Juan Diego, la voz de la conciencia
Juan Diego Arregui, expedicionario de la XXVII Ruta Quetzal. FOTO: ÁNGEL COLINA
Tiene 16 años, pero ni pestañea al hablar de filantrocapitalismo. “Lo que más me disgusta en el mundo”, dice Juan Diego Arregui. Habla con voz calma, subrayando sus ideas con los movimientos acolchados de las manos. A veces cierra los ojos, en la búsqueda de las palabras más adecuadas para expresar sus ideas, las más diplomáticas para que su mensaje llegue al destinatario sin despertar malhumores. Vino de Ecuador para participar en la XXVII edición de la Ruta Quetzal BBVA, pero sobre todo para poder encontrar coetáneos con sus mismas inquietudes.
Lleva entre las manos una libreta en la que apunta de manera muy ordenada, hoja tras hoja, sus poemas. Utiliza un lápiz para poder retocar sus creaciones hasta que no encuentre la palabra que más se ajusta a lo que siente. La poesía, sin embargo, no le resulta muy rentable a la hora de ligar, admite. De hecho, su último trabajo, Felicidad, está dedicado a otra expedicionaria que no le corresponde.
Unos tenues ojos verdes
Me acechaban desde lejos
Tan bellos, eran santos
Me miraban de entrecejo
Unas cejas onduladas
Denotaban aflición
Y sus labios escarlata
Besaban mi corazón.
Juan Diego es el fundador de un grupo que lucha en defensa de los derechos humanos en Ecuador. Solo quiere jóvenes entre sus filas. “Los adultos corrompen los grupos”, afirma tajante. “No quiero que alguien se aproveche de nosotros como camino para llegar a algún punto. Una vez que entra en juego la burocracia, cualquiera actividad está condenada a no funcionar”. Acompañado por un grupo de 30 activistas, la mayoría de los cuales son menores de edad, sale a la calle para explicar a la gente cómo defenderse de abusos, adónde dirigirse para presentar una denuncia.
En su voz no hay rastro de arrogancia. Lo que más le preocupa es mantenerse fiel a sus ideales. Aunque le gustaría estudiar relaciones internacionales, espera llegar a ser escritor. Mario Benedetti le enganchó. “Con él empezó todo”, asegura. Luego llegaron José Martí y Pablo Neruda. Juan Diego explica que la muerte temprana de su padre y las lecturas le alejaron muchos de los jóvenes de su edad. Sin embargo, no siente solo. “Sé que si mi discurso fuera más populista, podría atraer a más”, explica. Pero su objetivo no es este.
Hay 1 Comentarios
Hola Juan Diego. Soy cubana y vivo desde hace muchos, muchos años en Ecuador (Guayaquil). Aunque te parezca mentira entiendo el porqué de la conformación de tu grupo de jóvenes soñadores y pro activos. He dedicado mi vida a trabajar por los más necesitados y la madre naturaleza, pero míranos aquí.
Disfruta chico, el mundo es vuestro. Sí que aprovecha de las experiencias de los mayores, no todas son malas. Buen viaje.
Publicado por: Nilda Saldise | 18/07/2012 1:19:44