Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Álvaro Rodríguez

 

La historia: la muerte de Lincoln

Abraham Lincoln fue asesinado la noche del 14 al 15 de abril de 1865 por John Wilkes Booth mientras presenciaba, en el Teatro Ford, la comedia "Nuestro primo americano".

Durante toda su presidencia hubo varias tramas para secuestrar o asesinar a Lincoln. El propio Presidente asumió que hombres con la determinación suficiente para acabar con su vida acabarían haciéndolo, con independencia de las medidas de protección que se adoptaran.

John Wilkes Booth era uno de esos hombres. Hijo y hermano de actores, él mismo era uno de los más populares de América junto con su hermano Edwin. Lincoln era un gran aficionado al teatro, especialmente a las tragedias de Shakespeare.

Booth concibió muy pronto la idea de acabar con Lincoln. La cuestión es si sus simpatías pro-confederadas son las únicas responsables del magnicidio o suponían el último eslabón de una trama que, directa o indirectamente, conducía a Richmond, la capital confederada, o a su Gobierno. No podemos saber la profundidad ni la extensión de la conspiración o la implicación concreta del Gobierno confederado, pero sí que Booth era la cabeza de una red que contaba con varios ejecutores, así como dinero y recursos suficientes y un propósito estratégico que iba más allá de la venganza.

La noche que murió Lincoln, dos co-conspiradores tenían la misión simultánea de asesinar, respectivamente, al Vice-presidente Johnson y al Secretario de Estado Seward. Sólo Booth tuvo éxito. La conspiración tenía por objeto descabezar al Gobierno de la Unión y arrancar la secesión en el caos político y estratégico que se produciría.

Las actividades de subversión en el Norte caían bajo la égida del Servicio Secreto confederado, a su vez bajo la dirección del Secretario de Estado, Judah Benjamin. Uno de entre los varios grupos con planes alternativos para atentar contra el Presidente Lincoln por cuenta del Gobierno del Sur podría haber sido el que finalmente lo hizo, es decir, el compuesto, entre otros varios, por Booth, Lewis Powell (encargado de asesinar a Seward), George Atzerodt (con la misión de asesinar al Vicepresidente Johnson), Mary Surratt (en cuya pensión los conspiradores tenían su “piso franco”) y David Herold (Powell, Azerodt, Mary Surratt y Herold fueron las personas ejecutadas en el juicio posterior).

El 17 de marzo de 1865 el país estaba en los estertores de la cruenta Guerra Civil entre Norte (la Unión) y Sur (la Confederación). Richmond se encontraba asediada y a punto de caer frente al General Grant, cosa que ocurrió el 2 de abril. El Ejército confederado comandado por el General Lee se rendiría tres semanas después a Grant. Ese 17 de marzo John Wilkes Booth y sus co-conspiradores habían planeado el secuestro de Lincoln en el camino de éste al Hospital Campbell, unos kilómetros al norte de la Casa Blanca, adonde éste se proponía asistir a una función benéfica para los soldados heridos. El que acudió a esa función al final fue el Secretario de Estado Seward, frustrando los planes de Booth.

La ficción: “El secuestro de Lincoln”

La premisa de la obra, sin embargo, es que Booth y sus co-conspiradores consiguen secuestrar a Lincoln y lo llevan a Richmond, donde el Gobierno sureño pretende extraer la concesión de un armisticio a cambio de la vida de Lincoln. Su Presidente, Jefferson Davis, confía en que la imposición misma del armisticio, por breve que sea, se convierta en un hecho consumado que le permita aliviar la situación crítica de su ejércitos, desmovilizar a la opinión pública del Norte, sembrar la discordia política entre republicanos y demócratas y entre diferentes regiones del Norte y provocar el reconocimiento de la Confederación por parte de las potencias europeas.

En la obra, Lincoln, cautivo en Richmond, recibe las visitas del Presidente y Vicepresidente confederados, con quienes debate sobre las causas de la guerra, la democracia representativa y la esclavitud, y del propio John Wilkes Booth.

