La Ruta Norteamericana

Sobre el blog

Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

Sobre el autor

Fernando Navarro

. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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Lugar de encuentro sobre actualidad musical y sonidos raíces de la música norteamericana. Otro punto de reunión y recomendaciones del blog de Fernando Navarro pero hecho con la colaboración de todos sus miembros. ¡Pásate por nuestro grupo!

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Martha. Música para el recuerdo

“Un accidente de tráfico y sus consecuencias despiertan en Javi, un periodista inmerso en la crisis del sector, un torrente de recuerdos y sensaciones que le conducen a su juventud, a esos veranos en el pueblo con sus amigos, al descubrimiento del amor y de esas canciones que te marcan de por vida. Un canto al rock, a la amistad, a la integridad ética y al amor puro”


Fernando Navarro

Acordes Rotos. Retazos eternos de la música norteamericana.

Acordes Rotos. Retazos eternos de la música norteamericana repasa el siglo XX estadounidense a través de las historias de más de treinta artistas, claves en el nacimiento y desarrollo de los estilos básicos de la música popular. Un documento que tiene en cuenta a músicos esenciales, que dejaron un legado inmortal sin importar el éxito ni el aplauso fácil.

JJ Cale: ¿el último hippy o el primer punk?

Por: | 29 de marzo de 2009

Vuelve JJ Cale, y eso siempre es noticia en el mundo del rock. Su último trabajo, Roll On (Rounder/Warner), ha acabado de aparecer en el mercado tras el extraordinario To Tulsa And Back (Sanctuary, 2004). Una nueva "Parada para repostar" a cargo de Manuel Beteta, colaborador de la revista Ruta 66 y fan irredento del okie, nos cuenta la extraña vida de uno de los músicos más admirados de este negocio.
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En el documental To Tulsa And Back. On Tour With JJ Cale (Jörg Bundschuh, 2006) un impresionado Eric Clapton cuenta: "Hace años produje un álbum. Queríamos tocar un tema de tal forma que pareciera de JJ Cale. Llevé su álbum «Guitar Man» al estudio y dije al ingeniero de sonido y a mi coproductor que escucharan aquello. No pudimos dar con la clave. Ambos intentaron analizar como lo había hecho, pero no lo descubrieron. Por más que lo he intentado nunca he conseguido hacerlo como él". Así es el laid-back de JJ Cale, una técnica difícil de imitar y que hasta para un virtuoso de la guitarra como Clapton se le resiste.
Y esta es una de las razones de por qué la música de Cale es única, mágica, personal, envolvente. "Su estilo es la mejor técnica que conozco", añade Clapton en el filme. "Es como si te susurraran al oído, pero al mismo tiempo entiendes perfectamente la letra. Todo está muy claro. Está muy presente, es como si estuviera dentro de mi cabeza. No sé como lo hace, pero lo descubriré". Pues no, de momento no lo ha descubierto, así que el británico finalmente se rindió y se ha conformado con grabar un álbum a medias con el okie, The Road To Escondido (Reprise, 2006).
Nacido el 5 de diciembre de 1938 en la capital del estado, Oklahoma City, sus padres se mudaron a la cercana Tulsa cuando era niño. John W. Cale, fue apodado JJ (Jotajota, sin puntos, no es una abreviación) por Elmer Valentine, el dueño del club Whisky A Go-Go de Los Ángeles, para distinguirlo de John Cale. Es el abanderado del denominado Tulsa Sound, una mezcla cálida de folk, country, blues y jazz extraordinariamente rica en feeling, emotiva, y que transmite quietud y sosiego.

Con el primer álbum publicado, Naturally (Mercury, 1972) y la versión de «After midnight» de Eric Clapton sonando en todas las radios, fue contratado como telonero de Traffic, pero no aguantó ni media gira. Asfixiado por la popularidad, abandonó. En este punto fue cuando tomó la decisión de esquivar la fama para siempre, alejarse del negocio musical e iniciar una vida de ermitaño que le ha valido ser descrito como el Howard Hughes del rock por su aversión a las entrevistas.

