Santiago de Compostela recibió ayer a un extraño peregrino. Sulaimare Mezzouji, el chico marroquí, llegó a la ciudad, atravesó el monte do Gozo y entró en la plaza del Obradoiro vestido con la capa de los peregrinos del apóstol matamoros y enarbolada en su cayado la bandera roja con la estrella verde. Y explicó: “No creo que a nadie le parezca mal, es una forma de representar que la reconquista está olvidada”. Sulaimare cargó los 20 kilómetros y las 7 horas que separan Padrón de Santiago con el calor que da el hábito, impuesto por Miguel de la Quadra-Salcedo. Hubo dos momentos tiernos. Primero, tras explicar ante un maizal la importancia de este cultivo en la zona norte de España y su origen más allá del Atlántico, arrancó la mata de pelillos de la vaina. “Cuando era pequeño jugábamos a hacer que teníamos bigote”, dijo ocultando el suyo, poblado, canoso y con las puntas rizadas. Después, en un campo, repitió el paso final del lanzamiento de barra vasca con él que batió la plusmarca de jabalina. La subida desde Padrón, al nivel del mar, a Santiago, ciudad interior, fue verde. Puro monte gallego, lleno de carballos y eucaliptos más algunos tojos y ortigas combinado con aldeas y señoras vestidas de negro. La mayoría de los ruteros no fueron preparados: sin gorra ni agua en las cantimploras, no había fuentes para recargar en todo el recorrido e hizo mucho calor.
La estructura quetzal, águila y jaguar se repitió. María Paz, de Perú, pasó por los tres animales. Empezó la marcha como el pajarito símbolo, a medio camino fue ave rapaz y después de comer en la parada de Francos se trasmutó en Jaguar. “Soy lista y si empiezo de quetzal puedo ir elevando mi categoría según mis fuerzas y mis ganas de hablar con diferente gente”, y explicó que charló todo el recorrido. Es amiga de Elena, chilena del grupo 9. Un quetzal puede subir su posición en la marcha a águila o jaguar. El felino jamás puede bajar el nivel y debe cerrar siempre la fila de expedicionarios.
Tres ruteros
Una rutera fue como quetzal. No había participado en las dos anteriores marchas anteriores. “En ambas me hice daño de manera tonta” dijo, pero parte del equipo técnico explicó que en realidad se había escaqueado comportándose extrañamente. Cuando se vio Santiago al fondo no alegró la cara.
Ángela Arrizabalaga, navarra, es águila y finalista de El País de los Estudiantes de su comunidad. Tiene claros sus estudios de periodismo y durante un rato del recorrido se inventó siete maneras diferentes de apoyarse en el bastón. Con otro rutero, el madrileño Pablo Martínez, ha conformado una “secta decimonónica”. Es consciente que su saludo, una teatralización del contacto entre la mano de Dios insuflando vida a la de Adán de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, es un anacronismo. “Hay que inventarse otro”, razonó antes de ponerse manos a la obra.
Otto Tavera, un jaguar mexicano, es alto y fuerte. “Fui el último rutero que pisó el camino de barro destrozado por 300 pares de botas en la selva de Kolem Jaa’”. Había orgullo en su voz. Como buen semi profesional analizó el trayecto: “Es el día que hemos tenido más sol (¡en Galicia!) y caminado por asfalto, que hace daño en las palmas de los pies, y ha sido mucha subida”, sacó su cantimplora ya vacía, ”la gente no llevaba agua y te pedían todo el rato”.
Cuando entramos en el área metropolitana de Santiago estaba hablando con los quetzales. Vi un bar y paré a tomar una cerveza. Una rutera me miró con odio. Al salir y cruzar un puente para alcanzarlos me picó una abeja.
Hay 6 Comentarios
Me gustó ser un moro vestido de matamoros. Sé que es un poco contradictorio. La Ruta Quetzal fue una metamorfosis de nuestras vidas, un Hércules que cambia los rumbos de los ríos.
Encantado de hablar y conocerte, Carlos.
Muchas gracias
Publicado por: Sulaimane Mezzouji | 01/09/2010 20:22:24
Estábamos la prensa en un bar con una pared acristalada que daba a la carretera por donde pasaba la Ruta. Algunos nos miraban un poco mal, pero esta se paró y dijo en palabras malsonantes que nuestras madres eran prostitutas. Y me dijeron que no era la primera vez. Por otra parte, los monitores estaban con los niños y si estos no estaban preparados es debido a que se confiaron y no llevaron ni gorra ni cantimploras en las mochilas, aunque estuvieran obligados tener estos objetos preparados por las normas de la Ruta. Como comprenderá, los menos de 20 monitores no pueden revisar las más de 270 mochilas.
Publicado por: CARLOS CARABAÑA | 29/07/2010 10:58:42
Eso de que una rutera te mirara "con odio" me extraña. Carlos, ¿por qué dices eso? ¿Cómo sabes que lo que sentía fue odio? Odiar es una palabra muy fuerte. A lo mejor lo que sentía no fue odio sino envidia. ¿No dijiste tú que los ruteros no se encontraron preparados? Me imagino que con la cantimplora vacía estaban casi muertos de sed durante esa larga marcha con tanto calor. ¿Por qué no estarían preparados? Se espera que no todos los encargados estén en el bar tomando su cervecita.
Publicado por: carma abeja | 27/07/2010 20:32:11
Gracias por nombrar a Elena de Chile grupo 9 y es verdad es quetzal ojala que con Ma. Paz sigan la amistad a la distancia...Es lindo saber que conociste a nuestra hija Carlos o la divisaste entre tantos chicos...
Muchas gracias...
Publicado por: Mony | 26/07/2010 1:54:12
Gracias Carlos por tenernos informados, soy la mamá de María Paz, me encanto que la citaras, por favor mandale mis saludos!
Publicado por: Rochi de Romero | 25/07/2010 19:53:34
Las meigas no existen pero haberlas, hailas...je,je
Publicado por: Yael Cortés | 25/07/2010 16:49:36