Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Myrna Guerrero Villalona


El contexto histórico de una exposición reveladora.
En ese mar llamado de las Antillas, de fondos coralinos y aguas verdeazules,  plagado de islas e islotes, peñascos y volcanes, en una isla compartida por dos naciones, se encuentra la República Dominicana, tierra amada por el gran Almirante y puerta del proceso de encuentros y desencuentros entre Europa, América y África a partir del siglo XVI.


Un primer contacto entre la isla y España dejó la impronta del idioma, la arquitectura, las costumbres y tradiciones que se superpusieron a las aborígenes y se conjugaron con las africanas implantadas en el proceso de colonización que fue ejecutado durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Con esta herencia arribó la República Dominicana a su independencia en 1844 y luego de muchas vicisitudes políticas, económicas y sociales logró abrirse paso al siglo XX y dar los primeros pasos en una modernidad que transcribieron pintores como Celeste Woss y Gil, Jaime Colson, Yoryi Morel y  Darío Suro.


El exilio español y el diálogo constructivo.
La Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial provocaron otra oleada cuando en 1940 una gran cantidad de exiliados republicanos españoles y de europeos de origen judío   -un contingente de escritores, profesores, periodistas, historiadores, arquitectos y artistas-  fueron acogidos en la República Dominicana. Allí dejaron huellas profundas en el desarrollo cultural de mediados del siglo pasado e impulsaron la formación artística de músicos, actores, pintores y escultores con enseñanzas y vivencias transmitidas y compartidas en un flamante sistema de formación artística nacional orientado desde la capital del país, con impulso de Rafael Díaz Niese, Director General de Bellas Artes. La creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1942 fue un aporte de gran trascendencia gracias a la labor y entusiasmo de artistas como Manolo Pascual, Josep Gausachs, José Vela Zanetti, Eugenio Fernández Granell, Celeste Woss y Gil y George Hausdorf, entre otros. La academia, que arriba en el presente 2017 a sus 75 años de labores, ha forjado artistas fundamentales en la historia del arte nacional, cuyas obras son clave para entender la idiosincrasia, las aspiraciones, las utopías y la especificidad de una producción plástica que cabalga en las corrientes artísticas internacionales con pasos propios y lucha por espacios en el mundo de hoy.


Bellapart, un museo con propósito.
Enfocado en la plástica dominicana de los siglos XIX y XX,  el Museo Bellapart –institución que alberga la colección privada de la familia Bellapart Álvarez- se ha propuesto, desde sus inicios en 1999, la investigación y difusión del arte dominicano no solo a través de exposiciones permanente y temporales en sus espacios en Santo Domingo, sino también con la organización de proyectos expositivos itinerantes presentados en capitales y ciudades importantes de varios continentes.

La exposición Sinergias: tres artistas de la vanguardia.  
La exposición Sinergias Barcelona/Santo Domingo: Gausachs, Hernández Ortega, Ledesma -que fue  inaugurada el pasado 15 de diciembre en Casa de América de Madrid y estará abierta hasta el 30 de enero- propone adentrarnos a descubrir la relación fecunda entre el arte dominicano y el español  de mediados del siglo pasado, un recorrido visual por la obra del catalán Josep Gausachs junto a la de Gilberto Hernández Ortega y Clara Ledesma, dos alumnos privilegiados. Gausachs fue profesor desde la apertura de la academia plástica dominicana hasta su muerte acaecida en 1959, mientras que Hernández Ortega y Ledesma fueron no solo de los primeros alumnos de la academia sino sus más cercanos colaboradores. Entre ellos se creó un diálogo de trazos y colores sustentado en los rudimentos del fauvismo, el cubismo y el expresionismo, el reconocimiento a la exuberancia del paisaje antillano, la belleza mulata y la herencia africana en la cultura dominicana, que luego germinó en discursos individuales de texturas, cromatismos y figuras de ensoñación, en traducción singular de la luz, los espacios, sus ritos y tradiciones. Gausachs, Hernández Ortega y Ledesma son referentes cimeros de la pintura moderna dominicana. Apreciar esta muestra que presenta un conjunto de cincuenta dibujos y pinturas realizados entre 1940-1980 es una forma estimulante de iniciar el itinerario cultural de ese nuevo año.

