Cembrero

Sobre la autora

María Antonia Sánchez-Vallejo. Periodista con experiencia en Oriente Próximo y en la cobertura de las guerras de Irak y Líbano, llevo un cuarto de siglo viajando a Grecia. He pasado temporadas en Salónica, donde amplié mis estudios de griego, y he cubierto las elecciones de 2009 y buena parte de la crisis de la deuda. También disfruto del país en vacaciones.

Eskup

Contra la tecnocracia

Por: | 27 de noviembre de 2011

Me van a permitir que niegue la mayor: lo que ahora mismo tiene Grecia no es un Gobierno de tecnócratas, sino un Gobierno dirigido por un técnico, o un tecnócrata si se prefiere, ya que nos hemos aficionado a la palabrita como si viviéramos instalados en el franquismo de los sesenta. Lukas Papademos, o Papadimos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo y responsable del Banco Central nacional cuando Grecia entró en el euro, en 2001, podrá ser todo lo tecnócrata que se quiera, pero los miembros de su Ejecutivo, al margen de su color, están en las antípodas de la mesura del término.

Para poner un ejemplo: los ministerios de Defensa y Exteriores, en manos de dos notables de Nueva Democracia (centro-derecha), son auténticos baluartes desde los que se trazan las líneas maestras de la manera de ser y estar de Grecia en el mundo (o en el patio regional, de los Balcanes a Turquía). Es decir, ideas, discurso e intenciones (y ojerizas). ¿Algo que ver con la tecnocracia?

Ítem más: siguen en sus cargos ministros socialistas como Pavlos Gerulanos -el político más sexi de la Unión Europea y parte del extranjero-, Andreas Loverdos -con una buena colección de carteras a cuestas- y el propio Evánguelos Venizelos, como titular de Economía y vicepresidente del Ejecutivo. Si esto no son pesos pesados del Pasok, venga Merkel y lo vea. En el tercer bando, a modo de dinamiteros, tres peones de Yorgos Karatzaferis, líder del populista (y xenófobo, y arrogante) Laos.

Los medios presentan este Gobierno tripartito como tecnócrata tal vez por influencia del italiano, cuya composición sí se adecúa al modelo de técnicos y expertos sin experiencia política. Pero que la tecnocracia -es decir, la pura y simple gestión- haya calado en la actitud de los ministros griegos, es más que dudoso.

Tecnócrata de pro ha sido siempre el socialista Kostas Simitis, que dirigió el Gobierno griego entre 1996 y 2004 y que, precisamente por tecnócrata, salió escaldado del poder y de las filas de su partido. Discreto y reservado, Simitis ha vuelto a saltar a la palestra estos días para rechazar las acusaciones de mendacidad que pesan sobre su país por aquello de las cuentas maquilladas. "¡Grecia no ha hecho trampas!", se titula una tribuna suya en Le Monde en la que echa la culpa a Nueva Democracia, que arrebató el poder al Pasok en marzo de 2004.

Dice Simitis: "Grecia se adhirió a la zona euro en función de datos evaluados en 1999. En 2004, tras las elecciones, el nuevo Gobierno dirigido por el partido Nueva Democracia procedió a un cambio retroactivo de las reglas que se aplican al registro de los gastos militares: estos, en lugar de ser registrados en la fecha de la entrega del equipamiento -como era la regla en los países europeos-, fueron transferidos a la fecha del encargo. Así, sumas importantes que debían formar parte de los presupuestos a partir de 2004 fueron registradas como gastos del periodo precedente, lo que engordó el déficit de ese periodo".

El pastel se descubrió a finales de 2009, cuando el flamante Gobierno de Yorgos Papandreu, salido de las urnas el 4 de octubre en unas elecciones adelantadas tras meses de malestar y conflictividad que hacían presagiar lo que hoy vemos -y lo que veremos-, descubrió un agujero insondable de deuda y déficit. Todo por culpa, sostiene Simitis, de lo que podríamos llamar culos de mal asiento contable: esas saltarinas partidas de Defensa.

Los socialistas no han sido tampoco un prodigio de transparencia; y ahí está el caso Siemens para demostrarlo: la adjudicación de contratos a la empresa alemana para los Juegos Olímpicos de 2004 a cambio de jugosas comisiones. Los griegos ya han perdido la cuenta de cuántos viceministros, secretarios de Estado y adláteres han sido condenados en un proceso judicial que se ha prolongado durante años.

