Compré “La ley de Herodes” (Booket), un libro de Jorge
Ibargüengoitia en la ‘cafebrería’ El Péndulo, que se encuentra en Polanco (México
DF) por 98 pesos (alrededor de 6 euros), mientras Joaquín Sabina, como siempre
de gira con Serrat, se interesaba por unos lapiceros. “Nos despedimos casi de
beso, pero cuando los vi de espalda, les menté la madre”, escribió Ibargüengoitia
para terminar “Mis embargos”, uno de los cuentos de un libro de ficción que
apunta a lo autobiográfico y que no resulta fácil conseguirlo en España.
También compré una cuidada edición de “Las batallas en el desierto” (Ediciones Era), de José Emilio Pacheco, con fotos de Nacho López, una novela breve que se desarrolla en los inicios del México moderno. Tampoco pude resistirme ante un ejemplar de “El más buscado” (Grijalbo), una novela sobre el Chalo Gaitán, que “no es el Chapo Guzmán, pero se le parece”, de Alejandro Almazán, que fue quien amablemente me indicó el recorrido para llegar a la librería.
Salvo el libro de Pacheco, que está publicado en España por Tusquets, pero desconozco si incluye las magníficas fotos de Nacho López, los otros libros no se pueden conseguir en las librerías españolas con facilidad. Por suerte, se puede encontrar en ‘ibuc’ (*), a través de Amazon, la novela del escritor y periodista Alejandro Almazán.
Sumergidos en la crisis, en este lado del Atlántico no resulta fácil leer los
libros que publican en la pujante industria editorial latinoamericana que, a
diferencia de la española, vive mejores momentos. Acceder a libros publicados
en América Latina podría resultar muy sencillo si se comercializan en formato ‘ibuc’. Así, bastaría con facilitar el
número de la tarjeta de crédito para conseguir joyas como “Pecado original.
Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder”, de la periodista Graciela
Mochkofsky, que publicó Planeta en Argentina. Sí que se puede
encontrar en Amazon “La
eterna parranda, editado en Colombia por Aguilar, que recoge las crónicas de Alberto Salcedo Ramos.
A diferencia de los libros impresos en papel, con el ‘ibuc’ solo hace falta un par de clics para cruzar el Océano Atlántico en cualquiera de las dos direcciones.
(*) Escribo por primera vez ‘ibuc’ en lugar de ‘ebook’. Esta nueva grafía que españoliza el término, me parece adecuada y se puede utilizar, como la expresión inglesa, alternándola con ‘libro electrónico’. Quedo en deuda con Carlos Serrano, editor de medios interactivos de la Fundación García Márquez (FNPI), que fue quien me regaló ‘ibuc’ en un correo electrónico.