco en el mercado internacional de músicas del mundo.

El festival Vis a Vis supone un soplo de aire fresco para un país que ha prestado poca atención a su propio desarrollo cultural. Tras el descubrimiento de grandes reservas de hidrocarburos hace un cuarto de siglo, Guinea pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a ocupar los primeros puestos por renta per cápita en África. Los cambios acaecidos tras el boom petrolero (recurso que genera más del 90% de los ingresos totales del país) son visibles a nivel social, medioambiental y urbanístico. Sin embargo, con buena parte de la atención y de la inversión puesta en el desarrollo infraestructural, poco ha sido el trabajo para crear un marco institucional y legislativo que incentive la creación artística. Músicos y otros miembros de la cultura piden a gritos la creación de una escuela de arte y la redacción e implementación de leyes de propiedad intelectual que protejan sus obras. De forma similar, la inversión privada en el mundo cultural resulta llamativamente baja: en ausencia de una estructura económico-musical fuerte, las pocas oportunidades para generar ingresos que muchos músicos tienen pasan por los centros culturales gestionados por las embajadas de Francia y España o por los eventos celebrados por las élites económicas del país, ninguno de los cuales es suficiente para dar salida a toda la producción musical ni para generar una cierta profesionalización del sector.

Hoy en día, con el país inmerso en una profunda crisis derivada de la caída en picado de precios globales del petróleo, muchos artistas esperan ansiosos la oportunidad de poder dar el salto internacional. Y es que la presencia de la música guineana en países extranjeros, europeos o africanos, ha sido y es muy reducida, a pesar de que, por su posición geográfica (en mitad del Golfo de Guinea, rodeada de gigantes), la música urbana ecuatoguineana ha estado muy influenciada por la producida en países vecinos: la rumba congolesa en los años 1960 y 1970, el makossa y el bikutsí camerunés desde mediados de los 1980, el coupé-décalé costamarfileño entrado el siglo XXI y el afrobeats nigeriano actualmente.

Así y todo, los artistas ecuatoguineanos siguen luchando y el futuro de muchos resulta prometedor, más allá de los ganadores del Vis a Vis. Vanilla Karr, hermana pequeña de Nélida Karr, está haciéndose un hueco en la escena afro-pop de África occidental aprovechando las posibilidades que ofrecen los nuevos medios digitales y las redes sociales. La artista, de gran carisma, está proyectando una imagen rompedora y abriendo nuevas audiencias en países como Togo o Ghana. El rapero Negro Bey también viene pisando fuerte. Tras la publicación de su libro Cultura Urbana (una introducción a la historia del hip hop en Guinea) hace apenas unas semanas, prepara la salida de su próximo álbum, El Trovador, donde profundiza en su ya conocida tendencia a fusionar el rap en español con la rítmica y los instrumentos tradicionales de su etnia natal fang.

Pero si un grupo ha dominado las calles y los medios guineanos en los últimos dos años, ése es Ela Nguema Ganster. Compuesto por miembros del popular barrio malabeño de Ela Nguema, el grupo es responsable de la creación del temblete, un género de música electrónica que combina elementos vocales del hip hop y el reggae, un fuerte y característico componente de baile y la mezcla de hasta cuatro idiomas en una sola estrofa. Desde su popularización gracias a su rápida difusión a través de smartphones (vía WhatsApp y bluetooth), docenas de grupos de jóvenes en Malabo y Bata se han sumado a la tendencia, haciendo el género omnipresente en bares, taxis, supermercados y fiestas privadas.

La presencia de Alex Ikot y Nélida Karr en los escenarios españoles el próximo verano volverá a poner el foco en Guinea Ecuatorial. El evento debería servir para renovar el interés por las tradiciones musicales de esta antigua colonia española y para dar esperanzas a aquellos artistas guineanos que continúan trabajando a pesar de las dificultades y la escasez de oportunidades en su país.

 

Pablo Infante Amate es estudiante de doctorado en Musicología por la Universidad de Oxford. Actualmente se encuentra en Guinea Ecuatorial realizando el trabajo de campo para su tesis doctoral, donde investiga las transformaciones en prácticas de producción, circulación y consumo musical generadas tras el boom petrolero y la introducción de tecnologías digitales. Su artículo se enmarca en el proyecto de cooperación cultural de Casa África, Guinea Ecuatorial Vis a Vis, que se celebró en Malabo los pasados 1, 2 y 3 de marzo y que llevará a dos grupos ecuatoguineanos, de los que habla el artículo, a tocar por una docena de festivales españoles este verano.

