Red de Casas del Ministerio de Exteriores

La música de Guinea Ecuatorial reaparece en los grandes festivales españoles

Por: Red de Casas

21 mar 2018

Pablo Infante Amate


Cuando las Hijas del Sol entraron de lleno en las listas de éxitos hace unas dos décadas, buena parte del mundo europeo se encontró por primera vez con las tradiciones musicales de lo que fue la única colonia española en África subsahariana: Guinea Ecuatorial.

Las Hijas del Sol (Paloma y Piruchi) no fueron las primeras artistas ecuatoguineanas en pisar España, pero lo hicieron, de la mano de la discográfica Nubenegra, con más impacto y trascendencia que el resto de grupos del mismo país. Tras un primer disco (Sibèba, 1995) claramente arraigado en la tradición de la etnia bubi (desde el idioma a la técnica vocal, pasando por los giros melódicos y las armonías), el dúo se metió de lleno en la emergente escena de “músicas étnicas” (world music en el mundo anglosajón), atrayendo la atención del público y de la prensa especializada en varios países europeos. Los dos siguientes álbumes (Kottó, 1997, y Kchaba, 1999), fruto de una extraordinaria fusión de la tradición musical ecuatoguineana con sonidos y ritmos de géneros tan variados como el reggae, el funk, el afrobeat y el highlife, deben ser considerados como unos de los más importantes trabajos nunca realizados por un grupo ecuatoguineano. Con Pasaporte Mundial (2001) alcanzaron la cima de su carrera, pero el grupo no tardaría mucho en disolverse y en caer en el olvido, dejando un hueco que ningún otro artista de su país ha podido cubrir.

Este panorama, sin embargo, podría cambiar con la próxima llegada a nuestras fronteras de Nélida Karr y Alex Ikot Band, sendos ganadores del Festival Vis a Vis 2018. Organizado por Casa África en el marco de la diplomacia y la cooperación cultural, Vis a Vis pretende ser un encuentro profesional entre productores y promotores musicales españoles y artistas africanos. Cada año celebrado en un país africano diferente, la IX edición del festival ha recaído en Guinea Ecuatorial, el microestado centroafricano de habla hispana que frecuentemente hace aparición en la prensa española por sus peculiaridades económico-políticas pero raras veces por su producción cultural. 

A principios de marzo, el equipo de Casa África, con una docena de directores de festivales, aterrizó en Guinea para evaluar el potencial de los artistas guineanos en vivo y en directo. Doce candidatos habían sido previamente seleccionados de entre más de 50 solicitudes (un número llamativamente alto, según los organizadores), y dos fueron finalmente los ganadores, cuyo premio será realizar una gira veraniega por los más importantes festivales españoles de músicas del mundo. Este año participaron Pirineos Sur (Huesca), La Mar de Músicas (Cartagena), Etnosur (Alcalá La Real, Jaén), Festival Internacional Heineken Jazz&Más de Canarias, Festival Mumes y Cantos de Mujer(Tenerife), Imagina Funk (Torres, Jaén), el Sin Sal Son Estrella Galicia, la productora The Project (Barcelona) y la Diputación de Jaén, en un evento producido por Dr.Zhivago y que además contó con la asistencia de un representante de la SGAE.

Los seleccionados, Alex Ikot Band y Nélida Karr, representan la veteranía y la fresca innovación, respectivamente. Alex Ikot, batería de reconocido prestigio a nivel internacional, dejó su país en los duros años 1970, durante el régimen de Macías. Tras pasar por numerosos países africanos, Alex se instaló en España y formó parte de algunas de las primeras bandas de música africana del país, como La Banda Negra o Afro-Brass. Tras su vuelta a Guinea hace unos años, se ha constituido en un maestro y mentor de muchos músicos jóvenes guineanos, no solo bateristas, y ha formado una de las bandas más potentes del panorama nacional. Nélida Karr, por su parte, es una de las grandes promesas musicales de Guinea Ecuatorial. Sorprendió al jurado por su espectacular versatilidad vocal e instrumental y por su innovadora fusión de rítmicas e instrumentos tradicionales del país, y tiene el potencial para encontrar su hueco en el mercado internacional de músicas del mundo.

