El viento sobrenatural de Warren Zevon

Por: | 01 de enero de 2011

David Letterman: “Warren, ¿tienes otra visión de la vida y la muerte desde que sabes que estás enfermo de cáncer?”
Warren Zevon: “No creo, excepto que ahora sé cuando debemos disfrutar de cada sandwich”.
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En 2002, al poco de diagnosticarle un cáncer de pulmón incurable, Warren Zevon decidió grabar The Wind, su testamento vital y sonoro, su humilde y maravilloso último aliento musical en este mundo injusto que se lleva por delante tantas cosas que merecen pervivir. Hoy, con el 2010 ya esfumado, y con el 2011 recién estrenado y esperando con toda su carretera por recorrer, vuelvo a tomar contacto con La Ruta Norteamericana mientras en estos días he escuchado (y escucho) el viento soplar a mi lado. Sopla cada día más fuerte. Es una sensación demasiado extraña. Y, en la duermevela, noto cómo despeina mi pelo y me hace más sensible a los pequeños logros, tan efímeros, tan personales, pero siempre únicos. Hay personas para las cuales llegar a este 2011 ha sido ya todo un logro. Y hay logros, como los cercanos, como este disco de Warren Zevon, que nos ayudan a escuchar la vida. Una vida que no se detiene.
Acaba un año y empieza otro. En unos días, Babelia, el suplemento cultural del diario El País, estará de aniversario que celebrará con un especial. Tengo la inmensa suerte de participar en esa celebración. A varios compañeros de profesión nos han pedido que hagamos una selección de los discos que más nos gustaron en un determinado periodo de tiempo. En otras palabras, tenemos que elegir esos discos que marcaron nuestra vida en ese determinado periodo. Por el tiempo que corresponde, por la edad que tengo, siento que, de alguna manera, esa selección ilustrará parte de mi vida. Al menos, creo que habla un poco por mí. Enumera mis arrebatos musicales, pone un cierto orden y concierto a la música que marcó esa parte fundamental de mi vida, con la que crecí, con la que soñé y que, mejor o peor, compartí con conocidos y extraños como si fuera el más deslumbrante de los tesoros.
En esa lista incluyo The Wind. En esa lista cuento con Warren Zevon. Allá por 2003, ese álbum, su último álbum, me llevó como un vendaval por mares de alto oleaje. Recuerdo haber leído un fenomenal reportaje de Roger Estrada en Ruta 66 sobre Warren y pinchar ese disco la primera vez en un viaje hacia al Azkena Rock de Vitoria con un buen amigo en el coche mientras contemplábamos anonadados en plena carretera la intensidad de esas canciones. Warren Zevon acababa de morir pero en ese plástico el cantante con el alma partida, aún no derrotado, sin perder su grandiosa ironía, regalaba un testimonio que dejaba sin aire al oyente. Al llegar a Vitoria nos enteramos también de la muerte de Johnny Cash. Jason Ringenberg, Cracker, Ray Davis y Steve Earle, entre otros, dedicaron al hombre de negro sus particulares homenajes. Parecía como si el espíritu de Zevon también planease por esos rincones. Pero lo único cierto era que los dioses habían jugado sus cartas y, todavía muy inocente uno, no sabía de qué iban las trampas.
Tal vez se mezcló todo, incluso la noche estrellada de vuelta a Madrid, pero al sumergirme de nuevo en The Wind, que me compré inmediatamente, conocí, como pocas veces, el poder de la redención. Warren Zevon, ese exquisito orfebre del rock, me invitó a hundirme. Es curioso cómo de chavales nos enseñan a nadar, a saber flotar en el agua, pero bucear es un impulso natural, que de muy pequeños desarrollamos por instinto de supervivencia pero luego abandonamos. Hundirse en un disco como The Wind es, sencillamente, entrar en contacto con la vida. Con la vida en la otra orilla, que cantaban Los Enemigos, en otra orilla alejada de las gilipolleces que rodean nuestra rutina, de las tonterías que nos marcan y nos marcamos para no ver el bosque.
No aspiraba yo entonces, como tampoco aspiro ahora, a ser un filósofo, aunque tal vez siempre he pecado de impresionable, pero la melancolía que respira de The Wind es tan bella, tan radiante, que duele al mismo tiempo que regenera. Warren Zevon se moría y lo sabía. El músico no quiso hacer otra cosa que cantar, y para ello puso a descubierto su corazón, con su adiós rebosante de ingenio y coraje. No había nada de artificio. Las canciones barrían con una fuerza inusitada cualquier rastro de morbo y disparaban con acierto asombroso a los instigadores de la pomposidad, que tanto se magnifica hoy como un sueño trasnochado y postmoderno. Porque si escuchas a Warren Zevon se cae como un castillo de naipes todo el malditismo esnobista de las revistas musicales y publicaciones de tendencias.
Tom Petty, Bruce Springsteen, Jackson Browne, Emmylou Harris, Ry Cooder, Dwight Yoakam, T-Bone Burnett, Mike Campbell, David Lindley o Billy Bob Thornton acompañan a Zevon en su despedida. La intensidad deslumbra. Zevon no regatea consigo mismo. El músico, que se podía decir que había sobrevivido a varias vidas tras perderse en el alcohol, engancharse a la heroína o intentar suicidarse, estaba ahora intentando sobrevivir al fundido en negro definitivo. El cáncer, la enfermedad que consume y va achicando inexorablemente, iba a ganar la guerra pero Zevon, el creador de Excitable Boy y Sentimental Hygiene, quería librar una batalla para la posteridad. ¿Tenía eso algún sentido? Basta escuchar la versión de <<Knockin’ on Heaven’s Door>> de Bob Dylan para saber de qué va esa batalla. Ahí se oye la voz de Zevon y ese lejano “Open door, open door, open door... for me”. Te quedas patidifuso y luego te revuelves torpemente, inconformista, sin más desafío que demostrar que aún sigues vivo, que Zevon te ha concedido el don de saber que estás vivo.
Siempre entendí The Wind como un gran disco pero desde hace un tiempo creo que sé cómo sopla ese viento. Sé del frío que deja en tus huesos, cómo seca tu boca, agita tu cuerpo, pero te concede una intensidad sobrenatural que cubre tu vida. Una intensidad lograda, que puede encontrarse en un simple sandwich. Cierto: puedo decir que The Wind de Warren Zevon forma parte de mi vida y ayuda a definirla, mientras llegar a este 2011 ha sido todo un desafío para algunas personas, y mientras el propósito de esta Ruta Norteamericana es vivir intensamente la música con la ayuda de vosotros y este escribiente se emociona más que nunca por el poder que le concede <<Keep me in your heart>>, el último tema de The Wind.


