40 Aniversario
Cembrero

Populismos

Por: | 05 de febrero de 2014

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Recesión, transformaciones estructurales como la desindustrialización y la deslocalización, cambio de roles de género e incluso de clases, esos obreros en su día aupados a una cierta clase media convertidos ahora en parias por la crisis; por no hablar de la llegada masiva de inmigrantes: la globalidad del mundo en movimiento. Hay un montón de factores que explican, según los expertos, el surgimiento en Europa de variados populismos, ese imán de excluidos, pero dos serían privativos de Grecia: el colapso del sistema político tradicional y el fermento del nacionalismo azuzado por la iglesia o el Estado, que en este país se solapan. Todo por cortesía de la troika...

Tras el partido Aurora Dorada (AD) hay más de 500.000 personas –no todas necesariamente neonazis-, medio millón de votos que en democracia son tan respetables como el puñado que logró Antarsya (izquierda revolucionaria, sin representación parlamentaria) o los muchísimos más (1.650.000, el 27% del total) que respaldan a Syriza como principal grupo de oposición en la Cámara. Respetables mientras no se llegue al insulto, al acoso y menos aún a la violencia física, reprobable venga de donde venga. Por desgracia, hay ejemplos de sobra de estos desmanes.

Viene todo ello a colación por la demostración de fuerza de AD en Atenas el sábado pasado, tras unos cuantos meses voluntariamente tácita. Las huestes de Nikos Mijaloliakos, en prisión preventiva desde finales de septiembre como líder de una “organización criminal”, conmemoraron masivamente los sucesos de Imia, un disputado islote en el Egeo, que se saldaron con la muerte de tres oficiales de la Armada y que llevaron a Grecia y Turquía al borde de la guerra en 1996. AD ha venido celebrando la efeméride cada año, pero la repercusión de su éxito electoral, y sobre todo la ofensiva judicial contra el partido, hacían presagiar en cualquier momento un do de pecho.

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Así fue. Aurora Dorada cambiará de nombre para sortear la hipotética prohibición o ilegalización por el Estado –un arduo proceso legal que podría demorarse meses- y presentarse a la doble convocatoria electoral de mayo: elecciones locales y al Parlamento Europeo, una piedra de toque para comprobar el verdadero apoyo de que goza la formación (un 10%, según la mayoría de las encuestas, tres puntos más que en 2012). Ilias Kasiadiaris, portavoz de AD y candidato a la alcaldía de Atenas –en libertad con cargos tras ser detenido en la macrorredada de septiembre-, anunció el sábado que Aurora Dorada (Χρυσή Αυγή) pasaría a llamarse Aurora Nacional (Εθνική Αυγή) como marca electoral “nacionalista griega”, un partido “limpio”, de gente “no implicada en bandas criminales, sin antecedentes penales; un partido sin asesinos”, dijo irónicamente a unos 3.000 simpatizantes que, brazo en alto, pseudouniformes negros y cascos de moto o verdugos embozados –¿por qué taparse el rostro en democracia, eh?- se juntaron el sábado en el centro de Atenas.

(A prudencial –y policial- distancia, una contramanifestación antifascista que terminó con un hombre en el hospital tras los enfrentamientos. El rifirrafe, por cierto, dejó en Atenas imágenes de estado de sitio: estaciones de metro tomadas al asalto por la policía, cargas de gases lacrimógenos, destrozos.)

AD3Con un tercio de sus diputados (18) entre rejas, incluido el Führer Mijaloliakos, y el favor popular en aumento, AD se ha permitido últimamente exhibir músculo, como por ejemplo pidiendo la recusación de las dos jueces instructoras del proceso contra el partido por organización criminal e implicación en el asesinato del rapero y activista antifascista Pavlos Fisas. Desde la ofensiva, al margen de retirarle financiación pública y despojar de inmunidad a seis de sus diputados, nada más se ha hecho para poner coto a sus excesos; nunca más se supo, por ejemplo, de la proyectada ley contra la violencia racista, frenada por la gubernamental Nueva Democracia para evitar una sangría de votos por su derecha (es decir, hacia AD) y motivo de disputa con Dimar, hasta junio socio del gobierno tripartito.

