Soy de esos, tal vez no tantos, tal vez muchos más de los que pueda pensar, que sintieron un vacío irremplazable tras el final de Los Soprano, la serie que más me ha marcado junto a esa obra maestra llamada The Wire. Mejor dicho, Los Soprano fue mi serie, y lo sigue siendo, por muchos motivos pero, especialmente, por hacerme reflexionar tanto como la mejor de las películas, la mejor de las novelas, el mejor de los discos. Era arte en televisión, cierto, pero para mí terminó siendo algo más, como esa canción que es banda sonora de un momento de tu vida. Todavía hoy, tanto tiempo después, me estremezco, como a quien le viene a la memoria un recuerdo muy intenso de la infancia, viendo una de sus escenas, rememorando alguno de sus pasajes, escuchando su canción de arranque, ese contagioso Woke up this morning, pero, sobre todo, escuchando la canción del capítulo final, que fue la más descargada de la historia de iTunes tras el fin de la serie. Me refiero a Don’t stop beliving.