Hay 19 Comentarios

Comentario @ Federico Vaz: Quillo, Federico, ¿eres tú el de Canal Sur Granada? Soy Pedro Cruz, trabajé contigo en el 92, no sé si te acuerdas, yo era el de los recados. Me ha emocionado verte por aquí, recuerdo tu amor por la música.@ Navarro, gracias por la canción y el post, denota mucho amor a lo que haces. Ya me estoy aprendiendoKeep me in your heart para difundirla en mis gigs. Esa melodía que cita al North Country Girl llega sin duda al alma

Muchísimas gracias Federico Vaz. Espero verte a menudo por esta ruta sonora. Saludos!

Ya en 2003 escuchar a Zevon cantando aquella despedida sencilla y a la vez intensa y hermosa me sobrecogió y me marcó pese a que no podía sorprenderme de un músco cuya sensibilidad siempre había admirado. Hoy, tal vez porque en los últimos años la enfermedad me ha rodeado, y he aprendido a estrechar y valorar los lazos que te unen a otros, el canto a la amistad sincera que atesora el cvídeo de Keep Me in Your Heart le da más valor aún a reencontrarse con las canciones de The Wind. No puedo compartir más de lo que comparto lo que expresas en este post, gracias por compartir tanta devoción por la música y por escribir desde el lado puesto al esnobismo, siempre con el corazón. Es un blog imprescindible. Enhorabuena.

Bueno, una gripe me tiene noqueado, a ver estupendo posts Fernando sus disco son geniales, y cinado hace versiones también lo hace bien y su ultimo disco es altamente recomendable si amáis la música.Feliz año.

