Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Esther: el abismo de la duda

Por: Red de Casas

28 feb 2018

Encarnación Fernández Gómez

 

Para la filosofía griega la esperanza es sólo furia, dirá Simone Weil. Pero es en la Biblia donde, por primera vez, las víctimas no son culpables, sino inocentes, y no hay excusa para los verdugos que tratan de levantar, ellos mismos, la justificación de su asesinato sobre la culpabilidad de la víctima, tal como advierte José Jiménez Lozano.

En el Antiguo Testamento, la historia de Esther –la joven huérfana judía que llegó a convertirse en reina de Persia– acontece en Susa, capital del imperio del rey Asuero (485–465 a.C). Dios usa lo débil para confundir a lo fuerte y, en el libro de Esther, la heroína será llamada a salvar a su pueblo del exterminio: el gran canciller persa, Hamán, odia a los judíos y ha logrado que el rey firme un edicto para aniquilarlos. Esther persuade al rey para que retire este edicto y emita otro mediante el cual los enemigos de los judíos puedan ser destruidos. El Pur, la suerte echada sobre los judíos por Hamán, se vuelve contra sus verdugos como Purim (plural de Pur).

Pero, ¿cómo puede una sóla mujer enfrentarse al poder político tiránico de Hamán? En el palacio del rey Asuero, la reina Esther se debate ante la contradicción de tener que elegir entre el amor que siente por su esposo, una felicidad personal largamente buscada, y la necesidad de cumplir con su destino: el de salvar a su pueblo de la extinción intercediendo ante el rey, aún a riesgo de perder su propia vida, pues el rey no sabe que ella es judía.

ESTHER: «Todavía hoy no he sido capaz de confiar al rey mis problemas. A este secreto está encadenada mi lengua hasta el punto de que ya no sé quién soy. Esther, no olvides tu nombre.

El Hamán sanguinario nos acuchilla y el rey mal aconsejado firmó el decreto. El bárbaro ministro ha dictado esta orden terrible en contra de mi pueblo y con sus asesinatos pretende llenar el universo. ¿Por qué culpa a los judíos su envenenado odio obligándoles a doblar sus rodillas? ¿Por qué un pueblo destruye a otro sin razón y de repente, y por qué hay esclavos, y las mujeres mueren por violencia o desprecio?».

Cabría preguntarse por el misterio que encierra la figura femenina bíblica de Esther, su nombre, su historia y su Libro: un significado oculto que ha pervivido en el imaginario colectivo durante veintiséis siglos. ¿Dónde reside su misterio? ¿Qué hay en ella de cercano y a la vez de indescifrable? ¿Por qué su identidad se expande hacia lo inefable?

Esther representa a una mujer que simboliza la inteligencia, la pureza, la belleza, la seducción y la humildad. Pero todas estas cualidades se configuran a su vez como simbología que transciende al personaje: la valentía transgresora de una heroína llamada a luchar contra el mal, y que logra salvar a su pueblo a través del ocultamiento y la simulación de su propio ser. Su nombre mismo remite al signo del ocultamiento, lo misterioso, lo secreto.

La figura de Esther representa el símbolo de la intermediación entre lo humano y lo divino. Todo en Esther alude a lo inefable y lo profético, de la misma manera que Yahvé permanece velado en su interior. Dios castiga siempre a aquellos que se le aproximan demasiado. A los injustos cuya soberbia les hace querer ser dioses. La heroína está destinada a ser instrumento profético, pero Esther se debate en el abismo de la duda: un largo y doloroso camino espiritual del que regresará para cumplir con su destino.

ESTHER: «Por mi propia vida imploraré, y por la de la pobre gente que se ha condenado conmigo. Yo soy judía. También lo era mi padre. El dueño absoluto de la tierra y de los cielos escucha los suspiros de los humildes ultrajados, ¿qué significa esta masacre? Ebrios de sangre nuestros enemigos matan niños, ancianos, hermanas, hermanos, a madres con sus hijas, para después escupir sobre nuestras lágrimas: quieren aniquilar a nuestro pueblo. Hablaré al rey, y si he de perecer, pereceré».

 

Encarna Fernández, es doctora en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Complutense, directora teatral y dramaturga. Su artículo se enmarca en la representación de “Esther: el abismo de la duda”, monólogo teatral que tendrá lugar en la sede del Centro Sefarad-Israel en Madrid el 15 de marzo de 2018.

 

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