40 Aniversario

Sin Tinta

Sobre el blog

Leer es el placer que más tiempo se alarga. Leer de día, de noche, en la cama o en el autobús, sentado o de pie. La llegada del libro electrónico no ha extinguido el placer, pero sí que ha creado nuevas inquietudes, incomodidades, problemas y muchas, muchas novedades porque con él, libros, revistas o periódicos vuelan por encima de cualquier frontera. Una situación inédita desde hace seis siglos y a la que hay que empezar a acomodarse.

Sobre el autor

Fernando García

Fernando García es ante todo oscense ejerciente, escribe sobre tecnología en periódicos, libros y revistas desde 1996. Aunque sigue comprando libros de papel, hace tiempo que apostó por los electrónicos. Fundó y dirige el Congreso de Periodismo Digital. Es editor de ecicero.es, una editorial de libros electrónicos de periodismo de largo formato, entre 5.000 y 30.000 palabras.

Eskup

La máquina de expender libros

Por: | 26 de noviembre de 2012

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En la librería Monkey’s Paw, de Toronto, Canadá, donde venden libros de segunda mano, han instalado una Biblio-Mat: una máquina dispensadora de libros al azar. La cosa consiste en introducir un par de dólares y esperar uno segundos para que caiga el libro que la fortuna lleva hasta las manos del lector. El propietario de la tienda reconoce que la máquina se atasca de vez en cuando, pero los que la han utilizado, siempre según la versión del dueño de Monkey’s, "se sorprenden y divierten" utilizando la máquina de expender libros.

El artilugio funciona con un sistema que recuerda a las antiguas máquinas de tabaco que no precisaban de luz eléctrica, salvo para la iluminación que servía de reclamo, porque realizaban su función gracias a la mecánica y no empleaban la electrónica. Algunos ingenios mecánicos también se destinaban a la venta de chicles e, incluso, a  buscar la suerte introduciendo una moneda por la que a cambio se recibía un huevo de plástico con un regalo en el interior. Lo que resultaba más atractivo era que el premio fuera una sorpresa.

Esa enorme máquina expendedora de libros que es Amazon, ofrece todos los días un ebook sorpresa. Se trata de Kindle Flash, una oferta con una duración limitada a 24 horas que consiste en vender rebajado un libro electrónico. Hoy, por ejemplo, ofrecen por 1,89 euros una novela histórica, publicada en 2010, que antes costaba 4,74 euros. El objetivo de Amazon es que los clientes visiten muchas veces, todos los días si es posible, la página de Kindle Flash para ver qué libro electrónico está de oferta. Al fin y al cabo es otra forma de comercializar libros que con el tiempo han perdido interés. Lo mismo que hace la Biblio-Mat.

Captura de pantalla 2012-11-26 a las 11.29.42¡Un chollo!

Si no se quiere confiar las compras de libros a la suerte de las máquinas, siempre se puede recurrir a las recomendaciones. Por ejemplo, la semana pasada compré un libro electrónico que creo que es un auténtico chollo.

David Remnick (Estados Unidos, 1958), director de la prestigiosa revista The New Yorker, es un periodista y escritor que, entre otras cosas, ha escrito perfiles de Bruce Springsteen y Benjamin Netanyahu. En 1997, Remnick escribió un perfil de Don DeLillo y, en 2000, otro de Philip Roth.

Endebate.com, una colección digital de textos de alrededor de 10.000 palabras, publica los perfiles de De Lillo y Roth. Que yo sepa, estos perfiles no se habían traducido hasta ahora. El ebook cuesta 1,49 euros. http://www.megustaleer.com/ficha/EC922553/letras-americanas-roth-y-delillo

Del porno para madres al sexo para abuelas

Por: | 16 de noviembre de 2012

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Mientras el "porno mamá" se extiende por todos los lados con la saga de Cincuenta sombras de Grey, que ocupa los primeros puestos en las listas de libros y ebooks más vendidos, Thursdays in the Park (Los jueves en el parque), de Hilary Boyd, una señora de 62 años, consigue el número uno en la lista de más vendidos en Amazon en el Reino Unido, con una novela donde cuenta los amoríos de una sesentona. Una vez más, un libro pasa sin pena ni gloria por el papel. Luego, logra el éxito con la edición electrónica y vuelve a imprimirse en papel. La película no tardará en llegar.

