Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Dáesh seguirá estando ahí

Por: Red de Casas

21 feb 2018

Jesús A. Núñez Villaverde

Salvo para quien prefiera engañarse a sí mismo con respecto a la amenaza que supone para nuestra seguridad el terrorismo yihadista, en general, y Dáesh, en particular, es necesario entender que:

- Por grave que sea su persistencia y por dolorosas que sean sus acciones violentas, el terrorismo yihadista no supone una amenaza existencial. Desde luego no lo es para las sociedades occidentales, tal como demuestra el hecho de que las tres cuartas partes del total de víctimas mortales registradas hasta finales de 2016 sean ciudadanos de identidad musulmana, con Pakistán, Afganistán, Irak, Siria, Libia, Nigeria y Somalia como puntos de referencia principales. Eso supone que existe un sobredimensionamiento del nivel de gravedad de la amenaza, que define equivocadamente al adversario- confundiendo interesadamente una creencia religiosa (islam) y una opción política (islamismo político) con una apuesta violenta (terrorismo yihadista)- y que, en consecuencia, establece también una respuesta inadecuada.

- El desmantelamiento a finales del pasado año del pseudocalifato proclamado por Abubaker al Bagdadi en junio de 2014 no supone, en ningún caso, la derrota definitiva de quien cabe entender como un “hijo rebelde” de Al Qaeda, con pretensiones de liderar el terrorismo global. Al igual que ocurrió previamente con intentos del mismo tipo- protagonizados por la propia Al Qaeda en Afganistán, por Boko Haram en Nigeria, Al Shabaab en Somalia o Muyao y Ansar Dine en el Azawad maliense-, esa delirante entidad ha sido eliminada por la fuerza. Con ello se demuestra que, por mucho que se esfuercen por presentarse como Estados funcionales y como actores armados capaces, ni Dáesh ni ninguna otra organización yihadista puede resistir el impacto sostenido de una maquinaria de guerra como las que Washington o París, con el auxilio de socios locales, pueden activar.

- Si algo podemos tener claro tras la acumulación de intervenciones militares y del enfoque securitario que prima en las relaciones occidentales con los países árabes y musulmanes es que no hay solución militar para eliminar la amenaza terrorista. Eso no significa que no sea necesario emplear medios policiales, de inteligencia y militares para hacerle frente, sino que por sí mismos no bastan para atajar una amenaza que, por definición, es multilateral y multidimensional. Desgraciadamente lo que hasta ahora se observa principalmente es una respuesta cortoplacista y militarista- que solo puede, en el mejor de los casos, ganar algo de tiempo hasta que el problema vuelva a manifestarse con la misma o mayor crudeza-, que solo atiende a los síntomas más visibles del problema. De igual modo, siguen sin plasmarse en hechos los tan reiterados como vacíos llamamientos a la cooperación internacional tras cada nuevo atentado sufrido en nuestros países.

- Parece llegado el tiempo de entender que para, al menos, reducir sustancialmente el nivel de riesgo al que nos enfrentamos, es imperioso ir más allá, atendiendo a las causas estructurales que explican la brutal fuerza de la ideología yihadista. Eso implica la necesidad de adoptar un enfoque multilateral y de aliento sostenido que ponga en juego instrumentos sociales, políticos y económicos que permitan atender a las causas estructurales que sirven de caldo de cultivo para la radicalización violenta. Igualmente, obliga a modificar simultáneamente el marco de referencia de nuestras políticas exteriores e interiores.

- En el exterior, se trata, por ejemplo, de ser más coherentes entre los valores y principios que decimos defender y la política real que llevamos a cabo (incluyendo el jugar con un fuego que en no pocas ocasiones termina por quemarnos, así como la venta de armas y el apoyo a gobernantes crecientemente deslegitimados a los ojos de sus propias poblaciones). Existe un notable sentimiento antioccidental en el mundo árabo-musulmán, alimentado por décadas de opciones incorrectas, y solo atendiendo al desarrollo y la seguridad del conjunto de la población de nuestros vecinos del sur y este del Mediterráneo, podremos modificar una imagen que sirve de motor de reclutamiento para los yihadistas.

- Del mismo modo, en el ámbito interno, solo apostando por medidas educativas, sociales, políticas y económicas- basadas sin resquicios en la idea de “igualdad de derechos y deberes para todos los que comparten el mismo territorio”- será posible reducir la fuerza del discurso radical que lleva a algunos a apuntarse al delirio yihadista. A las mezquitas y las cárceles se ha añadido el ciberespacio como un potente motor de radicalización y violencia y eso aumenta el enorme desafío ante el que se encuentran no solo nuestros servicios policiales, de seguridad y de inteligencia, sino todos nosotros.

 

Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (ECAH). Su artículo se enmarca en la presentación de su libro “Daesh. El porvenir de la amenaza yihadista” celebrada en la sede de Casa Árabe en Madrid el 5 de febrero de 2018.

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Sobre el blog

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