Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

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abril 2018

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Roger Grasas

               

        Amanece en Riyadh, la capital del Reino de Arabia Saudí, y los cantos del almuecín desde las torres de las mezquitas llamando a la oración se entremezclan con   los ruidos de las grúas de construcción que levantan rascacielos sin cesar mientras cientos de coches lujosos atrapados en el tráfico hacen sonar sus bocinas. Amer, el propietario de un restaurante sirio situado en la avenida Olaya, una de las arterias principales de la ciudad, me explica que cuando llegó a Riyadh en los años ochenta del siglo pasado no había ni semáforos y que la ciudad ha cambiado tanto que es apenas reconocible. Efectivamente, Riyadh es un ejemplo de transformación urbanística acelerada y radical como tantas otras en la región del Golfo de Arabia (Dubai, Doha, Abu Dhabi, etc.).  

        

        Pero esta transformación tiene su origen casi un siglo atrás, en la década de los años 1930, cuando se descubrieron los primeros pozos petrolíferos en la región.  A excepción de algunas ciudades históricas como Meca, Medina, Jedah o Muscat, en aquella época la Península Arábiga no era más que un vastísimo desierto de arena salpicado por algunas pequeñas ciudades-oasis o algunos pueblos de pescadores o recolectores de perlas. Primero llegó el petróleo, y con él, los gobernantes de los recién instaurados reinos y emiratos del Golfo fueron amasando poco a poco una ingente cantidad de divisas que trajeron a su vez la tecnología, la modernidad, el urbanismo y en algunos casos por qué no, la excentricidad.

               

        El proyecto fotográfico 'Min Turab',  que realicé entre los años 2009 y 2017, pretende documentar a través del paisaje urbano e interurbano de la región del Golfo Pérsico toda esta mutación del territorio, entendido éste como espacio primario del paisaje y como reflejo también de los cambios culturales y sociales que han experimentado unos  países que,  gracias -o por culpa- de la entrada masiva de ingresos provenientes de los recursos naturales extraídos del subsuelo  (petróleo y gas natural) han pasado del pasado al futuro casi sin saborear el presente.  En dicho trabajo he recorrido cerca de diez mil kilómetros a lo largo de las ciudades y paisajes de Arabia Saudí, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán.

 

        'Min Turab', que en árabe significa literalmente de la tierra, hace referencia al propio petróleo, este 'oro negro' que la madre naturaleza ha ido formando por sí sola en el transcurso de millones y millones de años y que el ser humano - gracias a la tecnología y a cierta obsesión por el progreso- ha sido capaz de extraer de la tierra para gracias a él transformar en tiempo récord lo que está por encima de la superficie del suelo, esto es, el paisaje. En definitiva, la paradoja aquí subyacente es que aquello que tarda millones de años en formarse bajo tierra, una vez el ser humano lo extrae fuera de la superficie es capaz de modificar aceleradamente el aspecto del paisaje exterior.

 

        Cuando inicié el proyecto tenía claro que quería dirigir el objetivo de mi cámara hacia la huella de lo humano en el paisaje más que hacia lo humano directamente. Este pequeño 'quiebro' conceptual me permitiría reflexionar con mayor sutileza sobre la mutación que han experimentado las monarquías petroleras del Golfo, pasando de la austera cultura nómada de los beduinos del desierto a una sociedad sedentaria, globalizada, urbana, post-capitalista y tremendamente materialista del presente. Con ello se ponen de relieve también ciertas contradicciones o paradojas como por ejemplo la difícil connivencia entre tradición y modernidad en unas sociedades especialmente conservadoras, como la de Arabia Saudí, donde la imperante doctrina islámica del wahabismo -la cual sigue una interpretación muy estricta de la ley del Corán - se ve obligada a coexistir actualmente con nuevas costumbres, con la influencia imparable de las nuevas tecnologías y cómo no, con una globalización ya incuestionable.

 

        En dos o tres generaciones la población de esta región ha experimentado el paso del camello (como animal alrededor del cual giraba buena parte de la vida doméstica del beduino) al automóvil. Pero también se ha pasado de la jaima (tienda) del desierto al rascacielos de las nuevas urbes, o de la palmera (otro elemento básico en la subsistencia de la economía ancestral de los beduinos) a la antena de telecomunicaciones. Estos contrastes se perciben en las imágenes donde la tecnología se camufla hábilmente en la naturaleza generando inquietud y sumergiendo muchas veces al espectador en múltiples interpretaciones. A veces a través de la ironía, intento fijar la atención en el concepto del 'simulacro' que encontramos en los muros decorados de las ciudades o en interiores que desprenden una sofisticación impregnada de cierto gusto por el hiperrealismo. Una estética siempre bañada de escenificación y artificio que nos habla de una sociedad que, al igual que sus paisajes, está en proceso de mutación.

             

        'Min Turab' nos ofrece una visión poética pero a la vez documental de unos espacios exteriores que nos remiten a la idea de lo extraño e ilusorio y donde la figura humana casi se diluye en la luz cegadora del desierto otorgando el protagonismo a la calle, al automóvil, al rascacielos o a la carretera, todos ellos monumentos de la postmodernidad. En definitiva, nos encontremos en una remota aldea oasis del impenetrable desierto saudí o en el downtown futurista y lujoso del Dubái cosmopolita (experimento urbano y sociológico donde los haya), ya nada escapa a la paradoja del tiempo y de su aceleración en la 'Arabia' contemporánea. El tiempo corre veloz y la historia nos pisa los talones.

 

Roger Grasas es fotógrafo. Sus trabajos, siempre vinculados con el paisaje y con el viaje entendido como experiencia estética en sí misma, se han expuesto en galerías y centros de arte de España, Francia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra, los Emiratos Árabes Unidos y México. En 2017 el proyecto 'Min Turab', después de ser laureado en diversos certámenes fotográficos, fue publicado por la prestigiosa editorial RM. Su artículo tiene lugar con motivo de la exposición "Min Turab. Paisaje contemporáneo en la región del Golfo", que puede verse hasta el 13 de abril en la sede de Casa Árabe en Córdoba.


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David Redoli Morchón


El 19 de agosto de 1960, Ernesto “Che” Guevara pronunció en La Habana un famoso discurso (ante un grupo de médicos de la Confederación de Trabajadores Cubanos). Su intervención, parafraseando al poeta José Martí y refiriéndose a los ciudadanos latinoamericanos, terminó así: “La mejor manera de decir es hacer”. 

Pues bien, está claro que, 58 años después, los ciudadanos costarricenses están diciendo muchas cosas nuevas, teniendo en cuenta lo que están haciendo en estas elecciones presidenciales. Tres hechos así lo demuestran.

Primero, los votantes enterraron su tradicional sistema de partidos, uno de los más antiguos de América Latina: por primera vez en la historia de este país, ni el Partido de Liberación Nacional (PLN) ni el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), que hasta hace apenas un par de décadas concentraban el 90% de los votos, fueron respaldados el pasado mes de febrero por los votantes para alcanzar el umbral del 40% de los votos. La abstención llegó al 33.8% a nivel nacional.

