Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Raquel López Cascales


“…tal vez sea necesario contar cuentos simplemente
porque sí, porque hay cuentos y hay quien los cuente.”
Nicolás Buenaventura


Mi abuela sacaba una silla al portal todos los domingos a las seis de la tarde. Se sentaba junto a las vecinas, que no tardaban en llegar, colocaba sobre sus piernas la colcha de ganchillo que había comenzado a principios de verano y empezaba a contar historias.

Yo escuchaba con la admiración de los ocho, quizá nueve años, y le preguntaba, Madre Carmen, ¿por qué cuentas cuentos? Ella sonreía y me decía: para cambiar el mundo.

Unos años más tarde volví al pueblo con mis amigas de la ciudad y ellas también pudieron asistir al ritual de cada domingo. A las seis de la tarde, mi abuela narró lo que sucedió en un lugar muy lejano hacía ya mucho tiempo. Lo hizo en el portal, con las manos diestras enredadas en la colcha de ganchillo que ya iba por la mitad. Madre Carmen, ¿por qué sigues contando cuentos?Para que el mundo no cambie tan deprisa.


Cuando mis hijos nacieron mi abuela ya era muy viejecita. Arrastraba, sin prisa, los pies y la silla desde la cocina hasta el portal y daba los últimos puntos a la colcha de ganchillo que estaba casi terminada. Madre Carmen, ¿por qué todavía cuentas cuentos? No dijo nada, levantó la vista de su labor, me miró con sus ojos pequeños, todavía vivos, y me dijo: Cuento para que el mundo, a mí, no me cambie.

Y puede que haya que seguir contando cuentos porque sí, porque hay cuentos y hay quien los escuche.

Yo también cuento historias, de las de antes y de las de ahora, las que he leído y las que he escuchado, cortas y largas, de risa y de miedo, para niños y para mayores, ante cientos de personas y en familia, en desiertos y en islas, en plazas y en teatros, de día y de noche. Y si me preguntas por qué cuento cuentos, podría buscar respuestas académicas, económicas e incluso filosóficas, pero te contestaría porque me gusta, sin más.

Bueno, a estas alturas tendréis curiosidad sobre «Los que escriben y los que cuentan, encuentro de narradores». Adelante, pasa y ponte cómodo que voy a contarte. Es un ciclo de encuentros con el propósito de ofrecer un lugar común a escritores y narradores, escritoras y narradoras (y todas las combinaciones posibles) para que conversen de forma amena y distendida sobre lo que nos une, el cuento.

Se escucharon diferentes estrategias, diferentes puntos de vista y diferentes formas de abordar un relato:
• el cuento desde quien escribe, imagina o recopila historias para un lector que lee en intimidad con su propia voz.
• el cuento desde quien cuenta a un auditorio, quien narra esta misma historia con un tono, un ritmo y una voz, ajena y propia a la vez.

Este diálogo de saberes se enriqueció con la participación del público que tuvo la palabra en cualquier momento. Y puedo asegurar que intervinieron creando, con sus preguntas y comentarios espontáneos, un clima distendido y cálido.
Hasta el momento se han realizado trece encuentros; siete parejas de cuentistas y escritores que nos han dejado valiosísimas reflexiones.

¿Para qué nacen los cuentos?, le pregunté a Fernando Iwasaki Cautí en la inauguración del primer ciclo. Para soñarnos, para sumergirnos en un mundo abierto a lo fantástico, para explicar el mundo, primero el nuestro, el cercano. Todos tenemos en nuestras familias historias y esas historias son contadas desde la vivencia, la emoción y la cercanía.

Andrés Neuman habló de las ventanas que se le abrieron de pequeño al escuchar las historias que su padre creaba, recreaba y engordaba noche tras noche. Nos confesó que tiene una noción muy auditiva de la narrativa gracias a estos momentos, a los cuentos que escuchaba por el tocadiscos mientras aprendía a leer y a que la música también ha estado presente en su vida.
Pep Bruno recordó sus primeras lecturas y su primer contacto con la narración oral desde su ciudad, Guadalajara. ¿Cómo nos contamos los narradores? ¿Cómo nos llamamos? ¿Cómo nos llaman?

Gracias a Casa del Mediterráneo pudimos escuchar voces y cuentos de otro país. Ifigeneia Kakridoni contó en griego y dio voz a los mitos en su encuentro con Pedro Olalla.

Entre unos y otros hablamos de la tradición oral, del relato actual, de historias que viajan sin fronteras, de la narración como profesión (que no debe sustituir a los cuentos contados por mamá o papá), del trabajo previo, de la memoria, del repertorio, de las historias que elegimos para escribir o contar.