En la cobertura de las elecciones de 2012 tuve oportunidad de hablar con muchos votantes potenciales de AD. Algunos de ellos conocedores del ideario, otros más desorientados ideológicamente, pero todos ellos privados del mínimo sustento y pasto de un miedo cerval. En el comedor social de la calle Sófocles, en Atenas, donde cada día reciben asistencia cientos de personas, desempleados y jubilados en su mayoría, Apóstolos, extrabajador de unos astilleros, exvotante comunista, parado sin subsidio, adelantaba su intención de voto. “Mira todo lo que nos rodea. Albaneses, chinos, árabes, negros con sus businesses; y nosotros pidiendo en la calle, cuando no víctimas de las mafias extranjeras. Pero me da igual una Grecia blanca y ortodoxa; yo lo que quiero es comer”. Hablar de crisis en Grecia hace tiempo que se queda corto; es una descomposición en toda regla. Una gangrena.

Pies de foto:

Conmemoración de los sucesos de Imia, 1 de febrero, Atenas.

1. Yannis Kolesidis (AP). 2 y 3. Milos Bicanski (Getty Images).

Lampedusa en el Egeo

Por: | 27 de enero de 2014

 

Mientras arrecian los llamamientos de las ONG para investigar el el naufragio de una barcaza de inmigrantes en el Egeo, con 12 muertos, nueve niños y tres mujeres, las autoridades griegas no sólo miran para otro lado, sino que acusan a los entrometidos europeos (Nils Muiznieks, responsable de Derechos Humanos del Consejo de Europa, a la cabeza) de querer hacer una cuestión política del infortunio. Ítem más, el ministro de Orden Público, el inefable Nikos Dendiás, se atreve a vincular la inmigración irregular con el terrorismo. Sic. Mal, muy mal empieza la presidencia europea de Grecia, que había hecho bandera, precisamente, de la política migratoria como uno de los puntales de su mandato.

El relato de los hechos apunta que la embarcación en que viajaban los indocumentados, localizada el lunes pasado a 1,5 millas del islote de Farmakonisi, en el Dodecaneso, estaba siendo escoltada a gran velocidad (o empujada, o repelida) por guardacostas griegos hacia aguas turcas cuando los motores de la barcaza se pararon. Fue entonces, unos dicen que por la inestabilidad del barco o el sobrepeso, cuando se hundió; el ministro de la Marina atribuye a un ataque de pánico de los pasajeros, que se habrían arremolinado en un costado de la nave, el vuelco. La autoridad portuaria griega alega que la fuerza del viento y olas de varios metros hicieron imposible el rescate.

 

Pero la narración de algunos de los 16 supervivientes, afganos en su mayoría, muchos privados para siempre de sus hijos por obra y gracia, presuntamente, de las patrulleras que vigilan el Egeo, alumbra otra tragedia mucho menos fortuita. Un hombre que asegura haber perdido a su esposa y sus cuatro hijos contó este sábado en Atenas que intentaron subir a bordo de la patrullera, pero que fueron arrojados al agua, desde donde oyó gritar a uno de sus pequeños “papá, mamá, ayuda”. Nadie acudió a salvarle. Otro superviviente relató los insultos que los guardacostas profirieron a los indocumentados cuando estos intentaban abordar la patrullera, y cómo los arrojaron al mar “a propósito”. Entre los sin papeles, recuerda el ombudsman Muiznieks, había solicitantes de asilo, sujetos de derecho (y protección) por las leyes europeas. Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, ha pedido también una investigación sobre el siniestro.

Organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional y el propio Consejo de Europa califican lo sucedido de “fallida expulsión colectiva” (push-back, en la jerga del ramo) hacia Turquía, esa práctica habitual de barrer a los inmigrantes fuera de casa que Atenas lleva años ejecutando. La organización Pro Asyl publicó en noviembre un informe sobre la política de expulsiones tanto en aguas del Egeo como en la frontera terrestre de Turquía, así como pruebas de incidentes previos junto a Farmakonisi. El Gobierno griego prometió hace unos días poner fin a esta práctica ilegal, pero los acontecimientos –como en el juego de componendas políticas, como en los datos económicos- se empecinan en llevarle la contraria.