Pero lo bueno de la política -algo de lo que la tecnocracia sin duda carece- es que, si los socialistas acusan a los conservadores de enredar con las cuentas, y estos a aquellos del caso Siemens, el Pasok también puede recordar a ND el caso Vatopedi, la venta fraudulenta de terrenos propiedad de la Iglesia ortodoxa.Y así hasta el infinito.

De todo lo cual cabe inferir varias realidades inamovibles en Grecia: Iglesia. Defensa. Gastos militares (preferiblemente en beneficio de Francia y Alemania). Corrupción. Política. Y políticos.

Posdata: Leído en un periódico de hoy: Papademus. Con un par. Como Nostradamus, pero en plan jefe de Gobierno atribulado. Digo yo si no sería mucho mejor, hasta que se unifique la grafía, llamarle Papageno; los melómanos (y especialmente los mozartianos) entenderán por qué.

¿Papademos, trending topic?

Por: | 17 de noviembre de 2011

Papadimos II
El nuevo primer ministro griego ha estado a punto de convertirse, sin saberlo, en trending topic. De andar por casa, de acuerdo. O para ser más exactos, de moverse por la redacción, porque la escritura correcta de su nombre (Papademos, Papadimos; Lucas, Lukás o Loukas) ha traído por la calle de la amargura a los periodistas, enfrentados a una tarea tan ardua como recitar de memoria la alineación de la selección de fútbol de Mongolia.

A día de hoy, hay casi tantas formas de escribir Papademos como medios de comunicación, con el consiguiente despiste del lector, oyente o telespectador al hacer zapping. La realidad es una: el griego se pronuncia igual que el castellano, salvo tres fonemas -ninguno de ellos está en el apellido del exbanquero-, así que en teoría lo tenemos mucho más fácil para llamarlos a todos por su nombre, de Samarás a Papandréu; a los anglosajones, sin embargo, se les atragantan de oficio.

Pero cada uno de los medios ha optado por una forma: unos, como este periódico, por la escritura más común en Internet (la transcripción inglesa del apellido, Papademos); otros, por la combinación aleatoria, cuando no la pura chiripa; algunos, por el sonido griego: Lukás Papadimos.

A falta de decisiones vinculantes –sólo lo son las de la Real Academia de la Lengua, que no desciende a estas minucias-, la única voz autorizada al respecto sería la de Fundéu (Fundación del Español Urgente), que ha recomendado la escritura “Lukás Papadimos”, es decir, la pura transcripción fonética. Pero como Fundéu no esgrime una pistola ni apunta a nadie al teclado, cada cual escribe el nombre como le peta, que total, para lo que va a durar…

Poniéndonos nominalistas, o sea, estupendos, podríamos extender este cacao a las denominaciones del actual Gobierno griego: de coalición, transición, concentración, unidad, salvación nacional… ¿Son todos lo mismo? ¿O utilizamos como sinónimos términos que técnicamente no lo son? En medio del mar de dudas, Antonis Samarás, líder de Nueva Democracia (ND, centro-derecha, principal partido de la oposición), ha salido al rescate: el nuevo Gobierno griego, que acaba de recibir la confianza del Parlamento, es un Gobierno de transición, no de coalición: un Ejecutivo con fecha de caducidad, la futura celebración de elecciones.

Coalición sería otra cosa, dice Samarás -también llamado Mister No-, como compartir objetivos y algún que otro planteamiento político. Evidentemente, ese no es el caso del Ejecutivo de Papademos, con varios pesos pesados del Pasok como carga de profundidad; algunas carteras estratégicas en manos de ND y un divieso: los tres representantes del partido ultra Laos.

Así que el Gobierno que dirige El Innombrable –así podríamos llamar de ahora en adelante a Papa… para unificar criterios- no es una unidad de destino, sino algo más parecido a un Gobierno ecuménico, como se llama en Grecia la formación que congrega a fuerzas de distinto signo, algunas tan aparentemente irreconciliables como la derecha y los comunistas.