Se compró una motorhome y vivió durante años a las afueras de Nashville en un camping para remolques. En 1980, tras cinco discos grabados en esa ciudad, el autor de «Cocaine» cogió su camión caravana y se trasladó a otro camping en Anaheim, al desierto del sur de Los Ángeles. Seguía sin querer ver ni hablar con nadie. Dormía de día y tocaba de noche. Todo el que quisiera dejarle un mensaje se lo tenía que dar a Audie Ashworth, su productor, y esperar a que Cale llamase.
Así estuvo más de veinte años y en 1994, decidió no vivir más en una roulotte y hacer vida doméstica tradicional, eso sí, sin que nadie le molestase. Se trasladó cerca de la frontera con Méjico y se compró una casa en Valley Center, al norte de San Diego, también en pleno desierto, que es donde actualmente reside con su hermana. "Todos mis vecinos de la urbanización son ancianos y no saben quien soy", dice orgulloso JJ Cale. "Una vez se me acercó un abuelillo y me dijo: 'Me han dicho que eres escritor de canciones'. Y le contesté: 'Sí, soy Bing Crosby'. Nunca más me volvió a dar la plasta".
Así es uno de los escritores más importantes y reverenciados de la historia del rock, graba cuando le viene en gana (14 discos en treinta y ocho años), y lo alterna con varios periodos de más de cinco años sin dar señales de vida. Con una guitarra en sus manos, sus vaqueros roídos y una camiseta como única vestimenta, no necesita más para vivir. Y encima es feliz.


Texto: Manuel Beteta (Redactor de Ruta 66)

El colacao de Johnny Cash

Por: | 25 de marzo de 2009


Lo siento, pero no. Lo he tenido en mis manos, hice por escucharlo entero pero no he podido. Que los remezcladores y “artistas que están en deuda con Johnny Cash” se metan este disco remixed por donde les quepa. Esto no es un homenaje, es un bodrio. Y sí, esta ruta se sale de curva y pierde la compostura con tal despróposito.


Supongo que esperan a que el homenajeado este en el otro barrio para llevar a cabo tan magna sandez de disco. Si Cash estuviese vivo, a lo mejor le partía la cara a su propio hijo, que ha permitido este remix. <<Walk the Line>>, como toda la obra del hombre de negro, no tiene nada que ver con este colacao. Nada.

John Fogerty, de gira por España

Por: | 23 de marzo de 2009

Fechas confirmadas:
10 de julio - San Javier
11 de julio – Festival de Guitarra - Córdoba
13 de julio - Conde Duque - Madrid
14 de julio - Movistar Arena - Barcelona
Noticia de las buenas. El creador y cantante de Creedence Clearwater Revival gira por estas tierras. Y coincide con el 40 aniversario de la mítica banda, que grabó seis fantásticos álbumes en apenas dos años. Una obra colosal y excitante, de lo mejor y más productivo que ha dado la historia del rock, que regresa remasterizada a las estanterías y con 22 inéditos distribuidos entre los distintos trabajos.
John Fogerty siempre ha sido un genio pero también un histérico y mandaba destruir todo lo sobrante. Tal y como se las gastaba el brillante líder de estos chicos de camisas de franela a cuadros, apegados a una tradición musical que nacía en el blues y el country para fundirse enérgicamente con el rock, este material desconocido es casi una bendición.
Pero ahí sigue a lo suyo John Fogerty. Y esta ruta aprovecha para detenerse en la recomendación de su último disco, Revival. Un trabajo algo lejano de lo mejor de la CCR pero con grandes momentos. Un álbum que anticipa lo que se podrá ver sobre un escenario: un hombre veterano, experto en lo suyo que es el rock de raíces, ese que es tan díficil de encontrar hoy en día y es la base de la mejor música norteamericana. Como dice el propio John en la siguiente canción de su Revival: “you can’t go wrong, if you play a little bit of that Creedence song” (no te puede ir mal si tocas un poco de esa canción de la Creedence).


