'Jinetes en la tormenta', un canon del periodismo musical

Por: | 08 de marzo de 2013

Rock-critics

A veces, cuando de música se trata, me pregunto que estuvo antes en España si el huevo o la gallina, es decir, si los discos y los artistas en sí mismos o los textos o programas radiofónicos y televisivos de Diego A. Manrique refiriéndose a todos ellos. Me pregunto si nos acercamos a esas canciones que nos emocionaron o nos rompieron en cuatro porque estaban allí esperándonos o, más bien, por la pista que un día cualquiera Manrique nos facilitó con lo que decía sobre ellas. Porque, para unos cuantos como yo, que seguramente seamos una gran mayoría a estas alturas del siglo XXI, es imposible no reconocer cierta deuda con su labor difusora de la música popular en todas sus variantes, desde los grandes mitos del rock hasta los francotiradores de géneros menores, en cuanto a cobertura mediática, vengan estos de Latinoamérica, África o cualquier rincón de Europa. 

En mi caso, no podría decir cuál es la primera vez que leí o escuché algo de Manrique porque, sinceramente, lo asocio al mismo génesis de mi pasión por la música. Siempre ha estado ahí. Y siempre le leo con la curiosidad de la primera vez. Ante la pertinente pregunta que me han hecho en los últimos años sobre cómo me metí a escribir de música, lo digo como fue: devoraba sus textos en El País y otras publicaciones musicales desde edad adolescente hasta el punto que, en tiempos universitarios, recortando sus mejores artículos, sentí la llamada de dedicarme a tiempo completo, a tiempo parcial o cómo narices fuera a escribir de música, aunque me quitara horas de sueño y no me diera de comer. No era la única pluma capaz de despertar eso en mí pero sí la mejor, la más completa, la que más veces lo conseguía.

Diego manriqueManrique aúna todo lo que me fascina de este negociado: amplio conocimiento, periodismo de trinchera, enfoque social de la música y gran capacidad para transmitirlo. En definitiva, con su saber enciclopédico y su actitud inquieta, representa, como pocos, lo que considero gran periodismo cultural. Cuando habla de música es capaz de relacionarla con otras artes y, más importante aún, con otros aspectos de la vida. Después de casi cuatro décadas al pie del cañón, su labor es tan profusa que abruma. Un día le dije que su enorme colección de discos debería ser patrimonio de la Unesco o algo así, pero también creo que su trabajo publicado en todo este tiempo debería ser conservado, ser digno de estudio en las facultades de periodismo. Si escucharle en las ondas siempre fue un gustazo, leerle, para este escribiente, fue una necesidad, una verdadera escuela, la mejor escuela.

Pero cualquiera que haya pisado una facultad de periodismo sabe que son otras tesis y libros obsoletos los que importan a no ser que te caiga en gracia un profesor atento al nervio de la mejor prosa periodística. Por suerte, desde hace unas semanas, existe la posibilidad de hacerse con Jinetes en la tormenta (Espasa), el libro que debe su nombre a la canción de The Doors y recopila decenas de artículos, entrevistas y reportajes publicados por Manrique en las páginas de El País durante muchos años. Una obra perfecta para saber de que va esto del periodismo musical. No descubro nada si digo que, leyendo el libro, repasando su carrera, ves que es el mejor crítico en el uso del adjetivo preciso, nada gratuito, y, como en la música más intensa y certera, en la economía de medios, midiendo las frases. También es el mejor crítico para explicar el funcionamiento y la evolución de la industria discográfica. Aprendes con cada una de sus reflexiones. Tampoco descubro nada si digo que pocos críticos musicales han hecho tanto como él en España por difundir las grandezas de la música negra, tan arrinconada e ignorada por los vendedores del mito del rock cazurro y los postmodernos trasnochados. Por eso, me encanta y me parece lógico que Jinetes en la tormenta empiece con el capítulo dedicado al soul y derivados llamado Venimos de África. Y, en este sentido, muy disfrutable, entre otros, es el artículo sobre Memphis y Stax Records. De hecho, en La Ruta Norteamericana no he podido evitar robarle con guante blanco en estos años algunos de sus artículos relacionados con los sonidos norteamericanos, aunque ahora lo conveniente es remitir a todo el mundo a su blog Planeta Manrique, donde podéis leerle más allá del papel. 