Ecuménico, por ejemplo, fue el Gobierno que entre 1989 y 1990 llenó varios meses de vacío institucional. Andreas Papandréu y Konstantinos Mitsotakis no se ponían de acuerdo para formar Gobierno y, tras interminables peleas de patio de colegio –o sea, de palpitante debate político a la griega-, el banquero Xenofón Zolotas se puso al frente de un Ejecutivo para salir del paso. “El Gobierno de Zolotas tuvo los peores resultados posibles y es citado a menudo como un ejemplo a evitar”, explica esta semana en la edición digital del semanario Athens News el historiador Konstantinos Svolópulos.

Aviso para navegantes: el fracaso de otro Ejecutivo ecuménico, en 1966, dio paso a la dictadura de los coroneles. Como el actual de Papa… y el de Zolotas, también estaba presidido por un banquero, el entonces vicepresidente del Banco de Grecia Yanis Paraskevópulos. Y en los aledaños, además, había otro Papandréu, Yorgos, abuelo del recién dimitido primer ministro. Si Tucídides dijo que la historia se repite, la griega, por lo visto, se empecina.

Fumata gris

Por: | 11 de noviembre de 2011

Habemus Papa: Papadimos (Lucas), el nuevo primer ministro griego. Perdón por el chiste: es demasiado fácil, pero suena cruel si se tiene en cuenta la tarea que le aguarda hasta que se celebren elecciones generales (se aceptan apuestas sobre la fecha, pero podrían ser más bien antes que después).

La fumata de su nombramiento no ha sido esta vez blanca, sino gris: como los nubarrones que se ciernen sobre los griegos si el Gobierno, y luego el Parlamento, aprueban el segundo rescate europeo. Y a fe que un Ejecutivo liderado por el ex número dos del Banco Central Europeo no va a dudar a la hora de aprobar nuevos ajustes e implementar las reformas en curso. Esto va a doler, ha venido a decir Papadimos nada más ser nombrado.

Quita del 50% al margen, la deuda griega podría alcanzar el año próximo el 198% del PIB, informaba ayer este periódico. Este es uno de los mensajes que trascienden al mundo de la pavorosa crisis griega, pero, mirando por el agujero de la cerradura, podemos averiguar qué significan de verdad esas cifras. He aquí un par de ejemplos, para no perder de vista lo importante (Grecia, los griegos) en aras de lo urgente (la tranquilidad de Europa):

1. Hasta finales de 2011, en el marco de un programa de la UE recién sancionado por el ministro griego de Desarrollo Rural y Alimentación, se distribuirán gratis arroz, pasta y queso a la población sin recursos. En total, se repartirán más de 7 millones de kilos de pasta y cereales; 5,2 millones de arroz y 426.000 kilos de queso graviera de Creta (una denominación de origen), informa M. Sideris en la agencia de noticias estatal griega.

Hace algo menos de dos semanas, la rama local de la ONG Médicos del Mundo hizo un llamamiento urgente para ayudar a “las decenas de miles de griegos desprovistos de los recursos mínimos para vivir”. El director de la ONG alertó de la existencia una “crisis humanitaria sin precedentes” en el país.

2. Desde el inicio de la crisis, a finales de 2009 -aunque las primeras medidas de ajuste se adoptaron en febrero de 2010-, los suicidios han aumentado en Grecia en un 40%, anunció el ministro de Trabajo, Andreas Loverdos, el pasado mes de junio. Hasta entonces, Grecia era el país de la Unión Europea con la tasa más baja de suicidios: 2,8 por cada 100.000 habitantes. Pero sólo entre 2007 y 2009 el porcentaje aumentó en un 18%.

La incertidumbre y la penuria, junto con el descrédito nacional a los ojos del mundo, han disparado también el número de consultas psicológicas: entre un 25% y un 30% más que antes de la crisis; la lista de espera para una cita ronda los tres meses. El 27% de las llamadas que recibe el servicio de atención telefónica SOS Depresión están directamente relacionadas con la situación económica.

Así, no pasa un día sin que los medios griegos reseñen discreta y brevemente la muerte accidental -caídas desde el balcón o por un barranco, disparos fortuitos, intoxicaciones- de un pequeño empresario arruinado (en el primer semestre de 2011, cerró uno de cada cuatro negocios). Pero la escasa difusión del fenómeno no tiene nada que ver con la habitual prevención de los medios -para evitar el mimetismo, sobre todo-, sino con la influencia de la Iglesia ortodoxa, que muchas veces se niega a enterrar al difunto en lugar sagrado. El suicidio, en Grecia, es hoy un tabú a voces.