INmigrantsDesde agosto de 2012, al menos 136 refugiados, la mayoría de ellos sirios y afganos, han muerto ahogados en una docena de intentos fallidos de llegar a Grecia en barco desde Turquía, según el cómputo de Amnistía Internacional. Y no sólo en el Egeo, cabe añadir: ahí está el naufragio del 15 de noviembre frente a la isla de Lefkada, en el mar Jónico, que se cobró otras 12 vidas, entre ellas las de una familia siria, un padre y sus cuatro hijos (la madre había muerto semanas antes en un bombardeo).

“El racismo, la xenofobia y el nacionalismo están muy arraigados en Grecia desde los años noventa”, contaba en conversación telefónica a finales de diciembre el periodista Dimitris Psarás, especialista en el partido ultra Aurora Dorada y autor de Libro negro del partido nazifascista griego. En esa década, cabe recordar, empezaron a llegar a Grecia miles de extranjeros, en su mayoría procedentes de Albania y la antigua Yugoslavia; luego –y a medida que las autoridades miraban para otro lado, como si no existieran- vinieron asiáticos, árabes,  africanos. “Esa opinión pública contraria a los inmigrantes la han creado también los mensajes televisivos, por no hablar del decisivo papel de la Iglesia en el nacionalismo ultramontano. Todo ello alimenta los mitos propagandísticos de Aurora Dorada”, que figura en tercer lugar en los sondeos de intención de voto.

Luego vendrá el rasgarse de vestiduras, las exclamaciones de sorpresa o el estupor al ver avanzar el populismo como lava incandescente por Europa. Pero en realidad todo es muy simple, una pura cuestión de vida o muerte: de sobrevivir allende países que sufren guerras o hambrunas, o de morir al volcar una barcaza en una Lampedusa cualquiera.

 

Esperando a los bárbaros

Por: | 02 de diciembre de 2013

Rejas
El título del poema de Konstantino Kavafis podría aplicarse hoy, 2 de diciembre de 2013, a la entrada en vigor de un nuevo sistema de vigilancia de fronteras en la Unión Europea, Eurosur, un operativo común y coordinado en 18 países de la Unión, todos pertenecientes al Espacio Schengen, con un único objetivo: “Coordinar la respuesta de las fuerzas de seguridad continentales ante la inmigración irregular y la criminalidad organizada” (sic, equiparando un fenómeno humano global, el de la migración, y el gran negocio del narcotráfico y el tráfico de personas). El nuevo sistema, dice Bruselas, permitirá detectar pateras en riesgo de zozobrar y asistir a los pasajeros según los requerimientos internacionales de derechos humanos.

A la mención puede que cansina y repetitiva del título del poema de Kavafis podría añadírsele un refrán, para explicar en castellano viejo las vanas pretensiones de blindaje continental (y a la vez la palabrería eurócrata): es imposible poner puertas al campo. También a Europa. Cualquiera que haya divisado África desde Tarifa; Turquía desde cualquiera de las islas griegas del noreste del Egeo (tan a tiro de piedra que se ven destellar los faros de los coches turcos); o el propio Oriente como insondable dimensión geográfica desde la frontera del río Evros, en Grecia, es consciente de la porosidad de las fronteras y del avance imparable de la humanidad desde que el mundo es mundo, desde que la Lucy africana echó a andar hace millones de años, hasta llegar a cada uno de nosotros.

