Punto y aparte
Pátzcuaro es como uno de esos pueblos de postal, en los que pasear da
miedo por no ensuciarlo en cada paso. Las casas son blancas como las de
cualquier pueblo andaluz, el blanco combina con el rojo en los remates
de una puerta o en la parte de las viviendas que conecta con las aceras.
Aquí no hay ni una sola luz de neón, los carteles de las tiendas están
pintados en lo alto de la puerta con letras negras: Detalles que lo
hacen distinto.
