05 jul 2010

A paso de tortuga

Por:

Marcha1

Dar un paseo por Río Lagarto es como colocarse bajo un foco. El premio por sudar la camiseta es un baño de luz y tranquilidad del que hasta ahora apenas habíamos gozado. Salvo ayer por la tarde, cuando el pueblo estaba preparando con una gran fiesta los festejos de Santiago, que empezarán el próximo día 17 y culminarán a finales de mes. No hay como anunciar una fiesta con otra gran fiesta. Y en la principal plaza del pueblo, un espacio sin asfaltar al lado del mar, esta localidad que vive de la pesca y de la industria salinera local preparó un gran asado para todos los vecinos, que se pasaron toda la tarde bailando y tomando cerveza mientras los niños jugaban a encestar la pelota, lo cual, a la vista de los resultados, a ellos se les da muy bien y a este periodista muy mal.

Ayer tocaba caminata, la segunda del viaje. Se trataba de caminar alrededor de 15 kilómetros junto a la orilla del mar que baña la Reserva de la Biosfera Ría Lagartos. La zona, que se extiende a lo largo de 60.348 hectáreas, cuenta con un ecosistema de una enorme riqueza. En él conviven el mono araña, el jaguar, el ocelote y el flamenco rosa, que ha ido a anidar a las salinas de la localidad. Pero ayer los expedicionarios salieron a observar las tortugas que llegan a la costa a desovar. En el parque hay entre 1.300 y 1.600, dependiendo de la época, de cuatro de las siete especies que hay en todo el mundo: la caguama, la verde, la laúd y la carey.

Tras una cena ligera, los ocho autobuses de la expedición se dirigieron hacia el punto de salida. Por el camino, uno de los “carros” –como les llaman los expedicionarios- se quedó atascado por la arena, por lo que los chavales tuvieron que hacer otro pequeño tramo a pie. Enseguida se formaron ocho grupos que debían ir saliendo cada diez minutos para no asustar a las tortugas. A este periodista le tocó el cuarto, que dirigían los monitores José Manuel y María Jesús y el guía Iván.

El viaje sigue sin dejar a cero la batería de los chavales. Después de sufrir las tormentas tropicales, las caídas en el barrizal de la caminata de Tabasco y la fiesta de anteayer, parecía que los días apenas hubieran hecho mella en ellos. Ángela Arrizabalaga, una chica de Navarra cuya escuela fue finalista en el concurso EL PAÍS  de los Estudiantes que organiza este diario, me contaba que encaraba la marcha. María, una amiga suya de Madrid, recordaba la última caminata en la selva tropical de Koleem Jaa’ y opinaba que la de ayer debía ser tranquila, puesto que todo el terreno era llano. “Ver a estas tortugas enormes anidar es una de esas cosas que hay que aprovechar porque sólo pasan una vez en la vida”, se repetía Juan, de Valladolid.

Suele pasar que las expectativas no se cumplen. Y la mayoría de los chavales tuvo que conformarse con ver decenas de cangrejos de todos los colores y una tortuga que había fallecido. Sólo el primer grupo, que encabezaba el jefe de campamento, pudo apreciar una de esas grandes tortugas que todos ansiábamos ver. “Hasta ahora han venido a verlas pequeños grupos de turistas, pero nunca ha habido uno tan grande, de unos 300. Seguramente se han asustado y han decidido no salir”, explicaba Iván. Los chicos sí vieron, en cambio, algunos nidos y huevos de tortuga, de los cuales pocos sobreviven: sólo uno de cada 1.000 llegan a la edad adulta. Muchos son depredados por mapaches, por otros animales y por alguno por la inconsciencia de seres humanos. Aun así, la labor de pedagogía que realiza el parque funciona, y el año pasado sólo dos nidos fueron destrozados por personas.

La marcha siguió, pues, junto a la orilla sin demasiadas esperanzas de hallar una tortuga. En una fila de dos, los chicos caminaron sobre la arena charlando o pensando en sus cosas. Se trataba de matar el tiempo mientras se andaba en una caminata que poco tenía que ver con los fabulosos paisajes de la selva tabasqueña. Eso sí, cada vez que hacían un alto en el camino los jóvenes pudieron contemplar uno de los cielos más espectaculares que han visto jamás, limpio y estrellado. Algún chico empezó a explicar a sus compañeros las constelaciones que iba reconociendo. “Este cielo es tan limpio que parece que estemos viendo el mismo cielo que vieron los mayas hace siglos”, acertó a exclamar un rutero.

Tras cuatro horas de caminata, los jóvenes se detuvieron a dormir un par de horas. Extendieron las capas de agua en el suelo, abrieron sus sacos o sus sábanas y se echaron a dormir. A medida que iban llegando los grupos, los chicos iban cayendo abatidos a echar una cabezadita. Tras la siesta, se reanudaba la marcha. Esta vez era una hora y media, más o menos de distancia. Y como dice la canción que todavía suena en México, que el ritmo no pare: esta mañana tocaba pesca, visita a un cenote y a los manglares. Y a rematar la jornada con un poco de playa.

Hay 4 Comentarios

...Esperamos las fotos Luis!!!
Saludos desde Santiago de Chile a Elena grupo 9

¡Que pena! no ver a las tortugas...La caminata parece ser más fácil que la de Kolem Jaa sin lluvia y bajo un cielo estrellado...Eso es impagable!!!
Felicidades a los chilenos Elena, Melissa, Beatriz y Juan Pablo

¡Que pena! no ver a las tortugas...La caminata parece ser más fácil que la de Kolem Jaa sin lluvia y bajo un cielo estrellado...Eso es impagable!!!
Felicidades a los chilenos Elena, Melissa, Beatriz y Juan Pablo

Gran crónica Lluís!!! Ya me imagino lo grande que debió ser!! Felicidades!! (El vídeo de Koleem Jaa' está en camino)

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Sobre el blog

Son 226 jóvenes (16 y 17 años) de 51 países distintos. Forman la XXVII edición de la Ruta Quetzal BBVA, un programa que aúna cultura y aventura -creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979- y en el que ya han participado más de 8.000 jóvenes. Desde el 19 de junio hasta el 24 de julio, seguirán los pasos del médico, matemático y físico José Celestino Mutis (Cádiz, 1732), y de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada, que él dirigió en Colombia entre 1783 y 1816. Mutis propició avances en la minería e importantes progresos en el conocimiento de la fauna y la flora colombiana, así como en la astronomía; la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada logró catalogar más de 20.000 especies vegetales y 7.000 animales. Los dos centenares de expedicionarios viajarán durante cinco semanas por Colombia, desde Cali hasta Bogotá, pasando por Mariquita, Barranquilla o Cartagena de Indias; y por España, donde conocerán Madrid, Málaga, Murcia, Sevilla y Cádiz. EL PAÍS les acompaña en su aventura y la narrará diariamente en este blog.

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