Segundo, de manera sorprendente, un partido cristiano con un líder evangélico se erigió como la primera fuerza política del país. Y lo hizo dando la vuelta a las encuestas. Fabricio Alvarado Muñoz, diputado, periodista, cantante y clérigo protestante, pasó del quinto lugar (que le atribuían los sondeos de opinión a finales de 2017) al primer lugar en los resultados de la primera vuelta, al frente del Partido Restauración Nacional (PRN). Por su parte, el ex ministro y politólogo Carlos Alvarado Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC), pasó del cuarto puesto que le asignaban las encuestas  el año pasado a ser segundo en las urnas. Un dato: apenas hubo 66.000 votos de diferencia entre ambos candidatos. Los 11 partidos restantes que concurrían en estos comicios quedaron fuera de la segunda ronda electoral.

Y, tercero, pase lo que pase, el presidente que salga electo el próximo 1 de abril manejará un parlamento fragmentado y tendrá grandes dificultades para articular consensos, enfrentando una compleja y delicada gobernabilidad. 

El corolario es bastante claro: Costa Rica está dejando de ser la gran excepción en América Latina. Aunque la confianza de los costarricenses en la democracia (62%) siga estando por encima de la media regional (53%), según datos del Latinobarómetro de 2017, el país está experimentando procesos y dinámicas similares a los de sus vecinos: elevada fragmentación y volatilidad del voto, desencanto social creciente, desafección hacia una clase política percibida como corrupta, poco confiable y poco eficiente, y aparición de alternativas populistas (discurso antipolítico), todo ello combinado con la irrupción de las iglesias protestantes como potentes actores políticos.

Hoy por hoy, el escenario es el de un empate técnico. De cómo ambos candidatos planteen la recta final de la campaña dependerá, en gran medida, el resultado final.

Anticipo algunos elementos de estrategia electoral que ya estamos viendo y que, en mi opinión, se percibirán durante estos días.

Por un lado, los asesores de ambos líderes probablemente trabajarán para minimizar (unos) y para maximizar (otros) el varapalo que el pasado 5 de marzo el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica dio tanto a la Iglesia católica como a las iglesias evangélicas del país, criticando a ambas por la emisión de un comunicado conjunto publicado el 18 de enero (con motivo de la Marcha por la Vida y la Jornada de Oración), mezclando argumentos políticos y religiosos en lo que los magistrados consideraron una amenaza para el libre ejercicio del sufragio.

Tanto la Conferencia Episcopal como la Federación Alianza Evangélica Costarricense harán lo posible por resucitar el contexto de alta polarización ideológica que propició en enero la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuando ordenó a Costa Rica que reconociera y garantizara el matrimonio homosexual, así como el derecho a cambiar de nombre a las personas transexuales. Ese alto volumen emocional les interesa a ambas iglesias, así como al Partido Restauración Nacional.

Por otro lado, Carlos Alvarado acentuará en su campaña la defensa de las libertades y de los derechos humanos. Y Fabricio Alvarado reforzará su discurso ultra conservador, ultra religioso y ultra populista. Fabricio Alvarado se empleará a fondo en el mundo rural. Y Carlos Alvarado (PAC) se concentrará en recabar el apoyo en las ciudades. Sus discursos políticos ahondarán en las enormes diferencias que caracterizan a cada uno de ellos. Porque, si cuentan con asesores profesionales en materia de comunicación política, sabrán que quienes mantienen discurso y posición en la contienda, suelen ser  recompensados por sus potenciales electorados.

Ambos buscarán campos de batalla distintos. Por eso el Alvarado conservador (Fabricio) intentará evitar los debates cara a cara con el Alvarado progresista (Carlos). Porque sus equipos saben que las campañas son como las carreras de Indianápolis: hay que aguantar las 500 millas, pero las vueltas decisivas son las 5 últimas (donde los aciertos suman mucho y los errores se pagan caros). El aspirante querrá arriesgar. El ubicado en primera posición querrá resguardarse y protegerse.

El próximo 1 de abril, Domingo de Resurrección, Costa Rica tendrá como presidente a Fabricio Alvarado, seguidor del apóstol Rony Chaves, fundador del Ministerio Avance Misionero Mundial y apóstol del Centro Mundial de Adoración. O tendrá por presidente a Carlos Alvarado, un exministro de Trabajo y Seguridad Social, ex vocalista de las bandas de rock progresivo Por Partes y Dramática, y novelista de cierto prestigio. Los costarricenses nos dirán qué Alvarado prefieren que rija sus destinos hasta 2022. Porque, como bien recordó el Che hace décadas, “la mejor manera de decir es hacer”.

 

David Redoli Morchón es sociólogo y miembro del Consejo Directivo de la Asociación de Comunicación Política (ACOP). Su artículo se enmarca en la mesa redonda Elecciones en Costa Rica. Segunda vuelta celebrada el 21 de marzo en Casa de América.


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Pablo Infante Amate


Cuando las Hijas del Sol entraron de lleno en las listas de éxitos hace unas dos décadas, buena parte del mundo europeo se encontró por primera vez con las tradiciones musicales de lo que fue la única colonia española en África subsahariana: Guinea Ecuatorial.

Las Hijas del Sol (Paloma y Piruchi) no fueron las primeras artistas ecuatoguineanas en pisar España, pero lo hicieron, de la mano de la discográfica Nubenegra, con más impacto y trascendencia que el resto de grupos del mismo país. Tras un primer disco (Sibèba, 1995) claramente arraigado en la tradición de la etnia bubi (desde el idioma a la técnica vocal, pasando por los giros melódicos y las armonías), el dúo se metió de lleno en la emergente escena de “músicas étnicas” (world music en el mundo anglosajón), atrayendo la atención del público y de la prensa especializada en varios países europeos. Los dos siguientes álbumes (Kottó, 1997, y Kchaba, 1999), fruto de una extraordinaria fusión de la tradición musical ecuatoguineana con sonidos y ritmos de géneros tan variados como el reggae, el funk, el afrobeat y el highlife, deben ser considerados como unos de los más importantes trabajos nunca realizados por un grupo ecuatoguineano. Con Pasaporte Mundial (2001) alcanzaron la cima de su carrera, pero el grupo no tardaría mucho en disolverse y en caer en el olvido, dejando un hueco que ningún otro artista de su país ha podido cubrir.

Este panorama, sin embargo, podría cambiar con la próxima llegada a nuestras fronteras de Nélida Karr y Alex Ikot Band, sendos ganadores del Festival Vis a Vis 2018. Organizado por Casa África en el marco de la diplomacia y la cooperación cultural, Vis a Vis pretende ser un encuentro profesional entre productores y promotores musicales españoles y artistas africanos. Cada año celebrado en un país africano diferente, la IX edición del festival ha recaído en Guinea Ecuatorial, el microestado centroafricano de habla hispana que frecuentemente hace aparición en la prensa española por sus peculiaridades económico-políticas pero raras veces por su producción cultural. 

A principios de marzo, el equipo de Casa África, con una docena de directores de festivales, aterrizó en Guinea para evaluar el potencial de los artistas guineanos en vivo y en directo. Doce candidatos habían sido previamente seleccionados de entre más de 50 solicitudes (un número llamativamente alto, según los organizadores), y dos fueron finalmente los ganadores, cuyo premio será realizar una gira veraniega por los más importantes festivales españoles de músicas del mundo. Este año participaron Pirineos Sur (Huesca), La Mar de Músicas (Cartagena), Etnosur (Alcalá La Real, Jaén), Festival Internacional Heineken Jazz&Más de Canarias, Festival Mumes y Cantos de Mujer(Tenerife), Imagina Funk (Torres, Jaén), el Sin Sal Son Estrella Galicia, la productora The Project (Barcelona) y la Diputación de Jaén, en un evento producido por Dr.Zhivago y que además contó con la asistencia de un representante de la SGAE.