Myrna Guerrero Villalona es directora del Museo Bellapart y comisaria de la exposición ‘Sinergias Barcelona – Santo Domingo: Gausachs, Hernández Ortega, Ledesma’ que puede visitarse en Casa de América hasta el próximo 30 de enero de 2017.

Ciudad y territorio en la América de Carlos III

Por: Red de Casas

18 ene 2017

Fernando Vela Cossío

 

El siglo XVIII constituye un periodo crucial para la América española. La acción de la metrópoli se desplegará sobre la totalidad del continente, de norte a sur, en una etapa decisiva durante la cual se pone de manifiesto la importancia de acercarse de manera más precisa, científica y eficiente a la gestión de los vastos territorios americanos.

A lo largo del Setecientos habrá de reforzarse progresivamente la defensa del continente y se trabajará en la mejora de las infraestructuras portuarias, las vías de comunicación y las ciudades, entendidas como instrumentos imprescindibles para poder afrontar los importantísimos retos que traía consigo el nuevo siglo. La protección de los enclaves estratégicos, amenazados por la creciente presión de las potencias europeas (en especial de Inglaterra), y el fortalecimiento del dominio español en las nuevas fronteras geopolíticas del Nuevo Mundo, pueden proporcionarnos algunas claves para entender la difícil labor impulsada por la Corona durante todo el siglo XVIII.  

El traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz (1717) o la creación de los virreinatos de Nueva Granada (1739) y de La Plata (1776), constituyen hitos representativos de la nueva orientación reformista en la gestión imperial, que se refuerza en 1754 con la creación de la Secretaría de Indias y el desarrollo de las Visitas Generales, pensadas para estudiar sobre el terreno la propia viabilidad de las reformas. Además, la implantación de las Intendencias, introducidas en España en tiempos de Fernando VI (1749), promovidas en Cuba en 1764 y extendidas a todo el continente americano al final del reinado de Carlos III, a partir de 1782, vendrá a proporcionar el nuevo marco administrativo sobre el que se desarrolla la etapa final del imperio español en las Indias.

Durante este periodo, la extensa constelación de ciudades hispanoamericanas mantendrá su condición privilegiada en el escenario de la dinámica colonial, en tanto que seguirán constituyendo el principal instrumento para la reconfiguración eficiente del nuevo sistema territorial. Sobre el imponente escenario urbano de las grandes capitales virreinales, como México, Lima o Buenos Aires, se extienden las reformas, se busca la mejora de las condiciones de vida, se atiende al ornato público y se desarrolla la nueva arquitectura colonial.

El caso de Lima, centro del poder español en el Perú desde su fundación por Francisco Pizarro en 1535, constituye un ejemplo extraordinariamente representativo de este esfuerzo para la transformación y la mejora que tiene lugar en la América de la segunda mitad del siglo XVIII.

Con 35.000 habitantes en 1700, el desarrollo de la Ciudad de los Reyes durante el siglo XVIII será extraordinario, llegando a alcanzar los 150.000 pobladores hacia 1793. La reconstrucción de la ciudad tras el devastador terremoto de 1746, que había costado la vida a más de cinco mil personas y arruinado tres mil casas (además de producir la completa destrucción del puerto de El Callao), dará comienzo en tiempos del veterano Conde de Superunda, el riojano José Antonio Manso de Velasco, y será rematada por el virrey Manuel de Amat i Junyent, quien culminará la construcción del imponente fuerte del Real Felipe, la fortaleza que custodia el estratégico puerto de El Callao, la llave del control español en el Pacífico sur. Pero entre las acciones más destacables del gobierno de Amat se encuentra precisamente el ambicioso programa de reformas y embellecimiento urbano que llevará a cabo en la ciudad de Lima, en la que se disponen nuevas y elegantes plazas y alamedas, especialmente en la orilla septentrional del Rimac. Para ello, se reforzará el viejo puente de piedra, que permitía cruzar el río y alcanzar la alameda de los Descalzos, construyéndose la plaza de toros (1766-68), la Alameda de Acho (1773) y el nuevo Paseo de las Aguas (1772), llamado también de la Carbona, escenarios todos ellos de la nueva Lima galante del siglo dieciocho. En el Paseo de la Aguas se levantó precisamente la casa de Micaela de Vargas (1748-1819), la célebre amante del virrey conocida con el sobrenombre de la “Perricholi”, a la que daría vida la inolvidable Anna Magnani en la película de Jean Renoir Le carrosse d’or (1952), ese extraordinario homenaje a la Commedia dell'Arte que tan fielmente retrata los acusados contrastes entre los ambientes aristocráticos y populares de la América virreinal.  