Sexo, dracmas y rock‘n’roll

Por: | 09 de noviembre de 2011

Líos de cama. El principio del fin de Andreas Papandreu (1919-96), fundador del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) y primer ministro en los ochenta y noventa, fue un episodio de amour fou. Cuando frisaba los setenta, se enamoriscó de Dímitra Liani, una azafata de Olympic Airways a la que sacaba una pila de años; dejó a su esposa, la estadounidense Margaret Chant -madre del primer ministro en funciones, Yorgos Papandreu-, y, antes de casarse con la joven, la paseó con fruición por salones y politburós.

Dimitra Liani
Durante la fase living la vida loca de su progenitor, el pobre Yorgos (o Yorgakis, Jorgito, como le llaman los griegos) puso tierra por medio y arropó a su madre. Era un escándalo demasiado chocarrero para él, tan serio, tan monógamo, tan europeo: en 2009, cuando llegó al Gobierno, declaró que quería hacer de Grecia “la Escandinavia del sur de Europa”. Sic.

(Dímitra Liani, Mimí para los íntimos, ejerce desde 1996 de viuda solemne -se da un aire, en lo físico y en lo ceremonial, a otra doliente ilustre, Suha Arafat- y abre de vez en cuando su casa a las revistas para enseñar nuevo interiorismo y/o aplicaciones de bótox.)

Coge el dinero. En 1989, el mismo año en que se casó con Mimí -a quien el aparato del Pasok acusó de maniobrar en beneficio de su propia camarilla-, a Andreas Papandreu le explotó un escándalo mucho más grave en las manos. Yorgos Koskotás, un tiburón chapuzas, dueño del Banco de Creta y de un grupo de comunicación, le acusó de haber ordenado a empresas públicas que desviaran 200 millones de dólares a esa entidad bancaria. A cambio, Papandreu y otros altos cargos del Pasok se habrían embolsado las correspondientes comisiones.

Al final quien pagó el pato del desfalco fue el propio Koskotás, que acabó en la cárcel. Andreas Papandreu, algunos de cuyos ministros se inmolaron en plan cortafuegos, se salvó por los pelos. Y en 1992 un tribunal especial creado a instancias del Parlamento griego le exoneró, por 7 votos contra 6, de haber metido mano en la caja. No sólo el Pasok apoyó su exculpación; también lo hizo Nueva Democracia (centro-derecha).

Y corre. Con tantos frentes abiertos, Andreas Papandreu perdió las elecciones de junio de 1989, pero salvó la honrilla: quedó sólo a cinco puntos de Nueva Democracia. Milagros de la ley electoral griega, que el propio Papandreu reformó en 1988: siempre salen beneficiados los dos principales partidos, que se reparten los votos de las formaciones que no alcanzan el 10% de sufragios.

Al no poder formar Gobierno la derecha, en noviembre se repitieron los comicios: Nueva Democracia logró el 46% de los votos; el Pasok de Papandreu, algo más del 40%. El práctico empate -que bien podría repetirse en las próximas elecciones- forzó un Gobierno de concentración tripartito (conservadores, socialistas y comunistas) bajo la dirección de Xenofón Zolotas, exgobernador del Banco de Grecia y miembro de una dinastía de joyeros.

A la tercera fue la vencida: en abril de 1990, Konstantinos Mitsotakis, líder de Nueva Democracia, logró suficiente margen para gobernar en solitario.

Los viejos roqueros nunca mueren. Cuando todos le daban por muerto, Andreas Papandreu ganó por mayoría las elecciones de 1993 y volvió a ser primer ministro. Sólo la enfermedad le alejó de Megaro Máximu, La Moncloa griega: le tuvieron que sacar casi en camilla. Murió cinco meses después de haber cedido el mando a Kostas Simitis.

Epílogo. En dos encuestas independientes realizadas en el país en 2007 y 2010, Andreas Papandreu fue elegido “el mejor primer ministro de Grecia” de la historia moderna.

