Me van a permitir que niegue la mayor: lo que ahora mismo tiene Grecia no es un Gobierno de tecnócratas, sino un Gobierno dirigido por un técnico, o un tecnócrata si se prefiere, ya que nos hemos aficionado a la palabrita como si viviéramos instalados en el franquismo de los sesenta. Lukas Papademos, o Papadimos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo y responsable del Banco Central nacional cuando Grecia entró en el euro, en 2001, podrá ser todo lo tecnócrata que se quiera, pero los miembros de su Ejecutivo, al margen de su color, están en las antípodas de la mesura del término.
Para poner un ejemplo: los ministerios de Defensa y Exteriores, en manos de dos notables de Nueva Democracia (centro-derecha), son auténticos baluartes desde los que se trazan las líneas maestras de la manera de ser y estar de Grecia en el mundo (o en el patio regional, de los Balcanes a Turquía). Es decir, ideas, discurso e intenciones (y ojerizas). ¿Algo que ver con la tecnocracia?
Ítem más: siguen en sus cargos ministros socialistas como Pavlos Gerulanos -el político más sexi de la Unión Europea y parte del extranjero-, Andreas Loverdos -con una buena colección de carteras a cuestas- y el propio Evánguelos Venizelos, como titular de Economía y vicepresidente del Ejecutivo. Si esto no son pesos pesados del Pasok, venga Merkel y lo vea. En el tercer bando, a modo de dinamiteros, tres peones de Yorgos Karatzaferis, líder del populista (y xenófobo, y arrogante) Laos.
Los medios presentan este Gobierno tripartito como tecnócrata tal vez por influencia del italiano, cuya composición sí se adecúa al modelo de técnicos y expertos sin experiencia política. Pero que la tecnocracia -es decir, la pura y simple gestión- haya calado en la actitud de los ministros griegos, es más que dudoso.
Tecnócrata de pro ha sido siempre el socialista Kostas Simitis, que dirigió el Gobierno griego entre 1996 y 2004 y que, precisamente por tecnócrata, salió escaldado del poder y de las filas de su partido. Discreto y reservado, Simitis ha vuelto a saltar a la palestra estos días para rechazar las acusaciones de mendacidad que pesan sobre su país por aquello de las cuentas maquilladas. "¡Grecia no ha hecho trampas!", se titula una tribuna suya en Le Monde en la que echa la culpa a Nueva Democracia, que arrebató el poder al Pasok en marzo de 2004.
Dice Simitis: "Grecia se adhirió a la zona euro en función de datos evaluados en 1999. En 2004, tras las elecciones, el nuevo Gobierno dirigido por el partido Nueva Democracia procedió a un cambio retroactivo de las reglas que se aplican al registro de los gastos militares: estos, en lugar de ser registrados en la fecha de la entrega del equipamiento -como era la regla en los países europeos-, fueron transferidos a la fecha del encargo. Así, sumas importantes que debían formar parte de los presupuestos a partir de 2004 fueron registradas como gastos del periodo precedente, lo que engordó el déficit de ese periodo".
El pastel se descubrió a finales de 2009, cuando el flamante Gobierno de Yorgos Papandreu, salido de las urnas el 4 de octubre en unas elecciones adelantadas tras meses de malestar y conflictividad que hacían presagiar lo que hoy vemos -y lo que veremos-, descubrió un agujero insondable de deuda y déficit. Todo por culpa, sostiene Simitis, de lo que podríamos llamar culos de mal asiento contable: esas saltarinas partidas de Defensa.
Los socialistas no han sido tampoco un prodigio de transparencia; y ahí está el caso Siemens para demostrarlo: la adjudicación de contratos a la empresa alemana para los Juegos Olímpicos de 2004 a cambio de jugosas comisiones. Los griegos ya han perdido la cuenta de cuántos viceministros, secretarios de Estado y adláteres han sido condenados en un proceso judicial que se ha prolongado durante años.
Pero lo bueno de la política -algo de lo que la tecnocracia sin duda carece- es que, si los socialistas acusan a los conservadores de enredar con las cuentas, y estos a aquellos del caso Siemens, el Pasok también puede recordar a ND el caso Vatopedi, la venta fraudulenta de terrenos propiedad de la Iglesia ortodoxa.Y así hasta el infinito.
De todo lo cual cabe inferir varias realidades inamovibles en Grecia: Iglesia. Defensa. Gastos militares (preferiblemente en beneficio de Francia y Alemania). Corrupción. Política. Y políticos.
Posdata: Leído en un periódico de hoy: Papademus. Con un par. Como Nostradamus, pero en plan jefe de Gobierno atribulado. Digo yo si no sería mucho mejor, hasta que se unifique la grafía, llamarle Papageno; los melómanos (y especialmente los mozartianos) entenderán por qué.