Si Bruce no se apellidase Springsteen hoy por hoy

Por: | 20 de marzo de 2012

  BRUCE_WRECKING

Si Bruce hoy por hoy no se apellidase Springsteen, seguramente, todo sería distinto, menos comedido, más atrevido, diría que mejor. Pero Bruce se apellida Springsteen y, como tal, es una marca, que vincula a un gran artista con un enorme negocio. Bruce lo sabe. Por eso, mantiene un compromiso no escrito para con su masivo público y guía cada uno de sus pasos consciente de la cobertura y el eco mundiales. También Bruce sabe que tiene un compromiso con su glorioso pasado, siempre recordado por los aficionados y la prensa, nunca olvidado por él mismo. Y siente que tiene otro compromiso con su entorno, con el chico de la calle que siempre fue y con el padre de familia que ahora es. Lo siente desde sus primeras obras, pero se podría decir que se acentuó en la última década desde que aquel desconocido tipo se le cruzó un día por la calle y le dijo, días después de los atentados del 11 de septiembre: “Bruce, te necesitamos”. Y publicó The Rising, y Bruce, desorientado por completo en los noventa, volvió a enchufarse.

 

Tal vez, sea osado decirlo pero Bruce siente que le necesitan, se cree ese papel, y aún más atrevido sea decir que muchos realmente le necesitan. Pero es así. Hay personas que si no existiera Bruce Springsteen tendrían que inventarlo. También lo he visto con seguidores de Bob Dylan, los Rolling Stones o Madonna, y así hasta una larga lista de músicos pero casi ninguno llega a la fuerza de convocatoria y comunión de Springsteen. De ambas necesidades, la del músico y la de su público, surge una de las relaciones más duraderas, fieles y exitosas de la música contemporánea. Una relación prodigiosa desde el punto de vista comercial, pero que no tiene por qué ser la base para medir la trascendencia de su obra.

UnknownEl último paso en la marca Springsteen, así como en esa relación sin apenas fisuras con su público, es Wrecking Ball. Vendido como “el disco más cabreado” del cantante de Nueva Jersey y a su vez una “obra experimental”, el trabajo venía realmente rodeado de una nube de incógnitas, en tanto en cuanto a la E Street Band le faltaba el irrepetible Clarence Clemons y se había anunciado una gira con la banda sin saberse nada del nuevo trabajo. Pero esas etiquetas promocionales, difundidas hábilmente por su manager Jon Landau, funcionaron bastante bien para fijar el álbum rápidamente en medios de comunicación y foros, dando a entender que Springsteen se hacía eco más que nunca de su entorno, consumido por la crisis económica, al tiempo que exploraba nuevas vías artísticas. Incluso parecía que algo muy diferente estaba por llegar. Pero, a decir verdad, sin tener que rascar mucho, no hay grandes novedades al respecto.Wrecking Ball resume todos los aciertos y los errores, todas las virtudes y los defectos, del Bruce de la última década. Springsteen decidió, de nuevo, tirar por el camino de en medio. El camino donde no se toman verdaderos riesgos artísticos pero tampoco se instala uno en la autocomplacencia.

Entre lo criticable, se hallan la falta de conjunción total, a pesar de ser un disco reconocible en contenido, y la producción. Sí, Wrecking Ball tiene el poso de obra conceptual, late en él un sentimiento determinado de denuncia, un propósito interno de principio a fin de retratar una realidad marcada por la crisis económica norteamericana, pero estilísticamente está con los pies en distintas aguas, algunas demasiado pantanosas. No es un disco de rock, no es un disco de folk, no es un disco de pop, pero lo más importante: no es un disco con alma imperecedera, cualquiera que sea el estilo.