 

Fernando Vela Cossío es profesor de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y participó en el pasado 12 de diciembre de 2016 en la presentación del libro 'Arquitectura de tierra en América Latina' en Casa de América.

Juan David Sempere Souvannavong

 

Pese a su vecindad, el Magreb, es muy desconocido desde Europa y desde España. Uno de los aspectos que sorprende es la diversidad poblacional, que desde hace siglos hay en estos países norteafricanos y que está aumentando al amparo de los grandes cambios económicos, políticos y medioambientales actuales.

            Desde la instalación hace miles de años de los bereberes, esta región ha recibido diversas poblaciones provenientes del norte, el sur y el este. Muchos pueblos, por lo general, se limitaron a comerciar y a establecer enclaves litorales sin tener, a excepción de los romanos, una penetración realmente significativa en el interior. A finales del siglo VII, los árabes vencen la resistencia bereber y, con el apoyo de una nueva religión y de su habilidad para establecer alianzas, se van instalando en todo el territorio e inician la islamización del Norte de África, proceso que durará varios siglos. La coexistencia de árabes y bereberes desde hace más de trece siglos, es sin duda una de las características más relevantes de la población magrebí. En este sentido, otra dimensión poco conocida, es el comercio transahariano de caravanas; una actividad que toma una gran trascendencia a partir del siglo IX y que permite la llegada de miles de esclavos subsaharianos durante toda la Edad Media y la Edad Moderna.

            En 1415, con la conquista portuguesa de Ceuta, se inicia el periodo de colonización comercial europea a través de la ocupación portuguesa y castellana de numerosos puertos magrebíes. Es una presencia litoral; raras veces las potencias extranjeras tratan de adentrarse en el interior hasta que en 1830 los franceses inician una durísima conquista del Magreb central, de Argelia. Se trata de una ocupación efectiva del territorio, con colonos franceses, y en su defecto, españoles, italianos o malteses, que luego se amplió al resto del Magreb. Todo ello daría lugar a una sociedad europea en el Norte de África que a mediados del siglo XX contaba con casi dos millones de individuos. Aunque la ocupación de Túnez, Libia, Mauritania y Marruecos fue más o menos dramática según las regiones, todo el Magreb ha quedado marcado por la experiencia colonial europea y por los esfuerzos de las potencias industriales por desestructurar los sistemas tribales tradicionales en el nombre de la modernización social y económica.

            El periodo de colonización europea en el Magreb terminó en los años cincuenta y sesenta del siglo XX tras diversos conflictos. Unas décadas en las que casi todos los europeos, muchos de ellos nacidos en el Norte de África desde hacía varias generaciones, fueron arrancados de su tierra natal a través de presiones económicas o del simple temor por sus vidas, para generar sobre todo en el caso de Argelia un auténtico pueblo desterrado: los pieds-noirs.

            Expulsado el poder europeo y gran parte de su población, se inicia en los años sesenta la etapa de independencia marcada por el mito de la homogeneidad poblacional. Se impone la identidad árabe en la administración, en la televisión y especialmente en la escuela en perjuicio de otras identidades que han marcado igualmente numerosas regiones del Magreb. Por su parte la identidad musulmana se refuerza e incluso se instrumentaliza para contener las divergencias en Estados muy centralistas política y culturalmente.

