Miguel de la Quadra en Málaga con algunos expedicionarios de la Ruta. FOTO: ÁNGEL COLINA
Con sus 80 años, Miguel de la Quadra-Salcedo ha descubierto un secreto y no tiene ningún interés en esconderlo. Para este americano atrapado en un cuerpo de español el único elixir que regala la eterna juventud se llama Ruta Quetzal BBVA y es el viaje de expedición para jóvenes iberoamericanos que él mismo fundó hace 33 años y que en estos días recorre su último tramo por Andalucía.
De la Quadra huye de las definiciones. “Yo no soy aventurero”, aclara. El fotógrafo que intenta retratarle sentado en una terraza de Málaga rodeado por algunos de los 223 integrantes de la XXVII edición de la Ruta sufre: el experimentado viajero se mueve, no para de hablar e interactuar con los jóvenes. Le interesa saber de dónde vienen, les mira fijamente con sus ojos azules y por cada uno de ellos tiene una anécdota que contar sobre su lugar de origen, ya sea Filipinas, Sevilla o México.
Los primeros viajes que realizó fueron a lomo de los libros. Salgari, Verne, y Marco Polo le proporcionaron las primeras aventuras, hasta que descubrió que podía vivirlas en carne y hueso gracias a la “alfombra mágica” de Televisión Española, que le permitió conocer decenas de países en calidad de reportero.
De la Quadra asegura que es él personalmente el encargado de programar el recorrido de la expedición anual. Su pasión por las Américas nació ya en 1956, cuando pudo “conocer a la negritud” gracias a una beca para deportistas en Puerto Rico. Desde entonces no ha parado de recorrer el mundo, que a su aviso “es muy pequeño”.
Su pasado de atleta (detenta un récord mundial en el lanzamiento de jabalina, aunque nunca se llegó a homologar) se refleja en la organización de la expedición. Sacrificio, esfuerzo de superación y fuerza de voluntad son también los valores que animan a los adolescentes de 16 y 17 años que deciden participar en la Ruta.
El mismo rey Juan Carlos I le pidió asesoramiento. “¿Qué podemos hacer para que los jóvenes españoles e iberoamericanos conozcan sus raíces?”, le dijo durante una cena en 1976. Tres años más tarde, salía la primera edición de esta “universidad itinerante” rumbo a México y Perú. La idea era mezclar cultura, historia, gastronomía y aventura para que los jóvenes “rompieran los amarres y aprendieran a valorar lo que tienen”.
Desde entonces, más de 8.000 personas han participado en el programa. “Al principio, el 20% de los integrantes de la expedición eran chicas”, recuerda. “Ahora, la proporción se ha prácticamente invertido”. La Ruta, asegura, ha cambiado muy poco a lo largo de sus 27 ediciones. “Cuando bajas el techo de necesidades, estás más feliz” y este axioma no ha variado. “Yo con la Ruta descubrí la fuente de la juventud”.
El próximo año los viajeros se desplazarán de Panamá a Jerez para seguir los pasos de Núñez de Balboa, el explorador que hace 500 años descubrió el Mar del Sur, hasta llegar a Bruselas, corazón de la actual identidad europea. Uno de los retos para el futuro es llevar la Ruta hasta China, aunque la crisis dificulta el proyecto.
Miguel de la Quadra siente la historia de las Américas en su piel y le quedan muchos más secretos que revelar. “Un vez que has descubierto lo maravillosa que es Iberoamérica”, dice, “llegarás a entender España”.