SpringNo es necesario limitarse a un género a la hora de crear un álbum con la idea de arrimarse a la eternidad, como bien demostró el propio Springsteen en The River o antes hicieron The Beatles, The Rolling Stones o Bob Dylan, pero las obras maestras guardan almas. Almas entendidas, como decía Saramago, como “voluntades”. Voluntades sonoras como lo fue, por ejemplo, Darkness on the Edge of Town, Nebraska o, sí, por qué no, la austeridad, la radical austeridad,The Ghost of Tom Joad, aunque el resultado final no fuera tan brillante como en otros discos. En Wrecking Ball, Springsteen toca diversos estilos pero no llega a maravillar por su voluntad artística. Se deja entrever, pero no se distingue con contundencia.

Lo más interesante, sin duda, es el folk coral, amparado por vientos y cuerdas, que forma el grueso del álbum, que lo convierte en notable pero no en sobresaliente o de matrícula al incluir baladas sin sustancia como This Depression, con su batería horrenda y su guitarra noña, o temas tan mal concebidos por esa docilidad y una inoportuna caja de ritmos como We Take Care of Our Own. Hubiese preferido que el músico se lanzase de lleno al folk, como ya hizo en We Shall Overcome: The Seeger Sessions, aunque fuera para rendir tributo. Es decir, hubiese preferido que se hubiese lanzado sin medias tintas a eso que consigue en la canción Wrecking Ball o Death To My Hometown. Colocar el folk en un plano de marcha comunal, de himno de estadio inglés o canto del oeste americano, tal vez pareciéndose al espíritu sonoro de las Seeger Sessions pero, en esta ocasión, jugando con las cuerdas, los vientos y los coros como si fueran el galope de un país entero, de una comunidad que necesita hacer fuerza reconociéndose en su propia voz conjunta y busca instalar su razón de ser en la lejanía de su horizonte. Ese hubiese sido un camino a transitar sin peros, sin empaques, apostando por él como una voluntad estilística. Un camino que se deja ver en el álbum pero al que le salen curvas indeseables que lo estropean.

La conjunción se puede lograr más o menos, según la inspiración, pero se puede aspirar a ella. Y falta una aspiración determinante, sin frenos, sin pensar tanto en el aspecto comercial o en agradar a todos los prismas que tiene Springsteen como icono mundial, como músico que será portada de Rolling Stone con cada nuevo trabajo, en esa línea de jefe del mainstream que busca el punto medio entre lo que el gran público tiene preconcebido ya de él y lo que él mismo siente que puede dar. Es lo que también eché en falta en Working on a Dream, un disco que guarda una propuesta pop que, personalmente, me pareció muy interesante.

WorkingBruce, el rockero norteamericano más conocido del último cuarto de siglo, el más planetariamente aclamado, se confesaba con ese lado pop. Lo que muchos vieron como una herejía, una estupidez para alguien de su categoría, a mí me pareció una verdadera forma de buscar una nueva vía artística, con letras cotidianas y sencillas como el pop las ha parido siempre. Lo notaba: había una voluntad pop en ese álbum, pero de nuevo a medio tránsito. Se configuró un álbum irregular, sin atmósfera, entre descartes, nuevas canciones y homenajes, como sucedió con Devil & Dust. Otra cosa no, pero Magic, en cambio, con toda su carga política y rabia, aspiró a esa conjunción, a su propio discurso.

Seré de los pocos, seguramente. Me gustó mucho Magic, al que reconozco un alma, al tiempo que apreciaba el lado pop de Working on a Dream. Surprise, surprise o Kingdom of days, como antes había despuntado en la estupenda Girls in the Summer Clothes, eran relucientes joyas pop, de un compositor de sesenta años, sugerentes en sus sinfonías, a medio camino entre el Brill Building y Roy Orbison. Entonces, me dije: Springsteen, tío, lánzate de lleno al pop, si es lo que te pide el cuerpo, y haz un disco aunque sea de nueve cortes con solo pop, y no metas medias tintas entre medias. Y ahora digo: Bruce, tío, lánzate de lleno al folk coral que late en Wrecking Ball, que finalmente será el que presida la gira, y déjate de medir tanto cada paso que das. Si Bruce no se apellidase Springsteen, es posible, lo hubiese hecho como lo hizo, por ejemplo, a principios de los ochenta, con el folk sombrío de Nebraska. Se lanzó de lleno. Y, en este sentido, no solo palpita ese folk coral. Que lo haga con todas las de la ley por el soul de You’ve Got It, donde pulula el fantasma de Marvin Gaye de Let’s Get It On. Deliciosa composición de rock-soul, por su cadencia, por su estilo nada pretencioso.