El gigante Neil golpea de nuevo

Por: | 22 de marzo de 2009

Amo abril. Adoro este mes. Es el mes de mi cumpleaños, pero además siempre lo asocio a un mes con nuevas vibraciones. Siempre me ha sucedido así, y este año se presenta igual de vibrante. Esta es la portada de la revista Ruta 66 para el mes de abril.

En la redacción de Rolling Stone tuve la oportunidad de escuchar la semana pasada el nuevo disco de Neil Young, Fork in the Road, que en abril estará en las tiendas. Fue sólo una rápida escucha, pero la sensación que me dejó fue tremenda. Urgente, corrosivo y vibrante, muy vibrante. Neil Young morirá matando. De eso no me cabe la menor duda. El viejo estará de gira en mayo en nuestro país, después del espectacular concierto que ofrecio en el Rock In Rio del año pasado. El gigante golpea de nuevo.


PD. El número de Ruta 66 de este mes se presenta fantástico para esta ruta con el informe sobre música americana, el reportaje de Neil Young y las entrevistas a Black Crowes o Andrew Bird.

La soledad con Bon Iver

Por: | 19 de marzo de 2009

Me parece un magnífico disco. Vernon es el responsable del evocador álbum For Emma, Forever Ago. Pero todos le conocen por Bon Iver, una corrupción ligüística que hace referencia a “bon hiver", "buen invierno" en francés. Tal vez, no sea el mejor momento de recuperarlo con el sol de estos días, pero hasta los rayos más cálidos no hacen olvidar el extraño frío de invierno.
En el invierno de 2006, la primera banda de Vernon se deshizo, su larga relación de pareja terminó y contrajo una monoclueosis. Así que Vernon decidió retirarse a la cabaña de su padre en los bosques del noroeste de Wisconsing. Y aquel retiro supuso el nacimiento de una obra regeneradora. Allí escribió y grabó una colección de crudas pero bonitas canciones sobre la vida en el bosque deprimido.
For Emma, Forever Ago es un disco intenso, que se puede tocar con las manos. Rico en matices y en capas de voces, es un recorrido introspectivo de alegorías impactantes. Y trata sobre la soledad, la auténtica soledad, la que nos enseña nuestro yo y nos proyecta a la vida real. El disco es, pese a las circunstancias que lo motivaron, esperanzador en estado puro. Un licor a degustar a ritmo lento.


The Kills, sensualidad trasnochadora

Por: | 17 de marzo de 2009

Podría parecer que The Kills son otro grupo de modernos trasnochados, pero hablamos de trasnochadores a tumba abierta, que pasan de horarios y modas y se refugian en su amor por el pasado más excitante del rock’n’roll sin ataduras. Y de su revolcón con el garage de los setenta, el punk neoyorquino o la electrónica bien entendida paren discos notables, el último, uno tan excitante como Midnight Boom.
Contaba esta pareja que las sesiones de grabación de este disco empezaban de noche y se alargan toda la madrugada hasta las diez de la mañana. Es por eso que el título hace referencia a ese espacio de tiempo cuando la luna lo puede todo y te transforma. Tanto fue así que, según dicen, la grabación se convirtió en un viaje del que salieron más de 40 canciones. Finalmente, Jaime Hince y Alison Mosshart se quedaron con 11, pero intentaron mantener vivo ese espíritu nocturno.
Sin abandonar lo electro, del que ya dieron buena cuenta en No Wow, relucen sonidos negros en temas como <<Getting Down>> o <<Alpha Boy>> con la introducción de bases que maquilla diferente la verdadera propuesta de este dúo. No es otra que un brío de guitarras, marca Hince, que levanta de la silla, y más aún la voz sexual de Alison, que a veces se funde tras un éxtasis rotundo como en <<Tape Song>>, y otras canta como una Lolita urbana, <<Cheap And Cheerful>>.
Bien es cierto que los mimetismos estropean un poco el producto final. <<Goodnight Bad Morning>> es tan Velvet Underground que Lou Reed y compañía podrían pedir royalties por ella. Pero se pincha <<Tape Song>>, un sex appeal que mata.


