Parece como si su propio nombre nunca fuese suficiente. Cuando en los ochenta se dio a conocer como un adolescente rebelde de la new wave con su marcado acento de Indiana y, luego, compuso elegantes álbumes de un rock artesanal como Riding with the king, Bring the family o Slow turning, algunos se aventuraron a llamarle “el Elvis Costello norteamericano”. Durante los noventa, muchos le recordaban más por su pertenencia al supergrupo fallido Little Village, junto a Nick Lowe, Ry Cooder y Jim Keltner, que por sus discos en solitario. Y en la última década no ha sido capaz de abandonar la segunda fila del negocio a pesar de disfrutar de una madurez exquisita, mezclando con encanto folk, country y rhythm and blues, que más quisiera para sí, por ejemplo, el mismísimo Van Morrison. Pero John Hiatt no se cambia por nadie ni por nada.