Si todo el mundo sabe que a Bruce le flipa el soul, ¿por qué no se lanza a un disco de este formato desde su perspectiva blanca, desde su visión rock de patrón clásico, de Costa Este, de antiguo instigador de lo que se conoció como Jersey Shore? Y si, de verdad, le gustaría probar con el rap o, mejor dicho, ese R&B moderno y de suave escucha, de samples y caja de ritmos que es Rocky Ground, pues adelante. O te la das o ahí sí que cambias la historia, tu propia historia artística. No saques la patita por un lado, para esconderla por otro. Salta a por ello, si lo sientes, como saltaste en esa increíble gira en solitario de Devil & Dust (el momento con más alma, aspiración e inspiración que le recuerdo en lustros). Pero Springsteen no siempre tiene necesidad de cambiar una historia de mucho éxito. Está claro.

Springsteen2También uno se pregunta que hubiese sido de Bruce si no se apellidase Springsteen y, cuando decide arreglar el disco para ofrecer ese grueso de folk, no hubiese tenido en cuenta antes una producción más cercana a la escucha “para todos los oídos de todas las emisoras” que al sabor intrínseco que pueden dar sus grandes canciones. Creo que Wrecking Ball tiene grandes canciones y, aún sonando bien, no se puede dejar de pensar en cómo serían de buenas, puede que mejores, si la producción fuera más clásica. Sin tanta saturación. Esa idea de que suene todo a todo trapo, de no dejar respirar los temas, funciona a veces y, si lo hace, no tiene por qué ser más impactante que lo más simple. Clasicismo y simpleza por una cuestión de orden: cada instrumento en su sitio y no todos los instrumentos en todos los sitios, peleando por estar en primer plano a cada instante.

Escuchando Jack Of All Trades, Wrecking Ball o We Are Live, entre otras, pensaba en Tom Russell. En su cálida y arrebatadora sencillez folk-rock. Hace un par de años, Rusell sacó el disco Blood and Candle Smoke, que también, como en este álbum de Springsteen, guardaba un aire fronterizo, entre el folk y el tex-mex. Más allá de lo gran letrista que es, Rusell se juntó con los chicos de Calexico y salió un trabajo con canciones profundas, bellas, emotivas. Los vientos jugaban también una papeleta fundamental y los de Calexico en eso tienen calidad. Con arreglos sutiles, el conjunto desprendía mucho aroma a pueblo, a tierra húmeda o a campo seco, daba igual. Desprendía aroma natural, sin plástico.

Russell recordaba también a Nick Lowe. Y será una tontería pero el bueno de Lowe decía recientemente que su forma de concebir las grabaciones nada tiene que ver con lo que se hace ahora. Me temo que ese ahora es lo que hace Springsteen, entre otros, de un tiempo a esta parte. Lowe es un clásico, o clasicista, o lo que sea, pero la elegancia de sus arreglos es difícil de encontrar. Escuchando las partes sinfónicas, con cuerdas y vientos, del disco de Bruce, que canta a las mil maravillas en este último trabajo, entran ganas de que se animase a hacer lo mismo al modo Lowe, que ha cosechado sobresalientes álbumes en la última década. Incluso diría que estaría bien que lo hiciese al modo Dylan. El Dylan de este siglo, ese que con la voz hecha un Cristo que no para de girar en su gira interminable que arrastra desde el siglo pasado, cuyas producciones guardan nervio, fibra, mientras parecen de lo más mundanas. Al final son arreglos más primitivos, pero no tan grandilocuentes. Puedes distinguir el polvo de la arena. Y ya no está Brendan O’Brien para echarle la culpa, ahora está Ron Aniello, que, al menos, no parece saturar al cuadrado. Pero, finalmente, como siempre, la culpa, para bien o para mal, la tiene Springsteen, el boss desde los setenta. El jefe siempre. Él decide finalmente cómo suena todo, mientras los fans que le perdonan todo buscan chivos expiatorios.