Jefferson Davis, el Presidente confederado, se enfrenta a la desafección de sus jefes militares. Éstos ven como poco honorable el secuestro, son escépticos sobre las posibilidades de que el Norte acepte un armisticio y en ningún caso se plantean resistir cuando la Causa, como creen, está perdida. Davis, exasperado, obtiene sin embargo su aquiescencia para negociar, aun cuando sus jefes le señalan que sea cual sea el resultado de la negociación, debe liberar a Lincoln.

Mientras, en Washington, el Gobierno de la Unión debate sobre qué hacer. Sus autoridades recuerdan las negociaciones del mes anterior en Hampton Roads, Virginia, donde Lincoln había manifestado a la delegación confederada que  el Sur debía volver a la Unión, así como que la abolición de la esclavitud sería permanente para ambas secciones, Norte y Sur. El Gobierno de la Unión decide que, en la negociación que se avecina, no puede más que adoptar la posición que había adoptado Lincoln el mes anterior.

Las negociaciones fracasan. Jefferson Davis debe honrar el compromiso con sus jefes militares y libera a Lincoln, a quien el propio General Lee escolta detrás de las líneas de la Unión.

Por instrucciones de Davis, el Secretario de Estado confederado, Judah Benjamin, ordena a un agente, John Surratt, que active el grupo de Booth para llevar a cabo el asesinato de Lincoln, así como el de otros líderes de la Unión. El asesinato de Lincoln, del Vicepresidente Johnson y del Secretario de Estado Seward, eliminaría cualquier posibilidad de aplicar ninguna previsión sucesoria y abocaría a la parálisis política y al enfrentamiento entre familias políticas en la Unión. El Sur obtendría su independencia.

Surratt, ya en Washington, habla con Booth y le transmite la instrucción.

Lincoln pasea con su mujer, Mary Todd, la tarde del 14 de abril. Esa noche acudirán al teatro a ver la comedia “Nuestro Primo Americano”.

Álvaro Rodríguez es autor de la obra ‘El secuestro de Lincoln’. Su artículo se enmarca en la lectura dramatizada de la obra ‘El secuestro de Lincoln’ que tuvo lugar en la Casa de América el 22 de mayo de 2017.

Jesús Casquete


El antisemitismo es la hostilidad hacia los judíos por el hecho de serlo. No es una invención nazi, ni tampoco un fenómeno específicamente alemán. De hecho, el odio nazi a los judíos se alzó a hombros de todo un amplio abanico de precursores que se habían dedicado durante el medio siglo precedente a alimentar de forma organizada su discriminación y erradicación de la vida social, política y cultural. El periodista Wilhelm Marr fundó en Berlín en 1879 la Liga Antisemita para “salvar a la patria de su completa judaización.” Un coetáneo y compatriota suyo, el historiador Heinrich von Treitschke, acuñó por esas mismas fechas un eslogan que pronto haría fortuna en círculos nacionalistas: “Los judíos son nuestra desgracia”. Aún otro (por no convertir la lista en interminable), Ernst Henrici, impelió a sus compatriotas con una admonición que viviría su momento de esplendor en el Tercer Reich: “no compres en tiendas judías”. A rebufo de planteamientos de este tenor, en la época imperial surgieron varios partidos políticos que colocaron en el frontispicio de su ideario el odio y la envidia a los judíos (los partidos antisemitas “monotemáticos”), sin menoscabo de que otras formaciones incorporasen el credo antisemita a sus programas como un ingrediente más entre otros. La secuencia sufrida en Alemania es sencilla de resumir: primero algunos alimentaron con la pluma y la palabra la estigmatización de los judíos, y luego llegó el turno de quienes se aplicaron a eliminarlos de la faz de la tierra.