La humanidad es una historia, y un cruce, de migraciones, pero se convierte en drama cuanto más altas son las verjas y más duros los controles: ahí están las concertinas de Melilla para demostrarlo, o la expulsión ilegal de inmigrantes desde allí a Marruecos como quien barre la basura debajo de otra alfombra. Cada año, dos millares de africanos llegan a la pequeña Malta –mucho más cercana geográficamente al continente negro que a Bruselas- sin intención de volver atrás; sólo un naufragio o una deportación pueden hacerles desistir en su camino a una vida mejor, sin hambre o persecuciones. Cada día, decenas de asiáticos, incluidos no pocos refugiados sirios, cruzan la frontera del río Evros entre Turquía y Grecia, que se ha convertido en un agujero negro por culpa de la acción policial: hace unos días la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, denunció la desaparición de 150 sirios detenidos e introducidos en vehículos policiales con destino desconocido. Ítem más, la organización ECRE ha denunciado la devolución sistemática en la frontera greco-turca de los sirios que huyendo de la guerra en su país trata de ganar Europa por esa vía.

Barco
Un mortífero naufragio ocurrido el 15 de noviembre frente a la isla griega de Lefkada
, en el mar Jónico, alimenta desde entonces los titulares del drama. No sólo pereció una familia siria ya menguada por la guerra civil: un padre y sus cuatro hijos, de entre tres y siete años, huérfanos de madre por un bombardeo. Los cinco se habían embarcado hacia Europa por segunda vez, tras haber sido rescatados de las aguas una semana antes frente a Kefaloniá, otra de las islas del Jónico. Junto a la desventurada familia, otras siete personas, presumiblemente también de Siria, murieron en el naufragio de la balsa de plástico que llevaba rumbo a Italia. El padre, “un maestro, cultivado, muy sensible y con valores”, según un sacerdote que les trató tras el primer naufragio, había pagado 8.000 euros para llegar a Europa. Ocho mil euros por una muerte, más que probable, segura.

Los supervivientes del naufragio de Lefkada copan estos días los titulares de algunos medios de comunicación griegos, que, como este reportaje en To Vima, empiezan a reflejar el drama de los refugiados sirios que llegan al país: nuevos métodos de cruce, nuevas rutas, peligros multiplicados. En declaraciones a Eleutherotypía, los compañeros de travesía de la familia ahogada, todos ellos procedentes de Alepo, relatan cómo, tras ser rescatados, la policía y los guardacostas les despojaron de la última moneda que llevaban encima y cuánto miedo pasan en Grecia, para cuyas autoridades la φιλοξενία (hospitalidad; literalmente, "amor al extranjero") no cuenta mucho cuando se trata de inmigrantes de tez oscura.

DracmaUno de ellos está ingresado en la cárcel de Korydalós, cerca de Atenas, como presunto responsable del tráfico humano. Sus desventurados compañeros de travesía lo niegan, y reclaman que sea puesto en libertad. También piden la devolución a Siria de los restos del padre y sus cuatro hijos, para ser enterrados allí. El relato de sus penalidades pone los pelos de punta, pero hay una frase -“esto es peor que Siria”- que debería hacer reflexionar a autoridades griegas y europeas. Hay límites, debe haberlos, a la ignominia que supone el trato muchas veces dispensado a los inmigrantes en Europa.

“(…) Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.

Algunos han venido de las fronteras

y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?

Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.”

 

 

Pan, educación, libertad

Por: | 17 de noviembre de 2013

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El centro de Atenas cerrado hasta a los gatos; cinco estaciones de metro fuera de servicio, 7.000 policías desplegados como si fuera a llegar Obama o el Papa, y un mar de pancartas por sobre las cabezas de una multitud interminable, formada en buena parte por jóvenes y estudiantes. La conmemoración del 40º aniversario de la masacre del Politécnico, que precipitó el fin de la junta militar (1967-1974), ha llenado este domingo durante horas las calles de Atenas y  Salónica sin lograr insuflar una pizca de ánimo en un ambiente lastrado por el fantasma de la violencia: esa amenaza ciega que se ha cobrado tres muertos –un activista antifascista y dos neonazis- desde septiembre. Y que muchos temen engorde como una bola de nieve.