Con todo, aun pudiendo ser de otra forma, como siempre cuando se trata de hablar de música, a Wrecking Ball hay que reconocerle esa atmósfera folk-rock que domina buena parte del álbum. Un aire entusiasta, portentoso por momentos en esa búsqueda de animar a las tropas de civiles anónimos que fueron abatidas o heridas por “los buitres avariciosos”. En determinados momentos, Springsteen pone el punto de mira en el horizonte y allí llama al oyente cuando ensambla violines, saxos, palmas, coros y su voz se levanta entre medias. Es esa marcha celta que tiene Death to my Hometown, el júbilo rabioso de Schakled and Drawn o el dramatismo trascendental de Wrecking Ball. Se me antojan himnos del directo para la gira con la sección de viento (la mejor de las noticias) que le acompañará. Porque si hay algo a lo que huele este álbum es a disco para directo. Un magnífico disco de directo en su grueso, cosa que no fue Working on a Dream y sí fue el de las Seeger Sessions. Solo de pensar en estas canciones, con temas de The Promise, otros de la época Seeger y recuperar viejos clásicos propicios para los vientos, las guitarras afiladas y el jolgorio (gloria bendita fue ver lo que sucedió en el programa de Jimmy Fallon) se justifica este disco como excusa para la gira. Veremos.

 

Al álbum también hay que reconocerle su propuesta temática, aunque no deje de sonar un poco raro, o curioso al menos. Extraño mundo en el que vivimos que tiene que ser un músico multimillonario, un rockero que llena estadios de fútbol con entradas más bien caras, el que se erige como voz del pueblo, del pueblo llano y desprotegido de las decisiones de los más ricos y poderosos. La mayoría de medios de comunicación así le califican y a Bruce no le incomoda, más bien todo lo contrario. Se preocupa por intentar ser el cronista sentimental de la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, como no se cansan de repetirnos un día sí y otro también por todos los altavoces públicos, mientras el mundo, nuestro mundo occidental con sus fronteras emocionales, sociales y políticas, cambia a velocidad de vértigo.

No deja de resultar extraño, ya que a Springsteen, evidentemente, le moja la tormenta económica solo por lo que ve por televisión, lee por prensa o conoce por conocidos. Pero una cosa no excluye la otra. ¿Por qué iba a hacerlo por extraño que suene? Es el sentido de la responsabilidad el que le motiva. Ese “Bruce, te necesitamos”, que le dijeron. Esa relación de necesidad para con su país y sus propias convicciones. Esa relación de necesidad para con el que considera su público. Simplemente. Pensar lo contrario es como esperar que Springsteen no pueda cantar por los afectados del Katrina porque el huracán no barrió su casa, o hacerlo por las víctimas del 11-S porque no estaba en una de las Torres Gemelas. Si un solo desempleado o explotado en todo el ancho mundo consigue ponerse en pie al grito de “trae tu bola de demolición” o termina por creer que todavía hay tiempo para subirse a un “tren que lleva a la tierra de las ilusiones y los sueños”, entonces, es suficiente. Entonces, vale. Es como esperar que el arte se limite única y exclusivamente a la experiencia, si bien esta siempre enriquecerá y facilitará la credibilidad final, y no a las emociones o sentimientos, incluido el de empatía o solidaridad. El arte no está sujeto a eso, por suerte. Es mucho más abstracto e imprevisible, como le sucedió a Bob Dylan cuando su música pasó de la noche a la mañana a ser referencia para los líderes negros de la Marcha sobre Washington o como se vio con John Lennon cuando en los sesenta se involucró desde su atalaya en causas políticas y sociales y supo decir lo que muchos querían decir.