Disfrutamos también con los folkloristas Antonio Rodríguez Almodóvar y José Manuel de Prada Samper, con los escritores Carles Cano, Clara Obligado, Hipólito Navarro, Marta Sanz, José Ovejero, Laura Freixas, Nuria Barrios, Benjamín Prado. También con los narradores Llorens Jiménez, Cristina Temprano, Virginia Ímaz, Ana Griott, Cristina Verbena, Pablo Albo, José Manuel Garzón, Martha Escudero, Paula Carballeira y Victoria Gullón.


La palabra escrita y la palabra dicha fue la protagonista de estos encuentros.

El cuento es imaginación, una puerta abierta que te deja
atisbar lo que hay dentro, un retorno a lo mejor de la infancia.

 

Raquel López Cascales es escritora y narradora. Su artículo se enmarca en el encuentro de narradores "Los que escriben y los que cuentan", celebrado en la sede de Casa Mediterráneo en Alicante el 4 de mayo de 2017.

Michael Mail

Era una escuela de Glasgow en los años 70. En mi clase yo había aprendido que Escocia era en sí misma una sociedad mestiza compuesta de escoceses, pictos, británicos, y vikingos. A esa emocionante mezcla se habían añadido los judíos en algún momento del siglo XVIII, llegando inicialmente de uno en uno a estudiar en las famosas universidades de Escocia (a diferencia de la mayoría de las universidades europeas, los estudiantes en Escocia no estaban obligados a prestar juramento religioso) y luego creciendo en número en los siglos XIX y XX mientras que la persecución en Europa del Este hizo la vida judía cada vez más precaria.

Llegaron en grandes naves de pasajeros a los puertos de Leith y Dundee. Algunos viajaron a Edimburgo, la capital, pero muchos más fueron a la central industrial creciente que era Glasgow. Comenzó a surgir una próspera comunidad judía escocesa que construía sinagogas para la oración y cementerios para sus muertos. Las escuelas proporcionaban educación judaica suplementaria para los jóvenes, organizaciones benéficas de bienestar, y sociedades amigas que atendían a los necesitados y los indigentes, además de un orfanato y un hogar para los ancianos. Estas instituciones reflejaban los grandes valores del pueblo judío inculcados a lo largo de los milenios, junto con la preocupación más pragmática de que, como nuevos inmigrantes, no se convirtieran en una carga para un país que aún podría rechazarlos.

Los judíos pronto se convirtieron en la mayor minoría no cristiana, un nuevo clan añadido al mosaico que era Escocia. Por supuesto, la fe religiosa tenía su lugar, pero ese lugar no estaba necesariamente en primer plano. También traían su propia lengua -el yiddish, esa curiosa mezcla de alemán y hebreo, un colorido lenguaje gutural que tenía un cierto parentesco audible con el dialecto escocés, también de diseño híbrido. Había muchas palabras escocesas utilizadas por mi madre - bachle, glaikit, dreich - que sonaba perfectamente en sintonía con el yiddish, y durante mucho tiempo no se sabía cuál era cual. De hecho, hubo incluso por un tiempo un dialecto en yiddish escocés emergente que unía las dos lenguas.

Para sus anfitriones escoceses, muchos de los cuales tenían una profunda fe presbiteriana, había una fascinación inmediata con el Pueblo del Libro que había saltado de las páginas de la Biblia para vivir entre ellos. En efecto, Escocia tenía sus propios mitos fundacionales ligados a las tribus perdidas de Israel que se hacían eco en la Declaración de Abroath, esa declaración seminal de la independencia escocesa en la que la creación de la nación escocesa se sitúa en el Este, con los escoceses viajando a su Tierra Prometida en una comparación directa con los judíos bíblicos que cruzan el Mar Rojo.

Sí, se dieron incidentes de hostilidad y xenofobia como los que todas las minorías sufren inevitablemente. No fue por casualidad que muchos muchachos judíos jóvenes en los años 20 y los 30 tuvieron el boxeo como su deporte preferido, incluyendo mi padre, que llevaba orgulloso una estrella de David en sus shorts.

En una sociedad en la que no había barreras legales al progreso, los hijos e hijas de la comunidad judía escocesa hicieron contribuciones significativas en sus campos, produciendo científicos y médicos, jueces y diputados, ministros del gobierno, artistas y escritores, músicos de éxito y campeones deportistas, agricultores, silvicultores, fabricantes de kilts y destiladores de whisky.

