40 Aniversario
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Plaza Mayor de Madrid. Imagen de Urban Networks.

 

Por José Antonio Blasco, Carlos Martínez-Arrarás y Carlos Lahoz

Nuestros espacios arquitectónicos requieren un amueblamiento para completar su funcionalidad. Mesas, sillas, armarios o lámparas dan un servicio imprescindible para nuestras múltiples actividades domésticas o laborales. También el espacio público requiere de un mobiliario (urbano, en este caso) que consta de elementos muy diversos para suplir nuestras necesidades en el mismo. Entre las numerosas piezas dispuestas en las ciudades se encuentran los bancos, que ofrecen la posibilidad de sentarse en ellos, para descansar, para esperar, para contemplar, para encontrarnos con los otros o para conversar, por ejemplo.

Pero esa específica y sencilla misión suscita intensos debates. La controversia tiene componentes muy variadas, destacando las consideraciones económicas (derivadas de su coste), sociales (en cuanto a su servicio al público general o a colectivos particulares) o identitarias (como contribuyentes a la imagen de la ciudad).

Porque hay quienes piensan que para sentarse en la ciudad no es necesario disponer de un mobiliario que resulta caro, de costoso mantenimiento, difícil limpieza, y, además, es susceptible de actos vandálicos o usos inadecuados. Hay quienes creen que siempre se puede encontrar una alternativa, que siempre hay un cambio de nivel, un escalón capaz de servir de asiento (por no hablar de las escaleras, que incluso pueden transformarse en un graderío). Que siempre se puede disponer del borde de una fuente, del resalto de una acera, del antepecho de un macetero o del pretil de una valla, citando, como ejemplo, el malecón habanero, un murete donde los cubanos se sientan en lo que se ha llamado el “banco más largo del mundo”. 

Hay quienes piensan que todas las actividades que se suscitan alrededor de un banco están vinculadas al ocio o a una filosofía vital pausada y, por eso, este mobiliario resulta indispensable en los parques o en las plazas, en aquellos lugares de estancia que animan a disfrutar de una vida más calmada. Pero esas mismas voces cuestionan su necesidad en los “lugares de paso”, en las calles por las que discurren los “guerreros” urbanos que se emplean a fondo en las mil batallas cotidianas que hay que vencer y que no se pueden permitir un alto en el camino en sus ajetreados recorridos por la jungla urbana. 

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Zombies urbanos en Nairobi, una historia real

Por: | 25 de mayo de 2016

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La webserie italiana Toxicity o "Toxiciudad", que vió la luz el pasado mes de diciembre con un capítulo sobre las drogas en Italia, se traslada en su segunda entrega a la ciudad de Nairobi, para mostrar la realidad de los indigentes y adictos a esnifar cola que viven en la calle. Pablo Trincia, periodista italiano experto en estudios africanos y desarrollo, investiga en esta pieza, una realidad a menudo silenciada, y lo hace con una gran sensibilidad y respeto. 

"Lo más sorprendente para mí ha sido que, una vez hemos publicado esta historia y se ha vuelto viral en Kenia, muchos kenianos han escrito comentarios en Facebook o Twitter diciendo que no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo en su propia ciudad! Eso dice mucho acerca de la brecha social y el papel de los medios de comunicación locales", se sorprende Trincia. 

Recorriendo diferentes puntos calientes de la droga en Nairobi, el periodista nos sumerge en algunos de los barrios más peligrosos de la capital keniana. En algunos vertederos, donde mucha de la población empobrecida de la ciudad acude en busca de material para revender, se encuentra con chicos muy afectados por los efectos de esnifar cola o combustible para aviones. "La mayoría de gente que esnifa este tipo de drogas líquidas son jóvenes y niños que vienen de barrios muy pobres, pero no todos ellos son huérfanos. Muchos de ellos tienen padres que son extremadamente pobres y no pueden cuidar de ellos y luego se enganchan a las drogas al salir con grupos de otros jóvenes de la calle".

La pobreza estructural está en la base del problema de la drogodependencia en ciudades como Nairobi. Donde se encuentra la más paupérrima de las vidas urbanas, allí hay grupos de personas que viven sumergidas en los efectos de las drogas. Tal como lo llama Pablo: se trata de "un mundo de zombies", que capta perfectamente en la segunda pieza de su serie. 

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Imagen tomada por Sacha Biazzo durante el rodaje del 2º capítulo de Toxicity.

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100 años con Jane Jacobs

Por: | 23 de mayo de 2016

Durante este mes de Mayo se celebra el centenario del nacimiento de Jane Jacobs (1916-2016), una mujer cuyas ideas han cambiado la manera de ver, entender y analizar los fenómenos urbanos en las ciudades contemporáneas.