Los seleccionados, Alex Ikot Band y Nélida Karr, representan la veteranía y la fresca innovación, respectivamente. Alex Ikot, batería de reconocido prestigio a nivel internacional, dejó su país en los duros años 1970, durante el régimen de Macías. Tras pasar por numerosos países africanos, Alex se instaló en España y formó parte de algunas de las primeras bandas de música africana del país, como La Banda Negra o Afro-Brass. Tras su vuelta a Guinea hace unos años, se ha constituido en un maestro y mentor de muchos músicos jóvenes guineanos, no solo bateristas, y ha formado una de las bandas más potentes del panorama nacional. Nélida Karr, por su parte, es una de las grandes promesas musicales de Guinea Ecuatorial. Sorprendió al jurado por su espectacular versatilidad vocal e instrumental y por su innovadora fusión de rítmicas e instrumentos tradicionales del país, y tiene el potencial para encontrar su hueco en el mercado internacional de músicas del mundo.

El festival Vis a Vis supone un soplo de aire fresco para un país que ha prestado poca atención a su propio desarrollo cultural. Tras el descubrimiento de grandes reservas de hidrocarburos hace un cuarto de siglo, Guinea pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a ocupar los primeros puestos por renta per cápita en África. Los cambios acaecidos tras el boom petrolero (recurso que genera más del 90% de los ingresos totales del país) son visibles a nivel social, medioambiental y urbanístico. Sin embargo, con buena parte de la atención y de la inversión puesta en el desarrollo infraestructural, poco ha sido el trabajo para crear un marco institucional y legislativo que incentive la creación artística. Músicos y otros miembros de la cultura piden a gritos la creación de una escuela de arte y la redacción e implementación de leyes de propiedad intelectual que protejan sus obras. De forma similar, la inversión privada en el mundo cultural resulta llamativamente baja: en ausencia de una estructura económico-musical fuerte, las pocas oportunidades para generar ingresos que muchos músicos tienen pasan por los centros culturales gestionados por las embajadas de Francia y España o por los eventos celebrados por las élites económicas del país, ninguno de los cuales es suficiente para dar salida a toda la producción musical ni para generar una cierta profesionalización del sector.

Hoy en día, con el país inmerso en una profunda crisis derivada de la caída en picado de precios globales del petróleo, muchos artistas esperan ansiosos la oportunidad de poder dar el salto internacional. Y es que la presencia de la música guineana en países extranjeros, europeos o africanos, ha sido y es muy reducida, a pesar de que, por su posición geográfica (en mitad del Golfo de Guinea, rodeada de gigantes), la música urbana ecuatoguineana ha estado muy influenciada por la producida en países vecinos: la rumba congolesa en los años 1960 y 1970, el makossa y el bikutsí camerunés desde mediados de los 1980, el coupé-décalé costamarfileño entrado el siglo XXI y el afrobeats nigeriano actualmente.

Así y todo, los artistas ecuatoguineanos siguen luchando y el futuro de muchos resulta prometedor, más allá de los ganadores del Vis a Vis. Vanilla Karr, hermana pequeña de Nélida Karr, está haciéndose un hueco en la escena afro-pop de África occidental aprovechando las posibilidades que ofrecen los nuevos medios digitales y las redes sociales. La artista, de gran carisma, está proyectando una imagen rompedora y abriendo nuevas audiencias en países como Togo o Ghana. El rapero Negro Bey también viene pisando fuerte. Tras la publicación de su libro Cultura Urbana (una introducción a la historia del hip hop en Guinea) hace apenas unas semanas, prepara la salida de su próximo álbum, El Trovador, donde profundiza en su ya conocida tendencia a fusionar el rap en español con la rítmica y los instrumentos tradicionales de su etnia natal fang.

Pero si un grupo ha dominado las calles y los medios guineanos en los últimos dos años, ése es Ela Nguema Ganster. Compuesto por miembros del popular barrio malabeño de Ela Nguema, el grupo es responsable de la creación del temblete, un género de música electrónica que combina elementos vocales del hip hop y el reggae, un fuerte y característico componente de baile y la mezcla de hasta cuatro idiomas en una sola estrofa. Desde su popularización gracias a su rápida difusión a través de smartphones (vía WhatsApp y bluetooth), docenas de grupos de jóvenes en Malabo y Bata se han sumado a la tendencia, haciendo el género omnipresente en bares, taxis, supermercados y fiestas privadas.

La presencia de Alex Ikot y Nélida Karr en los escenarios españoles el próximo verano volverá a poner el foco en Guinea Ecuatorial. El evento debería servir para renovar el interés por las tradiciones musicales de esta antigua colonia española y para dar esperanzas a aquellos artistas guineanos que continúan trabajando a pesar de las dificultades y la escasez de oportunidades en su país.

 

Pablo Infante Amate es estudiante de doctorado en Musicología por la Universidad de Oxford. Actualmente se encuentra en Guinea Ecuatorial realizando el trabajo de campo para su tesis doctoral, donde investiga las transformaciones en prácticas de producción, circulación y consumo musical generadas tras el boom petrolero y la introducción de tecnologías digitales. Su artículo se enmarca en el proyecto de cooperación cultural de Casa África, Guinea Ecuatorial Vis a Vis, que se celebró en Malabo los pasados 1, 2 y 3 de marzo y que llevará a dos grupos ecuatoguineanos, de los que habla el artículo, a tocar por una docena de festivales españoles este verano.

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África a diferentes velocidades

Por: Red de Casas

14 mar 2018

Antoni Castel

 

Poco a poco, el Índice de Gobernanza Africana Mo Ibrahim, que lleva el nombre del empresario de origen sudanés que lo promueve desde el año 2007, ha ido ganando credibilidad, y se ha granjeado el respeto tanto del mundo académico como de las organizaciones de desarrollo por su metodología, rigor e independencia. El Índice 2017, presentado a finales del año pasado, nos permite ver la radiografía de un continente diverso geográfica y culturalmente, con 54 países que caminan a diferentes velocidades en la manera de gestionar los asuntos que les atañen.

La gobernanza es un valor en alza en África. De un año para otro, han mejorado cuarenta países, entre los que sobresalen Kenia, Marruecos, Costa de Marfil y Namibia. Algunos, es cierto, retroceden, como es el caso de Mali, Libia y Madagascar. En la clasificación destacan tres estados insulares entre los cuatro primeros: Mauricio, Seychelles y Cabo Verde. En el tercer lugar, Botsuana, y en el quinto, Namibia. En la cola, dos estados en guerra, Somalia y Sudán del Sur. Un puesto por delante, Eritrea, al que supera la República Democrática del Congo.

Por categorías, los progresos son notables en Participación y Derechos humanos, con siete países que consiguen más de 70 puntos sobre 100. Al frente, Cabo Verde (78), seguido de Mauricio (77,5), Namibia (75,5) y Suráfrica (74,7). Los peores: Somalia (14,6), Eritrea (17,9), Sudán del Sur (20,7) y Guinea Ecuatorial (22,8).  Si medimos los últimos 10 años, Túnez mejora en 28 puntos y Costa de Marfil en 13.

En la categoría de Seguridad y Estado de Derecho, el estancamiento. Han avanzado, entre otros, Senegal, Ruanda, Liberia, Comoros, Marruecos y Túnez, mientras que han empeorado Burundi, la República Centroafricana, Mozambique, Libia y Camerún.