            En esta época aumenta la migración magrebí hacia Europa. Lo que empieza siendo en la primera mitad del siglo XX un ir y venir de militares y de trabajadores entre Argelia y Francia, se transforma en los años sesenta en una migración desde Túnez, Argelia y sobre todo Marruecos hacia Francia, Bélgica y Países Bajos, y desde los años ochenta hacia Italia y España. Este modelo clásico marcado por una diáspora magrebí en Europa empieza a cambiar a finales de los años noventa con la irrupción repentina e inesperada de nuevos colectivos extranjeros en el Magreb.

            Desde los años dos mil se aprecia un incremento significativo de extranjeros como los chinos o los refugiados de Oriente Medio (iraquíes, sirios). Es especialmente destacable la presencia de europeos. Se trata de una movilidad ligada tanto al ocio (turismo y jubilaciones) en el caso de Marruecos y de Túnez, como al trabajo en el conjunto del Magreb. A este respecto cabe señalar empresas y trabajadores españoles que se han instalado en la región, y especialmente en Argelia, como consecuencia de la crisis en España y del incremento de la demanda pública y privada magrebí en viviendas y obras públicas.

            Por otra parte está la migración subsahariana; desde el final de la Guerra Fría los planes de austeridad y el desajuste medioambiental han empobrecido a gran parte de la creciente población subsahariana. Ello ha reforzado las tensiones políticas y socio-identitarias y ha desembocado en un agravamiento de los conflictos que ha terminado por debilitar e incluso desestabilizar casi todos los Estados del Sahel y de África del Oeste además de Libia. La migración de subsaharianos fuera de su región, que durante décadas fue bastante limitada, se ha disparado desde los años dos mil. Al no poder cruzar el Mediterráneo debido al blindaje tecnológico, jurídico y diplomático creado por los europeos, cientos de miles de subsaharianos viven en condiciones muy precarias en los países del Magreb. Pese a los esfuerzos de las ONG y a algunas medidas gubernamentales, los subsaharianos llevan una vida muy difícil: nichos de trabajo reducidos y muy precarios, grandes dificultades de acceso a la vivienda y escaso reconocimiento social y administrativo (pocos permisos de residencia, difícil acceso a la sanidad y a la escuela, situaciones cotidianas de racismo…).

            El incremento de la movilidad y de las migraciones es una de las características principales de la globalización. Las sociedades magrebíes, que tras la expulsión de los europeos se definieron básicamente como arabo-musulmanas, se enfrentan medio siglo más tarde a un incremento inesperado y significativo de extranjeros, es decir a la presencia de una diversidad religiosa, lingüística y de personas desconocida desde hacía décadas. Al igual que en muchos países Occidentales o emergentes, gestionar esta creciente multiculturalidad será uno de los retos de los próximos años en el Magreb.

Juan David Sempere Souvannavong es profesor en el Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante. Participó en el curso “Diásporas e interculturalidad en el siglo XXI” organizado por la Red de Casas en la Escuela Diplomática de Madrid. Participó 4 en el seminario “Las relaciones entre España y el Magreb en la actualidad” en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, que se celebró el pasado 4 de octubre

El legado de Viktor Frankl

Por: Red de Casas

04 ene 2017

Maribel Rodríguez

 

Viktor Frankl (1905-1997), fue el psiquiatra vienés que creó la Logoterapia, una psicoterapia para encontrar sentido a nuestras vidas. Además, Viktor Frankl es mundialmente conocido por su libro autobiográfico “El hombre en busca de sentido”, en el que relata cómo pudo enfrentarse al sufrimiento que supuso estar más de tres años en campos de concentración nazis. Durante estos años, pone en práctica sus propuestas psicoterapéuticas sobre sí mismo, para mantener su integridad humana ante el horror que le toca vivir. En su relato, nos muestra su gran capacidad de superación y de crecimiento a pesar del dolor, a través de su esfuerzo por cultivar una libertad interior cuyo fundamento considera espiritual. Para él, “el hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física”. Su vivencia nos muestra la posibilidad de mantener una luz viva en nuestro interior, por muy oscuras que sean las circunstancias que nos tocan vivir.