En Alemania ese alguien fueron los nacionalsocialistas. La irrupción en 1920 del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en el escenario político en Múnich introdujo una nueva dimensión en el odio a los judíos, indisociable de su odio a la “república judía”, a los judíos traidores responsables de la “puñalada por la espalda” plasmada en el Tratado de Versalles y a los judíos cabecillas de los ensayos revolucionarios en el país tras el fin de la contienda bélica, siempre según su particular visión. En la década de 1920 había censados unos 560.000 judíos en el país, lo que equivalía a menos de un 1% de la población. Tratándose de un movimiento en cuyo epicentro doctrinal figuraba un antisemitismo visceral e irrestricto, la animadversión hacia sus conciudadanos de ese origen se dejó sentir desde su misma fundación. Los nazis no fueron los únicos ni tampoco los primeros que abrigaron aviesas intenciones contra los judíos, como demuestra el hecho de que ya en noviembre de 1919 la comunidad judía de la capital bávara solicitase protección a la policía frente a quienes les hacían responsables del desenlace de la guerra y de sus consecuencias, hasta el punto de que las autoridades temieron que se desencadenasen pogromos. A partir de entonces, y hasta su colapso final, los seguidores de Adolf Hitler se empeñaron en difundir el miedo y la muerte entre los judíos: primero en Múnich, luego en el resto del país y, por fin, en los países bajo su yugo en la II Guerra Mundial. Los judíos (o, para los efectos, los que así se lo parecían) eran objeto de acoso por parte de los nazis, que no se ahorraban mamporros para hacerles saber que eran extraños sociales, elementos sobrantes en su “comunidad nacional” según líneas raciales. El intento (de momento eso, sólo un intento) por expulsarles del ámbito de obligación moral durante la República de Weimar fue implacable. Afectó a la cotidianidad de los judíos en los entornos más diversos: en el trabajo, en los centros de enseñanza o en las actividades de ocio. En estas y otras esferas eran víctimas de insultos y vejaciones, pero también de agresiones físicas, aunque (en general) todavía no de carácter letal.


Los encargados de atemorizar a los judíos (y de batirse a muerte con socialdemócratas y comunistas en la “lucha por la calle”) fueron los integrantes de las Tropas de Asalto o SA. Al igual que el partido surgidas en Múnich en 1920, se constituyeron como la unidad paramilitar del movimiento con la misión de defender sus actos públicos, de reventar los de los enemigos (con mayor razón si intervenía un “judío”) y, en definitiva, de hacer avanzar la “idea” nazi, que tenía en el antisemitismo uno de sus núcleos doctrinales duros, que nunca ocultaron y sobre el que jamás dejaron de insistir. Sus integrantes (más de 400.000 a principios de 1933) fueron los mamporreros responsables del reparto de bofetadas, de afrentas y de otras humillaciones a los judíos.


Con la capitulación de la democracia tras el acceso de Hitler a la cancillería del país a finales de enero de 1933 las agresiones sufridas hasta entonces por los judíos vivieron un salto cualitativo, culminado en el Holocausto. Es la macabra lección de la historia: lo que empezó con agresiones de carácter más o menos venial acabó con las cámaras de gas.

Este artículo de Jesús Casquete, profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad del País Vasco y fellow del Centro de Investigación sobre Antisemitismo en Berlín, se enmarca en la conferencia "La amenaza cotidiana contra los judíos. Las SA en la República de Weimar", que tendrá lugar el día 31 de mayo en el Centro-Sefarad Israel.

Miguel Manrique


Exceptuando al enloquecido Lope de Aguirre, que por escrito insultó a Felipe II, todos los conquistadores y fundadores de ciudades americanas sirvieron a la Casa de Austria sin cuestionarse su autoridad. Otra cosa es que lo dictado por los Consejos de la Corona se aplicara enteramente o de manera parcial. Otra cosa es que, al igual que Lope de Aguirre, no pocos conquistadores enloquecieran por la ingratitud del monarca, si bien su respuesta no fue el insulto sino el empleo de todos sus recursos para seguir explorando el continente americano y una mayor sumisión a Dios y al rey.  Lo cierto es que todos ellos se supieron súbditos de la Casa de Austria.

