Casi todas las mañanas, un conocido gurú de Internet tuitea seis o siete titulares de noticias junto con sus enlaces. Nada extraño. Lo que me parece destacable es que el hombre las tuitea cada pocos minutos. A veces, casi en ráfagas a razón de tuit por minuto.
El gurú hace clic en el botón de Twitter del medio donde lee la noticia y, con una excelente capacidad lectora, consigue alcanzar más de 500 palabras por minuto leyendo en la pantalla -acabo de medir mi velocidad de lectura y es de alrededor de 333 palabras por minuto, un dato que muestra que estoy en la media-. La conclusión, claro, es que el gurú solo lee los titulares y, como mucho, la entradilla de la noticia. Así, todas las mañana lanza seis o siete noticias para proporcionar material de lectura a sus miles de 'followers'.
Algunos seguidores del gurú retuitean un par de minutos después e, incluso, califican los tuits con el habitual “+1”. La segunda conclusión es que los retuiteadores leen más deprisa todavía que el gurú. También es posible que ni siquiera visiten la página enlazada y retuiteen solo por el titular. No sé si se trata de economía de la atención o que intentan mostrar que están al loro de las cosas que pasan y que siguen a los que "controlan" en Twitter, pero me da la impresión de que se desperdicia mucha energía retuiteando al buen tuntún.
Una especialista en Social Media que trabaja para una editorial me explicaba hace unos días que casi siempre consigue más retuits que visitas a la página. Por cada tres retuiteos, me decía, logra una visita a la web de la editorial. Pero si se relacionan los tuits con las ventas de ebooks, el resultado todavía es más desalentador. Al parecer, un buen día en Twitter no es sinónimo de un buen día de ventas. No obstante, la especialista considera que “el efecto de las redes sociales no es inmediato. Cuidar a la comunidad, a la larga, sí tiene resultados beneficiosos para las ventas”.
Nadie duda de que Twitter es un excelente aliado a la hora de conseguir notoriedad. Y más para los que logran tener una legión de seguidores. La clave está en cómo se puede traducir la notoriedad en ventas en un país como España donde “se publica mucho para lo poco que se compra”.
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