Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Los otros ricotes que no describió Cervantes

Por: Red de Casas

07 sep 2016

Enrique Pérez Cañamares

La razón por la que Miguel de Cervantes bautizó al personaje morisco por antonomasia de nuestra literatura del Siglo de Oro con el nombre de Ricote, continúa hoy discutiéndose entre diversos expertos en el mundo morisco. Parece seguro que una buena parte de los nombres y rasgos de los  protagonistas de El Quijote, incluidos los propios Alonso Quijano y Sancho Panza, fueron tomados de sus vecinos de carne y hueso de Esquivias, en Toledo, donde residió durante unos años el matrimonio de Don Miguel y Catalina de Salazar  Palacios y donde recientemente se han publicado las actas bautismales y otros registros de los Libros sacramentales que atestiguan la historicidad de ese grupo de futuros prototipos de la literatura cervantina. 

Así, tenemos situado en Esquivas a Bernardino Ricote y su familia,  moriscos de origen granadino, pero muy bien integrados en la sociedad de su pueblo manchego de acogida. 

¿Fueron estos Ricote de carne y hueso, conocidos personalmente por Cervantes, su referencia a la hora  de buscar un nombre con que bautizar a su personaje?  Otros autores  han defendido la hipótesis de que, siendo la segunda parte de El Quijote escrita después de las expulsiones generales de 1609 y 1610, estaba todavía candente la cuestión de la excepción de los bandos de expulsión, de la que inicialmente habían disfrutado los habitantes moriscos de muchos pueblos murcianos, moriscos antiguos o mudéjares.  

No cabe duda de que la cuestión de las resistencias moriscas del valle de  Ricote debió ser motivo de un escándalo público, pues en cierta medida, ponía en cuestión el carácter universal y tajante con  que defendió el Duque de Lerma la medida de Felipe III. Lo cierto es que Cervantes debió estar muy al tanto de la polémica de si era lícito  expulsar a los habitantes del Valle que hacía más de un siglo se habían convertido al cristianismo voluntariamente y gozaban de tal privilegio desde el reinado de los Reyes Católicos. Cervantes era un muy buen conocedor del problema. Su cautiverio en Argel le debió poner en contacto directo con numerosos moriscos emigrados, antiguos granadinos huidos después de la guerra de las Alpujarras, moriscos valencianos que fueron saliendo mucho antes de 1609 por su propia voluntad, renegados de toda Europa y antiguos linajes andalusíes. 

¿Resultó el impacto de los acontecimientos del Valle en los mentideros de la Villa y Corte  el factor determinante para ejemplificar en el morisco Ricote la desgracia de todos los moriscos expulsados? 

Es difícil saberlo. Lo cierto es que Bernardino Ricote y sus descendientes eran granadinos de origen, pero su apellido puede delatar muy bien un todavía más antiguo origen valricotí. 

Pensamos, aunque siempre nos moveremos en este punto en el campo de las suposiciones, que cuando  se puso de actualidad en la Corte la cuestión del Valle de Ricote, pudo Cervantes recordar a la familia de Bernardino, su convecinos, entre ellos el  tendero amigo de Sancho.Tendero como miles de sus compatriotas granadinos, manchegos de adopción, expulsados a Castilla. 

Lo dibuja Cervantes, por lo tanto, como  el “morisco bueno”, por contraposición a los “moriscos malos”. Mientras Ricote es padre y esposo de moriscas muy católicas, crítico con sus congéneres más reacios, merecedores por ello del castigo de la expulsión, existen otros moriscos, “los de las Alpujarras”, “los irreductibles”  de Valencia y Granada, que Cervantes retrata en su Diálogo de los Perros. 

La descripción de las relaciones entre cristianos y moriscos en  la sociedad de Esquivias, en las Cinco Villas del Campo de Calatrava o los pueblos moriscos en el Bajo Ebro, evidencian unas reconexiones intergrupales que no siempre fueron crispadas ni violentas, lo mismo que ocurría en el propio Valle de Ricote. 

Pensamos que el IV Centenario de la muerte de Don Miguel de Cervantes, bien vale la pena volver de nuevo a destacar el valor literario e histórico del singular personaje del morisco Ricote, fiel representante de una época y un grupo humano cuya peripecia no debe ser olvidada. 

 

Enrique Pérez Cañamares es director del CEMM y participió en las “Jornadas de debate sobre Cervantes y el morisco Ricote" los pasados 7 y 8 de mayo, organizadas por Casa Mediterráneo y el Ayuntamiento de Ojós (Murcia).

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