E.L. James, la autora de Cincuenta sombras de Grey logró llegar a la lista de los ebooks más vendidos antes de convertir su libro en el más vendido en papel. El caso de la señora Boyd es parecido, pero no igual, que el de la señora James porque la primera recupera una historia que ya publicó en papel sin mucho éxito y, un año después la edición electrónica la coloca en la lista de los éxitos de ventas. Los que saben de estas cosas consideran que el precio del ebook es la clave del futuro del libro electrónico o, que viene a ser lo mismo, del sector editorial. El ebook de la señora Boyd cuesta 0,20 Libras, alrededor de 25 céntimos de euro, un importe que puede poner los pelos de punta a los editores más flemáticos.  En pocos días, editoriales de Francia, Suecia, Finlandia y Alemania han comprado los derechos de publicación.

Boyd es una escritora experimentada. The Observer explicaba el pasado domingo que lleva veinte años escribiendo, aunque sus novelas han sido rechazadas hasta ahora por la industria editorial. Consejera matrimonial, de profesión, en España publicó en 2001 Nuevas familias: convivir con los hijos de tu pareja. Pero su sueño era la ficción y no la autoayuda. El año pasado, al fin, consiguió publicar en papel Los jueves en el parque, una novela donde la protagonista de sesenta y tantos pasa por una etapa en la cual su marido desatiende las actividades relacionadas con la cama matrimonial. En ese momento se encuentra en el parque con otro sesentón de buen ver con el que establece una relación. Además del sexo, las dudas sobre si debe continuar o dejar su relación forman parte de la trama.

La alegría de publicar una novela se desvaneció enseguida por falta de ventas. Aunque tuvo alguna buena crítica, la primera edición no llegó a vender ni 1.000 ejemplares. Un año después, el pasado mes de agosto, la editorial Quercus Books, sacó la novela en formato electrónico. “Lo que sucedió después”, dicen en el Observer, “fue una parábola de la revolución del ebook”.

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En pocos días el libro de Boyd obtuvo el puesto 18 en la lista de los más vendidos de Amazon en el Reino Unido. Después, el 11. Luego, el 4. Y, por fin, el número 1 que mantiene hasta hoy delante de autores consagrados como Ken Follet o la mismísima E.L. James, que sigue arrasando en las listas españolas. El resulado es que se han vendido más de 100.000 copias de Los jueves en el parque. En la editorial no se explican el fenómeno: "simplemente la noticia ha corrido de boca en boca". La autora cree que hay un excelente mercado alrededor de las relaciones apasionadas de los mayores, aunque en el pasado no ha sido un tema que haya interesado a muchos escritores. Al parecer, respondiendo a la pregunta que figura como subtítulo en la portada del libro, el amor no tiene fecha de caducidad.

Presentaciones de libros: vino y (antes) croquetitas

Por: | 12 de noviembre de 2012

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Otoño. En una tarde lluviosa se reúnen catorce personas en una librería. La mayoría se conocen. El presentador toma el micrófono y comienza la intervención asegurando que será breve. Veinte minutos después, pasa el micrófono al autor del libro. El escritor carraspea, despliega un papel y se dispone a leer. Un fotógrafo dispara su cámara. El autor se pone nervioso y confunde la línea. Se percata del salto y, como ha preparado el texto con mucho mimo para la presentación de su primer libro, pide perdón y vuelve a empezar el párrafo. Explica por qué ha escrito el libro, lo mal que está lo de publicar, las horas que ha faltado a sus deberes familiares por estar tecleando en el ordenador y cosas así. Para finalizar, da las gracias a su mujer, a sus hijos, a sus padres, a los dueños de la librería, a los editores y a los del periódico local que le han entrevistado. Levanta la cabeza y mira por si se ha dejado a alguien de los presentes.

Unos aplausos cierran, treinta y ocho minutos después del comienzo, la presentación de su primera obra. El autor, con una copa de vino en una mano, se seca con la otra el sudor “de los focos” mientras saluda a su madre, besa a su esposa y ofrece vino a los compañeros del instituto donde trabaja. El propietario de la librería, que accedió a presentar el libro porque el autor es un buen cliente, se enroca tras la caja registradora a la espera de que alguien se decida a comprar un ejemplar. Los asistentes echan de menos las muy literarias croquetas. El vino es agradable, pero no es muy recomendable tomar más de una copa con el estomago vacío.