Y había otras migraciones más desesperadas. Escocia se convirtió en hogar y refugio para los niños del “kindertransport” desde las estaciones de tren en Alemania, Austria y Checoslovaquia por los padres ansiosos de protegerlos de la amenaza nazi que envolvía Europa. Lo que originalmente fue una evacuación temporal se convirtió trágicamente en permanente y, para muchos de estos niños, las despedidas desde el andén se convirtieron en la última imagen de sus padres. Luego vinieron los refugiados después de la Segunda Guerra Mundial, supervivientes de un horror cuya realidad sacudió a la comunidad y dio un nuevo impulso a la causa de Israel.

Por supuesto, hay otras características compartidas por estos dos pueblos. Se puede decir que los judíos y los escoceses valoran las opiniones con la expectativa de que todos deban tener una, son cálidos y hospitalarios, tienden a estar animados en compañía, son emprendedores, aprecian la educación y sienten orgullo por su identidad. A pesar de ser naciones pequeñas, ambas han hecho importantes contribuciones al mundo.

La comunidad alcanzó un máximo de alrededor de 16.000 almas y ahora se encuentra algo reducida. En Escocia, encontrarás calles con el nombre de Rabinos, una banda judía de gaiteros, haggis kosher, Whisky Loch Chaim, la Biblia traducida al dialecto escocés, directores judíos y jugadores del Glasgow Rangers o Celtic, no menos de tres versiones judías del tartán y en algún lugar de Los Ángeles encontramos un restaurante llamado 'The Gorbals' que sirve comida fusión judía-escocesa (no es un término con mucho renombre en el mundo culinario).

El artista judío Eduard Bersudsky, cuya escultura cinética “La Torre del Reloj del Milenio” se sienta con orgullo como pieza central en el Museo de Escocia en Edimburgo, una vez se preguntó qué admiraba sobre Escocia. Su respuesta fue simple: «Nadie me pregunta nunca por qué estoy aquí.»

Los judíos vinieron a Escocia buscando refugio, y encontraron un hogar.

Michael Mail es filántropo, fotógrafo y escritor. Su artículo se enmarca en la exposición "Judíos de Escocia: identidad, pertenencia, y porvenir" que se exhibe en el Centro Sefarad - Israel durante el mes de junio de 2017.

Gonzalo Rodríguez Marín

 

Marruecos, “la tierra por donde se pone el sol” en su denominación árabe, parece que se resiste al ocaso y la luz brilla como nunca en su economía. Y es que el reino alauita se encuentra en plena expansión económica.

Son muchos los proyectos que se están ejecutando y que van a contribuir al desarrollo de nuestro país vecino, como el tren de alta velocidad que unirá los 340 kilómetros entre Tánger y Casablanca en dos horas, las importantes mejoras del aeropuerto Ibn Batuta en Tánger, que duplicarán su capacidad actual, el desarrollo portuario de esa misma ciudad o la creación de nuevos parques tecnológicos . Parece evidente el esfuerzo en la modernización del norte del país durante el reinado de Mohamed VI.

La inversión pública ha aumentado un 17,7% y la privada un 3,1% solo en 2016. Además, es significativo el esfuerzo de mejora en la adaptación de su legislación para atraer inversiones del exterior.

También cabe destacar el cambio de coyuntura económica que está experimentando el país de la mano del desarrollo de una nueva y pujante industria automovilística, que solo en 2016 exportó 5.444 millones de euros, un 12% más que el año anterior, superando a la tradicional industria de los fosfatos.

En este contexto, además, se prevén inversiones de al menos 1.000 millones de dólares para crear un “ecosistema Boeing” también en el norte del país y el desarrollo de interesantes proyectos en energías renovables o en el sector TICs (tecnologías de la información y comunicación), ambos sectores con crecimientos espectaculares en los últimos años.

En definitiva, Marruecos vive un periodo de transformación económica positivo, aún con sus sombras en términos de desigualdad y empleo, en un país donde más de la mitad de su población tiene menos de 24 años.

Para España, Marruecos representa mucho más que un vecino; la estabilidad de Marruecos es clave para nuestra tranquilidad y ofrece una oportunidad de desarrollo también para nuestra economía. Es evidente que las relaciones entre ambos reinos atraviesan un momento inmejorable y tal vez por ello España ha superado a Francia como primer país receptor de sus exportaciones e igualmente como socio comercial. Son más de 330 las empresas españolas establecidas en Marruecos, especialmente en sectores como la automoción, aeronáutica, transporte, logística, TICs o renovables.

Y es en este marco en el que surge el desarrollo de una nueva industria financiera en el país, las llamadas finanzas participativas, esto es, la creación de un nuevo ecosistema de banca islámica.