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África a diferentes velocidades

Por: Red de Casas

14 mar 2018

Antoni Castel

 

Poco a poco, el Índice de Gobernanza Africana Mo Ibrahim, que lleva el nombre del empresario de origen sudanés que lo promueve desde el año 2007, ha ido ganando credibilidad, y se ha granjeado el respeto tanto del mundo académico como de las organizaciones de desarrollo por su metodología, rigor e independencia. El Índice 2017, presentado a finales del año pasado, nos permite ver la radiografía de un continente diverso geográfica y culturalmente, con 54 países que caminan a diferentes velocidades en la manera de gestionar los asuntos que les atañen.

La gobernanza es un valor en alza en África. De un año para otro, han mejorado cuarenta países, entre los que sobresalen Kenia, Marruecos, Costa de Marfil y Namibia. Algunos, es cierto, retroceden, como es el caso de Mali, Libia y Madagascar. En la clasificación destacan tres estados insulares entre los cuatro primeros: Mauricio, Seychelles y Cabo Verde. En el tercer lugar, Botsuana, y en el quinto, Namibia. En la cola, dos estados en guerra, Somalia y Sudán del Sur. Un puesto por delante, Eritrea, al que supera la República Democrática del Congo.

Por categorías, los progresos son notables en Participación y Derechos humanos, con siete países que consiguen más de 70 puntos sobre 100. Al frente, Cabo Verde (78), seguido de Mauricio (77,5), Namibia (75,5) y Suráfrica (74,7). Los peores: Somalia (14,6), Eritrea (17,9), Sudán del Sur (20,7) y Guinea Ecuatorial (22,8).  Si medimos los últimos 10 años, Túnez mejora en 28 puntos y Costa de Marfil en 13.

En la categoría de Seguridad y Estado de Derecho, el estancamiento. Han avanzado, entre otros, Senegal, Ruanda, Liberia, Comoros, Marruecos y Túnez, mientras que han empeorado Burundi, la República Centroafricana, Mozambique, Libia y Camerún.

En la categoría de Oportunidades Económicas Duraderas, pocos progresos, con un deterioro de la agricultura. No obstante, en los últimos diez años se han registrado avances significativos de Ruanda, Marruecos y Costa de Marfil. Por el contrario, Argelia, Madagascar y Suráfrica pierden puntos.

En Desarrollo Humano, también estancamiento, debido a la falta de inversiones en educación y en sanidad. Sin embargo, algunos países mejoran de forma espectacular, como Ruanda, Etiopía y Togo. En una categoría encabezada por Mauricio y Seychelles, Ruanda se coloca quinto. En la cola, nuevamente Somalia, acompañado de Sudán del Sur y República Centroafricana. Otro país en guerra, Libia, registra la mayor caída en los últimos diez años.

Un repaso a los datos del índice Gobernanza Africana Mo Ibrahim da pie a numerosas conclusiones. La primera, que los recursos naturales no garantizan prosperidad, sino lo contrario, como lo corrobora el propio Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas. La “maldición de los recursos naturales” no es un invento de los académicos, es una realidad que en África se manifiesta con crudeza en Nigeria, que ocupa el lugar 35 de los 54 del Índice Mo Ibrahim, situado por detrás de Suazilandia. Angola, peor, en el 45, y Guinea Ecuatorial, en el 46. Un país que rebosa minerales, la República Democrática del Congo, está todavía más atrás, en el puesto 48. Por el contrario, tres de los cuatro primeros lugares lo ocupan estados sin recursos naturales: Mauricio, Seychelles y Cabo Verde. En este texto breve, una segunda conclusión: a más participación, más bienestar. A pesar de sus carencias, que las tienen, los cinco primeros países garantizan la expresión de la pluralidad y la transparencia en la toma de decisiones.

 

Antoni Castel es doctor en Ciencias de la Comunicación y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), así como autor de publicaciones tales como Esfera pública africana, Imaginar África, Malas noticias de África y  Las redes sociales en África: instrumentos para la transformación y el cambio. Su artículo se enmarca en un curso en Partenariados Público-Privados para favorecer en la CEDEAO la buena gobernanza, dentro de un programa de formación de líderes africanos que tendrá lugar en la sede de Casa África en Las Palmas del 19 al 23 de marzo.

