Todavía quedan niños que caminan por la calle descalzos, pero que cuando te miran a la cara te sonríen. Todavía quedan aldeas ocupadas en sus calles, sin asfaltar, por tráfico de gallinas custodiadas por un escuálido gallo.
Algunas casas en Cachán de Echeverría tienen las paredes de plástico negro, el mismo que recoge la basura de las casas del primer mundo. Otras parecen cajetillas de cerillas compuestas por una madera oscura que deja ver sus cortes y vetas. Todas tienen un recinto con jardín, sin flores, pero al fin y al cabo un jardín.