A alguien parece interesarle azuzar ese espectro, no sólo por el despliegue de agentes –en cualquier sitio caliente, una tácita regla proporcional augura mayores posibilidades de disturbios cuanto mayor sea la presencia de uniformados. También por la reivindicación, dos semanas después del crimen -y, qué casualidad, la víspera del 17N-, del doble asesinato perpetrado el pasado 1 de noviembre ante una sede local del partido neonazi Aurora Dorada. Un grupo de ultraizquierda inédito, Pueblos Militantes-Fuerzas Revolucionarias, se atribuyó este sábado la muerte de los dos miembros de AD en represalia por la del rapero y militante antifascista Pavlos Fissas, a mediados de septiembre, a manos de un simpatizante neonazi. Los medios del mainstream, por cierto, lo califican de "guerrilla urbana".

17N2Aunque la policía considera auténtico el comunicado, no son pocos quienes creen que hay que cogerlo con pinzas, pues no haría sino confirmar la teoría de los dos extremos aireada por tierra, mar y aire desde el Gobierno de Andonis Samarás: a saber, la existencia de dos polos maléficos, desestabilizadores, Aurora Dorada en la extrema derecha, y Syriza en sus antípodas. El anuncio del grupúsculo desconocido de nuevas acciones contra los neonazis abunda en la hipótesis de esa peligrosa pinza que vendría a hacer bueno al Gobierno manostijeras de Samarás-Venizelos. Pero cualquier posibilidad está sobre la mesa, incluida, claro está, la de una ciega violencia ambidextra.

El 17 de noviembre de 1973, los tanques pusieron fin a sangre y fuego –con decenas de víctimas mortales-, a una ocupación estudiantil pacífica que ya duraba tres días. Desde entonces, el Politécnico, el recinto que hoy ocupa la Universidad Tecnológica de Atenas, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la dictadura. Con el restablecimiento de la democracia, también, los centros educativos se convirtieron en recintos inviolables a los que las fuerzas del orden no podían acceder por las malas (el antecedente más cercano fue en diciembre de 2008 el mismo Politécnico, ocupado por decenas de jóvenes antisistema en protesta por el asesinato de un chaval por la policía).

17N3El lema de la lucha contra la dictadura (ψωμί, παιδεία, ελευθερία, que en griego rima aunque no en castellano: “pan, educación, libertad”) tiene hoy más vigencia que entonces, si cabe: con casi un 60% de paro juvenil –la tasa más alta de la Unión Europea-, y la amenaza cierta de recortes adicionales (1.300 millones) impuestos por la troika a una población que en los seis años de crisis ha perdido el 40% de su poder adquisitivo, en un país convertido en práctico protectorado económico de Bruselas y Washington.

El de Grecia es hoy un escenario desolador en el que campan espantajos tales como el ministro de Sanidad, el ultra Adonis Georgiadis, que reclama para sí, y no para la troika, “la gloria” de despedir a miles de médicos “sobrantes”. Donde ocho universidades funcionan al ralentí, y dos de ellas, en Atenas, están cerradas por falta de personal. Donde los antidisturbios desalojan por la fuerza a periodistas y camarógrafos de una televisión cerrada como un cortijo. Por todo ello “Pan, educación, libertad” ha resonado hoy como un estruendo. También la lucha por los derechos sociales. Como dijo en vísperas del 17N Alexis Tsipras, líder de Syriza y candidato común de la izquierda europea a la Comisión Europea, “nada nos ha sido regalado; todo es fruto del trabajo y la lucha”. Como ejemplo, un botón: los basureros de Madrid y su huelga indefinida.

Democracy? No signal

Por: | 07 de noviembre de 2013

 

La noticia llega a las 7.34 de la mañana (una hora más en Grecia), vía guasap: “Fin del sueño ERT”. Durante la madrugada, y con algo de retraso sobre las previsiones –finales de octubre-, el Gobierno de Andonis Samarás ha cumplido su promesa de desalojar a los trabajadores de la antigua televisión pública ERT, cerrada inopinadamente a mediados de junio y que desde entonces emitía en plan pirata por Internet y algunas frecuencias marginales. Ocho unidades de antidisturbios, acompañadas de un fiscal, desalojaron al personal acantonado en la sede de la avenida Ayía Paraskeví, en Atenas, y sellaron con candados y gruesas cadenas las verjas de acceso, de donde aún cuelgan deshilachadas pancartas de lucha y esperanza. Los trabajadores, no obstante, están dispuestos a seguir luchando, vía ERT Open (@ERTsocial) ο ΤhePressProject. Y lo harán: la resistencia civil se ha convertido en una nueva disciplina olímpica en Grecia.