En un artículo que escribí en el diario económico Cinco Días hace unos meses ya advertía del surgimiento de esta industria financiera en el reino alauita tras un largo proceso que ha culminado con la concesión de nuevas licencias bancarias, toda vez que el Banco Central de Marruecos aprobara la creación de cinco bancos islámicos y permitía que tres filiales de bancos franceses (Société Générale, BNP Paribas y Crédit Agricole) ofrecieran productos financieros islámicos.

Este hecho supone de entrada una importante inyección de capital extranjero para Marruecos, y es que se estima que la industria financiera islámica pueda llegar a representar en 2018 entre un 3% y 5% del sistema financiero marroquí, así como atraer importantes inversiones de la región del Golfo y del sudeste asiático por valor de al menos 7 billones de dólares.

Evidentemente, España tiene ante sí una oportunidad de posicionamiento también ante este hecho. Los nuevos bancos islámicos con sus fondos de inversión podrían encontrar en nuestro país un buen mercado, estable y cercano, para garantizar inversiones en multitud de sectores absolutamente compatibles con la banca islámica como el turismo, las energías renovables, las nuevas tecnologías, las infraestructuras, el sector inmobiliario o la agricultura, entre muchos otros.

La oportunidad es evidente y el momento ideal, en mi opinión, si sabemos como país tener una estrategia de acercamiento y entendimiento hacia un mercado natural como es Marruecos, en plena expansión y tremendamente joven. En definitiva, el sol que cada día se acuesta en Marruecos también debería reflejarse en España.

 

Gonzalo Rodríguez Marín es abogado y actualmente es el coordinador general del SCIEF (Saudi-Spanish Centre for Islamic Economics and Finance) en el Instituto de Empresa. El texto se enmarca en el contexto de su participación en la conferencia que tuvo lugar en Casa Árabe el pasado día 31 de mayo sobre “Finanzas islámicas en el norte de África: desarrollo y perspectivas de crecimiento en Marruecos”.

 

Sourcing en Asia

Por: Red de Casas

07 jun 2017

Rubén Hernández Sabaté

El avance industrial de Asia está fuera de toda duda. Antes se decía que China era “la fábrica del mundo”; hoy en día esta afirmación, que no deja de ser cierta, cada vez tiene más motivos para ampliar sus fronteras.

Más de un tercio de las exportaciones mundiales tienen su origen en China y otros países de la región, considerando como tales la zona ASEAN, Corea del Sur, Japón, Pakistán, India y Bangladesh, por lo que se trata de una de las principales fuentes de aprovisionamiento para grupos empresariales de todo el mundo.

China es y seguirá siendo el principal proveedor de mercancías a nivel mundial y uno de los principales de las empresas españolas, con casi veinticuatro mil millones de euros en mercancías vendidas en 2016, lo que le convierte en nuestro tercer proveedor. Su fuerte industrialización, impulsada por la determinación de sus dirigentes en fomentar la competitividad exterior de sus empresas, ha tenido como consecuencia un rápido desarrollo de las infraestructuras de ciertas zonas del país y la creación de un tejido industrial capaz de proporcionar una gran diversidad de productos de cada vez mayor complejidad y calidad. El fuerte desarrollo de la economía china ha incrementado notablemente el nivel de renta en gran parte de la población, que empieza a consumir cada vez más productos y de mayor sofisticación. Esta situación ha provocado que el foco de las medidas económicas ya no se oriente únicamente a favorecer las exportaciones, sino que trata de dinamizar y abastecer un consumo interno de cada vez mayor peso en su producto interior bruto. Como consecuencia, el tradicional superávit comercial chino cada vez es menor, como ya se ha visto en febrero de este año, cuando alcanzó déficit comercial mensual por primera vez en tres años.

Otros países asiáticos están experimentando un rápido avance en su capacidad industrial con unos costes de producción mucho más contenidos que los de China, convirtiéndose en una alternativa para aquellas empresas que deciden acometer sus aprovisionamientos en ellos.

Sirva como ejemplo los casos de Bangladesh, India, Pakistán, Filipinas, Camboya, Laos o Vietnam, que se encuentran entre los 20 países con mayor índice de crecimiento industrial del planeta.

Vietnam, que exporta más del doble de lo que lo hacía en 2010, es el exponente más actual de avance económico e industrial. Desde mediados de los años 80 se están implementando reformas (el denominado “Doi Moi”) de gran éxito económico que han desembocado en un país con una industria diversificada y productiva (equipos electrónicos, telecomunicaciones, maquinaria, textil…). Vietnam además cuenta con bajos costes laborales, convirtiéndose en una alternativa real a China para muchas compañías que han decidido deslocalizar su producción.