En la categoría de Oportunidades Económicas Duraderas, pocos progresos, con un deterioro de la agricultura. No obstante, en los últimos diez años se han registrado avances significativos de Ruanda, Marruecos y Costa de Marfil. Por el contrario, Argelia, Madagascar y Suráfrica pierden puntos.

En Desarrollo Humano, también estancamiento, debido a la falta de inversiones en educación y en sanidad. Sin embargo, algunos países mejoran de forma espectacular, como Ruanda, Etiopía y Togo. En una categoría encabezada por Mauricio y Seychelles, Ruanda se coloca quinto. En la cola, nuevamente Somalia, acompañado de Sudán del Sur y República Centroafricana. Otro país en guerra, Libia, registra la mayor caída en los últimos diez años.

Un repaso a los datos del índice Gobernanza Africana Mo Ibrahim da pie a numerosas conclusiones. La primera, que los recursos naturales no garantizan prosperidad, sino lo contrario, como lo corrobora el propio Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas. La “maldición de los recursos naturales” no es un invento de los académicos, es una realidad que en África se manifiesta con crudeza en Nigeria, que ocupa el lugar 35 de los 54 del Índice Mo Ibrahim, situado por detrás de Suazilandia. Angola, peor, en el 45, y Guinea Ecuatorial, en el 46. Un país que rebosa minerales, la República Democrática del Congo, está todavía más atrás, en el puesto 48. Por el contrario, tres de los cuatro primeros lugares lo ocupan estados sin recursos naturales: Mauricio, Seychelles y Cabo Verde. En este texto breve, una segunda conclusión: a más participación, más bienestar. A pesar de sus carencias, que las tienen, los cinco primeros países garantizan la expresión de la pluralidad y la transparencia en la toma de decisiones.

 

Antoni Castel es doctor en Ciencias de la Comunicación y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), así como autor de publicaciones tales como Esfera pública africana, Imaginar África, Malas noticias de África y  Las redes sociales en África: instrumentos para la transformación y el cambio. Su artículo se enmarca en un curso en Partenariados Público-Privados para favorecer en la CEDEAO la buena gobernanza, dentro de un programa de formación de líderes africanos que tendrá lugar en la sede de Casa África en Las Palmas del 19 al 23 de marzo.

 

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Pedro Martínez Montávez

           

        A mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado, se produjo un importante movimiento de inflexión y cambio en el desarrollo del arabismo académico español, hasta entonces dedicado, casi en exclusividad y con indiscutible proyección y provecho, al estudio y la investigación de los temas relacionados con Al-Andalus, además del ejercicio de la docencia universitaria. Tal movimiento tuvo su origen en la atención que empezó a prestarse a la literatura árabe contemporánea, y yo lo he calificado de “etapa fundacional del nuevo arabismo español”. Conviene saber y valorar como corresponde que se trataba básicamente, por sus planteamiento y objetivos, de un intento muy claro de ampliación, de actualización y de innovación en ese marco de estudios, y no de rechazo, confrontación o ruptura con los mismos, que acumulaban muy larga y fecunda tradición.

            El camino principal de expresión y plasmación de ese planteamiento innovador fue en sus primeros años la traducción. La literatura en lengua árabe había iniciado un auténtico renacimiento hacía ya bastante tiempo, y a mediados del siglo XX empezaba a vivir precisamente una etapa muy significativa y brillante de renovación interna y de reformulación a fondo, tanto en formas como en géneros, propósitos e idearios.

            La labor traductora llevada a cabo a lo largo de pocos años fue en líneas generales, aparte de ilusionada e ilusionante, rigurosa y meritoria, bastante acertada en la selección de autores, títulos y tendencias. Baste recordar que, entre 1954 y 1958, se publicaron los primeros siete volúmenes monográficos sobre tal materia, que descubrían al lector en lengua española una literatura que era por entonces casi absolutamente desconocida en nuestros medios, y que se tenía además por inexistente desde hacía varios siglos. A tal labor le dio un primer impulso el maestro indiscutible del arabismo español de la época, don Emilio García Gómez (1905-1995). Y a ella se dedicaron, con especial afán y determinación, dos jóvenes licenciados arabistas: Leonor Martínez Martín (1930-2013) y Pedro Martínez Montávez (n. en 1933), quien sería además el autor de la versión del primer relato de Naguib Mahfuz traducido al español, en 1960.

            La labor constante y de dedicación preferente al estudio del mundo árabe contemporáneo, y de forma concreta a su producción literaria e intelectual, que desarrollaría este profesor a lo largo de las dos décadas siguientes, contribuiría decisivamente a la expansión y al afianzamiento definitivo en España de los estudios en torno a estas nuevas temáticas. Se empezó a contar además parcialmente con un apoyo de carácter institucional, del que hasta entonces se carecía, canalizado en buena parte a través del llamado por entonces Instituto Hispano-Árabe de Cultura, fundado oficialmente en 1954, y que pretendía ser otro exponente de la diplomacia cultural de la época.

            Las dos décadas siguientes fueron las de desarrollo y consolidación de la nueva área de conocimiento y estudios. Ello se produjo de forma bastante firme y coherente, aunque hubiera también que afrontar y superar no pocos obstáculos, dificultades y hasta tendenciosas incomprensiones sin fundamento. A la vez que se intensificó la labor traductora, empezó a abordarse también la necesaria tarea de estudio, crítica e investigación de la materia escrita y literaria. A ello se añadió la apertura a otros aspectos y hechos no atendidos hasta entonces, como los de carácter histórico, político y cultural, y hasta, incipientemente, social y económico. Especialistas procedentes de otros campos y disciplinas, como historiadores y politólogos, fueron incorporándose también a esta nueva área de estudios.

            Ejemplo especialmente significativo de tal desarrollo fue Almenara, “revista sobre el mundo árabo-islámico moderno”, y que fue la indiscutible pionera de este género de publicaciones académicas. Entre 1971 y 1977 aparecieron diez números de la revista, de vocación claramente independiente, lo que dificultó enormemente su financiación y provocó su desaparición definitiva.

            Asimismo, la creación del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, con licenciatura y doctorado propios, y la aplicación de un plan de estudios decididamente innovador, a partir del curso 1973-74, aportó una continuidad y una estructura académicas de las que se carecía hasta entonces. En algunas otras universidades españolas se llevaron a cabo propuestas y ensayos de índole parecida.

            Se entraba en otra fase de desarrollo. Las nuevas generaciones aportaban no solo el correspondiente ingrediente de frescura juvenil, sino también todo un amplio y renovador panorama de inquietudes, preferencias y dedicaciones. En plena transición, además, la sociedad española mostraba un interés creciente por el mundo árabe/islámico, inmerso en la ya muy larga y profunda crisis que lo atenaza a todos los niveles y órdenes desde hace un siglo.

 

Pedro Martínez Montávez es profesor emérito y ex –Rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Su artículo se enmarca en la celebración de la conferencia “Orígenes y primer desarrollo de los estudios sobre mundo árabo-islámico contemporáneo en España” que tendrá lugar en Casa Árabe en Madrid el próximo 15 de marzo.

 

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Esther: el abismo de la duda

Por: Red de Casas

28 feb 2018

Encarnación Fernández Gómez

 

Para la filosofía griega la esperanza es sólo furia, dirá Simone Weil. Pero es en la Biblia donde, por primera vez, las víctimas no son culpables, sino inocentes, y no hay excusa para los verdugos que tratan de levantar, ellos mismos, la justificación de su asesinato sobre la culpabilidad de la víctima, tal como advierte José Jiménez Lozano.

