El
mismo día que el
Parlamento griego debía teóricamente revisar un proyecto de ley
antirracista –y el Congreso español debatía una
condena del franquismo, ya es casualidad-, la prensa griega se desayunaba con una seria advertencia del
Departamento de Estado norteamericano acerca de las actividades del partido
ultranacionalista y neonazi Aurora Dorada (AD), con 18 diputados y un
rosario de incidentes a cuestas, el último, el intento de uno de sus parlamentarios de
entrar en el edificio de la Cámara armado con una pistola.
Aunque su identidad no ha sido revelada, el susodicho bien podría ser Panayotis Iliópulos, el legislador –es un decir- que el viernes fue expulsado por encararse con el vicepresidente del Parlamento en una sesión de control y, brazo en alto, gritar “Heil Hitler!” mientras era jaleado por su bancada. Una diputada de la conservadora Nueva Democracia se quejaba este domingo en una entrevista de que Iliópulos suele ir armado, pero no es el único: a comienzos de mes, un conspicuo correligionario suyo echó presuntamente mano de su pistola durante un rifirrafe con los guardaespaldas del alcalde de Atenas, que horas antes había prohibido un reparto de comida gratuito del partido –sólo a griegos- en el centro de la ciudad.
Como
para no preocuparse, del Departamento de Estado al lucero del alba. En la
policía griega funciona desde hace meses una unidad especializada en delitos de
índole racista; la semana pasada detuvo a dos tipos por agredir
a un camerunés y prender fuego a su negocio, un modesto café, en Ajarnón; los individuos, por cierto, guardaban
panfletos de AD en sus casas. Nada se sabe sin embargo de los agresores de un
chaval de 14 años paquistaní, tundido a palos hace unas semanas. Tampoco de los asesinos del joven iraquí cosido a cuchilladas el pasado
agosto en el centro de Atenas (sí fueron detenidos en cambio dos hombres por el del paquistaní Shehzad Luqman, muerto
en enero en
Peristeri). El logo de AD aparecía también en las
amenazas que este fin de semana recibió la Asociación de Musulmanes de Grecia:
“Os vamos a masacrar como a pollos”.
Pero se ve que la retórica “violentamente racista y antisemita” que denuncia en AD el Departamento de Estado no es suficiente para que los tres partidos que componen la coalición del Gobierno aúnen voluntades; al revés, lo que no ha logrado el pesaroso desgaste de la crisis, la suma de ajustes y miserias, bien podría precipitarlo el proyecto de ley contra el racismo: la crisis definitiva del Ejecutivo. Sin ambages lo apuntaba así este martes el siempre ecuánime diario conservador Kathimerini, que agrupaba en su apertura un montón de noticias preocupantes: la actuación de “brigadas de asalto” de AD en Kipseli y Ayios Pandeleimonas, dos barrios atenienses con un alto porcentaje de población inmigrante; la intranquilidad de los habitantes de Patras tras los disturbios de los últimos días, y la respuesta de la comunidad musulmana a las amenazas de muerte (instalar cámaras de seguridad).
Que un
periódico como Kathimerini, tan establishment, dedique su apertura a un
asunto hasta hace pocos meses menor
en su jerarquía informativa es indicador de la dimensión del problema. De seguridad, de orden público, pero también
de amenaza de ruina democrática. Porque cuando hablamos de antipolítica lo hacemos casi siempre de
las espantadas de Beppe Grillo y sus grillini, una anécdota –inmanejable, eso
sí- en comparación con la violencia sistemática del partido neonazi griego, una
cuña en un sistema político moribundo que no sólo podría apuntillar la frágil
coalición de gobierno, también hacer saltar por los aires el penúltimo intento
de consenso (además de las lejanas esperanzas de la izquierda de gobernar algún
día).
“La legislación antirracismo divide a la coalición [de Gobierno]”, titulaba este martes la edición inglesa de Kathimerini.Los dos miembros menores del tripartito, el socialista Pasok e Izquierda Democrática, solicitan que el proyecto de ley sea debatido sin demora; Nueva Democracia, que lidera la coalición, insiste en modificar el texto, y el ministro de Justicia, el independiente y respetado Andonis Rupakiotis, amenaza con dimitir si se tumba el proyecto. El partido del primer ministro Andonis Samarás ha reiterado sus temores de que la “criminalización” de AD, su conversión en mártir por el sistema, le haga acreedor de un caudal de simpatía traducible en más votos (es tercero en las encuestas de intención de voto).
A quien sea, el asunto se le ha ido de las manos: el informe sobre libertad religiosa del Departamento de Estado reprocha a las autoridades griegas “no hacer lo suficiente” para atajar los desmanes neonazis; la presunta estrategia de restar votos a otras formaciones –Syriza la primera- dejando campar libremente a AD puede ahora salir por la culata. Y la democracia, acabar herida de muerte por el concurso de una banda de hooligans y energúmenos que, puede que sí tengan razón en su alegato favorito –“AD no es un partido neonazi, sino nacionalista griego”-, están lejos de ser neonazis: esto no tiene nada que ver con la ideología, sino con el matonismo.
Pies de foto:
1. Simpatizantes de Aurora Dorada se manifiestan en Atenas el 22 de marzo en contra del rescate de Chipre. France Presse.
2. El sudanés Hassan Meki muestra su espalda tras la agresión de un grupo de hombres vestidos de negro y envueltos en banderas griegas, en diciembre de 2012. Yannis Behrakis (Reuters)
3. El diputado de Aurora Dorada Panayotis Iliópulos abandona la Cámara el pasado 17 de mayo. AFP / Eurokinissi.