40 Aniversario

26 jul 2016

Cuando tocas el cielo

Por:

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“Hoy vais a tocar el cielo, chicos. ¡Vais a tocar las estrellas!” Esa era la promesa de Jesús Luna, jefe de campamento de la Ruta BBVA, para animar a los expedicionarios a enfrentarse a la gran aventura de 2016: la subida al Mulhacén. El pico de la Sierra Nevada está a 3.478 metros de altitud sobre el nivel del mar.

La primera parte de la subida empezó a las 14h del sábado (23 de julio) y fue muy dura desde el principio. Al cabo de la segunda hora de caminata, dos ruteras, Ana Rísquez y Jessica Martínez, se encontraban mal. Ana no podía respirar y Jessica no tenía fuerzas para seguir. Las dos tuvieron que ir delante, de la mano de Luna, pero no desistieron. Es más, se animaban la una a la otra: “¡Venga! Si tú puedes, yo puedo”, decían.  Y lo lograron.  “Fue la primera vez en todos los años de la Ruta Quetzal que ningún rutero desistió de una marcha. Y ha sido una marcha dura”, presume Luna, quien había calculado unas 50 o 60 “bajas”.

Durante todo el día estuvo presente el recuerdo de la experiencia vivida en la cordillera Quehuisha (Perú), en 2014, a 5.170 metros sobre el nivel del mar. Los monitores y ruteros no dejaban de comentar aquella marcha, en la que un  grupo de 80 expedicionarios se perdió al bajar la montaña y estuvo 30 horas caminando hasta encontrar el rescate. Desde entonces, todo el equipo de la Ruta lleva GPS y material extra de supervivencia, como mantas térmicas.

Tanto en el Quehuisha como en el Mulhacén, los expedicionarios se mantuvieron a salvo gracias a la experiencia y el cuidado de Luna y de los monitores que le acompañan. Cada año, el jefe de campamento recibe entre 300 y 400 currículos para seleccionar su equipo. Tras realizar duras pruebas de resistencia física y primeros auxilios (todos deben tener el título de socorrista), se quedan 10. “Nuestro trabajo es no permitir que nadie se quede atrás”, cuenta Raúl Plaza, uno de los monitores.

 

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Cambio de ruta

A las 20h, los expedicionarios llegaron al Refugio de la Poqueira, donde acamparon, tapados con una capa térmica, forros polares y el saco de dormir, para resguardarse de las bajas temperaturas. Estaban tan casados de la marcha, que a las 22h ya estaban dormidos y no les dio tiempo de ver las estrellas. Y eso que mirar al cielo desde los 2.000 metros de altitud era como ver toda la vía láctea.

Al final del primer día, una sorpresa: el guía del Parque Nacional de Sierra Nevada le comunica a Luna que el permiso para emprender el trayecto del día siguiente hacía el pico del Mulhacén había sido denegado. La Ruta tendría que seguir por un trecho más difícil, con piedras y un desnivel de más de mil metros. Por primera vez, se le veía a Jesús Luna un tanto preocupado. "Ese cambio de ruta nos va a matar”, decía casi en un susurro la mañana del domingo (24 de julio), antes de empezar la segunda parte de la subida. 

A las siete y media, el grupo ya estaba en marcha otra vez. Se notaba el cansancio del día anterior: muchos ruteros tenían los tobillos, rodillas y pies dañados. Y una vez más el trabajo de los monitores se hizo esencial. Cuando muchos pensaban en desistir, allí estaban ellos, cogiéndoles por el brazo, incentivándoles a seguir caminando.  Cantaban y contaban chistes malos a través de los walkie-talkies, en conversaciones que podrían convertirse perfectamente en un programa radiofónico de humor.

Los últimos 400 metros de la subida, lleno de piedras, fueron los más difíciles. En ese momento era casi imposible hacer bromas o seguir cantando. Lo único que podía ayudar a los expedicionarios a recargar las energías era recordar al espíritu aventurero de Miguel de La Quadra-Salcedo: “¡Se nota, se siente, Miguel está presente!”, gritaban a coro. Y con Miguel lograron tocar el cielo.

 

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Al llegar al pico de la Península Ibérica, la reacción inmediata de los 155 expedicionarios que aguantaron hasta el final fue abrazar a la primera persona que tenían al lado y llorar. Un llanto de felicidad y orgullo de haber superado los límites de sus cuerpos y mentes. Después, sacaron las banderas de sus países y posaron para las fotos, con el precioso paisaje de toda la Sierra Nevada al fondo.

Una de las personas más contentas del grupo era la rutera peruana Karla Ureta, de 19 años. “Pensé que no sería capaz de llegar, porque me dolían las piernas y los brazos. Pero al final he visto a mis compañeros subiendo y he seguido con ellos”, cuenta Karla, con una sonrisa. Esa estudiante de Contabilidad se apuntó a la Ruta por la ganas de conocer a Miguel de La Quadra. Su primo había viajado con el periodista y aventurero y le contó maravillas de él. “Incluso en las fotos se nota que Miguel era una persona especial”, cuenta Karla. El creador de la Ruta estaría orgulloso de ella y de sus compañeros de viaje.

Últimos días

Después de la gran aventura, los ruteros tienen por delante cuatro días en Madrid, dónde concluirán el desarrollo de sus proyectos de emprendimiento social y visitarán el Palacio Real y harán un recorrido cultural por la capital. El día 29 se despedirán de la experiencia en la Ruta BBVA 2016. Pero saben que en realidad será solo un “hasta luego”. “Ya sabemos que los recuerdos, los amigos, la familia quetzal siguen con nosotros por toda la vida”, afirma Ana Rísquez.

