Leyre Marín, sueños de oro
Leyre Marín Arraiza en la base naval de Rota. FOTO: ÁNGEL COLINA
Los equipajes de los más de 200 expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA son todos iguales. O casi. La mochila de Leyre Marín Arraiza se reconoce en seguida. Es la única que lleva corcheras rojas por ambos lados, que delatan su pasión por la natación. Este deporte se ha convertido en algo más que una afición para esta jienense de 16 años, que hace dos llegó sexta en los campeonatos europeos.
Se frota las manos con crema solar y mientras asegura que el calor que se sufre este sábado en la base militar de Rota, cerca de Cádiz, no es nada comparado con lo que tuvo que aguantar en Colombia. Hoy, de todas formas, está especialmente feliz. “Dormir en una cama después de casi un mes es lo mejor que me ha podido pasar”, bromea. “He desayunado zumo, he comido en una mesa y además aquí en Andalucía me siento como en casa”.
Leyre habla con las manos apoyadas en las anchas y una sonrisa que le ocupa toda la cara. Tiene energía para regalar y durante las pasadas vacaciones de Navidades lo demostró. Se enteró de las selecciones para la Ruta a principios de diciembre y tuvo que preparar su trabajo en poco más de un mes. La campeona de 100-200 brazas de la categoría infantil de su comunidad autónoma recuerda este periodo como muy ajetreado. “Pero, mira, aquí estoy”, afirma satisfecha. Compaginar la construcción de un plástico inspirado en la Constitución de Cádiz de 1812, con los estudios y los entrenamientos (seis días por semana en la piscina y tres en el gimnasio) no ha sido fácil, admite, aunque “mereció la pena”.
Leyre sabe bien lo que significa el esfuerzo. Se dedica a la natación desde que tenía cuatro años y con mucho sacrificio ha llegado a competir a nivel regional y nacional. Aunque esté encantada con su experiencia en las filas de los ruteros, hay algo que echa de menos. “Tengo ganas de entrenar. En Colombia pudimos ir a la playa un par de veces y fue increíble lo que sentí cuando mi cuerpo entró en contacto con el agua”, recuerda y se le ilumina el rostro.
Mientras ella visita la exposición de aeronaves de la Armada, sus compañeros de equipo de natación están participando en una competición. “Me perderé dos campeonatos estando aquí, pero competiciones hay todos los años, en cambio esta era mi única oportunidad de participar en la Ruta”, dice sin alejar los largos brazos del cuerpo. La expedición terminará justo a tiempo para que pueda seguir los juegos olímpicos en la televisión. Su objetivo para el futuro es participar en esta competición, además de crecer un centímetro más, hasta alcanzar un metro y ochenta de estatura.