Bruce-Springsteen-004Por suerte, pese a su cegador éxito, el autor de Born to run no se ha terminado convirtiendo en una estrella de salón, como puedan ser Elton John o Sting, ni ha encontrado el botón del piloto automático, como Van Morrison, para sacar discos al paso que se hacen, como decía Woody Allen, tras tomar el dinero y correr. Por suerte, Springsteen está más cerca sobre un escenario o dentro de un estudio a Neil Young que a cualquiera de los anteriores o, viceversa, Young lo está de Bruce. Ambos, de cualquier manera, son animales musicales que guardan hambre y ganas de explorar el bosque, por mucho que haya gente entendida en la materia que no le perdona a Springsteen ser un ídolo de masas, haberse convertido en el acontecimiento social que representa.

Sin compartirlo, puedo entenderlo en parte. Sinceramente, a veces, cuando escucho a Bruce en los últimos años pienso en David Simon, creador de las magníficas series televisivas The Wire, Treme o Generation Kill, cuando para hablar de cómo se atrevió a hacer obras tan atrevidas, tan poco convencionales, tan carentes de los preceptos estilísticos imperantes, al tiempo que eran tan verosímiles e impactantes, dijo: “Mi secreto es solo uno: que se joda el espectador medio, esa persona acomodada a la que hay que explicárselo todo. Que le jodan pero bien”. Pienso: Bruce, que le jodan pero bien al oyente medio, ese que no acude a un concierto de Willie Nile, que no sabe quienes es Solomon Burke o Hank Williams, que no se ha comprado un disco de las Ronettes o las Crystals en su vida, pasa por alto el nombre de Phil Spector pese a leerlo mil veces en tus reseñas o no le preocupa ni un poco qué secretos guardan las músicas de Dylan o Elvis Presley para que a ti te cambiasen la vida. Lo pienso pero, claro, si no se entrega él a esas pasiones con más soltura, quién lo hará por él. Lo pienso pero, claro, imagino que nadie como él tiene tanto que perder, o ganar. Los demás no se apellidan Springsteen. Pero, a decir verdad, los demás tampoco se llaman Bruce, ese tío que vive todavía la música, con un talento tremendo, aún con olfato, con tanto sentido del espectáculo como interés por mantenerse en la brecha. Tal vez, siempre hay un precio que pagar por ser una megaestrella pero, por suerte, cuando asoma Bruce, no tanto como deseamos algunos, no tanto como acostumbró a todos en sus años de leyenda, todavía uno siente el valor de la promesa. La promesa inexplicable del rock’n’roll. Y eso, al fin y al cabo, para el oyente furtivo, lo puede todo.

*** Artículo original publicado simultáneamente en la revista Ruta 66 y la web Pointblank.

 

Hay 9 Comentarios

El artículo es excepcional, de lo mejor en prensa musical que he leido en lustros. Suscribo al 100% el último párrafo. El problema es que, al menos yo, llevo pensándolo más de 20 años.

Un abrazo (un trabajo magnífico).

Hola. :)

Lo primero buen articulo, pero después de leerlo creo que a veces es contradictorio en si mismo, no este si no todos lo que he leído desde que salió este disco, en diferentes medios.

Yo no soy músico así no se si la producción es buena o mala, no soy critico musical, así que tampoco tengo ese punto de vista o u objetividad sobre lo que es buena o mala música, o un buen o mal disco.

Pero me cuesta entender al escuchar a gente o leer ..............

"" A mi el disco me gusta, pero es que esta canción es un truño, esta otra es una ida de olla, y esta otra se ha perdido, eso del rap, para que si ni es rap.""

Y podría seguir, no se desde el famoso The River llevo escuchando a la gente darle cera al boss, en cada lp incluso en the rising.

Y es curioso por que han ido pasando los años y en sus directos salen esos temas de esos discos, y la gente que hablo mal de esos lp's o canciones, les ves vibrar y disfrutar con la masa en ese momento. Curioso fenomeno .

Con lo cual, me pregunto si no te gusta el boss desde el 82 o 83 para que sigues yendo a sus conciertos. en serio no lo entiendo.

Y luego escuchas obviedades, como que Bruce ha cambiado, que ya no es le mismo.

Hombre lógico, ahora tiene mas de 60, se ha casado dos veces ha tenido hijos, La E, han fallecido miembros insustituibles , en principio, luego resulta que si, y el mundo no es ni por asomo como en el 75 al 77.

Pretender que Bruce siguiera haciendo ese tipo de artista de aquellos años, seguro que estaríamos aquí hablando, de que lleva haciendo el mismo disco 30 años, que es lo que le pasa a Manolo Garcia, que no distingues el primero del ultimo, esto no quiere decir que sean buenos o malos, es solo un ejemplo.

Es una Utopia muy gorda, estoy seguro de Que Elliot Murphy cambiaría su pellejo sin dudarlo por ser Bruce, pero sin dudarlo mucho.


El caso es que Bruce se ha atrevido a hacer cosas diferentes y evolucionar, como a el le ha dado la gana, que para eso es el artista y compone, le ponemos a caer de un burro por que no es el Darkness.

Pues vale. Para gustos Colores. Pero seguro que a el se la sopla, como se la sopla A Dylan, lo que la gente opine de sus discos en MOJO por ejemplo, y no digamos su fans o supuestos fans. No tiene nada que demostrar a estas alturas, creo que a nadie.

Es mi opinión.

Pero después de todas estas cosas hay algo mas básico y primitivo.

Que son los sentimientos, o sensaciones y que te producen al escuchar música. Recuerdo que mi primer disco de Bruce fue el The River el original, era un crío, no sabia ni una sola palabra de ingles. Pero ese disco esas canciones esas melodías, me pusieron la piel de gallina y me llevo a imaginarme que querían decir sus letras y flipar.

Sentimiento basico y primitivo de comunicación, sin compresión lenguaje de por medio.

Y me pregunto cuanta gente de la que sigue a Bruce que no sea un erudito y un purista del boss, le sucederá lo mismo, o le habrá sucedido lo mismo a lo largo de los años y del ancho mundo que nos acoge.

En ese instante de emoción o sentimiento casi puro, sabes si algo te gusta o no te gusta,. Ummm!!! no se como....

Es como decir que te gusta mucho la paella Valenciana cocinada por Arzak, yo que se.... y resulta que un día te dan a comer esa misma paella cocinada por el mismo cocinero, pero no en su restaurante y como te la han metido en un tapper para llevar y todo esta revuelto, pero ojo es la misma paella por la que matarías, llegas y dices esta paella no me gusta nada o casi nada, y vamos que cutrez , que mal no me como esta mierda, y lo de ponerte la paella en el tapper, mal muy mal….

En fin…. cada uno que saque sus conclusiones.

Si no os sirve la paella, pues con un Ribera del Duero un Pago de Carraovejas, en copa si gusta, a morro no, si en la edad media bebían ese vino o mejor en vasijas de barro con suerte, y era el mismo vino. O te gusta , O no te gusta, ese vino.

Eso es una contradicción creo yo , eso es cogernosla con papel de fumar, para que no se irrite.....

Pues lo mismo pasa Con Bruce desde el The River; No se nos gusta complicarnos la vida y autoflagelarnos o algo así en serio.

O te gusta o no te gusta, me cuesta comprender como en el lp no te gusta por ejemplo Surprise o Working in a Dream, y luego en directo si, aunque les cuesta reconocerlo, a mucha gente es lo que tampoco entiendo.

Si en directo tus sentimientos mas básico y primitivo te hace entender que esta gustando.

