Vivo en Coslada, un pueblo más de la Comunidad de Madrid que explotó en los setenta, uno que fue parte del "cinturón rojo" del Henares y ahora no sabe ni qué alcalde tendrá.
Fui a los toros allí, porque me niego a ver una corrida de rejones -excepción, de cuando en cuando, con Pablo Hermoso-. No me gustan los abusos, aunque dicho sea de paso, aquí la corrida estaba discretamente "humanizada".
"Ya ven. Enciendo un puro
para gozar de la vida y las autoridades sanitarias, asesorados por la
ciencia, me recuerdan que el tabaco mata. Yo quise un día torear porque
intuía la vida en ello. Y de pronto he llegado a la conclusión: ¡Que el
toreo también me está matando!"
A veces la historia brinda guiños simpáticos. Todos los datos de esta imagen nos los puede dar Manoleta -antes Margo Channing-. Manolete y Lupe Sino en una foto que fue posteriormente censurada: camiseta al torero, faldita larga para ella.
Cada envío de fotos de David Cordero es una dote de sensibilidad. Para esta no encuentro más que un nombre sugerido: Inspirar y aspirar como secreto del arte.
En tiempos de pensamiento único -en lo taurino mucho más- no sólo peligra la cabaña brava y sus diferentes encastes. También escasean los toreros derechazos. Quedo tranquila al saber que en Las Ventas se sigue valorando -y no necesariamente premiando- a los toreros con personalidad.
Todavía ha quien sabe que la lidia es algo más que un natural y tres derechazos, abrochados siempre con el de pecho. Todavía hay quien entiende que la comunicación entre ruedo y tendido va más allá del "ponte" o "crúzate", porque cuando el amor es sincero, sobra con la mirada.
La de Antonio Bienvenida muestra la elegancia de la saga también en el triunfo, en ella no sólo sale el maestro que se indentificó con el Madrid "como debe ser", el de la elegancia en todos los tercios, la cata de la bravura y el saber estar, sino que también está otro con nada menos que once puertas grandes en su haber.
Me he visto el vídeo varias veces y aún no entiendo muchas cosas de la faena del Cid al quinto. Al final la espada hizo justicia y no obtuvo trofeos. Creo que, hecho que le honra, gastó más valor que cabeza, cuando lo que hacía falta era lo segundo.
No sometió al toro, no se puso en el sitio. Me temo que abusa de un primer cite bien hecho y a partir del segundo muletazo se echa el toro fuera para seguir ligando. Además, tan siquiera vio los terrenos que pedía el toro. Anduvo de aquí para allá. ¿Debemos ser tan condescendientes sólo porque nos brinde un toro?