 

Fotos: Ángel Colina e Íñigo de La Quadra-Salcedo

22 jul 2016

La cuna del Descubrimiento

Por:

 

Carabelas

 

Los pescadores de sardinas que vivían en Palos de la Frontera (Huelva) en el siglo XV jamás podrían imaginar que su pueblo y el puerto donde atracaban sus pequeños barcos y vendían su mercancía entrarían en la Historia. Y es que de allí partieron el 3 de agosto de 1492 las carabelas La Pinta y La Niña y la nave Santa María, con el Almirante Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón y los marineros de Palos rumbo a lo desconocido.

No queda nada de las tres embarcaciones originales en ninguna parte del mundo, pero en su paso por Sevilla y Palos de la Frontera, los expedicionarios de la Ruta han podido embarcar en tres replicas en tamaño natural en el Muelle de las Carabelas. “¡Qué pequeñas!”. Ese era el comentario más repetido por los ruteros, que se preguntaban cómo aquellos hombres habían podido aguantar tanto tiempo en el mar y cómo los barcos resistían a un viaje tan largo. La verdad es que no todas las embarcaciones aguantaron hasta el final de la aventura.  La nave Santa María, en la que viajaba Colón, naufragó antes de llegar al “Nuevo Mundo”. Con su madera se construyó la primera fortaleza de América, el Fuerte de Navidad, en la República Dominicana.

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Esa y otras anécdotas y datos históricos se escuchan por todas partes en Palos de la Frontera. En el pueblo casi todos los vecinos saben que la idea que llevo al descubrimiento de América nació en el Monasterio de la Rábida, donde Colón se reunía con los frailes para pedirles dinero para la aventura. También se sabe que los primeros mapas del nuevo continente se hicieron en la Sala del Almirante, en el Real Alcázar de Sevilla (a 90 kilómetros de Palos) o que Colón siempre iba a rezar a la Virgen de la Giralda antes de salir al mar.

Y es en la catedral de Sevilla donde descansan los restos (250 gramos de cenizas y huesos) del gran navegante. La tumba del primer gran aventurero de Occidente está en un sitio construido por otros visionarios megalómanos como él: otra de las historias conocidas por esas tierras es la de los arquitectos que diseñaron la Giralda y que decían siempre que construirían una catedral tan grande que cualquiera que entrara pensaría que estaban locos.  

 

Fotos: Íñigo de La Quadra-Salceda y Ángel Colina

16 jul 2016

Fin de etapa

Por:

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La expedición al completo ha abandonado México. La aventura continuará al otro lado del charco, en España. Los expedicionarios disfrutan de la experiencia, quizás ajenos a que es posible que esto se acabe. Al menos, más ajenos que los miembros de la organización. La experiencia es un grado, y son conscientes de que el reto que tienen por delante no es pequeño. Después de que el BBVA anunciara que suspenderá su subvención, deben replantearse el programa y buscar otro patrocinador. Ardua tarea. Más aún, sin Miguel de la Quadra-Salcedo, fallecido el pasado mayo. Esta, que es la trigésimo primera edición de un proyecto ideado, impulsado y mimado cada día por el periodista y explorador, es la primera que se celebra sin él. Y podría ser la última ruta.

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15 jul 2016

El último rutero

Por:

Llorens

Llorenç es el último rutero de la familia Ortí López. Ojo, que esta afirmación no es cualquier cosa. Otros cinco han formado parte de la expedición antes que él. Su madre, Pilar López, participó en la primera edición, en 1979. Cuatro de sus diez hijos han seguido sus pasos. Ella abrió un ciclo, y es posible que Llorenç lo cierre. El BBVA ha anunciado que la ruta de este verano es la última que subvenciona. Quizás ya ningún otro Ortí López pueda formar parte de esta aventura, que se ha convertido en una tradición familiar.

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13 jul 2016

Aquí nació el chicle

Por:

Dos

El chicle fue un descubrimiento maya. En la época prehispánica lo conocían como sicté ya'. Lo utilizaban en ceremonias, para limpiar la dentadura, producir saliva o mitigar la sed. Entonces no sabía a nada. En el siglo XIX, Thomas Adams, un traductor que acompañaba al Ejército mexicano, se dio cuenta de que los soldados mascaban una goma insípida. Decidió echarle azúcar y la comercializó. Ahora se consume por su sabor. No tiene una función específica, pero se venden miles de toneladas al año. La mayor parte de ellas tienen origen sintético y proceden de productos derivados del petróleo. En el Yucatán son prácticamente una excepción. Aquí tienen el único chicle orgánico del mundo, explica orgulloso Gerardo A. Ramírez, gerente del Consorcio Chiclero, que aglutina a 2.000 socios que se juegan la vida por subir a los árboles y extraer la resina con la que se elabora el chicle.

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Ruta Quetzal

Sobre el blog

La trigésimo primera edición de la Ruta BBVA contará con 180 jóvenes de entre 18 y 19 años procedentes de 17 países de América, España y Portugal. Bajo el lema ‘Aventura en las selvas mayas del Yucatán’, la expedición parte de México. Allí, los jóvenes explorarán las selvas mayas y descubrirán los sitios arqueológicos más relevantes de esta civilización. El programa, creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979, continuará en España, donde los jóvenes visitarán Extremadura, Andalucía y Madrid y conmemorarán los centenarios de las muertes del Rey Fernando el Católico, el Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Cervantes. Son 30 días de viaje en los que la expedición combinará cultura, aventura y formación en emprendimiento social. EL PAÍS se suma a esta experiencia y la irá contando a través de este blog

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