El escenario de los inicios de la conquista fue enormemente complejo: castellanos, andaluces, extremeños, asturianos y vascos, casi todos codiciosos, luchando entre ellos y contra imperios centenarios, pueblos sometidos a esos imperios que deciden aliarse con los conquistadores, religiosos intentando frenar sus excesos, una geografía hostil, enfermedades que cuentan sus víctimas por miles y la escasez o inexistencia de recursos ofrecidos por los monarcas. Además, en 1542, el emperador Carlos V sufrió una grave crisis de conciencia y, advertido de tanto sufrimiento, dudó de la conveniencia de seguir poseyendo las tierras de ultramar. Finalmente se redactaron leyes que amparaban a los indios. Con Felipe II ya no hay dudas sobre la posesión de tan vastos territorios. La Casa de Austria acomete reformas administrativas, legislación sobre el tráfico de personas y mercancías y fundaciones de toda índole.

En muchos manuales de historia la conquista de América se reduce a un capítulo en el que se nombra muy poco a la monarquía hispánica, salvo para señalar la ingente cantidad de oro y plata americanos que costeó campañas militares en Europa. Es inadecuado omitir la conquista de América de la historia de la Casa de Austria, pues fueron sus reyes quienes desplazaron el eje de interés del Mediterráneo al Atlántico.

El pintor Adolfo Álvarez Barthe ha realizado 47 piezas con la técnica del temple sobre tabla y papel para adentrarse, desde un original discurso plástico, en el título de la exposición. Los retratistas de los Austrias pintaban sus lienzos o tablas originales y copiaban una y otra vez las piezas de unos y de otros. Entonces la pintura tenía un valor de uso. Se precisaba de un buen retrato para ocupar una embajada o para pedir la mano de una futura reina. Tiziano, Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Velázquez y Carreño de Miranda, entre otros, sirvieron a esos fines. También fueron retratados los conquistadores y fundadores de ciudades americanas. Y los que no lo fueron en su momento encontraron su imagen, decenios y siglos después, en otros lenguajes. Otros autores (trabajadores de las calcografías nacionales para ilustrar sellos y billetes, dibujantes para los libros escolares, ilustradores de cómic, cineastas y publicistas)  nos ofrecieron nuevos rostros de los conquistadores. Adolfo Álvarez Barthe ha querido sumarse a esa larga lista de artistas conocidos y desconocidos. Ha copiado e interpretado esos numerosos retratos para volver a darles valor de uso. La cuidada selección de personajes que el comisario de la exposición, Miguel Manrique, ha llevado a cabo resume un amplio capítulo de nuestra historia.

Si durante el siglo XIX y principios del XX existió la pintura de historia, ahora, a inicios del XXI, y gracias a la utilización de los distintos lenguajes artísticos de las últimas décadas, se producen obras que nos siguen convocando para reflexionar sobre la naturaleza del poder y de la conquista. Puede decirse que esta muestra es una metaexposición, pues Álvarez Barthe es la última de muchas manos que conjuga dos historias: la de la conquista y la de la historia del arte de los últimos cuatro siglos. Las lecciones del arte conceptual, de la poesía-objeto y de la publicidad enriquecen las copias y generan nuevos discursos. En virtud del formato de las obras se establece un ars combinatoria que convierte a las piezas en tótems y cetros. Así se nos convoca para reflexionar sobre nuestra poco contada historia.

Artículo escrito por Miguel Manrique, comisario de la exposición ‘La Casa de Austria y América, ¡Sin complejos!’ que puede verse en Casa de América hasta el próximo 27 de mayo.

Mariana Pilar Hernández Hernández

Casa Mediterráneo acogió en la ciudad de Alicante entre los días 3 y 6 de abril de 2017 una reunión de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en la que participaron expertos en biología marina, ecología del medio marítimo y gestión de la pesca para discutir y acordar métodos científicos para la delimitación de stocks pesqueros en el Mediterráneo, y en concreto en el área del Mar de Alborán, la zona de transición entre el Atlántico y el Mediterráneo situado entre España, Marruecos y Argelia.