El cierre, que en su día sólo fue apoyado por los neonazis de Aurora Dorada –maldita gracia hace mentarlos de nuevo, pero su respaldo dice mucho del turbio juego político a que se han entregado-, provocó una minicrisis de Gobierno en la que el tripartito menguó a bipartito, y una merma de poder y representatividad similar a la que a corto plazo puede sucederle al PP valenciano, tras el cierre igualmente repentino de la televisión pública autonómica (RTVV). Ambos cerrojazos se parecen mucho: decisiones arbitrarias, al albur de fallos judiciales y más allá de cualquier lógica, salvo la de la tijera, el recorte patente o encubierto de la troika o la demagogia, como el discurso de Fabra asegurando que prefiere un hospital o un colegio abierto a una tele deficitaria... (la experiencia griega demuestra que los cierres no son incompatibles).

 

Pero el caso de la ERT griega, sustituida desde mediados de julio por la DT (Δημόσια Τηλεόραση) –un contenedor de planos fijos y discursos igual de soporíferos-, encierra claves más opacas. Por ejemplo, que la decisión de intervenir contra los okupantes de la sede haya acontecido el mismo día que el Ejecutivo acuerda con la troika modificar la ley sobre embargos hipotecarios; horas después de la quinta huelga general del año (y la 35ª desde 2010); apenas días después de la concesión de nuevas licencias de televisión al manojo de empresarios de la comunicación a los que pertenece la mayoría de los medios del mainstream -modosos hasta decir basta al informar sobre recortes y ajustes-, el tercer vértice de lo que Alexis Tsipras ha denominado “el triángulo del pecado”: grandes banqueros, políticos corruptos y magnates de la comunicación. El Gobierno ha respondido con un lacónico “tendría que haberse hecho antes” a las protestas de la oposición hoy en el Parlamento, y descrito la operación como una medida necesaria para “restaurar la legalidad”…

A sólo diez días de la conmemoración del 40º aniversario de la masacre del Politécnico, que precipitó la caída de la Junta de los Coroneles (1967-74) y que se celebra como una fiesta civil de la democracia, muchos se preguntan hoy en Grecia de qué sirve tamaña demostración de fuerza (antidisturbios frente a sociedad civil armada con libretas, bolis y cámaras), si no será una nueva manera de gastar pólvora en salvas o, aun peor, de barrer la mierda bajo la alfombra ante Europa de cara a la próxima asunción de la presidencia de la UE, el próximo 1 de enero. El propio portavoz del Gobierno ha esgrimido este último argumento para justificar la operación policial de hoy.

NoSignalDesde junio –y aun mucho antes, desde que la crisis se cebara con Grecia- no sólo está en juego el futuro de los 2.600 trabajadores que formaban ERT; también preocupa la suerte de los archivos en blanco y negro que registran episodios capitales de la convulsa historia de Grecia (los nazis en la Acrópolis; el golpe militar; la huida del rey Constantino, las primeras elecciones libres); o el de la orquesta y el coro del ente, que este verano se sumó a las acciones de lucha con emocionantes conciertos al aire libre: cultura como consuelo ante el desánimo. Preocupante resulta también constatar que, al margen de los medios alternativos, no hay lugar para las voces discordantes. Como gráficamente decía uno de los carteles de protesta que los trabajadores de ERT colgaron cuando el cierre, casi cinco meses después el “Democracy? No signal” sigue teniendo plena vigencia.

Sobre la autora

María Antonia Sánchez-Vallejo. Periodista con experiencia en Oriente Próximo y en la cobertura de las guerras de Irak y Líbano, llevo un cuarto de siglo viajando a Grecia. He pasado temporadas en Salónica, donde amplié mis estudios de griego, y he cubierto las elecciones de 2009 y buena parte de la crisis de la deuda. También disfruto del país en vacaciones.

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