Ficciones de blues con Ma Rainey y otros colosos

Por: | 24 de enero de 2013

 

GaryDavis

La Ruta Norteamericana se sumerge en el mejor blues. En ese mundo de crónica social y leyendas americanas que ha sido inspiración para algunas de las canciones más arrebatadoras, compuestas por la gente común, pero para también algunas de las mejores historias sobre los miedos, los sueños, las debilidades o las fortalezas de la población afroamericana. Porque el blues es, en sí mismo, el arte de contar, la tradición, que pasa de generación en generación, de ser persona a través de las palabras y la música.

 

Como dice Ted Gioia en su libro Blues. La música del Delta del Mississippi (Turner), "lo que en África siguió siendo una cuestión de sentir y hacer, en occidente se convirtió en algo también de pensar y contar". Las tradiciones africanas llevadas al paisaje norteamericano, a su dimensión social esclavista, al estado emocional de supervivencia y la necesidad de escapismo a través del poder purificador de tres acordes. Con la música, no solo había que sentir, también había que reflexionar sobre el entorno y contar.

DiasEn ese universo, recreado en centenares de canciones, se sumerge de forma diferente y magistral Manuel López Poy en su nuevo libro: Los días azules. Ficciones de blues (66 rpm). López Poy recrea en Los días azules la vida de trece colosos del blues y el jazz, entre los que se encuentran Louis Amstrong, Etta James, Bessie Smith, Willie Dixon, Reverend Gary David o James Cotton, para permitirnos conocer a través de la literatura su tiempo y, especialmente, las emociones ligadas a su música. Son historias de ficción repletas de hechos auténticos. Son ficciones de blues, acompañadas de las estupendas ilustraciones de Anechina, que se ligan a la obra imperecedera de sus protagonistas y evocan sus mismos sendtrarse en la maravillosa senda de la literatura de ficción musical. Asimismo, me siento muy orgulloso de que haya querido contar conmigo para presentarlo en Madrid mañana viernes 25 de enero. Será a las 20 horas en la librería El Argonauta, el mejor rincón para la literatura musical en Madrid (Calle Fernández de los Ríos, 50). Os invito desde esta ruta a acudir a la cita, a la charla sobre blues, literatura y leyendas varias que, con el experto de López Poy en la mesa, no me cabe duda será más que fructífera y divertida.

Para ir abriendo boca, La Ruta Norteamericana adelanta un capítulo del libro de Los días azules, cedido por su autor y la editorial. Blues y literatura en todo su apogeo. Disfrutad y nos vemos, si gustáis, mañana en El Argonauta.

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Una lección bien aprendida. Gertrude ‘Ma’ Rainey

Texto: Manuel López Poy

Aquel era el décimo pueblucho que visitábamos en menos de un mes. Nadie se quejaba pero todos estábamos cansados y, sobre todo, un poco hartos. Hacía dos semanas que llovía sin parar. Los caminos eran un lodazal asqueroso y ya habíamos perdido la cuenta del tiempo que llevábamos sin dormir en una cama de verdad. Necesitábamos parar unos días pero nadie tenía los cojones suficientes para decírselo a Gertrude. No había parado de darle a la botella y estaba de un humor de perros. Ni siquiera el viejo Moe, que en teoría dirigía la compañía, se atrevía a acercarse a ella.

Yo era el último mono del espectáculo, al que me había unido hacía sólo tres meses, cuando pasaron por mi pueblo en el condado de Franklin, Alabama. Supongo que, lejos de lamentar mi ausencia, mi escapada en plena noche había sido un alivio para mis padres, prematuramente envejecidos y agotados de intentar sacar adelante a una camada de nueve retoños de los que yo era el número seis.

Mi trabajo fundamental consistía en ayudar a montar la carpa de lona e instalar las sillas alrededor de la tarima en la que un decrépito grupo de músicos y bailarines hacía lo que podía para no ser apedreado por los palurdos locales, hasta que el viejo Moe anunciaba: "Señoras y señores: con ustedes la inimitable Gertrude Pridgett". Entonces salía a escena una corpulenta mujer y comenzaba a cantar con su acento cerrado y su voz gutural y desgarradora. Aquellos negros medio desnutridos, embrutecidos por el trabajo en los campos de maíz y algodón, se quedaban como hipnotizados, atrapados por aquellas canciones que hablaban de la tierra prometida, la vida en las plantaciones de esclavos y de luces de ciudades que nunca en su vida pisarían.

MaYo me sentaba al fondo, encandilado por aquella hembra brutal que me asustaba y me fascinaba al mismo tiempo. Por aquel entonces yo no había estado nunca con una mujer y me masturbaba frenéticamente detrás del carromato en el que "Ma", como habían comenzado a llamarla algunos, se trajinaba uno tras otro a todos los miembros de la compañía.

Por aquellos días el elegido era Charley Pies Ligeros, un bailarín que además tocaba la mandolina. Charley era un mestizo que había estado en la guerra de Cuba, de donde se había traído una enfermedad crónica en los pulmones y un montón de historias, probablemente inventadas. Decía que estaba ahorrando para irse a Panamá, donde el gobierno iba a construir un canal que uniría el Mar del Caribe con el Océano Pacífico. "Una oportunidad de oro para los que sean lo suficientemente listos para aprovecharla", le decía Charley a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharle e invitarle a un trago.