En el Antiguo Testamento, la historia de Esther –la joven huérfana judía que llegó a convertirse en reina de Persia– acontece en Susa, capital del imperio del rey Asuero (485–465 a.C). Dios usa lo débil para confundir a lo fuerte y, en el libro de Esther, la heroína será llamada a salvar a su pueblo del exterminio: el gran canciller persa, Hamán, odia a los judíos y ha logrado que el rey firme un edicto para aniquilarlos. Esther persuade al rey para que retire este edicto y emita otro mediante el cual los enemigos de los judíos puedan ser destruidos. El Pur, la suerte echada sobre los judíos por Hamán, se vuelve contra sus verdugos como Purim (plural de Pur).

Pero, ¿cómo puede una sóla mujer enfrentarse al poder político tiránico de Hamán? En el palacio del rey Asuero, la reina Esther se debate ante la contradicción de tener que elegir entre el amor que siente por su esposo, una felicidad personal largamente buscada, y la necesidad de cumplir con su destino: el de salvar a su pueblo de la extinción intercediendo ante el rey, aún a riesgo de perder su propia vida, pues el rey no sabe que ella es judía.

ESTHER: «Todavía hoy no he sido capaz de confiar al rey mis problemas. A este secreto está encadenada mi lengua hasta el punto de que ya no sé quién soy. Esther, no olvides tu nombre.

El Hamán sanguinario nos acuchilla y el rey mal aconsejado firmó el decreto. El bárbaro ministro ha dictado esta orden terrible en contra de mi pueblo y con sus asesinatos pretende llenar el universo. ¿Por qué culpa a los judíos su envenenado odio obligándoles a doblar sus rodillas? ¿Por qué un pueblo destruye a otro sin razón y de repente, y por qué hay esclavos, y las mujeres mueren por violencia o desprecio?».

Cabría preguntarse por el misterio que encierra la figura femenina bíblica de Esther, su nombre, su historia y su Libro: un significado oculto que ha pervivido en el imaginario colectivo durante veintiséis siglos. ¿Dónde reside su misterio? ¿Qué hay en ella de cercano y a la vez de indescifrable? ¿Por qué su identidad se expande hacia lo inefable?

Esther representa a una mujer que simboliza la inteligencia, la pureza, la belleza, la seducción y la humildad. Pero todas estas cualidades se configuran a su vez como simbología que transciende al personaje: la valentía transgresora de una heroína llamada a luchar contra el mal, y que logra salvar a su pueblo a través del ocultamiento y la simulación de su propio ser. Su nombre mismo remite al signo del ocultamiento, lo misterioso, lo secreto.

La figura de Esther representa el símbolo de la intermediación entre lo humano y lo divino. Todo en Esther alude a lo inefable y lo profético, de la misma manera que Yahvé permanece velado en su interior. Dios castiga siempre a aquellos que se le aproximan demasiado. A los injustos cuya soberbia les hace querer ser dioses. La heroína está destinada a ser instrumento profético, pero Esther se debate en el abismo de la duda: un largo y doloroso camino espiritual del que regresará para cumplir con su destino.

ESTHER: «Por mi propia vida imploraré, y por la de la pobre gente que se ha condenado conmigo. Yo soy judía. También lo era mi padre. El dueño absoluto de la tierra y de los cielos escucha los suspiros de los humildes ultrajados, ¿qué significa esta masacre? Ebrios de sangre nuestros enemigos matan niños, ancianos, hermanas, hermanos, a madres con sus hijas, para después escupir sobre nuestras lágrimas: quieren aniquilar a nuestro pueblo. Hablaré al rey, y si he de perecer, pereceré».

 

Encarna Fernández, es doctora en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Complutense, directora teatral y dramaturga. Su artículo se enmarca en la representación de “Esther: el abismo de la duda”, monólogo teatral que tendrá lugar en la sede del Centro Sefarad-Israel en Madrid el 15 de marzo de 2018.

 

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Dáesh seguirá estando ahí

Por: Red de Casas

21 feb 2018

Jesús A. Núñez Villaverde

Salvo para quien prefiera engañarse a sí mismo con respecto a la amenaza que supone para nuestra seguridad el terrorismo yihadista, en general, y Dáesh, en particular, es necesario entender que:

- Por grave que sea su persistencia y por dolorosas que sean sus acciones violentas, el terrorismo yihadista no supone una amenaza existencial. Desde luego no lo es para las sociedades occidentales, tal como demuestra el hecho de que las tres cuartas partes del total de víctimas mortales registradas hasta finales de 2016 sean ciudadanos de identidad musulmana, con Pakistán, Afganistán, Irak, Siria, Libia, Nigeria y Somalia como puntos de referencia principales. Eso supone que existe un sobredimensionamiento del nivel de gravedad de la amenaza, que define equivocadamente al adversario- confundiendo interesadamente una creencia religiosa (islam) y una opción política (islamismo político) con una apuesta violenta (terrorismo yihadista)- y que, en consecuencia, establece también una respuesta inadecuada.

- El desmantelamiento a finales del pasado año del pseudocalifato proclamado por Abubaker al Bagdadi en junio de 2014 no supone, en ningún caso, la derrota definitiva de quien cabe entender como un “hijo rebelde” de Al Qaeda, con pretensiones de liderar el terrorismo global. Al igual que ocurrió previamente con intentos del mismo tipo- protagonizados por la propia Al Qaeda en Afganistán, por Boko Haram en Nigeria, Al Shabaab en Somalia o Muyao y Ansar Dine en el Azawad maliense-, esa delirante entidad ha sido eliminada por la fuerza. Con ello se demuestra que, por mucho que se esfuercen por presentarse como Estados funcionales y como actores armados capaces, ni Dáesh ni ninguna otra organización yihadista puede resistir el impacto sostenido de una maquinaria de guerra como las que Washington o París, con el auxilio de socios locales, pueden activar.

- Si algo podemos tener claro tras la acumulación de intervenciones militares y del enfoque securitario que prima en las relaciones occidentales con los países árabes y musulmanes es que no hay solución militar para eliminar la amenaza terrorista. Eso no significa que no sea necesario emplear medios policiales, de inteligencia y militares para hacerle frente, sino que por sí mismos no bastan para atajar una amenaza que, por definición, es multilateral y multidimensional. Desgraciadamente lo que hasta ahora se observa principalmente es una respuesta cortoplacista y militarista- que solo puede, en el mejor de los casos, ganar algo de tiempo hasta que el problema vuelva a manifestarse con la misma o mayor crudeza-, que solo atiende a los síntomas más visibles del problema. De igual modo, siguen sin plasmarse en hechos los tan reiterados como vacíos llamamientos a la cooperación internacional tras cada nuevo atentado sufrido en nuestros países.

- Parece llegado el tiempo de entender que para, al menos, reducir sustancialmente el nivel de riesgo al que nos enfrentamos, es imperioso ir más allá, atendiendo a las causas estructurales que explican la brutal fuerza de la ideología yihadista. Eso implica la necesidad de adoptar un enfoque multilateral y de aliento sostenido que ponga en juego instrumentos sociales, políticos y económicos que permitan atender a las causas estructurales que sirven de caldo de cultivo para la radicalización violenta. Igualmente, obliga a modificar simultáneamente el marco de referencia de nuestras políticas exteriores e interiores.