El último informe publicado por la FAO sobre el estado de la pesca en el mundo indica que aproximadamente el 31 por ciento de los stocks pesqueros se encuentran en estado de sobreexplotación, es decir, se está pescando por encima de los límites considerados “biológicamente seguros”. No obstante,  cabe matizar según las regiones, ya que por ejemplo, mientras en el Atlántico Norte y en el Pacífico Noroccidental los porcentajes de sobreexplotación son más bajos -entorno al 28 por ciento- en el Mediterráneo podemos estar cerca del 85 por ciento.

Hablamos de “stocks dentro de los límites biológicamente seguros” cuando su tasa de renovación biológica es superior a la tasa de extracción por la pesca; por lo tanto, para garantizar la sostenibilidad habría que mantener estas dos tasas dinámicas en equilibrio.  Sin embargo, sólo podemos intervenir en la segunda, ya que sobre la primera no tenemos poder de maniobra, al ser la naturaleza la que hace su papel. Los biólogos pesqueros nos encargamos de estimar cuántos peces puede haber en el mar a partir de los datos anuales de capturas y de campañas de prospección, y a continuación tratamos de hacer predicciones de cuánto podemos extraer en el futuro sin comprometer la sostenibilidad del recurso, manteniendo a la vez los beneficios para la sociedad. La mejora en el estado de algunos de los stocks en los últimos años se ha debido a la aplicación de adecuadas medidas de gestión, lo cual demuestra la conveniencia de que las instituciones que dictan las políticas de gestión pesquera recurran a asesoramiento científico.

Los recursos pesqueros tienen características distintas de los recursos naturales terrestres que dificultan su evaluación y gestión. La mayoría de las especies que pescamos pasan su vida en movimiento; por un lado, migran activamente entre áreas de reproducción, alimentación y cría, pero además sus huevos y larvas son transportados por las corrientes marinas. Por ello, en muchas situaciones, los límites de distribución de los recursos no coinciden con las fronteras políticas y la gestión deja de ser una cuestión nacional para tornarse objeto de negociación entro dos o más países. Definir con claridad los límites geográficos de los recursos es por lo tanto una tarea imprescindible, pero no fácil.   

La reunión de Alicante, organizada por el proyecto regional de la FAO CopeMed Fase II, ha servido para poner sobre la mesa las últimas tendencias sobre métodos científicos que nos ayudan en esta tarea. Investigadores de seis países ribereños (Argelia, España, Francia, Italia, Marruecos y Túnez) participaron compartiendo sus experiencias y al final acordaron establecer un plan de trabajo para los próximos dos años que ayudará a delimitar los recursos sobre los que operan las flotas de los tres países del Mar de Alborán.

El Mediterráneo es un mar semi-cerrado y relativamente pequeño para la población que habita sus costas en un total de 21 países. Los recursos pesqueros se comparten entre países vecinos con una gran diversidad cultural, económica y social. Para la sostenibilidad de la pesca y la conservación de los recursos pesqueros es necesario unificar criterios y actuar de manera consensuada y conjunta, tratando de reducir las desigualdades.

El proyecto regional CopeMed Fase II (Coordinación en apoyo de la Ordenación Pesquera en el Mediterráneo Occidental y Central), activo desde 1996, es una iniciativa de la FAO en respuesta a una propuesta española para promover la cooperación pesquera multilateral en el Mediterráneo. Lo financian la Comisión Europea y la Secretaría General de Pesca del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de España, y su objetivo es potenciar las capacidades de los ocho países participantes (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Italia, Malta, Francia y España) en materia de investigación y gestión pesquera teniendo en cuenta los aspectos biológicos, económicos, sociales, medio ambientales e institucionales.

La próxima reunión de su Comité de Coordinación se celebrará en el mes de octubre de 2017 en Argelia y deberá aprobar el plan de trabajo que han desarrollado los científicos reunidos estos cuatro días en Casa Mediterráneo. El proyecto, que se desarrollará en dos años, tratará de describir mejor las poblaciones de las dos especies más importantes en el Mar de Alborán - la sardina y la merluza-  para ayudar en la toma de decisiones consensuadas sobre su gestión, conservación y control.