Dos horas después, con el cansancio que producen los nervios y con la satisfacción del deber cumplido, el autor vuelve a casa pensando que saldrá retratado en los periódicos porque en la presentación había un fotógrafo. Al día siguiente, por la mañana a primera hora, buscará su nombre en las ediciones digitales. Al no encontrar nada, hará una búsqueda en las noticias de Google por si la reseña de la presentación aparece en algún sitio.

No sé si a estas alturas se habrán dado cuenta de que no creo que las presentaciones de libros resulten muy útiles para dar a conocer la obra y menos para vender ejemplares. Fabricio Mejía Madrid escribió al respecto un texto muy recomendable (y desopilante, a mi juicio): Teoría y práctica de la presentación de libros, donde explica que los libros se presentan “para que alguien se entere de que aparecieron”. Cansado de convocar a la familia y a los amigos, decidió realizar presentaciones solo ante la prensa. El resultado tampoco fue el esperado: "Como puta, me encerraron en una oficina de la editorial a recibir a cuanto reportero cultural llegara. Fue una larga fila. Pero más de la mitad empezaba la entrevista con la misma petición: “¿Me podría sintetizar lo que dice su libro en dos minutos? Es que la jefa de la sección cultural se lo quedó y no pude leerlo”.

Hace unos años tuve la oportunidad de asistir a una presentación ante la prensa de un libro de un autor amigo en un “céntrico hotel” de Barcelona. Alrededor de una larga mesa rectangular se sentaron el editor, el autor y ocho o diez periodistas.  El editor, como sigue haciendo, leyó un folio. El autor dijo unas palabras. Los periodistas realizaron unas cuantas preguntas que el autor respondió con soltura. La reunión con la prensa terminó en media hora. Los fotógrafos buscaron emplazamientos donde situar al autor para dar ambiente a los retratos. Luego, el editor y el autor se fueron a comer.

Al día siguiente todos (cuando digo todos, me refiero a todos, sí)  los periódicos nacionales hablaban del libro de mi amigo. En las fotos que servían para ilustrar las reseñas y entrevistas aparecía el autor en distintos ambientes del hotel de Barcelona. Lo previsto, en fin. Ahora me dicen que eso ya no funciona. Se siguen presentando los libros en ruedas de prensa. La noticia sale en los periódicos, pero ya no van tantos compradores a las librerías buscando el libro del que acaban de leer una reseña en el periódico.

Parece que es generalizada la opinión de que la influencia de los medios tradicionales se ha trasladado a las redes sociales, donde la promoción de libros también tiene sus trucos. Este fin de semana he leído en Twitter algunos comentarios de escritores que merece la pena transcribir:

­—Desde que no hago publicidad de mis libros han aumentado mis seguidores.

—A los que publicitan no les preocupan los seguidores sino las ventas. Pero si publicitas los seguidores bajan

—Pienso que con ir poniendo de vez en cuando alguna novedad es suficiente

Así las cosas, más que prestar atención a las presentaciones de libros, las editoriales buscan autores mediáticos que  les levanten las ventas. Cuando se habla de  autores mediáticos, en realidad, nadie se refiere a los que aparecen  en los periódicos sino a los que aparecen constantemente en las teles y, de vez en cuando, hasta tienen tiempo de escribir éxitos de ventas.

Otra fórmula de mercadotecnia editorial, que aún me llama más la atención, consiste en que algunos libros, anunciados como best sellers, patrocinan programas de televisión. 

Libros electrónicos para el periodismo que no cabe en los periódicos

Por: | 05 de noviembre de 2012


PortadaLos lectores ya no leen

Para conocer la noticia de la última subida del paro basta Twitter: “El paro sube otras 128.000 personas. Qué desastre!”, escribía Paco esta mañana. Se venden menos periódicos y revistas que antes. Internet o, mejor, Twitter, se ha convertido en una fuente de información rápida y fiable. Sin llegar todavía a los 140 caracteres de Twitter, los textos que se publican en los medios de comunicación son también cada vez más cortos. En los periódicos hace tiempo que ganan espacio las fotos y las infografías porque “la gente ya no lee”, un mantra al que todos nos hemos acostumbrado. Mientras en los blogs que publican los periódicos en Internet se escribe largo, los textos que aparecen en las páginas de los diarios de papel son cada vez más cortos. Toda una paradoja.