- En el exterior, se trata, por ejemplo, de ser más coherentes entre los valores y principios que decimos defender y la política real que llevamos a cabo (incluyendo el jugar con un fuego que en no pocas ocasiones termina por quemarnos, así como la venta de armas y el apoyo a gobernantes crecientemente deslegitimados a los ojos de sus propias poblaciones). Existe un notable sentimiento antioccidental en el mundo árabo-musulmán, alimentado por décadas de opciones incorrectas, y solo atendiendo al desarrollo y la seguridad del conjunto de la población de nuestros vecinos del sur y este del Mediterráneo, podremos modificar una imagen que sirve de motor de reclutamiento para los yihadistas.

- Del mismo modo, en el ámbito interno, solo apostando por medidas educativas, sociales, políticas y económicas- basadas sin resquicios en la idea de “igualdad de derechos y deberes para todos los que comparten el mismo territorio”- será posible reducir la fuerza del discurso radical que lleva a algunos a apuntarse al delirio yihadista. A las mezquitas y las cárceles se ha añadido el ciberespacio como un potente motor de radicalización y violencia y eso aumenta el enorme desafío ante el que se encuentran no solo nuestros servicios policiales, de seguridad y de inteligencia, sino todos nosotros.

 

Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (ECAH). Su artículo se enmarca en la presentación de su libro “Daesh. El porvenir de la amenaza yihadista” celebrada en la sede de Casa Árabe en Madrid el 5 de febrero de 2018.

Chant Avedissian, un levantino camino del Este

Por: Red de Casas

14 feb 2018

Nigel Ryan

 

Chant Avedissian es uno de los artistas visuales más significativos que ha dado el mundo árabe en el último medio siglo.

Nacido en El Cairo en 1951, estudió en el Museo de Bellas Artes y Diseño de Montreal y, posteriormente, en la École Nationale Supérieure des Arts Décoratifs de París.

Pero su base artística occidental, aunque importante, ha tenido mucha menos influencia en su práctica que la década de colaboración con el visionario arquitecto egipcio Hassan Fathy, que se inició en 1981 ―cuando comenzó a archivar su documentación― y prosiguió hasta el fallecimiento de Fathy, en 1989.

El purismo de Fathy, su insistencia en “que el arte egipcio genuino y la recuperación de su artesanía deben ser abordados simultáneamente”, así como su creencia de que “la mezcla de arte antiguo y contemporáneo solo tiene éxito cuando no se permiten interferencias externas en la adopción de materiales, técnicas o valoraciones culturales”, transformaron la orientación de la práctica de Avedissian. Pareja importancia tuvieron los viajes que emprendió, primero atravesando los oasis del oeste de Egipto y después al Extremo Oriente, incluyendo la India, los países de la antigua Ruta de la Seda, China y Mongolia.

Ha sido gracias a estas dos experiencias ―su colaboración con Fathy y su descubrimiento de las tradiciones artesanas asiáticas― que Avessidian ha logrado importantes avances en su propia obra, produciendo toda una serie de tapices mediante un esmerado proceso de ensamblaje de retales confeccionados con algodón local egipcio, teñidos a mano y reunidos en amplios paneles, acudiendo a tres formas básicas (el triángulo, el cuadrado y el rectángulo), que a menudo recuerdan a las austeras geometrías de los edificios de Fathy.

Sus patrones básicos de diseño tienen una procedencia muy ecléctica: desde la decoración pictórica triangular propia de los sarcófagos de la 18ª dinastía hasta la ornamentación marmórea de las mezquitas mamelucas. Pero aunque algunos de estos patrones sean muy autóctonos, la forma de conjunto posee una resonancia cultural más amplia.

“Fue en la parte occidental de Rayastán, especialmente en Jaisalmer, donde tuve mi primer contacto con el mundo de las telas de appliqué, que me inspiraron a la hora de llevar a cabo mis paneles textiles”, escribe Avedissian. “Atravesando en tren todo el desierto de Thar, se llega a esta antigua ciudad, lugar de paso de los mercaderes cuando cruzaban Irán, procedentes de África y siguiendo la ruta de las caravanas hacia la India y China”.

“Los cuadrados se dividen en rectángulos y triángulos. Estos cuadrados juntos forman los paneles. Varios paneles ensamblados forman a su vez una tienda; constituye un espacio móvil, fácilmente desmontable, plegable y transportable.”

Rutas de caravanas hacia la India y China, atravesar el desierto de Thar, espacios móviles ―tiendas―, todo esto nos sugiere el tipo de existencia nómada que la imposición de las fronteras nacionales ha acabado erradicando: la evocación de lo premoderno constituye un intento de los artistas de distanciarse tanto del eurocentrismo de las enseñanzas de las escuelas de arte occidentales como de las poco originales modas que han dominado la producción artística en Egipto y en otros lugares de Oriente Próximo.

Este mismo impulso podemos hallarlo en sus investigaciones sobre el vestuario, que inició a comienzos de 1987.

“No se aprecian grandes diferencias entre los cortes básicos de los atuendos tradicionales a lo largo y ancho de una enorme extensión geográfica… De forma muy parecida a la arquitectura en toda la Ruta de la Seda, la similitud constituye una característica constante (…).”

“El haik del Atlas se parece mucho a la melaya del Nilo, que a su vez también se asemeja al sari de la India (…). De forma similar, las mismas túnicas pueden hallarse desde Marruecos hasta Mongolia. Se dan variaciones temáticas, pero todas siguiendo un mismo corte.”

Las fronteras de clase resultan igualmente insustanciales.

“Cuanto más rica sea una persona y más elevado su estatus social, más caro resultará el material de su vestuario, pero el corte es siempre el mismo, de un extremo a otro de la escala social.”

Señalar que la realidad difiere del espacio idealizado que Avedissian perfila delata una nueva incomprensión de su obra. Toda utopía implica deseos. Un cuadrado siempre será un cuadrado, pero no todos los cuadrados son iguales, algo que Avedissian sabe mejor que nadie.

Para celebrar el centenario del Cuadrado negro de Kazimir Malévich, la Galería Whitechapel de Londres organizó una exhibición titulada Adventures of the Black Square: Abstract Art and Society (1915–2015) [‘Aventuras del Cuadrado negro: Arte abstracto y sociedad’], descrita como sigue: “Este épico espectáculo adopta la pintura radical de Kazimir Malévich de un cuadradro negro como emblema de un nuevo arte y de una nueva sociedad. La exhibición presenta a más de 100 artistas que han seguido su legado, de Buenos Aires a Teherán, de Londres a Berlín, de Nueva York a Tel Aviv. Sus pinturas, fotografías y esculturas simbolizan las aspiraciones utópicas y rupturistas del arte moderno”.

Pues bien, Chant Avedissian fue uno de los 100 artistas elegidos. Por muy explícito que siempre haya sido sobre los orígenes premodernos de sus cuadrados textiles, estos han acabado cooptados por una exhibición dedicada al arte abstracto y a la sociedad entre 1915 y 2015, mostrados bajo una rúbrica que los encorseta hasta convertirlos en símbolos de “las aspiraciones utópicas y rupturistas del arte moderno”.

Si los tapices y trajes creados por Avedissian en los años ochenta se oponen una visión hegemónica capaz de retratar a los artesanos de un zoco en Jaisalmer bajo el influjo del legado del Suprematismo de Malévich, su obra más famosa, la serie de esténcils de El Cairo, lleva las cosas más lejos, articulando la profunda desconfianza de Avedissian hacia cualquier forma de hegemonía, sea cual sea la forma que adopte.