 

Como he dicho, el libro es necesario por lo que representa en el periodismo cultural de este país pero, además de la mera recopilación, cuenta con pequeños trazos introductorios para cada uno de los textos que enriquecen su lectura. Son introducciones certeras sobre el artista y su época o pequeños retazos biográficos que permiten al lector situar mejor el contexto de la entrevista o el reportaje. Con su habitual ironía, Manrique cuenta impresiones personales y te sumerge en su propia creación como si te contase confesiones en una conversación a media voz. Comparte con el lector pequeñas hazañas, batallitas y sensaciones varias que dan color a cada artículo y al conjunto del libro. Es un añadido que yo he disfrutado mucho. Puede reflexionar sobre la verdadera talla de la figura artística de Michael Jackson o Jimi Hendrix, el poco apoyo que recibió Phil Spector de la industria del disco durante su juicio por asesinato o cómo es eso del rock cuando entras en la tercera edad, pero también puede arrepentirse de cómo enfocó un texto o incluso la publicación del mismo. A raíz de un artículo sobre Bruce Springsteen, señala: “Las urgencias te llevan a la estupidez”. Y cualquiera que haya conocido las entrañas de una redacción sabrá lo cierto de esta frase. ¡A quién no le ha pasado en este tinglado que el teléfono no deja de sonar y te piden ese texto para ayer y tú estás todavía poniendo en orden ideas y documentación y ni siquiera sabes si merece la pena ponerte a escribir! De cualquier manera, gracias a estas fichas personales, se aprecia mejor al autor y a la persona y, asimismo, se vislumbra el enorme fondo de experiencias y anécdotas que guarda. El día que decida contarlas todas (o casi todas, porque imagino que hay cosas que es mejor llevarse a la tumba) dará para otro gran libro. Estoy convencido de que no soy el único que se lo ha dicho. 

Jinetes en la tormentaManrique hace crítica musical de la mejor cosecha por sus argumentaciones y su capacidad interpretativa, por ir más allá que la mayoría aunque a veces pueda mostrar cierto desapego, seguramente fruto de los muchos años que ha tratado con los músicos y sus ascensos y caídas, pero eso no quiere decir que siempre tengas que estar de acuerdo con todo lo que escribe. Nadie está de acuerdo siempre con todo lo que uno escribe. Eso es un hecho. Pero, por su enorme experiencia y su profesionalidad, a mí su opinión siempre me importa mucho. Pero lo que no entiendo es que los detractores, siempre presentes en este negociado, hablen de él como si su época, como la de los primeros grandes críticos de este país, hubiese pasado. Manrique es uno de los grandes críticos musicales de España, un verdadero pionero, que ha hecho por la música en este país más que la mayoría. Si alguien no ve eso, no estamos hablando de música en España. No estamos en el mismo mundo. Casi todos deberíamos vivir tres o cuatro vidas para vivir lo que él ha vivido. Es algo que siempre digo y diré. Cuando uno piensa lo que puede llegar a escribir, sabe que no llegará a todo lo que ha hecho ya Manrique. Ni se lo plantea. En parte porque uno no vivió una época tan fascinante como de la que Manrique y otros colegas, de la que incluso fueron protagonistas como auténticos cronistas, y en parte también porque ha dedicado cuerpo y alma a la música como pocos han hecho. Por eso, es historia viva de la música en España pero, al mismo tiempo, es más, es presente, pues su nivel sigue estando a la altura de la más alta gama de periodistas musicales anglosajones, aquellos que son referentes, que tienen el conocimiento, la experiencia y la prosa.

En este sentido, Jinetes en la tormenta se presenta como un gran documento periodístico. Combina las urgencias del obituario, el análisis reposado del reportaje y el juego incisivo de la entrevista. Ilustra todas las variantes a las que se enfrenta un periodista musical. De hecho, este libro sirve para dar valor a algo tan devaluado, tan vilipendiado, como la profesión del periodista musical, si es que esta existe en la actualidad, si es que no la tienen tan asfixiada en las redacciones de los medios que apenas respira para sobrevivir con algún propósito. A nadie se le escapa que todos los sectores del periodismo han tenido que afrontar diversos ajustes condicionados por una coyuntura económica difícil y el auge de los medios digitales pero uno de los más afectados ha sido el del periodismo musical, que nunca gozó de la misma reputación que el cinematográfico, literario o teatral. Ante esta situación, el libro de Manrique se erige como una especie de canon del periodismo musical, lo dignifica y lo ensalza. Lo pone, en definitiva, a la altura de los grandes trabajos del periodismo cultural en España. 

Por eso, aprovecho para confesar que una de las cosas que más vértigo me ha dado en esta profesión ha sido tener que escribir de los mismos temas que Manrique. Del mismo tema, el mismo día. Por una cosa tan sorprendente como la falta de organización existente a veces en un periódico para dirigir al unísono los dos brazos del digital y el papel, o por las simples prisas de unos jefes y otros, o, más sencillo aún, por la simple necesidad informativa de querer contar con más textos firmados sobre una misma cuestión, me ha tocado escribir compartiendo espacio y temática con él. Y, en estas, uno se ha visto como el canterano que le ponen a jugar con Messi, Zidane, Maradona o Pelé y le piden que lo haga igual de bien. Me ha bastado con no hacer el ridículo, con mantener el tipo, al tiempo que no dejado de pensar que es un honor figurar con él.