Las empresas del sector textil pueden encontrar grandes oportunidades en países como Pakistán, Bangladesh, Camboya y, cada vez más, Myanmar. No son países sencillos, presentan carencias energéticas y sus infraestructuras de transporte necesitan mucho desarrollo; además algunos son políticamente inestables, pero ofrecen fuertes ventajas en costes y un clúster textil que merece la pena ser explorado por las empresas del sector; como ya han hecho varias firmas españolas, que en la actualidad compran casi 3.800 millones de euros al año en estos países, cuando a finales de 2010 lo hacían por valor de 1.200 millones.

Indonesia e India también han apoyado su industrialización en el sector textil, pero son economías más diversificadas y con más ramas de actividad, como por ejemplo componentes de automoción, industria química, recursos naturales y, especialmente en el caso de India, la ejecución de servicios tecnológicos que a tantas empresas ha convencido.

Otro emergente proveedor de servicios en la zona es Filipinas, donde muchas compañías han realizado la deslocalización de algunos de sus servicios, sin olvidarnos de otras industrias como la alimentaria o químico-farmacéutica.

No podemos olvidarnos de países más avanzados y tradicionales que presentan una economía más diversificada, un sistema político estable y un gran nivel de infraestructuras como lo son Corea, Japón, Malasia o Singapur. Si bien en los últimos años han visto que la mayor competitividad de los países comentados les hacen perder protagonismo como proveedores internacionales (en 2010 suponían el 37% del valor de las exportaciones originadas en la zona, mientras que en la actualidad representan el 30,1%), siguen siendo opciones muy interesantes para aprovisionarse de productos específicos con mayor nivel de calidad y componente tecnológico. Tailandia es otro país interesante, con economía diversificada y buenas infraestructuras, aunque políticamente no es tan estable como los cuatro mencionados.

Un denominador común que nos encontramos en casi todos los países de la región, con excepciones como Japón o Corea del Sur, es la dificultad en el acceso a la financiación que padecen las empresas locales. En este sentido, es habitual que las negociaciones de las condiciones de pago sean complicadas, cobrando mucha relevancia la elección de una fórmula de pago que permita a las empresas locales obtener los recursos económicos que necesitan sin comprometer ni la tesorería ni la seguridad del comprador.

Uno de los aspectos en los que más se está haciendo hincapié en la zona es en la mejora de las infraestructuras en aquellas áreas donde existe déficit energético y logístico. Todos los países están llevando a cabo más o menos esfuerzos en adaptar sus infraestructuras, siendo China quien más está haciendo a este respecto. El país posee fuertes vínculos comerciales en toda la región y se ha propuesto mejorar la conectividad Euroasiática con una ambiciosa estrategia a ejecutar en los próximos años denominada “OBOR” (One Belt One Road), plan bajo el que ya se están ejecutando proyectos, principalmente de los sectores de transporte y energético.

Hemos comentado cómo en Asia se pueden encontrar costes de producción más bajos que en otras partes del mundo, pero no se debe olvidar estudiar otros costes asociados a la cadena de suministro como el transporte, los seguros, impuestos y aranceles, viajes o auditorías de producción; ni pasar por alto el incremento de algunos riesgos como son los políticos, jurídicos, tipo de cambio, pérdida de control en la producción, retrasos, pérdida de propiedad intelectual, etc.

Es muy recomendable asesorarse en todo momento por personal con conocimiento local en cada una de las áreas que componen el proceso. En Bankia, contamos con una Oficina de Representación en Shanghai, la primera del sistema financiero español en instalarse en la ciudad con más comercio internacional del mundo, para orientar la actividad de nuestros clientes en una zona tan compleja. Del mismo modo, Bankia dispone de un equipo de especialistas en Comercio Exterior volcado en ofrecer soluciones a las empresas que se abastecen en la región gracias a productos como el Confirming Internacional, emisión de Créditos Documentarios y su posterior anticipo o la posibilidad de efectuar pagos en las principales divisas, incluyendo el Renmimbi.

Todos los sectores tienen cabida, y aunque tras estudiarlo puede no siempre merecer la pena, a la hora de diseñar una estrategia de abastecimiento no se debe olvidar explorar la opción asiática en toda su dimensión. “La fábrica del mundo” ya no es sólo China, hay un polígono más grande llamado Asia.

Rubén Hernández Sabaté es responsable de Comercio Exterior Asia-Pacífico en Bankia. Su artículo se enmarca en la jornada "Sourcing en Asia: evolución y factores a considerar para un correcto aprovisionamiento", celebrada en Casa Asia el 12 de mayo de 2017.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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