Escribe Leila Guerriero que “pocos medios están dispuestos a dedicarle espacio a un texto largo ya que, se supone —lo dicen los editores, lo vocean los anunciantes, lo repiten los todos—, los lectores ya no leen”. La cronista explica que antes publicaba textos de 50.000 caracteres, “el equivalente a doce o catorce páginas de una revista. Hoy, como mucho, se aceptan 10.000, distribuidos en seis páginas con muchas fotos porque, ya lo he dicho, los editores han decretado que los lectores ya no leen”.

Otra paradoja: los libros de crónicas (largas) tienen su sitio en las librerías según muestra el interés de distintas editoriales por publicar antologías y compilaciones de crónicas en los últimos meses, como, por ejemplo:

eCícero, una editorial de ebooks de periodismo

Si los periódicos y las revistas comprimen las crónicas o los reportajes en un par de folios, tal vez el ebook pueda abrir un camino para publicar periodismo de largo aliento, que necesita más espacio que media página en un periódico Por eso nació eCícero, una editorial de ebooks de periodismo que pusimos en marcha hace unos meses.

“A finales de 2011, empezamos a pensar que podía tener sentido una editorial de artículos periodísticos de formato largo, entre 5.000 y 30.000 palabras, editados en formato ‘ebook’ y que se vendieran por menos de tres euros. Nos daba la impresión de que tenía cabida una editorial en español que publicara textos periodísticos a medio camino entre un libro (más de 60.000 palabras) y un artículo de revista (alrededor de 1.800), que se pudieran leer de una sentada y que permitieran a los periodistas, acostumbrados a entregar textos breves, que “estiraran las piernas”, según la afortunada expresión que empleó The New York Times recientemente para referirse a este tipo de publicaciones”, escribimos para presentar la editorial.

Un racionalista en las selvas del Vaupés

Desde mayo, eCícero ha publicado ocho ebooks de periodistas como Jon Lee Anderson, José Martí Gómez, Ander Izagirre, Jordi Pérez Colomé, Wilbert Torre, Héctor Abad Faciolince y, en los próximos días, aparecerá una crónica de Marco Avilés. “Un racionalista en las selvas del Vaupés”, salió a la venta la semana pasada. Para escribirlo, Héctor Abad Faciolince empleó alrededor de 12.000 palabras, casi 70.000 caracteres. El diario El Espectador de Colombia lo publicó en cinco entregas el pasado verano. El resultado es un reportaje que se lee con el gusto que produce el buen periodismo.

Los que han leído las más de 500 palabras anteriores seguro que disfrutarán de estos dos párrafos de la introducción que escribe Abad Faciolince para explicar cómo fue su experiencia en las selvas del Vaupés.

“Yo he sido siempre una persona urbana y no tengo ni pizca de aventurero. Compré, para la ocasión, todo aquello que nunca había vuelto a usar desde mis tiempos de tímido explorador en los años finales del bachillerato: mochila, linterna, navaja, botas de caminante y hamaca. También llevé una cámara digital (que al tercer día dejó de funcionar, por la humedad y el calor de la selva), y unas cuantas provisiones de comida, que tuve que dejar en tierra al coger la primera avioneta, por exceso de peso. Llevé también un radio de pilas, para oír las noticias del mundo por la noche, sin saber que en ese remoto lugar de la tierra ninguna emisora se puede sintonizar (no era un radio de onda corta). También el teléfono celular no era más que un peso inútil más, en la mochila, pues allá no llega ni la más débil señal de este servicio.

Lejos de todo, en el Vaupés, no solo me sentí en un país extraño y extranjero, sino también en otro tiempo. La experiencia fue fuerte y conmovedora, a pesar de lo corta (diez días). Todos mis esquemas mentales racionalistas sufrieron como nunca una confrontación radical con el mundo de la naturaleza. Lo que sigue es el recuento de ese viaje físico y de esa confrontación mental. Y también, en cierto sentido, del regreso, pues uno no vuelve a ser el mismo cuando vuelve al presente después de haber estado viviendo en el pasado, ni cuando vuelve a la ciudad después de haber experimentado la selva verdadera”.

El País

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