Como un honor fue que apadrinase la presentación de mi libro Acordes Rotos en Madrid. Si me llegan a decir que Diego A. Manrique e Ignacio Juliá, mis dos grandes críticos musicales de cabecera, iban a apadrinar mi primera aventura literaria hace tan solo un par de años, no lo hubiese creído por nada del mundo. Ese día, a propósito de la temática del libro, Manrique afirmó algo así como que la gran mayoría de los afluentes del rock y el pop actuales vienen del gran río de la música popular norteamericana. Ya no recuerdo cómo lo dije, o si lo dije o lo pensé, pero de cualquier manera aprovecho para decirlo ahora: al igual que el rock con la música americana, creo que la gran mayoría de todos los que escribimos de música en este país venimos de Manrique, hemos pasado alguna vez por él. Y en algunos casos, en los que me incluyo, seguimos pasando por él con la idea de aprender, y haciendo caso a consejos como el que da en el prólogo de Jinetes de la tormenta: “Las canciones, saben ustedes, son mentira. Pero se trata de una mentira dulce. Así que vale la pena seguir su pista. Y la de sus creadores”. En eso estamos, siguiendo la pista, incluida aquella que nos propone el maestro Diego A. Manrique.

  

Hay 15 Comentarios

pues para mi Manrique utiliza siempre un tono de listillo y perdona vidas que tira patras,

Hola!!

Tan solo decir que será una gozada Leer el libro, pese que mas de una vez no he estado desacuerdo con Diego A.

Pero aun así es un grande de vuestra profesión .

Saludos!!

Bowie vuelve de marte y jienetes en la tormenta http://www.elsenorgordo.com/2013/03/bowie-vuelve-de-marte.html

¿¡lo malo de la critica músical de este pais y no me refiero al señor Manrique es lo poco que hacen por los músicos españoles que para sobrevivir tienen que pedir limosna en el metro o trabajar de otra cosa. siendo interpretes mágnificos como por ejemplo Canal 69 que no paran de ganar concursos y grabar discos sin el resultado que les hubiera facilitado una buena critica. En fin que le vamos a hacer , quien paga manda y no hay más misterio.

http://www.antoniolarrosa.com

"(...) el periodismo musical, que nunca gozó de la misma reputación que el cinematográfico, literario o teatral". Buena culpa de eso la tienen ustedes mismos como colectivo por su falta de rigor y y sus favores para con la muy mezquina industria musical española. Pagan justos por pecadores, seguramente, pero después de tantos años de corrupción generalizada en la prensa musical de este país, no pretenderan ahora que el maná discográfico ya no fluye que olvidemos como si tal cosa los anteriores agravios cometidos por su grupo.

Sobre D.A.M. nada que reprochar. Siempre ha sido de los más honestos, aunque con más matices de los que usted presenta en su texto. Cualquiera que se haya codeado con impresentables como Julio Ruiz sin denunciarlo no se puede considerar que este totalmente libre de culpa.

Bonita promo-historia todo mi respeto D.A.M.

Me encanta la ultima canción de The Doors... buena manera de terminar la semana :D

Me apunto "Jinetes en la tormenta" para mi lista de regalos. Tiene buena pinta!

Felicidades Fernando por el artículo, que a veces las entradas son muy cortas en otro Blogs, pero me gusta leer cuando el tema se trata completo,

Un saludo
Gabriel

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No me pierdo ni un articulo, ni un podcast de los que publica y sigo esperando que reaparezca en alguna radio.
Y que conste que no estoy de acuerdo en muchas de las cosas que dice, pero es una fuente continua de enriquecimiento de las neuronas y eso en esta epoca de subcultura en general es un placer.
En un año tres libros sensacionales, el tuyo Fernando, el de Santiago Auseron y ahora el de Diego, buena cosecha a pesar de todo.

Passsa, DAM, Fernando... ¡¡¡saludillos!!! Alicia XX

Me identifico totalmente con la descripción de DAM: También una gran influencia para mí... en un plano más modesto, claro.

http://elcanarioenlamina.wordpress.com/

http://elcanarioenlamina.wordpress.com/2010/08/20/diego-a-manrique/

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Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

Sobre el autor

Fernando Navarro

. Redactor del diario El País y colaborador habitual del suplemento cultural Babelia, las revistas Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Encargado de la sección musical de A vivir que son dos días – Madrid en la Cadena SER. Es autor del libro Acordes rotos. Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm). Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela"

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