Un integrante de la XXVII Ruta Quetzal en el museo del Prado de Madrid FOTO: Ángel Colina
La libreta de Paula Camila Ramírez Leuro aún tiene muchas hojas en blanco. De momento. Su idea es llenar los espacios vacíos en cuanto tenga algo de tiempo y se recupere del cansancio acumulado en el viaje. Retratos, plantas y reproducciones de cuadros famosos no faltan en la libreta de esta colombiana de 15 años, que sueña con estudiar Bellas Artes. El último trabajo en asomarse por las páginas es una de las Meninas de Velázquez. Lo ha realizado de pie, mientras paseaba entre las salas del museo del Prado. Al terminar la tan esperada visita, tiene bien claro cuales serán sus próximos trabajos. Ni más ni menos que La maja desnuda de Goya y un retrato de mujer inspirado en una obra de Diego de Rivera.
Estaba deseando llegar a Madrid para ver desde cerca los tesoros custodiados en la pinacoteca de la capital, pero admite que tenía muchas expectativas también por otro elemento de la cultura española: el Colacao. Sus compañeros de expedición le habían hablado maravilla de esta bebida, aunque al final se haya revelado un poco decepcionante. “En fin”, se encoje de hombros, “lo que merece la pena de verdad de la Ruta es la gente”, ni la comida, ni los museos.
La expedición tiene un componente adictivo. Los jóvenes que participaron en las ediciones anteriores siempre encuentran una buena excusa para volver a vestir la camiseta oficial del viaje y acercarse a saludar a monitores, organizadores y personal médico en su paso por España. Quien lo hace una vez, aseguran, intenta repetir la experiencia con viajes similares, aunque “la Ruta Quetzal es única”, suelen decir.
La Ruta es también cosa de familia: muchos de los expedicionarios siguen los pasos de sus hermanos mayores. Los padres de Irene Aguado lo explican muy bien. “Es un esfuerzo familiar”, destaca su padre, que ha llegado de Navarra con un grupo de seis personas para pasar un par de horas con su hija. “Es una suerte que haya podido participar, es una experiencia única que no hubiéramos podido ofrecer de otra forma y también una satisfacción para sus familiares, que la han apoyado en su formación”, subraya.
El goteo de padres ansiosos por ver a sus hijos es incesante. Son ellos los que peor llevan la distancia. Pese a que el encuentro esté previsto por la tarde, muchos familiares se agolpan en las puertas del campamento horas antes. La madre de Noelia Sánchez Ajea ya no se conforma con ver a su hija en los vídeos de los medios de comunicación. “Sé que está encantada con su viaje, pero se echa en falta y sé que ella también está deseando vernos, aunque sea unas horas”, sonríe. Llega la hora fatídica: los ruteros dejan de ser aventureros y vuelven a ser hijos e hijas. Eso sí, solo durante unas horas.
Hay 3 Comentarios
muy buen artículo! la verdad es que comprendo todo lo q explicas... estudi último curso de bellas artes y todos hemos pasado por eso jejeje
Publicado por: nuria | 22/10/2012 21:11:13
Gran Articulo¡¡¡ El arte clasico se cotiza mucho hoy en dia http://goo.gl/P6sbR
Publicado por: abogados madrid | 12/07/2012 22:57:39
Gran Articulo¡¡¡ El arte clasico se cotiza mucho hoy en dia http://goo.gl/P6sbR
Publicado por: abogados madrid | 12/07/2012 22:57:37