La noche anterior, mientras merodeaba alrededor del carromato de "Ma", Charley se me acercó y musitó entre los dientes ennegrecidos:

—Ten cuidado, chico. ¿Has visto alguna vez como hipnotiza la serpiente al pajarillo antes de devorarlo? Recuérdalo la próxima vez que te acerques a una mujer como esa.

El cabrón había conseguido acojonarme y me pasé toda la tarde evitando a Gertrude, que se paseaba medio borracha por la carpa. Mientras yo me desgarraba los dedos para tensar las cuerdas de la lona, entró Charley con una chica con un abrigo remendado, cara de hambre y ojos de cervatillo asustado:

—Hola, Gertude. Esta es Lucy. Quiere cantar para ti.

Los ojos vidriosos de "Ma" se clavaron con desprecio en aquella escuálida rival, mucho más joven y bonita de lo que ella podía soportar.

—¿Zorrita nueva, Charley? Espero que tenga más voz que carne sobre los huesos.

—Vamos, Gertude. La chica te admira. Hace unas dos semanas que anda detrás de nosotros y no pierdes nada por escucharla.

—Charley, algún día tu inquieta polla te creará problemas serios. Bueno chica, a ver qué sabes hacer.

La chica tragó saliva y comenzó a cantar. Plantada allí en medio, temblado de frío y de miedo, me pareció el ser más indefenso y maravilloso del planeta. La voz comenzó a salirle en un susurro y poco a poco fue llenando la carpa, que se paralizó por completó. Todas las miradas de aquella embrutecida troupe se quedaron prendadas de un lamento que hablaba del hombre que la había abandonado.

Cuando acabó la canción yo me había olvidado completamente de todos y Gertrude había sido despojada del pedestal de mis fantasías sexuales."Ma" cortó el silencio que se había apoderado del ambiente. Su voz estaba cargada de un desprecio que no podía ocultar la envidia.

—¿Se puede saber qué es eso que has berreado, pequeña?

Con la cara hundida en el cuello del abrigo la chica soltó algo parecido a un suspiro.

—Lo llaman blues.

Mientras le daba la espalda,"Ma"le escupió una rencorosa despedida.

—Chica, si la gente quisiera cosas tristes se quedaría en su casa y no se gastaría su dinero en venir a vernos. Nadie pagará nunca un centavo por escuchar una cosa que se llama "blues". ¡Como si no hubiese ya bastante tristeza en esta perra vida!

La chica abandonó la carpa llorando, seguida por Charley Pies Ligeros. Sin pararme a pensar, salí tras ellos por entre los carromatos de la compañía. La rabia me cegaba completamente y casi me di de bruces con ellos en una esquina. La chica intentaba soltarse de las garras de Charley que la había arrinconado contra una tablas y le metía mano entre las tetas. Salí disparado mientras gritaba "suéltala, cabrón". No vi venir el puño y comencé a escupir sangre sobre el barro. Intenté levantarme pero la voz de la chica me dejó bloqueado y me dolió mucho más que el puñetazo.

—Déjalo, Charley. ¿No ves que solo es un crío? —Has tenido suerte, mocoso. La próxima vez te dejo sin dientes.

Me quedé allí como un idiota, de rodillas en el lodo. Entre las lágrimas vi como la chica se largaba abrazada al puto chulo. La cara de "Ma", con una sonrisa triste llena de dientes de plata, se interpuso entre mi rabia y la pareja.

—Vuelve a casa, búscate una buena chica y cásate con ella. Esta vida no está hecha para ti, muchacho. Eres demasiado blando para seguir los pasos del diablo.

Texto: Manuel López Poy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 7 Comentarios

Hola a Tod@s.

Post para leerse dos veces!! apuntado queda el libro y todo lo que hay en el libro y post.

Salud!!

Estoy escuchando Merseybeast(1996)CD2.
Es Ian McNabb & The Crazy Horse tocando en directo sus famosos temas de The Icicle Works entre 1985 y 1990:

When it all comes down
Evangeline
Understanding Jane
What she did to my mind

Nivel Neil Young sin problemas.

QUE PASADA......

Yo también me voy a CALLAR este libro ya.
Me lo voy a CALLAR es la sección de libros del Corte Ingles

Descomunal relato, directamente descomunal! Tengo que callarme ese libro ya! Gracias por la recomendación

Muy bueno!!!
Enhorabuena por el Blog y compraremos el libro!

Hola
Estupendo relato. Creo que por eso lo llaman Blues.
Ojalá que esa presentación sea un éxito, esta claro que el libro lo merece.
Un saludo.

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Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

Sobre el autor

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. Redactor del diario El País y colaborador habitual del suplemento cultural Babelia, las revistas Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Encargado de la sección musical de A vivir que son dos días – Madrid en la Cadena SER. Es autor del libro Acordes rotos. Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm). Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela"

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Autor: Magnolia Electric Co. Canción: Don't This Look Like The Dark. Año: 2005. Disco: Trials & Errors. Sello: Secretly Canadian. Canción pinchada por Luis Moreira.

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