Los esténcils de El Cairo se prestan, cierto es, a una amplia serie de interpretaciones, la más simplista y predominante de las cuales se basa en el presupuesto de que irradian nostalgia por una supuesta edad de oro perdida de la cultura egipcia.

“La obra de Avedissian está teñida de una penetrante nostalgia”, afirma una crítica sobre los esténcils. “Las pinturas nos muestran una era ―el Egipto de los años cincuenta― en la que el país se hallaba en el cénit de su cosmopolitismo: allí se entremezclaban espías y hombres de negocios, griegos, italianos, musulmanes, coptos, judíos, armenios, palestinos, europeos y una gran cantidad de intelectuales de Oriente Medio.”

Es ésta una extraña descripción ahistórica de una serie de obras que examinan la historiografía de dicho periodo, además de constituir una grave malinterpretación de los años cincuenta en Egipto, presentados como el “cénit de su cosmopolitismo”, cuando en realidad fue una década marcada por un éxodo masivo del país de griegos e italianos ―muchos de ellos pequeños comerciantes―, así como de sirios, armenios y judíos.

Estos esténcils presentan una variopinta mezcolanza de personajes. Incluyen a Sayyid Jamal al Din al Afghani (1838-1897), aventurero político, activista antiimperialista, modernizador religioso, musulmán suní, musulmán chií, agente doble o empedernido oportunista ―que cada uno escoja el perfil que más le guste―, junto con la sirena de la pantalla Hind Rustom (1929-2011), actriz condenada a ser apodada la Marilyn Monroe egipcia; o Gamal Abdel Nasser (1918-1970), mostrado en las típicas poses heroicas inmediatamente asociadas al realismo socialista, junto con lanzadoras de peso (nuevo guiño a la imaginería propagandística soviética), prisioneros políticos y carteristas.

El elemento común de estos personajes es que todos aparecieron en las revistas ilustradas y en los periódicos que proliferaron en Egipto en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la revolución de 1952. Son estas imágenes ― típicas de los medios de comunicación estatales a partir de mediados de los cincuenta, como anteriormente de periódicos y revistas no menos partidistas― las que constituyen las fuentes materiales de Avedissian.

Los esténcils de El Cairo son pues imágenes de imágenes. Estas pueden ser infinitamente reelaboradas, partiendo de los recortes realizados por el artista de las ilustraciones publicadas en las revistas y periódicos estatales. Avedissian es muy claro sobre la ventaja de acudir a esta técnica: “Trabajar con esténcils me ha dado la posibilidad de variación ―afirma―. Una vez recortada la imagen, puedes centrarte en el color o en diversos escenarios de fondo”.

Pero el proceso también impone cualidades formales: “He tenido que ser muy jeroglífico, es decir, simplificar hasta lo que era realmente esencial”.

Su esquematización de las figuras, su reducción de todos los elementos pictóricos a áreas de color plano, transforma el intento de construcción de una identidad nacional por parte del régimen egipcio tras la revolución de 1952 en una empresa esencialmente decorativa. Sus simplificaciones implican una aguda comprensión de las narrativas. Su posterior énfasis en las variaciones y en la creación de nuevos contextos por yuxtaposición sirve, irónicamente, para amplificar las técnicas de “corta y pega” del propagandista.

Al reciclar imágenes producidas como partes y piezas de un proyecto de control de los perímetros de la identidad, de promoción de un patriotismo aceptable para el Estado y sus narrativas oficiales, los esténcils socavan ―con humor y a menudo sutil ironía― los pilares de dicha empresa, sembrando de chinchetas la alfombra de las pretensiones naseristas de construcción estatal de la identidad egipcia.

En sus paneles más recientes, exhibidos por primera vez en 2017, Avedissian trae a un primer plano diseños que anteriormente habían formado el telón de fondo de sus esténcils de El Cairo, para centrar la atención sobre lo que ha pasado más desapercibido en el esquema de sus primeras obras. Estratagema reduccionista que no obstante tiene el efecto de abrir nuevas perspectivas hasta ahora ocultas y, con ello, de ampliar referencias centrales en su obra.

Los paneles serigrafiados con esténcils incluidos en la exhibición aclaran, más que ocultan, complejidades. En esta ocasión, las yuxtaposiciones son de formas abstractas extraídas de los diseños de las túnicas típicas de Taskent, de los ladrillos de adobe de los muros de Jiva, de las geometrías policromáticas de los suelos de mármol de la mezquita del siglo XIV del Sultán Hassan en El Cairo, del chintámani de los terciopelos otomanos bordados con hilo de oro. Minimalistas y elegantes, estos paneles hacen las veces de hitos de un viaje que sigue la Ruta de la Seda a través de las estepas de Asia Central. El destino, Samarkanda, es tanto una ciudad fabulada como un lugar real, confluencia e intersección entre la historia/fábula y la realidad/ciudad, con su cultura material que Avedissian siempre ha explorado, yuxtaponiendo narraciones privilegiadas con detalles irreverentes.

Avedissian lanza una mirada de largo recorrido: al analizar el nexo entre mito y realidad se niega a que el rumor se imponga como historia, a que el oportunismo se disfrace de destino. Los motivos engañosamente sencillos de los que se apropia reverberan por las vastas extensiones de Asia Central. Hacen eco en espacios donde las fronteras se difuminan, donde las hegemonías pierden su poder de distorsión y donde no es necesario improvisar identidades. Es en este área ―espaciosa como un continente― donde el artista se ha labrado un hogar. A lo largo de toda su carrera, su brújula siempre se ha orientado hacia un único punto, hacia una fórmula algebraica, ni aquí presente ni imaginaria, donde un cuadrado puede ser un cuadrado.

 

Nigel Ryan es crítico de arte y editor cultural del periódico Al-Ahram Weekly. Su artículo se enmarca en la exposición “Chant Avedissian. Un levantino camino del Este”, que puede verse en la sede de Casa Árabe en Madrid hasta el 25 de febrero. Posteriormente se exhibirá en la sede de la institución en Córdoba.

Menahem Begin, un estadista para Israel

Por: Red de Casas

07 feb 2018

Jesús María Ruiz Vidondo

 

La vida de Menahem Begin permite conocer en profundidad el origen del Estado de Israel, desde sus inicios hasta los años 80 del siglo XX, pero, además, nos permite conocer la historia de Europa oriental. Begin es un ejemplo de la lucha y el sufrimiento del pueblo judío en los países de la Europa Central, de la defensa de sus costumbres y de los deseos de volver a Israel frente al antisionismo y antijudaísmo que se estaba dando en parte de la Europa Oriental.

Begin escribió uno de los mejores libros existentes sobre la prisión que sufrió en las cárceles de la NKVD del régimen comunista. Noches blancas fue la obra más reveladora de su personalidad. Cuando llega a la prisión de Vilna, no sólo es un prisionero, se convierte en un “espectadoralumno” del nuevo mundo al que se enfrenta. Logra desconcertar a sus interrogadores con su fingida inocencia y su ironía. Se demostró en sus interrogatorios que tenía una gran fortaleza de mente, aguantó los interrogatorios mejor que hombres más robustos que él como si fuese una partida de ajedrez.

