Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Sociedades diversas

Por: Red de Casas

03 ene 2018

Anna Terrón Cusí


Las dificultades para el gobierno de las migraciones internacionales se relacionan con las líneas divisorias que se construyen en nuestras sociedades. En el espacio común europeo, la migración, el refugio y la movilidad de personas impactan en unas democracias eminentemente nacionales e interactúan con sus dinámicas políticas, que se ven afectadas tanto por las realidades que conforman las migraciones -presentadas sistemáticamente como fuera de control-, como por los imaginarios que se construyen sobre ‘el migrante’ interpretado como la otredad y su proyección a una sociedad diversa.

Cuando hablamos de musulmanes en la Unión Europea ¿hasta qué punto hablamos de migración? Responder a esta pregunta requiere, en primer lugar, definir inmigración y, más importante aún, definir migrante. Para la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), son migrantes aquellas ‘personas y sus familiares que van a otro país o región con miras a mejorar sus condiciones sociales y materiales, y sus perspectivas y las de sus familias’. Podemos acotar pues quienes son migrantes en nuestras sociedades. Pero teniendo en cuenta que esta definición se basa en un acto concreto, debemos también preguntarnos durante cuánto tiempo esta persona debe ser categorizada así en el país de destino.

Podríamos acordar que alcanzar los requisitos de cada país para acceder a la nacionalidad -aunque en el caso de los menores ésta no pudiese ser efectiva hasta la mayoría de edad-, permite dejar de considerar a alguien, a efectos sociales y de políticas públicas, como un inmigrante. Si hacemos este ejercicio, nos encontramos con que las cifras de migrantes procedentes de países mayoritariamente musulmanes y la cifra de musulmanes va separándose en los países europeos, en función de los años pasados desde que cada uno de estos países se incorporó a la geografía migratoria euroafricana, entre otros.

Sin embargo, acostumbramos a ubicar las políticas de migración en el centro de cualquier debate sobre islam y Europa, normalmente para hablar de restricciones y hasta de medidas especiales para los musulmanes. Para ver si éste debe ser eje del debate, hay que plantearse igualmente una cuestión muy básica, pero de la mayor importancia: qué es una política de inmigración, cuáles son sus instrumentos y cuáles sus objetivos.

La política de inmigración se asienta básicamente sobre dos ejes. Por un lado, los requisitos y procedimientos que habilitan a un ciudadano de otro estado a cruzar nuestras fronteras y le legitiman a residir en nuestro territorio. Los principales instrumentos para ello son los relacionados con los procedimientos de extranjería establecidos y el control del cumplimiento de los requisitos en cada momento del proceso; así como los particulares del control de fronteras. El objetivo de todo ello es, claro está, definir el propio modelo migratorio y hacer que se cumpla.

Por otro lado, tenemos las llamadas políticas de ‘integración’, cuyo objetivo sería remover los obstáculos para que los recién llegados y sus familias puedan incorporarse a la sociedad de destino, y crear las condiciones para que esto se haga en las mejores condiciones para todos. Los instrumentos típicos de las políticas públicas de acogida e inclusión social son un conjunto de medidas específicas en aquellos ámbitos más relevantes para la socialización, desde la facilitación del acceso a los conocimientos lingüísticos -cuando se requiera- al empleo, la educación o la salud, y deberían formar parte de ellos también la facilitación de espacios de relaciones interpersonales y las estrategias de relación intercultural.  

Parece claro que cuando hablamos de musulmanes en Europa no hablamos sólo de migración y, consecuentemente, que las políticas de inmigración no son suficientes para abordar la gestión de la creciente diversidad en nuestras sociedades, aunque algunos de sus instrumentos puedan ser útiles para ello. La diversidad es ya una característica de nuestras sociedades, de la cual la pluralidad religiosa es un exponente más. Aunque sea obvio, no es baladí recordar que, por mucho que se restringiese en la Unión Europea la entrada a nuevos migrantes y por mucho que se endureciesen los requisitos para mantener la residencia, nuestras sociedades europeas seguirían siendo diversas. La gestión de la diversidad va más allá de la política de inmigración e inclusión social, aunque los instrumentos que tenemos para trabajar por la cohesión social puedan ser usados para ambas cosas.

Igualmente, es relevante entender que la categoría ‘migrante’, incluso en la amplia acepción que hemos usado, difiere de la de ‘extranjero’. La confusión es especialmente dañina cuando hablamos de seguridad interior y de amenazas exteriores. Quien cruza una frontera internacional con el objetivo de cometer un delito o reclutar a otros para que lo hagan, escapa a toda definición de migrante, aunque intente amparar su situación con las herramientas de la política migratoria, e intente obtener un permiso de residencia, como intentará conseguir cualquier bien o servicio que le facilite sus propósitos. El control migratorio comparte instrumentos con la política de seguridad y, como tantas otras políticas, contiene elementos de prevención y seguridad, pero no podemos confundir la una con la otra, a riesgo de equivocarnos en ambas.  

Para salir de la situación de emergencia en que parece instalada la gestión de las migraciones y volver a un modelo eficaz, debemos acotarla a la realidad su margen de actuación. Es urgente ’desextranjerizar’ al diferente, y reconocer que nuestros conciudadanos son distintos y plurales. Desde la aceptación de esta pluralidad debemos garantizar la cohesión social, basada en el respeto a nuestro ordenamiento jurídico -que es la forma en que una sociedad democrática objetiva y hace operativos sus valores-. Los problemas están ahí y son evidentes, pero focalizar lo patológico para intervenir sobre ello requiere iluminar primero el conjunto, reconocer aquello que compartimos, y enrolar a la mayor parte de nosotros -un ‘nosotros’ lo más inclusivo posible- en la identificación y lucha contra lo que hemos convenido en considerar indeseable. La diversidad intrínseca de nuestras sociedades debe considerarse en el diseño y desarrollo de todas nuestras políticas públicas.

En un momento de inseguridad e inquietud sobre el propio bienestar, y en un marco global en el que los límites entre el dentro y el fuera están definitivamente desdibujados, confundir la igualdad con la homogeneidad y abrazar la idea simbólica de frontera como algo que separa a nuestra comunidad idealizada de un exterior que contiene todos los peligros puede ser tan reconfortante como peligroso. Dar carta de naturaleza, y empujar desde la política el anhelo de (¿volver a?) una comunidad mitificada donde seríamos todos (¿de nuevo?) tal como cada uno imagina que debe ser un conciudadano de “su” nación que se esconde tras la narrativa del control migratorio no resolverá los problemas que enfrentamos y, en el terreno de la realidad, añadirá nuevos problemas que llevarán a una siguiente vuelta de tuerca en la escalada conflictiva.

Superar las líneas divisorias sin perder las referencias, creando dinámicas inclusivas desde el marco local al europeo e internacional, puede parecer un camino largo e inseguro, pero es el único que vale la pena transitar. Tenemos la experiencia histórica de que las líneas divisivas impuestas acaban siempre por romperse de forma violenta.  

 

Anna Terrón Cusí es presidenta de Instrategies. Su artículo se enmarca en el seminario “Integración de musulmanes en Europa”, celebrado el pasado mes de noviembre en la sede de Casa Árabe en Madrid.

Hay 0 Comentarios

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal