Allá por finales de los setenta, tuvo un apodo que ya queda lejos: el pequeño James Brown. Lejos porque han pasado ya casi 40 años desde que Lee Fields se dio a conocer con sus sencillos de absorbente funk, cuando creadores y oyentes de la música negra demandaban nuevos ritmos más bailables y hedonistas que los conocidos por la comunidad del soul. Y lejos también porque, en la última década, Lee Fields responde a su propio nombre, sin interferencias ni ganchos comerciales, gracias a una madurez artística envidiable. “Ya no tiene sentido que me llamen así”, asegura el músico en conversación telefónica desde Nueva York. “Siempre podrás encontrar algún elemento de James Brown en mi música pero antes era todo más evidente. Ahora, soy Lee Fields”, sentencia.


