Sin Tinta

Sobre el blog

Leer es el placer que más tiempo se alarga. Leer de día, de noche, en la cama o en el autobús, sentado o de pie. La llegada del libro electrónico no ha extinguido el placer, pero sí que ha creado nuevas inquietudes, incomodidades, problemas y muchas, muchas novedades porque con él, libros, revistas o periódicos vuelan por encima de cualquier frontera. Una situación inédita desde hace seis siglos y a la que hay que empezar a acomodarse.

Sobre el autor

Fernando García

Fernando García es ante todo oscense ejerciente, escribe sobre tecnología en periódicos, libros y revistas desde 1996. Aunque sigue comprando libros de papel, hace tiempo que apostó por los electrónicos. Fundó y dirige el Congreso de Periodismo Digital. Es editor de ecicero.es, una editorial de libros electrónicos de periodismo de largo formato, entre 5.000 y 30.000 palabras.

Eskup

¡Maldito twitter!

Por: | 08 de febrero de 2013

EggersGracias a la Patrulla de Salvación, un sitio muy chulo que regenta la sargento Margaret, conocí la entrevista al escritor y editor Dave Eggers publicada por The Observer. Como la suboficial Margaret va al grano (y, además, han traducido unas cuantas preguntas y respuestas), les recomiendo que la lean en el acuartelamiento de la patrulla.

Para que el apunte de hoy tenga que ver con los libros electrónicos, adelanto y resumo tres cosas que explica Eggers, que es también editor de la revista The Believer, en la entrevista:

—No tiene Kindle. Nunca ha leído una página en un lector digital. Como está tantas horas frente a la pantalla, para leer un periódico o un libro prefiere el papel.

—Está muy animado porque se nivela la porción del mercado de los ebooks con la de la edición tradicional. “Siempre pensé que llegaríamos a una estabilización y que después ebooks y libros físicos gozarían para siempre de una convivencia en paz”.

—El modelo de negocio de su editorial se basa en que solo funciona cuando venden “libros físicos". "Así que tratamos de poner un gran esfuerzo en el diseño y la producción del libro como objeto”.

Cuando la periodista le pregunta si escribe sin la distracción de Internet y si cree que la red ayuda o dificulta los procesos de pensamiento, Eggers responde que no ha tenido wifi en casa porque se distrae con facilidad. Copio la traducción de la sargento: “Hace unos ocho años tuve una línea ADSL durante unos tres meses, y me acuerdo de despertar un día pensando que me gustaría pasar unos minutos en YouTube antes de llegar al trabajo. Cuando volví a mirar la hora, era la una de la tarde y estaba viendo un video de Kajagoogoo de hacía veinte años. Aquello me demostró que yo no podía tener WiFi en casa”.

Y a eso vamos. A las distracciones de Internet y el maldito Twitter.

Otro sitio muy recomendable para leer es Page-Turner. Para resumir es el blog de libros del New Yorker. Como un enlace lleva a otro y así va pasando una improductiva mañana más, leo en el blog de la prestigiosa revista un artículo sobre cómo se pone a escribir Roxana Robinson, una escritora que conocí porque acababa de leer otro post de ella sobre la desaparición de librerías (físicas, no químicas). La escritora se levanta, cepilla sus dientes, se viste, hace la cama, no habla con su marido porque no está de humor y recorre el pasillo para llegar a la cocina en busca de un café. No hay que tenerle en cuenta que toma café instantáneo, cuando todos sabemos que los verdaderos escritores son los que beben el buen café que solo hacen las cafeteras italianas (lo siento: no molan los escritores que emplean melitas y esos inventos de los cartuchos).

Después de echar el sobrecito en una taza con agua hirviendo, Robinson desenchufa su portátil de Internet y se pone a trabajar en un sitio donde no llega el “cable azul” que conecta el aparato a la red. Así, explica la escritora, su ordenador está vacío de los pensamientos de los demás para dejar sitio a los suyos.

Soy de esos que se distraen con facilidad. Más de 15 o 20 minutos seguidos de concentración me suponen un esfuerzo. Hace tiempo que decidí cerrar el correo electrónico a la hora de escribir. Después, cuando empecé en Twitter, quité las ventanas “emergentes”  de los tuits.

Hoy he decidido escribir con todo en marcha. Mientras tecleo aparecen ventanas avisando de que han llegado mensajes de correo electrónico y tuits de gente a la que sigo. Miro con el rabillo del ojo a la parte superior izquierda de la pantalla del ordenador y sigo escribiendo. El resultado es bastante estresante (“Interesante no, mujer, estresante”, como dice Manquiña en Airbag). Así que lo dejo, como Manquiña. Voy a salir a tomar un café a un bar donde podré leer el periódico porque los otros clientes estarán ocupados leyendo cosas en el móvil.

El País

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