Jacobs, sin tener ningún título universitario, llegó a ser editora de la revista Architectural Forum, publicando artículos que criticaban las tendencias urbanísticas que ocurrían en la época de los 50 en América del Norte, principalmente las que propiciaban el uso del automóvil, la incorporación de extensas obras de infraestructura, la modernización, la demolición de antiguos edificios, etc.

En sus inicios, fue ridiculizada y duramente criticada por los tecnócratas del urbanismo moderno quienes la veían como una polémica activista sin conocimientos técnicos y con ingenuos planeamientos urbanos. Ella entendía las ciudades como ecosistemas, apostaba por el desarrollo de uso mixto, defendía las estrategias bottom-up (de abajo hacia arriba) así como la densidad equilibrada y la importancia de las economías locales. Es por eso que a día de hoy, sus escritos aún siguen cobrando especial importancia al ver los fracasos del urbanismo tradicional, apostando por el urbanismo activo, participativo y de proximidad.

Jane-paperJane Jacobs, imagen cedida por Jane Jacobs documentary project

 

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Monedas complementarias cada vez en más ciudades

Por: | 20 de mayo de 2016

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Imagen: Bristol Pound

La Cooperativa Integral Catalana, y su red de Ecoxarxas extendida por toda Catalunya, cuenta por ejemplo con más de 1000 usuarios, y busca crear un nuevo sistema económico y social que funcione independientemente de la economía formal y con su propia moneda.

Cada vez son más las ciudades que tienen su moneda complementaria. Quizá la más conocida y una de las monedas locales de referencia a nivel internacional sea el Bristol Pound. Se acuñó en 2012 en la sexta ciudad de Inglaterra con más población, y Green Capital europea en 2015 (galardón que reconoce las buenas prácticas en sostenibilidad urbana), con el fin de fortalecer y democratizar el comercio y la economía local. Para ello, fue impulsada por una empresa de economía social y contó con el pleno respaldo del Ayuntamiento. De hecho, el alcalde de la ciudad cobra su sueldo íntegro en esta moneda, los empleados públicos cobran parte del sueldo en esta moneda y con ella se pueden pagar impuestos municipales. Además, una red de 700 comercios acepta esta moneda como medio de pago en la ciudad de Bristol.

Y es que, en general las monedas complementarias (o monedas sociales) son una herramienta creada y utilizada en comunidades como sistemas monetarios de vecindad basados en la confianza y la reciprocidad para facilitar intercambios tanto de productos como de servicios o de conocimientos. Actúan así, como dinamizadoras del comercio local de proximidad, del autoempleo y de revalorización de los recursos locales. Para muchos usuarios supone además una herramienta necesaria ante la recesión económica y el desempleo, y quizá esto ayuda a explicar su reciente expansión. De hecho, en momentos de crisis anteriores también nacieron monedas complementarias que pudieran considerarse sus precursoras. En la guerra civil española algunas cooperativas acuñaron sus propios billetes y en establecimientos cercanos a las fábricas se aceptaba dinero comercial que se intercambiaba por productos locales. Y hoy, su uso se expande. En la actualidad, existen más de 4000 monedas sociales en el mundo, tanto en Europa (Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Italia, etc.), como en América Latina o Japón.

 

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Auroville, una ciudad de "otro mundo es posible"

Por: | 18 de mayo de 2016

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En el epicentro de la ciudad de Auroville, Matrimandir, una cúpula dorada hace de sala de meditación colectiva para sus ciudadanos. Imagen de Wikimedia Commons.

Auroville representa una esperanza real para el futuro de la humanidad, como el único lugar en la tierra donde se realiza un experimento apolítico y plurinacional sobre la unidad humana para el bien de toda la humanidad. 

En 1968, en pleno boom de la generación flower-power, nació una ciudad internacional a modo de laboratorio en el sur de la India. Auroville, Villa Aurora o ciudad del Amanecer, es un concepto en contínua construcción creado por la discípula de Aurobindo, un pensador hindú e impulsor del "Yoga Integral". Mirra Alfassa, conocida como "la Madre", impulsó la creación de un asentamiento urbano donde hombres y mujeres de todas partes del mundo pudieran vivir en armonía y paz sin que sus diferencias culturales o religiosas afectaran a su convivencia. Municipio protegido desde su nacimiento por la UNESCO, es la materialización de un sueño que Alfassa tuvo al poco de morir su maestro, y que se construye a modo de ciudad utópica cuyo objetivo es la experimentación en la unidad humana. Un proyecto único en el mundo. 

