Cembrero

Sobre la autora

María Antonia Sánchez-Vallejo. Periodista con experiencia en Oriente Próximo y en la cobertura de las guerras de Irak y Líbano, llevo un cuarto de siglo viajando a Grecia. He pasado temporadas en Salónica, donde amplié mis estudios de griego, y he cubierto las elecciones de 2009 y buena parte de la crisis de la deuda. También disfruto del país en vacaciones.

Eskup

Famélica legión

Por: | 29 de abril de 2013

Manihomeless
El Parlamento griego acaba de aprobar un nuevo paquete de ajustes que tiene toda la pinta de no ser el último, tantas veces han repetido sus líderes que no habría más; de eso los españoles y los portugueses también vamos sabiendo lo nuestro. Su contenido es una perfecta combinación de rumores y desmentidos previos: rebaja del salario mínimo a 490 euros para jóvenes desempleados (casi cien euros de una tacada, desde los 580 acordados en febrero de 2012); supresión de 15.000 puestos en la Administración hasta finales de 2014 (sólo este año se perderán 4.000); reducción en un 15% de la impopular tasa inmobiliaria que se cobra a través del recibo de la luz (aunque se anuncia un nuevo impuesto unificado sobre propiedades para el año próximo), liberalización de algunas profesiones (y fin del monopolio de las panificadoras, sic), y prolongación de jornada obligatoria de dos horas, a partir de septiembre, para los docentes de primaria y secundaria, a fin de no tener que contratar interinos.

Hay muchas más technicalities en el mamotreto legislativo de 110 páginas que se votó este domingo por la noche –luego dice frau Merkel que los griegos no trabajan…- como un solo proyecto de ley, y por la vía de urgencia, para aligerar el trámite (y las objeciones de inconstitucionalidad de Syriza). Pero el resultado es lo que cuenta y, con un total de 168 diputados a favor y 123 en contra, el Eurogrupo aflojará ipso facto 2.800 millones de euros del rescate pendientes desde marzo, imprescindibles para pagar sueldos y pensiones; otros 6.000 millones serán liberados a mediados de mayo.

Pintada Pireo
Lo de las excepciones al salario mínimo fue un truco de magia que incluyó a última hora el ministro de Economía, Yanis Sturnaras –era desde hace meses la principal demanda de multinacionales extranjeras para invertir en Grecia-, pero el resto entraba dentro de lo previsto. Algunos medios, como el diario conservador Kathimerini, definen la ley como “una serie de medidas previamente acordadas con la troika”, pero otros no son tan comprensivos y ven una imposición sin condiciones por parte de los prestamistas internacionales (incluida la rebaja del salario mínimo, que ya había aventado hace unos meses el mismísimo Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión Europea). El resumen de la jugada, y no sólo en Grecia, sino también en España, viene a ser: si el Gobierno desmiente un rumor sobre un hipotético ajuste, mejor ponerse en lo peor (y echar mano a la cartera).

Tras algunas semanas de calma chicha, sin titulares alarmantes sobre una inminente bancarrota, un lector se preguntaba recientemente en la sección de Cartas de este periódico qué pasaba con Grecia tras la lectura de un artículo del economista Yanis Varufakis titulado Grecia ha muerto, un texto vomitado vertiginosamente por las redes sociales que al parecer es espurio, pero que en verosimilitud -y veracidad- no supera el mejor de los reportajes sobre el tema.

DiscapaGRECIAsillaEl citado lector reclamaba más información sobre lo que sucede en aquel país, pero la respuesta la tiene mirando en derredor: a los más de seis millones de parados de España, una situación que parece pedir a gritos una revolución, como apuntaba el escasamente revolucionario diario francés Le Monde; los colegios abiertos en Andalucía o Canarias para garantizar una comida al día a los alumnos hambrientos; los 1,3 millones de empleos que se perderán en esta legislatura; el cerca de un millón de extranjeros que se han quedado sin atención sanitaria.

Así que ¿para qué mirar a Grecia si aquí sucede lo mismo? Una nueva casta de pobres, expulsados del paraíso de la otrora clase media, va ganando terreno allí, pero también por estos lares. Para muestra, un botón tan poco retórico como una reciente manifestación de homeless en las calles de Atenas: la crisis ha disparado su número hasta los 20.000 en todo el país –un 30% más que en 2009-, y el 20% de ellos tiene título universitario, según la ONG Klimaka.

Tras los discapacitados y los jubilados, los más parias entre los parias fueron los últimos en manifestarse en el centro de Atenas hace un par de semanas para denunciar el deterioro de las condiciones de ¿vida? por el efecto acumulativo de los recortes. Últimos en la cadena de supervivencia, dependientes de inexistentes mondas en cubos de basura previamente esquilmados por otros, los indigentes gritaron sus demandas, igual que viene haciendo el resto de la famélica legión de víctimas de los rescates: millones de europeos desheredados, desposeídos de todo, hasta del derecho a la salud... Una gran mancha de aceite sobre el manto de austeridad que asfixia a Europa.