 

Mariana Pilar Hernández Hernández es Doctora en Biología Marina, profesora de la Universidad de Alicante y consultora internacional de la FAO para el Proyecto Regional: Coordinación en apoyo de la Ordenación Pesquera en el Mediterráneo Occidental y Central (CopeMed II). Su artículo se enmarca en el Taller de CopeMed II sobre metodologías para la identificación de stocks pesqueros en el mar de Alborán,  organizada del 3-6 de abril 2017 en la sede de Casa Mediterráneo en Alicante

Djudezmo, Djidyo, Djudyo, Djidjo o Ladino

Por: Red de Casas

03 may 2017

Eliezer Papo


Djudeo-Espanyol, tambien yamado Djudezmo, Djidyo, Djudyo, Djidjo o Ladino, es una lengua ibero-otomana djudia. Iberika - por ser ke la mizma dezvalopo de los dialektos romanses ke fueron favlados en la peninsula iberika, antes del Gerush, primeramente del Kastilyano anteklasiko. Otomana - siendo favlada primeramente en el Imperio Otoman (non ulvidando tambien las enklavas norte-afrikanas) – i djudia - por ser favlada ekskluzivamente por un solo grupo etno-relijiozo en el Imperio, por los Sefaradim.

Estando en la peninsula iberika, los Djudios favlavan los dialektos romanses de sus kontorno: Kastilyano, Katalan, Portugez vehule. No kale dicho ke eyos introdusieron a todos estos dialektos algunos elementos ebreos i arameos, para ekspresar kon mas prechizion konseptos i praktikas djudias spesifikas, ama todos estos endjunto nunka abastaron para ke se pueda favlar de un dialekto djudeokastilyanyo, djueokatalan o djudeoportugez antes del Gerush, de mizma manera komo oyendia no se puede dizir ke los Djudios de Mueva York favlan Jewnglis, o Judeo-English.

Leksikalmente, el dialekto favlado por Djudios de kada komarka iberika no fue sinyifikamente diferente del dialekto favlado por sus konsivdadinos kristianos. Sintaktikamente o gramatikamente, dainda menos. La unika gran diferensia entre la praktika linguistika djudia i la praktika linguistika kristiana en la peninsula iberika apartenese al mundo de la prezentasion grafika de la lengua. Asta ke los pokos kristianos ke no eran analfabetas, eskrivian sus lenguas kon letras latinas, los Djudios eskrivian la suya kon grafia ebrea.

Solo en las tierras de sus disperzion, a baze de los dialektos ke los megorashim trusheron kon si, de la peninsula iberika, el Djudeo-Espanyol dezvalopo, kon el tiempo, komo una lingua separada i independete. Aun ke los megorashim nunka alkansaron de reestableser una sola komunidad eks-iberika en una sola sivdad otomana, sino refujiados de todas partes de la peninsula iberika vinieron a todos los portos del Imperio Otoman,  el primo djeneransio de los megorashim kontinuo favlando kada uno su dialekto.

Poko a poko, en la segunda mita del primo siglo despues de la Ekspulsion, empeso a koinarse una lengua kondjunta de toda la povlasion sefaradi. Mizmo komo en el muevo mundo, tanto entre los megorashim en el Imperio Otoman, el Kastilyano represo a otros dialektos iberikos. Realmente, la baza leksika del Djudeo-Espanyol es primeramente kastilyana, kon muy pokas leksemas katalanas i portugezas. Djunto kon esto, en akeyas komunidades sefaradis onde el primo nukleo de la komunidad era primeramente portugez, el Djudeo-Espanyol se avla “kon aksento” portugez (kada e nonaksentuada se pronunisa komo i, kada o nonaksentuada se pronunsia komo u).