Representantes de 124 nacionalidades acudieron a su inauguración, y arrojaron tierra de sus respectivos países dentro de una urna como símbolo de la fraternidad de todas las culturas que habitan la Tierra. Casi medio siglo más tarde, Auroville, pensada para albergar a 50.000 habitantes, solo ha conseguido albergar a la mitad de los residentes, de 50 nacionalidades distintas en todo su núcleo de aldeas. Y aunque el sueño de su fundadora no se ha llegado a cumplir al 100% por ser un proyecto a largo plazo y que necesita de una gran inversión y esfuerzo titánicos, hoy representa una pizca de esperanza para el Planeta. Pero, ¿qué hace de esta ciudad un ejemplo real de que "otro mundo es posible"?

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El espacio público como leyenda urbana

Por: | 16 de mayo de 2016

No nos engañemos. Eso que damos en llamar "el espacio público" no existe. Es una quimera, una leyenda, algo de lo que se habla o escribe, incluso que se proclama administrar, y que genera encuentros internacionales de alto copete como el de Barcelona hace mes y medio, pero que nadie ha visto ni verá.

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Piazza della Signoria, Florencia. Foto de Samuli Lintula

Hace pocas semanas se celebraba en Barcelona la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo urbano sostenible y Vivienda (Habitat III), consagrada monográficamente al espacio público. Así se hizo eco del encuentro nuestro blog. Pero, ¿qué es exactamente el "espacio público" y qué lo distingue de otras nociones parecidas, pero con un contenido bien distinto, como "espacio colectivo", "lugar público" o simplemente, como hasta no hace mucho, "calle".

Para responder a esa pregunta cabría establecer primero que espacio público es un concepto tomado de la filosofía política que sólo desde unas tres o cuatro décadas se ha incorporado de manera generalizada al dialecto tanto del diseño como de la administración de las ciudades. Como concepto político, espacio público quiere decir esfera de coexistencia pacífica y armoniosa de lo heterogéneo de la sociedad. Teorizado por Arendt, Habermas y Kosselleck,  el espacio público es aquel en el que se debe desplegar la evidencia de que lo que nos permite hacer sociedad es que nos ponemos de acuerdo en un conjunto de postulados programáticos en el seno de las cuales las diferencias se ven superadas, sin quedar olvidadas ni negadas del todo, sino definidas aparte, en ese otro escenario al que llamamos privado. Ese espacio público se identifica, por tanto, como ámbito de y para el libre acuerdo entre seres autónomos y emancipados que viven en tanto se encuadran en él y viven juntos una experiencia masiva de desafiliación.

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Una mirada hacia las ciudades intermedias

Por: | 13 de mayo de 2016

Cumana_desde_el_Castillo_de_San_Antonio Ciudad de Cumaná (Venezuela). Fuente: Wikimedia commons

"Hay casi 10.000 ciudades de más de 50.000 habitantes. Sólo hay 442 ciudades de más de 1 millón de habitantes en el mundo", dice Josep Maria Llop.

América Latina y el Caribe es la segunda región más urbanizada del planeta con 8 de cada 10 personas viviendo en ciudades. Desde el año 2000, la población urbana y el crecimiento económico de esta región se está llevando a cabo en las ciudades de menor tamaño, las cuales están teniendo un mayor dinamismo en su economía. Estas ciudades no solo atraen a personas que vienen del campo sino también de ciudades más pobladas, en búsqueda de nuevas oportunidades y una mejor calidad de vida.

Este tipo de migración bidireccional (rural-urbana y urbana-rural) explica el crecimiento demográfico de ciudades intermedias, un término definido por la Red Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales y Regionales (UCLG) como ciudades con menos de 1 millón de habitantes y que en la actualidad recogen, tanto en el ámbito local como en el regional, a más de 50% de la población urbana.

Las ciudades intermedias son urbes que crean puentes de conexión importantes entre zonas rurales y urbanas, siendo para la población rural la oportunidad de acceder a instalaciones básicas (como escuelas, hospitales, administración, mercados) y también servicios (como el empleo, la electricidad, los servicios de tecnología, transporte). Al tener esta posición intermedia, también constituyen, para la mayoría de los ciudadanos, un foco de transición para salir de la pobreza rural. Además, las relaciones que crean con las grandes urbes les permiten complementarse entre ciudades y funcionar como un sistema de ciudades” (UCLG).