Créditos de las fotografías:

1. Manifestación de 'homeless' en Atenas el pasado 12 de abril. / Petros Giannakouris (AP)

2. Pintada en el Pireo: "Queremos trabajo. No matéis a los jóvenes".

3. Manifestación de discapacitados en Atenas, en octubre pasado.

Chipre, coge el dinero y corre

Por: | 10 de abril de 2013

Chipre2

La información sobre Chipre lleva casi un mes manando a borbotones. Hasta el 16 de marzo pasado, fecha del primer acuerdo del Eurogrupo para rescatar a la isla, las noticias sobre este país se limitaban a alertar, casi en sordina, de una crisis incipiente y de los efectos de la deuda griega en sus dos principales bancos. Pero el primer rescate convirtió la crisis en una disparatada yinkana con actuaciones estelares como la del presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, y obstáculos tan pavorosos, por inéditos, como el primer corralito en la eurozona. De esa chapuza ha pasado casi un mes, tiempo durante el cual la información se ha hecho pródiga en titulares. Si, como dice el refrán, lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien, Chipre debe de sentirse hoy satisfecho.

Un vistazo rápido a la prensa local revela los siguientes sobresaltos en un lapso de 24 horas: el gobernador del banco central afronta una investigación a instancias del Parlamento por engañar a los diputados y ocultar información sobre la crisis bancaria; se confirma que el fiscal general del Estado, una figura por encima del bien y del mal, frenó en su día una causa contra su hijo, detenido por conducir borracho un coche sin papeles; las líneas aéreas de bandera, Cyprus Airways, afrontan una reestructuración que puede poner en la calle a la mitad de su plantilla (500 personas), eso si no las compran los chinos o los libaneses de MEA; empresas de un magnate ucranio que eran clientes del bufete donde trabaja una hija del presidente Nikos Anastasiadis usaron presuntamente información confidencial para retirar al menos 13 millones antes de aprobarse el corralito; unos 6.000 depositantes, entre personas físicas y jurídicas, se olieron igualmente la tostada y sacaron cientos de millones de los bancos entre el 1 y el 15 de marzo.

Es cierto que todo lo que aflora a la superficie suena mal, y huele aún peor: rusos forrados que blanquean dinero dudoso; bancos hipertrofiados de bonos podridos, como los griegos; parientes avisados de la que se venía encima –como, presuntamente, el consuegro de Anastasiadis- para coger el dinero y correr a Londres o Atenas. O la lista de políticos, empresarios y sindicalistas que se beneficiaron de un trato VIP –condonación de deudas, préstamos con condiciones preferenciales- por parte de los dos bancos que están en el atolladero, el de Chipre y el Laiki.

Chipre3

Pero Chipre no es solo eso, en absoluto: es un país civilizado, con gente muy preparada y formada; una espléndida infraestructura hotelera y de servicios hasta el punto de ser desde hace lustros una sólida plataforma de negocios regional y, muy importante, con un Parlamento capaz de decidir en libertad y tumbar soberanamente el primer acuerdo del Eurogrupo. La peculiaridad del sistema, a medio camino entre el presidencial y el parlamentario, explica ese saludable contratiempo democrático.

Para arrojar un poco de luz sobre el colapso del país pueden servir algunos testimonios de chipriotas comunes, clase media decente que paga sus impuestos sin recibir mucho a cambio –el transporte público es escaso y caro; un recibo de la luz estándar ronda los 500 euros- y que, al contrario, sufrirá los recortes y los ajustes que vienen. “Chipre ha pasado en apenas dos generaciones de una situación de guerra, pobreza y hambre como la de 1974 [invasión turca], cuando muchos tuvieron que dejar sus casas con lo puesto y empezar literalmente de cero, a un espejismo de riqueza en el que cualquier chiquillo de 18 iba a la universidad en BMW o Mercedes, cuando no en coche con chófer”, explicaba días atrás en una cafetería de Nicosia una profesora en la treintena.

2013-04-05 15.17.32“Los bancos te perseguían por teléfono ofreciéndote tarjetas y más tarjetas [de crédito], aunque no tuvieras ingresos fijos; no entendían el no por respuesta”, contaba una universitaria; “el tren de vida era insostenible; la gente se endeudaba para comprar ropa de marca, un bolso de Louis Vuitton, el último modelo de coche de alta gama o un viaje de shopping a Londres o, en su defecto, Atenas”, por no hablar de la casa en la playa. “Estamos purgando un pecado de soberbia, nos creímos ricos y poderosos, y ahora pagamos la osadía, como en las tragedias clásicas”, remata la profesora citada.

Chipre. Un país donde las manifestaciones parecen convenciones de empleados del mes, por los atuendos y por lo modélicas; donde la Iglesia –que no paga impuestos- es accionista mayoritaria de uno de los principales bancos, el Hellenic Bank; propietaria de la principal marca de cerveza y la terrateniente por excelencia, y además alecciona a sus fieles sobre la conveniencia de votar a uno u otro candidato presidencial y, estos días, sobre la manera de superar la crisis. Los chipriotas normales, los pequeños comerciantes, los jubilados, los funcionarios, no han hecho nada para merecer esto, pero pagarán la factura de los sueños rotos durante años.

 

Pies de foto:

Manifestación contra la troika en Nicosia.

Retirada de efectivo en un cajero el día de reapertura de los bancos, el 28 de marzo.

Pintada en una zona comercial de Nicosia: "Compro, luego existo".

El País

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