Vueltas en torno a una clase de azul

Por: | 15 de marzo de 2009

La sección “Parada para repostar” se detiene con gusto en un aniversario de lujo. Medio siglo de Kind of Blue, una de las grandes obras del jazz y de la música universal. Y lo hace de la mano de uno de los mayores expertos de este país en la materia: Chema García Martínez. Nuestro protagonista no es sólo un verdadero experto es también un amante del jazz y esto siempre se agradece en la lectura de sus textos. Ha publicado libros y ha escrito sobre jazz en todo tipo de publicaciones. En fin, esta ruta está de enhorabuena. El maestro Miles Davis y Chema juntos.
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Me contaba Jimmy Cobb, el último de quienes participaron en el disco y están todavía para contarlo, que nadie tenía consciencia de estar haciendo nada especial, empezando por el propio Miles. Solo otra sesión: se toca, se cobra y a otra cosa. Pero la de Kind of Blue no fue una sesión más. Y todo porque, en algún momento antes/durante aquel 2 de marzo de 1959, los cerebros de Miles y Bill Evans –a quien debe considerarse en justicia el coprotagonista de la peli- confluyeron en un punto indeterminado del ectoplasma cósmico y lo que empezó siendo una cosa –una sesión de grabación- se convirtió en otra –un hito histórico-. Y surgió algo parecido al “disco de jazz perfecto”, sino fuera porque la perfección y el jazz se llevan mal; la expresión de un sentimiento –una inquietud- latente en alguna región remota de la sensibilidad colectiva que salió a la superficie en lugar y momento determinados porque así lo quiso el Destino y quienes se encargaron de traducirlo a música. Y, con todo, KoB no es el mero producto del azar, aún cuando ni sus propios hacedores fueran conscientes de lo que estaban haciendo mientras lo hacían. Pero esa es, precisamente, la grandeza del jazz y su miseria, lo que la hace diferente a las otras músicas. Lo que a muchos nos sigue fascinando
Cincuenta años después, seguimos encontrando razones para escuchar KoB, aunque nos lo sepamos de memoria. Sus múltiples lecturas nos permiten otras tantas escuchas diferenciadas. Hay kind of blues para todos los gustos y no hace falta más que repasar la lista de testimonios que acompañan el librejo de Ashley Kahn (“Miles Davis y Kind of Blue. La creación de una obra maestra”) para darse cuenta de ello. Lecturas sexuales, místicas (Lao-Tse y la teoría del bambú firme pero flexible aplicada al modus operandi de Miles-Evans), políticas, musicales… lo que en otros casos es defecto, en KoB es virtud: su facilidad para ser digerido. La música de KoB se entiende a la primera, algo que pudo fastidiar a algunos críticos en su momento y hoy sirve a los forofos del easy listening (lo que cuando “KoB” vio la luz se conocía como “jazz modal”) para citar al disco entre sus favoritos. “Cosas veredes”, amigo Sancho.
Fácil y profundo. Que KoB no se estudie en las escuelas es un claro síntoma de las carencias de nuestro sistema educativo. Uno más.


Texto: Chema García Martínez, colaborador habitual de El País, el suplemento cultural Babelia y toda publicación de jazz en España. Para saber más sobre su dilatada carrera, en este enlace y en su fantástico blog musical, Jazz y otras hierbas.

