Slaid Cleaves, algo más que otro músico de Austin

Por: | 17 de mayo de 2010

La sección "Parada para repostar" se congratula de contar con Eduardo Izquierdo, redactor de Ruta 66, que nos acerca a la música y a la figura de un hombre hacedor de magníficas canciones. Hablamos de Slaid Cleaves, songwriter de 24 kilates, músico a reivindicar hasta en la parada del autobus.
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Casi por casualidad. O sin el casi. Una cubeta de discos saldados. Una portada aparentemente aceptable y un nombre. Slaid Cleaves. Año 2002. El disco que estaba en mis manos se llamaba Broken Down y la fecha en su contraportada me indicaba que ya tenía un par de años de existencia. Llego a casa, enciendo con parsimonia el equipo y ¡plafff! Lo que encuentro en aquella galleta de serigrafía discreta me bombardea el cerebro ¡Qué manera de cantar!¡Y qué canciones! Lo supe desde aquel momento. Me había convertido en fan incondicional de aquel tipo de perilla d’artagnesca que aparecía en la portada.
Nacido el 9 de junio de 1964, Slaid Cleaves pasa por tener una de las mejores voces de los últimos 15 años en el mundo del rock americano. Además de eso, su exquisito gusto y su capacidad innata para construir las músicas más bellas hacen que este tipo discreto de Austin sea uno de esos músicos a los que mi buen amigo Andreu Cunill, redactor de Ruta 66, definiría como diamante-carbón-diamante. Y hablando del ínclito Cunill, nunca olvidaré su SMS (ya saben, nuevas tecnologías) la primera vez que le hice llegar un disco del bueno de Cleaves “hay terciopelo en su voz”, me dijo, y no se me ocurre mejor definición.
Cleaves se inicia en esto de la música, como muchos, queriendo ser Bruce Springsteen. A Bruce, un día, habría que hacerle un monumento no ya por su carrera sino por todos los músicos gigantescos que se han iniciado queriendo ser él. Pues el amigo Slaid es otro. Acaba sus estudios de filosofía y filología inglesa y se mete de lleno en el intento de ser una estrella del rock. Primero con la banda Magic Rats con la que no pasa de algunos conciertos levemente recordables que le llevan a trabajar como ¡cobaya humana para unos laboratorios farmacéuticos a efectos de conseguir dinero para grabar un disco!
Pero en Austin hay demasiada gente con las mismas aspiraciones por lo que nuestro amigo se larga a Indiana y se dedica a tocar por las calles esperando que se cumpla el sueño de cualquier músico callejero: que un cazatalentos pase por allí y lo haga famoso. Un período de tiempo del que Slaid prefiere no hablar y del que se limita a decir que “me dediqué a aprenderme todas las canciones de Woody Guthrie, Johnny Cash, Springsteen, Dylan y Tom Petty”. Esto nos lleva a 1990 donde nuestro héroe aparece en Portland, esta vez, para publicar su primer disco semi-oficial y autoeditado, The Promise. Hoy en día, un objeto de coleccionista avanzado. Editado sólo en cinta de cassette, canciones como «Sweet Summertime» o «Highway Lonesome» lo ponen “en circulación”. Slaid Cleaves existe. Y eso le lleva a fichar por los Moxie Man como cantante solista para grabar con ellos Looks Good from the road. Otra joya inencontrable. Todo parece ir bien y la banda se consolida como una de las más importantes de la escena en Oregón hasta que Slaid decide intentarlo de nuevo en solitario y volver a sus orígenes.
Ya en Austin, y tras ganar varios concursos, Rounder-Philo apuesta por él y graba su primer disco real, No Angel Knows. Con él obtiene una respuesta notable aunque discreta en ventas. Y en 2000, ya saben. Broken Down. Quizá su mejor disco. Tremendamente maduro y realmente excepcional. Eso sí, aunque su carrera sigue yo voy a detenerme en el 2006 porque ese es el año de Unsung, un disco que servidor incluiría en su lista de diez discos para llevarse a una isla desierta (una de las listas que menos me gusta confeccionar y que me crea una ansiedad apabullante ante lo reducido de la propuesta y ante la posibilidad de que después en la isla no haya plato en el que poner mis discos o no haya electricidad para enchufar el plato). Un álbum de versiones pero no al uso porque el bueno de Cleaves se dedica a coger canciones de desconocidos amiguetes y grabar uno de los trabajos definitivos del rock americano de los últimos años.
Producido por David Henry y Picott Vara, el inicio con «Devil’s Lullaby» de Michael O’Connor es apabullante. Esa armónica, esa manera de cantar, esa forma de atraparte para todo el resto del acetato. Piensas. Se parece a alguien. Wilco, Jayhawks, Ryan Adams, Golden Smog. Sí y no. No y sí. No lo sabes definir. Eso sí, sabes que es muy bueno. «Another kind of blue» de Peter Keane se convierte, en la voz de Cleaves, en un ataque allí donde duele. En el rincón más profundo del alma. Y lo consigue. Porque duele. Duele y raspa. Un día leí sobre esta canción que “sonaría tan bien a las tres de la tarde como a las dos de la mañana”. Lujuriosamente cierto. «Flowered Dresses» es la primera canción de una mujer que aparece en el disco. Karen Poston es su compositora. Otra tonada excelente que da paso a «Everette» de Steve Brooks. La canción diferente del disco, criticada por muchos y mi favorita. Nuevas tonalidades en la carrera de Cleaves y sonidos semi zíngaros dan forma a uno de los grandes aciertos de su carrera. Tom Waits cantando como Johnny Cash. Tremendamente adictiva. Le siguen «Racecar Joe» y «Call It Sleep», más discretas, para dar paso a otro subidón con «Millionaire» de David Olney y acabar en el cielo con «Fairest of Them All» de Anna Egge con Mary Gauthier a los coros. Cuando llegas aquí ya lo tienes claro. Va a costarte mucho sacar este disco de tu cabeza. Vas a volver a él irremediablemente. «Getaway Car» lo confirma y ese «Song for June» que cierra el disco lo graba a fuego en tu piel. Un temazo de J.J.Baron que el amigo de Cleaves compuso para June Carter la misma noche de su muerte y que le envió a Slaid a la mañana siguiente.
No hay palabras para definir un disco como este. Se acaban. Se atolondran en tu mente y salen inconexas. No hay nada más difícil que escribir intentando describir sensaciones extremas. Y quizá sea eso. En Unsung hay demasiadas sensaciones. Y lo sé, es curioso que un disco de versiones de un escritor de canciones tan grandes como Slaid Cleaves que editó el año pasado un discazo como Everything You Love Will be Taken Away sea mi favorito de su carrera. Pero es así. Ya saben. Sentimientos. Contra eso no se puede luchar. Ni ganas.
Texto: Eduardo Izquierdo, redactor de Ruta 66 y autor del blog Los Hijos Bastardos de Henry Chinaski.


Hay 7 Comentarios

El descubrimiento y disfrute de tamaño artista a Eduardo Izquierdo. Un abrazo a todos

Nunca había oído hablar de él, lo he escuchado y me ha gustado mucho, por lo menos lo poco que he escuchado hasta ahora

... Y Wishbone.. Y Life's Othes Side... Y Everything you love....Y Holidays Sampler y...

suena como calexico, me gusto mucho y me gusta mucho calexico!

Gracias, gracias, gracias por descubrime a este tipo he visto estie video y alguno mas en youtube y es muy bueno vamos cojonudo.Apuntado y con nota alta.

Edu la toca! Saludoswww.sanfb72@blogspot.com

Una muy buena propuesta que no conocia. Gracias !

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