El festival Vis a Vis supone un soplo de aire fresco para un país que ha prestado poca atención a su propio desarrollo cultural. Tras el descubrimiento de grandes reservas de hidrocarburos hace un cuarto de siglo, Guinea pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a ocupar los primeros puestos por renta per cápita en África. Los cambios acaecidos tras el boom petrolero (recurso que genera más del 90% de los ingresos totales del país) son visibles a nivel social, medioambiental y urbanístico. Sin embargo, con buena parte de la atención y de la inversión puesta en el desarrollo infraestructural, poco ha sido el trabajo para crear un marco institucional y legislativo que incentive la creación artística. Músicos y otros miembros de la cultura piden a gritos la creación de una escuela de arte y la redacción e implementación de leyes de propiedad intelectual que protejan sus obras. De forma similar, la inversión privada en el mundo cultural resulta llamativamente baja: en ausencia de una estructura económico-musical fuerte, las pocas oportunidades para generar ingresos que muchos músicos tienen pasan por los centros culturales gestionados por las embajadas de Francia y España o por los eventos celebrados por las élites económicas del país, ninguno de los cuales es suficiente para dar salida a toda la producción musical ni para generar una cierta profesionalización del sector.

Hoy en día, con el país inmerso en una profunda crisis derivada de la caída en picado de precios globales del petróleo, muchos artistas esperan ansiosos la oportunidad de poder dar el salto internacional. Y es que la presencia de la música guineana en países extranjeros, europeos o africanos, ha sido y es muy reducida, a pesar de que, por su posición geográfica (en mitad del Golfo de Guinea, rodeada de gigantes), la música urbana ecuatoguineana ha estado muy influenciada por la producida en países vecinos: la rumba congolesa en los años 1960 y 1970, el makossa y el bikutsí camerunés desde mediados de los 1980, el coupé-décalé costamarfileño entrado el siglo XXI y el afrobeats nigeriano actualmente.

Así y todo, los artistas ecuatoguineanos siguen luchando y el futuro de muchos resulta prometedor, más allá de los ganadores del Vis a Vis. Vanilla Karr, hermana pequeña de Nélida Karr, está haciéndose un hueco en la escena afro-pop de África occidental aprovechando las posibilidades que ofrecen los nuevos medios digitales y las redes sociales. La artista, de gran carisma, está proyectando una imagen rompedora y abriendo nuevas audiencias en países como Togo o Ghana. El rapero Negro Bey también viene pisando fuerte. Tras la publicación de su libro Cultura Urbana (una introducción a la historia del hip hop en Guinea) hace apenas unas semanas, prepara la salida de su próximo álbum, El Trovador, donde profundiza en su ya conocida tendencia a fusionar el rap en español con la rítmica y los instrumentos tradicionales de su etnia natal fang.

Pero si un grupo ha dominado las calles y los medios guineanos en los últimos dos años, ése es Ela Nguema Ganster. Compuesto por miembros del popular barrio malabeño de Ela Nguema, el grupo es responsable de la creación del temblete, un género de música electrónica que combina elementos vocales del hip hop y el reggae, un fuerte y característico componente de baile y la mezcla de hasta cuatro idiomas en una sola estrofa. Desde su popularización gracias a su rápida difusión a través de smartphones (vía WhatsApp y bluetooth), docenas de grupos de jóvenes en Malabo y Bata se han sumado a la tendencia, haciendo el género omnipresente en bares, taxis, supermercados y fiestas privadas.

La presencia de Alex Ikot y Nélida Karr en los escenarios españoles el próximo verano volverá a poner el foco en Guinea Ecuatorial. El evento debería servir para renovar el interés por las tradiciones musicales de esta antigua colonia española y para dar esperanzas a aquellos artistas guineanos que continúan trabajando a pesar de las dificultades y la escasez de oportunidades en su país.

 

Pablo Infante Amate es estudiante de doctorado en Musicología por la Universidad de Oxford. Actualmente se encuentra en Guinea Ecuatorial realizando el trabajo de campo para su tesis doctoral, donde investiga las transformaciones en prácticas de producción, circulación y consumo musical generadas tras el boom petrolero y la introducción de tecnologías digitales. Su artículo se enmarca en el proyecto de cooperación cultural de Casa África, Guinea Ecuatorial Vis a Vis, que se celebró en Malabo los pasados 1, 2 y 3 de marzo y que llevará a dos grupos ecuatoguineanos, de los que habla el artículo, a tocar por una docena de festivales españoles este verano.

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