Arde Troya

Por: | 06 de noviembre de 2011

FotoPapandreu
El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, a su salida del Palacio Presidencial tras mantener una reunión con el presidente de Grecia. EFE

Menos mal que la crisis de la eurozona ha pillado a los griegos (y a Bruselas) con el tibio Yorgos Papandreu al frente del Gobierno de Atenas. Si hubiese sido su padre, el mercurial y apasionado Andreas Papandreu, el mandatario a cargo del desaguisado, la crisis política de estos días habría hecho palidecer de envidia a Nerón y al incendio de Roma. En dos palabras, Andreas Papandreu al mando, y entonces sí que arde Troya.

El ser humano es un zoón politikón (animal político), dijo en su día el filósofo griego Aristóteles. Y sus compatriotas se lo han tomado tan al pie de la letra que a veces se comportan como auténticas bestezuelas: siempre a la gresca; a veces, como perros que no sueltan su hueso (ejemplo: Antonis Samarás, principal líder de la oposición, con su huesito-mantra de las elecciones anticipadas)
ni siquiera en aras del bien común.

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¿El Partenón, en venta? Nein, danke!

Por: | 04 de noviembre de 2011

Partenon

Hace unas semanas, Anzula, recepcionista de un pequeño hotel en la isla de Mitilene (noreste del Egeo), relataba con mucha guasa y algo de coraje una anécdota ocurrida a finales de junio, cuando Grecia aprobó in extremis el segundo plan de ajuste. “Estábamos una compañera y yo en el mostrador, riéndonos a carcajada limpia por no sé qué. Se acercó una pareja de turistas alemanes y él, muy serio, nos soltó: ‘Parece mentira que aún tengan ganas de reírse. Su país está al borde del abismo, y ustedes aquí, de broma. ¿Cómo es posible?”. Respuesta: “Pero oiga, ¿qué quiere? ¿Que nos cortemos las venas? ¿Que nos tumbemos a esperar la muerte?”.

Esta diferencia de pareceres ante la vida explica uno de los ingredientes de la crisis griega, y hasta algunas de las razones que subyacen en la convocatoria de un referéndum sobre el segundo rescate europeo: por más que se empeñen Berlín o Bruselas, Grecia no será nunca como Alemania. Ni siquiera como otros países de Europa, porque ni puede ni quiere. Pero tampoco un protectorado, y a eso suena en el país la superioridad germana –tanto la del Bundesbank como la del herr equis de turno de turismo en las islas. El penúltimo ejemplo ha sido la propuesta de la canciller Angela Merkel de establecer una delegación permanente de la troika en Atenas para supervisar los deberes de mates de estos zascandiles tan poco aplicados.

Papandreu

En el sorprendente órdago de Yorgos Papandreu –hace dos meses, en un discurso en Salónica, descartaba someter a consulta popular el segundo rescate- hay un intento evidente de recuperar la autonomía y la capacidad de decisión nacionales, tras meses de críticas de buena parte de la opinión pública por gobernar al dictado de Bruselas y Washington y por la evidente cesión de soberanía que suponen medidas de ajuste como confiar la gestión de algunos puertos a la multinacional china Cosco (la mayor naviera del mundo).

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It’s all greek to me!*

Por: | 04 de noviembre de 2011

Con lo que les cuesta a los políticos y a los periodistas extranjeros aprenderse los nombres de (algunos de) los miembros del Gobierno griego, vuelta a la casilla de salida. La identidad de los que conformen el previsible Gobierno de transición que podría hacerse cargo de Grecia hasta que se celebren elecciones, supondrá un nuevo quebradero de fonemas. Así que, a la espera del resultado de la moción de confianza que hoy decidirá la suerte de Yorgos Papandreu, mejor ir haciendo prácticas.

Como jefe de Gobierno suenan, según el diario digital Iefimerida, tres pesos pesados del establishment griego: el ex primer ministro socialista Kostas Simitis (a quien Papandreu relevó en el liderazgo socialista en 2004, y con quien por cierto se lleva fatal); el exvicepresidente del Banco Central Europeo Lukas Papadimos y el responsable del banco emisor, Yorgos Provópulos.

Simitis

De los tres, Simitis viene muy recomendado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel. Méritos no le faltan a ojos de Bruselas: metió a Grecia en el euro, lo cual, a juicio de muchos griegos, es la peor credencial posible. Pero Grecia es una contradicción con ruinas, digo, con patas.

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