Por eso todo esto que leo y escucho sobre Bruce, me hace pensar y meditar, pero luego me vuelvo a lo básico, olvido todo lo que he leído y escuchado sobre Bruce, y me dejo llevar por mis sensaciones por sus directos y ahí se si Bruce me sigue gustando o no me sigue gustando, en ese momento mágico de piel de gallina , tío ahí no puedes estar equivocado, ahí te gusta. Si te gusta una Garota brasileña te gusta, da igual si esta en bikini, topless o vestida, o no…

Tan solo añadir que nos dure Bruce de gira con la E o sin la E muchos años mas, la realidad es que no quedan tantos los años van en nuestra contra y el lo sabe, el primero, ya que por no hay nadie hoy por hoy que haga lo que el hace en su estudio y mas encima de un escenario, es así.

Es tan solo mi opinión, que no es importante, ni se si tengo razón, tampoco lo pretendo, y así lo creo,por que no soy músico, no soy critico musical ni periodista, ni tengo un blog, no soy un erudito, no soy un purista de nada, no se de producciones, no soy un bohemio culto, soy un tío sencillo, un currito, un peón (Factory Worker) arrasado y arrollado por esta puta crisis, soy uno de esos a los que Bruce dirige o dirigió la mayoral de sus canciones, al que le gusta Bruce, no de ahora, de siempre o desde que lo escuche por primera vez.

Salud y Rock and Roll.

Pedazo de artículo. Me ha encantado.
Con Lowe me he acordado de Wilco, siempre acabo en Wilco, y en lo arriesgado de sus discos también a medio camino de todo. Acaban siendo grandes discos con el paso del tiempo o con muchas oidas como The Whole Love. Con Springsteen puede que ocurra igual.
´
http://planetamancha.blogspot.com.es/

Hola Fernando,
Coincidimos bastante en la crítica del disco, es un disco de grandes directos y de una producción penosa y grosera, es un disco de grandes canciones pero que peca de falta de espíritu común. Lo único que no te tolero es que me critiques This depression!!! no la has escuchado bien, es una balada repreciosa y seguro que en BCN sonará de miedo.
http://ferranblasco.blogspot.com.es/2012/02/demolicion-sin-big-man.html
Un saludo maestro!!

Entiendo al Bruce, ¡nos estamos haciendo mayores!

Hola a todos.Muy de acuerdo contigo Fernando. Coincidimos casi al 100% . Desde que escuche por primera vez el disco hasta ahora , incluidas escuchas en Vinilo, etc..me sigue pareciendo un disco incompleto, demasio "corta y pega"....me falta "banda" en la mayoria de los temas que despues vistos en directo..me parecen tremendos. ...y me parece un disco pensado para intetar contentar a muchos corriendo el riesgo de dejar insatisfechos , a otros muchos..( a mi tambien Woad y Magic me gustaron...) ..auna si es un buen disco.Salud.

Me ha encantado este artículo Fernando, y diría que es el lenguaje más directo y sincero que te he leído (e intento leerte todo).

Excepcional artículo, Fernando. A mí "Wrecking ball" me gusta bastante, y, como dices, creo que va a funcionar muy bien en directo. La gira ya ha comenzado en USA y se ve que esta vez Springsteen sí tiene confianza en el nuevo material (no como en el Working on a dream Tour). Si alguien quiere echar un vistazo a mi opinión del disco:
http://elcadillacnegro.com/2012/03/01/wrecking-ball-springsteen-y-la-voz-del-pueblo/

Bruce no lo sé, pero Springsteen no ha publicado un disco importante desde "Born in the USA", y aquel ya no era el pico de su talento...

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Sobre el blog

Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

Sobre el autor

Fernando Navarro

. Redactor del diario El País y colaborador habitual del suplemento cultural Babelia, las revistas Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Encargado de la sección musical de A vivir que son dos días – Madrid en la Cadena SER. Es autor del libro Acordes rotos. Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm). Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela"

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