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"Mi ciudad imaginada, urbanismo para los más peques"

Por: | 11 de mayo de 2016

Por Cristina Camarena

Me llamo Max y esta es mi ciudad imaginada. Se llama POSIDONIA y hoy llego a ella en globo con mis amigos Margot y Màrius. Nos gusta verla desde el cielo. La ciudad se ve enorme y la gente tan pequeña como hormiguitas yendo de un lugar a otro. Y, mientras, nosotros en el cielo planeando como pájaros y observando lo bonito que es el mundo.
¿Te vienes conmigo a visitarla? Te quiero contar cómo la imagino. Si te apetece puedes pintar y dibujar; me encantará descubrir la tuya y que pintes la mía con tus colores y tu imaginación.

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Así comienza “Mi ciudad imaginada”, un libro diferente sobre urbanismo para los más pequeños, que busca cambiar el mundo a través de la creatividad.

Primero, su autora, Cristina Camarena se imaginó a Max, Vireta lo visualizó, y el propio Max hizo el resto.
Se fue de viaje a su ciudad imaginada, un entorno ideal, donde respiras respeto por la naturaleza, las personas, la cultura, la diversión y la creatividad. Un lugar ideal para quedarse a vivir.

“¿Por qué no podemos vivir en un lugar así? Las ciudades son entornos en los que viven personas, hechos por personas… pero, ¿por qué no parecen hechas aptas para las personas?, reflexiona la autora. Somos seres urbanos. El número de residentes en ciudades continúa aumentando año tras año y parece que no hay vuelta atrás. ¿Por qué no soñar con nuestra ciudad imaginada?”

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Taxonomía de los seres urbanos (según su actitud ante la ciudad)

Por: | 09 de mayo de 2016

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Abbey Road, Londres. Wikimedia Commons.

 

Por José Antonio Blasco, Carlos Martínez-Arrarás y Carlos Lahoz *

Los ciudadanos muestran distintas formas de relación con su entorno urbano, expresadas en comportamientos variables, dependientes de sus circunstancias. En este sentido, se podría establecer una taxonomía “conductual” de los seres urbanos que interpretara esas actuaciones en función del talante y la intensidad de sus actitudes. Aunque la complejidad de la ciudad y de los propios ciudadanos conllevaría que esa ordenación no fuera excluyente ya que todas las personas pueden integrarse en una u otra categoría según el momento. 

El “usuario” (autóctono o foráneo) y la visión pragmática de la ciudad

Todos somos usuarios de la ciudad. Por supuesto de la propia y, en muchas ocasiones, de otras en las que nos toca desarrollar temporalmente nuestra actividad. Por la ciudad nos desplazamos a trabajar, nos movemos en nuestro tiempo de ocio, volvemos a nuestra casa, salimos de compras, etc., y lo hacemos andando, en coche o en transporte público. Actuando como usuarios, recorremos la ciudad yendo de un destino a otro, por lo general aceleradamente y atendiendo solamente a las reglas básicas del manual de instrucciones urbanas, que prioriza las consideraciones prácticas. Para el usuario, la ciudad se convierte en su escenario vital, en el lugar que le acompaña en su devenir cotidiano. Por eso, esta es la categoría más extensa, la que reúne, en algún momento, a todos los ciudadanos. La ciudad nos presta un servicio que aceptamos con cierta pasividad, sin interrogarnos por nada que se aparte del pragmatismo rutinario. No obstante, el usuario cree que conoce la ciudad porque sabe “utilizarla”, pero esa impresión es errónea. Moviéndonos como meros usuarios de una ciudad captamos una imagen incompleta de la misma. El usuario conoce el funcionamiento de la ciudad, pero ignora otras muchas facetas que la ciudad puede ofrecer. 

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Estación de Metro de Paral·lel, Barcelona. Wikimedia Commons.

 

Por Roser Casanovas *

Cuando las personas disponen de plenas capacidades físicas y económicas para poder decidir cómo se mueven por su ciudad no tienen en cuenta las dificultades que pueden tener hasta que algo cambia en su vida. Por ejemplo, cuando llega una criatura y es necesario moverse por la ciudad para poder desarrollar la vida cotidiana. En este momento, las personas se convierten en cuidadoras de una persona que es dependiente, con lo que se considera que en términos de movilidad se convierten en personas con diversidad funcional que tienen unas necesidades de accesibilidad concretas, ya sea por el carrito, por el tamaño que ocupa, por los tiempos, etc. Se encuentran con una realidad que no se esperaban, los espacios de la movilidad no están pensados para una accesibilidad universal cómoda y segura para todas y todos. Aunque se ha avanzado mucho en este sentido, hay muchas personas que aún tienen que hacer un gran esfuerzo para salir de casa cada día.