Begin estuvo siempre luchando por el revisionismo sionista durante su período en Europa. Su llegada a Israel y el mando en el Irgún le supuso una serie de actuaciones que narra tanto el libro La rebelión como el libro Menahem Begin. Antecedentes, formación y desarrollo del Estado de Israel.  El público en general conoce, o ha oído hablar de personajes como Theodor Herzl creador del sionismo, pero no conoce mucho a Vladimir Jabotinsky, creador del sionismo revisionista, del que será su más fiel defensor en el mundo político Menahem Begin.

Ese revisionismo sionista es una consecuencia de Herzl o el Sionismo Político, que fue aumentado por las ideas de Vladimir Jabotinsky. En 1925, Jabotinsky estableció la Alianza Sionista Revisionista, que defendía una revisión de los principios del sionismo político. Buscaba cambiar la política de Chaim Weizmann que defendía una política moderada hacia el régimen del Mandato Británico. Los objetivos de la ideología revisionista incluían: la presión a Gran Bretaña; peticiones y manifestaciones de masas en defensa de un estado en ambas orillas del río Jordán; defender una mayoría judía en Palestina; y restablecer los regimientos judíos y el entrenamiento militar para los jóvenes.

Las acciones del Irgún de Begin contra la ocupación británica siempre fueron a remolque de las acciones llevadas a cabo por la autoridad británica. Su capacidad de organizar el Irgún, su facilidad para esconderse de los soldados ingleses y su generosidad en anteponer el interés común del pueblo judío a sus propios intereses personales fueron las líneas fundamentales durante sus años como jefe del Irgún. Muchas decisiones en el Irgún siempre han sido controvertidas.

Carlos Echeverria, profesor de Relaciones Internacionales en la UNED señala que “El recorrido vital y político de Begin es enormemente interesante, entre otras cosas para acabar con ese cliché con el que muchos, sobre todo en el mundo arabomusulmán pero también en Occidente, han venido tildando a figuras como la suya, como Shamir o como Sharon. A este último ahora, en el momento de su muerte tras años en coma, tan sólo se le recuerda relacionando su figura con la matanza de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en Beirut. Pero Begin fue mucho más, y su perfil más positivo para la mayoría de los observadores foráneos le sitúa, en compañía del Presidente y General egipcio Anuar El Sadat, pergeñando los valientes Acuerdos de Camp David que cristalizaron en la primera paz sellada entre Israel y un Estado árabe. Aquellos Acuerdos le costaron la vida a Sadat –asesinado por terroristas islamistas en 1981– pero años después, a raíz precisamente de aquellos cambios que llevaron al lanzamiento del Proceso de Paz en Madrid, servirían de inspiración a otros, y fueron sin duda modelo para los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Tratado de Paz entre Israel y Jordania (1994)”.

Menahem Begin fue ministro sin cartera, y logró la presidencia de Israel con el partido Likud. En junio de 1981 ordenó el bombardeo del reactor nuclear de Osirak, acabando con la amenaza que éste suponía desde Irak para Israel.

Moshe Dayan, otra figura emblemática de estos años, definió perfectamente a Menahem Begin: “Se mostraba seguro de su superioridad intelectual sobre cualquier persona y no tenía ninguna duda de que si dirigía la política exterior y ordenaba sus acciones, lograría sus objetivos”. Es la mejor definición posible de un estadista y Menahem Begin lo fue. Era un líder que consideraba prioritaria la seguridad y defensa de su país y la prosperidad de su patria.

                                                          

Jesús María Ruiz Vidondo es doctor en Historia y profesor de esa materia en IESO en Noáin. Su artículo se enmarca en el acto de presentación del libro "Menahem Begin. Antecedentes, formación y desarrollo del Estado de Israel", del que es autor, y que se tendrá lugar en el Centro Sefarad - Israel el próximo 19 de febrero.

Magnetismo filipino

Por: Red de Casas

31 ene 2018

Ramón Vilaró

 

Visitar Filipinas es una experiencia única, incluso para los viajeros más bregados. Se trata de un país lleno de sorpresas y contrastes que no dejan indiferente. Es, también, moverse por una sociedad caracterizada por la hospitalidad del pueblo filipino. En mi condición de viajero y cronista de oficio he tenido el privilegio de moverme un poco a todos los niveles. Desde los más humildes que viven en playas, campos o montañas, sin olvidar los barrios menos favorecidos de las grandes urbes, hasta lujosas mansiones de personajes políticos de primera fila, pasando por empresarios, escritores, académicos o religiosos. Puedo garantizar que todos comparten hacia el visitante el espíritu de bienvenida, mabuhay en tagalo, el idioma nacional del país.

Con decenas de viajes, a lo largo de cuatro décadas, viví  sacudidas políticas como testigo directo, como el final de la dictadura de Ferdinand Marcos tras el movimiento del poder popular, People Power, que llevaron al poder a Cory Aquino. Así como los múltiples intentos golpistas que intentaron derrocar a la presidenta Aquino, pero igualmente su fracaso de reforma agraria. También los gobiernos que le sucedieron, junto al auge económico, sobre todo visibles en las grandes ciudades como la capital, Manila, o Cebú, sin olvidar Davao, en Mindanao, donde forjó sus polémicas tablas políticas el actual presidente Rodrigo Duterte. Un presidente, sin embargo, que ha dado un giro total a las tradicionales relaciones de Filipinas con Estados Unidos, e incluso hacia la Unión Europea, para inclinarse por el pragmatismo de vínculos políticos y económicos con la gigante y vecina República Popular China. 

El viajero también hallará en Filipinas las huellas de más de tres siglos de colonización española. En Baler resistieron "los últimos de Filipinas" y en el valle de Cagayán algunos aún recuerdan las visitas de Jaime Gil de Biedma, empleado de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Perviven ciertas tradiciones culinarias y apellidos españoles —impuestos a la población cuando se elaboró el primer censo— y en Zamboanga del Sur hablan el idioma español antiguo, aquí denominado 'chabacano'. Y hay decenas de palabras españolas que se mezclan con el tagalo, el idioma oficial, o el visayo. Al igual que existen algunas sagas familiares de origen español en la cúspide de la sociedad filipina.

Filipinas es el único país católico en el continente asiático, otra herencia española, aunque están en auge otras creencias religiosas, en especial la Iglesia Ni Cristo, de gran influencia. Pero las iglesias y conventos – juntos a universidades de élite – forman el legado católico. Sin olvidar la devoción y romería memorable en honor de la figura del Santo Niño, en Cebú, la talla de madera que llegó con Ferdinand de Magallanes, que conquistó y pereció en aquel archipiélago en 1521. Casi medio siglo después llegó el adelantado Miguel López de Legazpi, que bautizó el país con el nombre de Filipinas, en honor del rey Felipe II, y fundó la ciudad de Manila. Su tumba, en el convento-museo de San Agustín, en Intramuros, es visita obligada para entrar en la historia del país.

Mansiones señoriales, sobre todo en Vigan, ingenios azucareros, en Negros, pequeños poblados playeros, iglesias casi siempre llenas y un amplio patrimonio gastronómico y cultural, suponen  toda una invitación a emprender un viaje a un país tan próximo como lejano, tan desconocido como, a veces,  familiar para el visitante hispano. Y, además, con una variedad inabarcable de playas paradisíacas pero también de montañas y parques naturales que le convierten, en mi opinión, en la última frontera a descubrir el magnetismo de ese país del sureste asiático.

 

Ramón Vilaró es autor de  "Mabuhay. Bienvenido a Filipinas" (Ediciones Península, 2017). Su artículo se enmarca en la presentación de su libro, que se celebrará el 1 de febrero en la sede de Casa Asia en Barcelona.

 

El País

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