Keep me in your heart marcó mi 2004, que fué el año que llegué a Madrid, sin conocer casi a nadie. Grandísima canción. Y estupendo texto, Fernando. Me gusta eso de que pecas de impresionable. Yo lo llamo mantener la capacidad de sorpresa.Feliz año nuevo..Un abrazo.

Tendré que escucharlo de nuevo porque fue un disco que salvo por las circunstancias no me parecio tan redondo como los primeros de este Warren, que desde que empezó fue uno de mis preferidos.Si queréis una recomendación para empezar este 2011, el último de John Mellencamp es una joya. Con la guitarra de Marc Ribot.Muchas gracias por sacar un personaje oculto en las páginas de nuestro diario.

Creo que te refieres a otro miembro de los Kinks...

yo lo he buscado en google y publica discos, etc. parece que sigue vivo

¿Cuándo se ha muerto Ray Davis??

Por cierto, existe un dico de tributo, Enjoy Every Sandwich, en el que participan sus amigos: Springsteen, Billy Bob Thorton, Jackson Browne, Steve Earle, Adam Sandler (que hace una versión muy aceptable de Werewolves of London) y el propio hijo de Zevon, entre otros. Muy recomendable. Con una versión de Splendid Isolation por parte de Pete Yorn, otro crack de la música.

Fernando, hoy me has llegado al alma. Recuerdo que descubrí a Warren Zevon y este disco gracias a un documental que emitieron en Canal 33 de Televisió de Catalunya. Supongo que es el mismo al que se refería Tomi. Coincidió justamente con la muerte de mi padre, también de cáncer de pulmón, y recuerdo que, tras el fallecimiento de mi padre, lo estuve escuchando constantemente. Gracias por el artículo.

Zevon era un cínico que se hubiera reído de la estúpida mitomanía que asocia su triste final con un puñado de canciones. Si este disco lo hubierais escuchado sin conocer las circunstancias que lo rodearon, hubiera pasado sin pena ni gloria (Zevon habría escogido probablemente muchas otras canciones suyas para pasar a nuestros recuerdos). Pero el hombre era un bromista, y estoy seguro de que entre bocados de sandwich desde la tumba se ríe de los que le recuerdan por esta obra en lugar de lo que él y la gente que lo conoce de verdad sabe que es por lo que debería ser recordado. En fin, seguro que suspira aliviado, por algo decidió no tratarse a tiempo.

Hasta aquel momento solo conocia un album que tambien me encanta - Sentimental Hygiene. Entonces llegó la enfermedad, los documentales, Letterman, Springsteen y la muerte. The Wind es simplemente inolvidable. Hay un momento en el disco que es tremendamente valiente en la cancion Rub me Raw, que me hace apreciarle aun mas y que define lo que estaba pasando - "I'm shaking all over, I'm a shattering mass, but I'm gonna sit up straight, Gonna take it with class -. Simplemente genial.

Gracias Fernando.

El artículo que merece un disco como The Wind y un artista como Warren Zevon. Gracias por recordarnos que Warren y The Wind existieron. Un abrazo.

Descubrí a Zevon justo cuando le diagnosticaron el cáncer, recuerdo qque me enteré de su muerte el mismo día que de la de Johnny Cash. Cada vex que pongo una de sus canciones me acuerdo de ellos y me alegro de todo lo que me han aportado.Si escuchas Mohammed's radio y no te emocionas es que no tienes alma!!Gracias por escribir así, es el autentico romanticismo del rock.

Gran artículo Fernando. Excelente texto para un disco que, en tales cisrcunstancias, es pura vida. Ver el documental al que se refiere Tomi es ponerse a llorar como una magdalena. ya saben, solo es una racha de mala suerte en la escuela de baile....Saludos. Feliz año.

Creo que la frase es "que hemos de disfrutar de cada..." o 'cuánto hemos de disfrutar..."

The Wind es un disco sobrecogedor, con un Zevon que emplea todas sus fuerzas en entregar unas canciones que están llenas de vida, de su última vida. El documental que se lanzó por la cadena VH1 (creo)todavía es más impactante, ver como el talento puede a la propia energía física... un muy fuerte abrazo Fernando.

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. Redactor del diario El País y colaborador habitual del suplemento cultural Babelia, las revistas Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Encargado de la sección musical de A vivir que son dos días – Madrid en la Cadena SER. Es autor del libro Acordes rotos. Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm). Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela"

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