Ruta Quetzal

Sobre el blog

Son 225 jóvenes (16 y 17 años) de 53 países distintos. Forman la XXVIII edición de la Ruta Quetzal BBVA, un programa que aúna cultura y aventura -creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979- y en el que ya han participado más de 8.000 jóvenes. Desde el 19 de junio hasta el 23 de julio, la Ruta Quetzal BBVA conmemorará el Quinto Centenario del Descubrimiento del océano Pacífico realizado por Vasco Núñez de Balboa en 1513. Los expedicionarios viajarán a Panamá y atravesarán la Selva del Darién hasta llegar al Mar del Sur, siguiendo los pasos del descubridor extremeño. Allí comenzarán las aventuras que llevarán a descubrir La Gran Aventura del Descubrimiento del Mar del Sur y que continuará por Bélgica y España, durante su segunda etapa, donde seguirán los pasos del Emperador Carlos V en Europa. EL PAÍS les acompaña en su aventura y la narrará diariamente en este blog.

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20 jul 2012

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066_JUL_19_Foto de grupo Buque Galicia
Los expedicionarios viajan hacia Cádiz. FOTO: ÁNGEL COLINA

Pongamos que un gaditano haya bajado a por pan esta mañana y haya creído encontrarse con la Pepa en persona delante del monumento de las Cortes de 1812. Y, por si no fuera bastante, acompañada por el músico Carlinhos Brown. No, no estaba soñando. El percusionista brasileño y la mismísima Constitución han recibido a los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA en Cádiz para celebrar el bicentenario de la firma del documento.

La Pepa es la que tiene más trabajo entre todos los figurantes en traje de época que acompañan a los expedicionarios en su visita por la ciudad. Con una espada en la mano y las uñas pintadas de azul, la Constitución sonríe y posa ante las cámaras, mientras el grupo de percusionistas de la Ruta se dispone alrededor del monumento de las Cortes.

Carlinhos Brown se entrega en cuerpo y alma a esa “ofrenda a la negritud” de las Américas, como la define el padre de la Ruta Quetzal, Miguel de la Quadra-Salcedo. Se quita los enormes anillos dorados que adornan casi todos sus dedos y con unos golpes firmes guía al grupo. Antes de empezar, besa la bandera de su país natal y con voz épica se dirige a los ruteros, pendientes de sus labios. “Tenéis en vuestras manos las armas del amor: los tambores”, señala. “Son el instrumento para dar voz a los que no la tienen”. Las vibraciones que emanan contrastan con la atmosfera que se respira en una ciudad que parece aún no haber despertado y atraen a una pequeña multitud, pese al calor sofocante.

La energía acumulada en la exhibición se disipa rápidamente cuando alguien se para a pensar que faltan pocos días para que la expedición concluya. Camila Castro, en cambio, es una de las pocas que sonríe al calcular que falta menos de una semana para volver a casa. Por eso, esta uruguaya de 17 años asegura que su alma hoy es “dorada”. Este ha sido el primer viaje tan largo y tan lejos de su familia.

“Ha sido una aventura muy fuerte”, dice tímidamente, “pero echo de menos compartir tiempo con mi familia”. Escribir cartas le ha ayudado a aguantar la añoranza. Nada más llegar a su país, espera poder abrazar a sus seres queridos y escuchar sus novedades. Cierra los labios y los ojos por un instante y añade: “Sí, lo sé. Una vez allí echaré de menos a mi nueva familia”.

El País

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