Más allá de la gran inteligencia de Frankl y de su legado científico, encontramos en él a un gran ser humano, inquieto por la búsqueda de la verdad y del amor por sus semejantes. Siendo muy joven, con 16 años, inicia su correspondencia con Sigmund Freud, con quién se encuentra personalmente a los 19 años. Aunque se siente inspirado por algunas de las propuestas de Freud, se termina apartando de él, al no estar de acuerdo con algunos de sus planteamientos, que considera reduccionistas. Posteriormente entra en el círculo de colaboradores de Alfred Adler, pero también se acaba retirando, porque para él es también limitada la idea de que el deseo de poder sea lo que más mueve a los seres humanos.

Muy joven inicia actividades solidarias, ya que con 20 años organiza centros de consulta para jóvenes afectados por la Primera Guerra Mundial.

De su actividad científica y propuesta psicoterapéutica, cabe resaltar  la publicación de un artículo suyo en 1938, escrito con 33 años, en una prestigiosa revista alemana, en el que expone los conceptos de su Logoterapia y análisis existencial.

En septiembre de 1942 es deportado a los campos de concentración nazis, donde mueren su esposa (con la que llevaba menos de un año casado), sus padres y su hermano Walter. En abril de 1945 las tropas aliadas liberan el campo de concentración de Dachau, en el que está internado. En Navidad de ese mismo año, dicta entre lágrimas, durante 9 días su libro más conocido: “El hombre en busca de sentido”, cuyo título original es “Un psicólogo en un campo de concentración”.

En 1955 es nombrado profesor principal de la Universidad de Viena y  desde entonces es invitado  por más de 200 universidades de todo el mundo a dar clases y conferencias y acaba siendo miembro de 75 asociaciones científicas. En el año 1961 es nombrado profesor en la Universidad de Harvard y a partir de 1970  29 universidades de todo el mundo le conceden el título de Doctor Honoris Causa.

Frankl fallece el 2 de septiembre de 1997, a los 92 años de edad.

La Logoterapia es una psicoterapia enfocada a la búsqueda del sentido de la vida, y está especialmente indicada en casos de falta de sentido vital o vacío existencial, en las crisis existenciales y en situaciones de duelo o de gran sufrimiento. Además, es una psicoterapia que busca una visión antropológica integral del ser humano, en la que se tengan en cuenta todas las dimensiones que le constituyen: cuerpo, mente y espíritu. La Logoterapia considera a cada persona como un ser único e irrepetible, que tiene derecho a encontrar un auténtico sentido a su vida, llegando a ser quién realmente es. Para Frankl La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una "racionalización secundaria" de sus impulsos instintivos. En la Logoterapia se pretende hacer a la persona consciente de lo que anhela en lo más profundo de su ser. El logoterapeuta tiene la función de ayudar al paciente a ampliar su campo de visión, para que sea más consciente de quién es en realidad, haciendo una indagación en lo más profundo y auténtico de sí, para llegar a saber qué puede hacer para que su vida sea más plena.

Actualmente en España hay varias asociaciones que transmiten las enseñanzas y el legado de Viktor Frankl, como la Asociación Española de Logoterapia y la Asociación Viktor Frankl de Valencia. Sin embargo en nuestro país, son pocos los profesionales de la salud mental con formación específica en este enfoque , que presenta mucha más difusión y actividad en otras partes del mundo, y se está haciendo un gran énfasis en la necesidad de encontrar sentido a la vida para tener una vida más plena.

En el año 2017 será el 20 aniversario de la muerte de Frankl.

Maribel Rodríguez es Doctora en Medicina, Psiquiatra y Máster en Psicoterapia y Logoterapeuta, Profesora en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, Directora del Centro Engramas de Psicoterapias Integradoras y Directora de la Cátedra Edith Stein de la Universidad de la Mística de Ávila. Asimismo es miembro de la Asociación Española de Logoterapia.

Este artículo se enmarca en la conferencia que dictará la profesora Maribel Rodríguez el 16 de enero de 2017 en Centro Sefarad-Israel.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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