Paseo por el mundo de Tom Waits

Por: | 09 de marzo de 2009

Después de revisar algunas frases subrayadas y notas del libro que leí hace tiempo, Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones (Global Rythym), hoy sólo quiero compartir con vosotros algunas de esas píldoras del genio de Waits. Siempre es buen momento de acercarse a su sabiduría y a su música.
“La razón por la que los teatros no hacen espectáculos los lunes por la noche es porque los lunes por la noche eran la noche de la Horca, y nadie podía competir con la noche de la Horca. Hasta hoy, los teatros permanecen a oscuras los lunes”. (Magnet, 2004)
"El hecho de que tú no pesques nada no significa que no haya peces ahí afuera”. (LA Weekly 1999)
"El día que recogen la basura, te das cuenta que alguien está husmeando en la tuya, sacas la cabeza por la ventana y le dices: “¿Qué demonios está haciendo?” Y entonces se va y tú empiezas a revisar tu propia basura. Empiezas a reevaluar la calidad de tu basura, preguntándote si habrás cometido algún terrible error, si habrás tirado algo que ahora va a ser esencial en tu vida". (LA Weekly, 1999)
“Hay una soledad común que se extiende de costa a costa. Es como una inconexa crisis de identidad común. Es la oscura, cálida, narcótica noche americana. Sólo espero llegar a palpar ese sentimiento antes de hallarme a mí mismo uno de estos días en la Calle Fácil. (Newsweek, 1976)”


El viejo blues pierde a John Cephas

Por: | 07 de marzo de 2009

Esto casi empieza a parecerse a una sección de necrológicas para desgracia de todos. Y eso que sé que se quedan varios fallecimientos por el camino y que está ruta no se olvida de algunos de la talla de Lux Interior o Richard Wright, pero ha habido tiempo de reseñarlos como desearía. Ahora, leo en Efe Eme la siguiente noticia:
"El pasado 4 de marzo falleció el guitarrista de blues John Cephas, a los 78 años, a causa de una fibrosis pulmonar, en su casa de Woodford, Virginia. Cephas, nacido en Washington, fue uno de los más destacados renovadores del estilo Piedmont, cultivado especialmente en las costas de Virginia y las dos Carolinas. Cephas se unió en 1977 al armonicista Phil Wiggins para crear un dúo con el que difundieron por todo el mundo el poco conocido estilo Piedmont, caracterizado por utilizar instrumentos acústicos con un ritmo alegre…”
Cephas no era nada conocido, pero fue uno de los últimos exponentes del blues de corte verdaderamente tradicional. Un hombre de esos que ya no se ven. Y, bueno, que aquí quede constancia de su música. Descanse en paz.


Snooks Eaglin, el guitarrista prodigioso de Nueva Orleans

Por: | 03 de marzo de 2009

Otro que se va. Recupero parte de la necrológica que publica hoy El País bajo la firma de Lila Pérez Gil. Adiós, Snooks Eaglin.

(Foto: Javier Pérez de Albéniz)
"Podía tocar cualquier cosa que tuviera cuerdas". Así definía Quint Davis, director del Festival New Orleans Jazz and Heritage, a Snooks Eaglin, que murió el 18 de febrero en esta ciudad, de la que nunca salía. Sufrió un infarto y llevaba un año luchando contra el cáncer de próstata.
Fird Eaglin Jr. nació en Nueva Orleans el 21 de enero de 1936, y siendo niño, quedó ciego a causa de un glaucoma y lo primero que tocó fue un ukelele con cuerdas de goma que le regalaron. Pegado a la radio, pasó después a la guitarra, que aprendió a tocar de oído. Precisamente tomó su nombre artístico, Snooks, en homenaje a un personaje radiofónico llamado Baby Snooks. Fue a la Escuela Louisiana para Ciegos de Baton Rouge, pero a los 14 años abandonó los estudios para dedicarse profesionalmente a la música (…)
Sus dedos hacían prácticamente números de circo sobre las cuerdas de la guitarra, fuera de seis o de 12 cuerdas, y cantaba con una voz ronca trufada de emoción. Tocaba sobre todo con la uña del pulgar y en ocasiones en posturas inverosímiles. Además, conocía al menos 2.500 canciones, lo que le convertía en una especie de rocola humana que podía tocar desde el <<Para Elisa>>, de Beethoven hasta el <<Ready for Love>>, de Bad Company. "La razón por la que cubro un campo tan amplio", dijo en una entrevista en The Guardian en 1989, "es porque cuando tocas música, tienes que seguir moviéndote. Si no, eres como un aficionado que repite lo mismo todas las noches, y es una lata". (Leer más)
<<Red Beans>>, Snooks Eaglin con George Porter Jr.



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