 

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Pedro Martínez Montávez

           

        A mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado, se produjo un importante movimiento de inflexión y cambio en el desarrollo del arabismo académico español, hasta entonces dedicado, casi en exclusividad y con indiscutible proyección y provecho, al estudio y la investigación de los temas relacionados con Al-Andalus, además del ejercicio de la docencia universitaria. Tal movimiento tuvo su origen en la atención que empezó a prestarse a la literatura árabe contemporánea, y yo lo he calificado de “etapa fundacional del nuevo arabismo español”. Conviene saber y valorar como corresponde que se trataba básicamente, por sus planteamiento y objetivos, de un intento muy claro de ampliación, de actualización y de innovación en ese marco de estudios, y no de rechazo, confrontación o ruptura con los mismos, que acumulaban muy larga y fecunda tradición.

            El camino principal de expresión y plasmación de ese planteamiento innovador fue en sus primeros años la traducción. La literatura en lengua árabe había iniciado un auténtico renacimiento hacía ya bastante tiempo, y a mediados del siglo XX empezaba a vivir precisamente una etapa muy significativa y brillante de renovación interna y de reformulación a fondo, tanto en formas como en géneros, propósitos e idearios.

            La labor traductora llevada a cabo a lo largo de pocos años fue en líneas generales, aparte de ilusionada e ilusionante, rigurosa y meritoria, bastante acertada en la selección de autores, títulos y tendencias. Baste recordar que, entre 1954 y 1958, se publicaron los primeros siete volúmenes monográficos sobre tal materia, que descubrían al lector en lengua española una literatura que era por entonces casi absolutamente desconocida en nuestros medios, y que se tenía además por inexistente desde hacía varios siglos. A tal labor le dio un primer impulso el maestro indiscutible del arabismo español de la época, don Emilio García Gómez (1905-1995). Y a ella se dedicaron, con especial afán y determinación, dos jóvenes licenciados arabistas: Leonor Martínez Martín (1930-2013) y Pedro Martínez Montávez (n. en 1933), quien sería además el autor de la versión del primer relato de Naguib Mahfuz traducido al español, en 1960.

            La labor constante y de dedicación preferente al estudio del mundo árabe contemporáneo, y de forma concreta a su producción literaria e intelectual, que desarrollaría este profesor a lo largo de las dos décadas siguientes, contribuiría decisivamente a la expansión y al afianzamiento definitivo en España de los estudios en torno a estas nuevas temáticas. Se empezó a contar además parcialmente con un apoyo de carácter institucional, del que hasta entonces se carecía, canalizado en buena parte a través del llamado por entonces Instituto Hispano-Árabe de Cultura, fundado oficialmente en 1954, y que pretendía ser otro exponente de la diplomacia cultural de la época.

            Las dos décadas siguientes fueron las de desarrollo y consolidación de la nueva área de conocimiento y estudios. Ello se produjo de forma bastante firme y coherente, aunque hubiera también que afrontar y superar no pocos obstáculos, dificultades y hasta tendenciosas incomprensiones sin fundamento. A la vez que se intensificó la labor traductora, empezó a abordarse también la necesaria tarea de estudio, crítica e investigación de la materia escrita y literaria. A ello se añadió la apertura a otros aspectos y hechos no atendidos hasta entonces, como los de carácter histórico, político y cultural, y hasta, incipientemente, social y económico. Especialistas procedentes de otros campos y disciplinas, como historiadores y politólogos, fueron incorporándose también a esta nueva área de estudios.

            Ejemplo especialmente significativo de tal desarrollo fue Almenara, “revista sobre el mundo árabo-islámico moderno”, y que fue la indiscutible pionera de este género de publicaciones académicas. Entre 1971 y 1977 aparecieron diez números de la revista, de vocación claramente independiente, lo que dificultó enormemente su financiación y provocó su desaparición definitiva.

            Asimismo, la creación del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, con licenciatura y doctorado propios, y la aplicación de un plan de estudios decididamente innovador, a partir del curso 1973-74, aportó una continuidad y una estructura académicas de las que se carecía hasta entonces. En algunas otras universidades españolas se llevaron a cabo propuestas y ensayos de índole parecida.

            Se entraba en otra fase de desarrollo. Las nuevas generaciones aportaban no solo el correspondiente ingrediente de frescura juvenil, sino también todo un amplio y renovador panorama de inquietudes, preferencias y dedicaciones. En plena transición, además, la sociedad española mostraba un interés creciente por el mundo árabe/islámico, inmerso en la ya muy larga y profunda crisis que lo atenaza a todos los niveles y órdenes desde hace un siglo.

 

Pedro Martínez Montávez es profesor emérito y ex –Rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Su artículo se enmarca en la celebración de la conferencia “Orígenes y primer desarrollo de los estudios sobre mundo árabo-islámico contemporáneo en España” que tendrá lugar en Casa Árabe en Madrid el próximo 15 de marzo.

 

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Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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