A lo largo de los siglos, el leksiko del Djudeo-Espanyol absorbio tambien muchisimos elementos de linguas del derredor (Turkesko, Arabesko, Persiano, Grego, Serbo i Bulgaro). La perdision del kontakto kon lenguas iberikas, de una parte – i el kontakto kutenyo kon lenguas del deredor, de la otra, trusheron tambien unas influensias mas profondas de lenguas del deredor sovre el Djudeo-Espanyol:

a.       fonolojikas (por enshemplo: palatalizasion de fonemas g i k en los dialektos norte-balkanikos, basho la ingfluensia de lenguas slavas... amigo/amidju, pinga/pidja; paliko/palikyu, ermanika/ermanikya, hahamikos/hahamikyus, vizinikas/vizinkyas),

b.      morfolojikas (por enshemplo, perdision de formas femininas mozotras/vozotras onde siertos autores norte-balkanikos, de muebvo basho la influencia de lenguas slavas),

c.       sintaktikas (ansi, por enshemplo, muchisimas ekspersiones i frazas djudeo-espanyolas no son mas ke traduksiones kalkadas de lenguas balkanikas o medio-orientales),

d.      leksikas (absorbsion de miles de palabras non-iberikas) i

e.       gramatikas (por enshempo, inkorporasion de sufiksos gramatikales turkos i simijante).         

La literatura sefardi del Oriente, spesialmente la rabinika, influyo muchisimo a la ermana chika del Djudezmo, a la Hakitia – el Djudeo-Espanyol de Maroko.

Durante el Olokausto, las komunidades sefaradis de Viena, Bosna, Serbia, Makedonia i Gresia fueron kaji totalmente anihiladas. Dos komunidades grandes ke sovrebibivieron el Olokausto fieron la turka i la bulgara.  La prima kon unos sien mil Djudios, en 1948 - i la otra kon unos ochenta. En los primeros anyos despues del Establesimiento del Estado de Israel la mas grande parte de los Djudios de Turkia i de Bulgaria se mudaron al estado djudio. Los pokos ke kedaron en estos dos paizes non tienen ya la masa biolojika nesesaria para el mantenimiento de una lengua etno-konfesional separada.

Lo mizmo es dainda mas djusto kuando se favla de los sovrebivinetes en las komunidades de Bosna, Serbia, Makedonia i Gresia. Spesialmente si se toma en konsiderasion el fato, ke en estas komuidades tambien mas de la mita de sobrevivientes vinieron a Israel.

En Israel, el projeto de rebivimiento de la lengua nasional todo-djudia, desho muy poko lugar por kualseker tipo de separatizmo linguistiko de los Sefaradim. La povlasion sefaradi orijinala de la “tiera de Israel otomana”, mismo komo los olim hadashim sefaradiyim, se asimilaron a la sosiedad israeli jenerala, kulturalmente, linguistikamente i biolojikamente.

Oyendia ni una sola kriatura en el mundo non krese ekskluzivamente en Djudeo-Espanyol i un un solo Sefaradi no favla solamente Djudeo-Espanyol. En el mundo kedan aproksimadamente tresientos mil Sefaradim ke favlan Djudeo-Espanyol, de una manera aktiva o pasiva. Dos treseras de este numero, biven en Israel. La mas grande parte de los parlantes mantienen la lengua a nivel oral. La minorita ke tambien se ekspresa “grafikamente” prefere letras latinas, ama kon una grafia “balkanika”, kere dizir fonetika.

La komunidad sefaradi, en Israel i en el mundo, kontinua manteniendo una relasion intima i profunda kon la lengua de su pasado i de su rika kultura. Traduksiones i edisiones sientifikas salvan los manaderos sefaradis literarios, asta ke kursos i atelyes akademikos alevantan el nivel del konosimiento de la lengua entre los djeneransios muevos, e no la ambezan mas de una manera natural, de sus djenitores.   

Eliezer Papo, sefardí original de Sarajevo, ejerce como profesor de Literatura y folklore popular de la Universidad de Ben-Gurion (Israel). Su artículo se enmarca en la Nochada sefardí a cargo de la Autoridad Nasionala del Ladino, que incluye tres conferencias en lengua judeo-española que el Centro Sefarad-Israel acoge el día 8 de mayo de 2017.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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