Este es un relato personal que empieza uno de los primeros días que quería compartir con mi hija mi vertiente activista, asistiendo a una feria de economía social en Barcelona. Siempre cogemos el autobús porque puedo improvisar más, con el cochecito siempre es accesible y en un ambiente mucho más amable. Aquel día habíamos ido a hacer un recado al centro, así que pensé en coger el metro en la parada de Urquinaona. Es una parada que sirve de intercambiador entre dos líneas, la amarilla y la roja, la roja nos traía directamente donde queríamos ir. Me desplacé hacia la entrada principal que está situada en medio de la plaza, no vi ningún ascensor, sólo escaleras. En el cartel principal exterior, no había ninguna indicación clara de dónde eran los ascensores, así que usé mi memoria visual para recordar que en la esquina de arriba de la plaza había un ascensor. Cuando llegué después de tres semáforos, vi que efectivamente había un ascensor pero era del aparcamiento subterráneo y no comunicaba con el metro. Fue una decepción, aunque pensé que no podía ser que una parada de metro tan central no tuviera acceso con ascensor. Así que me dirigí a las otras salidas, pero tampoco tenían ascensor. Estaba un poco desconcertada y estaba a punto de desistir cuando me encontré unos agentes de la guardia urbana y aproveché para preguntar si sabían dónde había el ascensor del metro de aquella parada. Muy convencidos me dijeron que estaba en medio de la plaza. Me sentí un poco estúpida de haber dado aquellos tumbos, teniendo el ascensor delante de las narices. De nuevo mi sorpresa fue que en medio de la plaza no había ningún ascensor, incluso lo volví a preguntar a una pareja quea Generalitat, quizás hay otros ascensores en la plaza, pero est salía del metro. No había ningún ascensor. Era el momento de sentarme y consultar con el móvil qué paradas son accesibles y qué no, para poder planificar mi viaje. Este fue uno de los primeros aprendizajes, con mi situación actual no puedo improvisar, tengo que planificar mi ruta. Cómo os podéis imaginar, la parada de metro Urquinaona no es accesible! Lo encontré en la web de transportes públicos en un apartado pequeño, muy poco visible. Y lo pude saber porque tenía móvil con internet, ya que en ninguna parte del espacio público, de los paneles informativos, de las entradas y señales del metro había ninguna indicación que dijera que aquella parada no era accesible.

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Seres Urbanos

Sobre el blog

En breve, dos de cada tres personas viviremos en ciudades. Vivienda, infraestructuras, transporte, energías, servicios, pobreza, empleo o migraciones son ya algunos desafíos de las urbes contemporáneas. Este blog plantea oportunidades y retos de las polis del siglo XXI en todo el mundo, de Nairobi a Sao Paulo, de Shangai a Lagos.

Sobre los autores

Gemma Solés i CollGemma Solés i Coll. Licenciada en filosofía, especializada en desarrollo en África y periodista cultural. Cofundadora y redactora del magacín sobre culturas africanas Wiriko, y de la revista Urban Africa del African Center for Cities(Ciudad del Cabo).

Mar Toharia. Licenciada en Geografía (UAM), con especialización en Ciudad y Territorio y posgrado en Globalización, Desarrollo y Cooperación (UB). La sostenibilidad, las iniciativas sociales para la participación ciudadana y el urbanismo a escala humana son sus campos de estudio. En ellos ha trabajado en Centroamérica, Barcelona y Madrid. Y, en la actualidad, como analista de Metroscopia en el área de ciudad sostenible y nuevos estilos de vida.

Fernando Casado Cañeque. Fundador del Centro de Alianzas para el Desarrollo dedicado a promover alianzas globales para lograr los Objetivos del Milenio. Economista, autor, realizador de documentales sociales y promotor de Hacia la Ciudad Humana, un proyecto para el que viaja por ciudades emergentes documentando la transición hacia ciudades más humanas.

Manuel Delgado. Profesor de antropología urbana en la Universidad de Barcelona. Ha estudiado la construcción de las identidades colectivas en contextos urbanos y los efectos sociales de la transformación de las ciudades y los conflictos que se derivan, así como sobre la apropiación social de los espacios públicos. Es autor, entre otros muchos, del libro 'El animal público' (Premio Anagrama de Ensayo, 1999).

Teresa García Alcaraz. Arquitecta (UPC) especializada en Arquitectura Humanitaria (London Metropolitan University). Las ciudades, el diseño participativo, las intervenciones urbanas así como la habilitación de barrios en sectores populares son sus campos de estudio. Ha trabajado en Venezuela, Ecuador, España y el Reino Unido y es fundadora de Archithoughts. Regularmente escribe para ThisBigCity y otras plataformas sobre temas urbanos, sociales y artísticos.

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