Viajes de retorno

Por: | 26 de mayo de 2012

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     En uno de los primeros capítulos del ensayo “Contraposiciones”, dedicado a las prácticas artísticas en Latinoamérica durante las dos últimas décadas, la historiadora Iria Candela analiza algunos ejemplos de “organismos exuberantes” y edificios “a punto de estallar”, resultado de un tipo de trabajo híbrido, entre la instalación, el environnment y la intervención arquitectónica. Para ilustrar los primeros propone la obra del brasileño Ernesto Neto, con sus espectaculares montajes que ocupan de forma abrumadora el espacio de la galería, agujeros de lombriz y estalactitas redondeadas que descienden en una malla pendular de licra. El espectador las rodea para ver (y oler) de cerca las sustancias orgánicas que permean la piel de estas cavidades flotantes, familiares y a la vez inquietantes, a medio camino entre una forma vegetal y una presencia extraterrestre.

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Sobre las arquitecturas rebosantes, Candela señala los “delirios atópicos” de Héctor Zamora como un trabajo que explora el fenómeno de la superabundacia y la crisis en un sistema económico orientado exclusivamente al beneficio. La intervención del artista mexicano en un edificio de corte modernista en Bogotá, en 2009, consistió en llenar de bananas dos pisos enteros. La fruta salía por las ventanas causando la impresión de que el espacio de la oficina había sido literalmente invadido por una extraña fuerza natural. Durante el tiempo que duró la instalación, las bananas se sometieron además a su proceso natural de maduración de tal forma que la pieza fue cambiando de color, de amarillo a marrón.

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El plátano macho es un producto esencial en la cultura gastronómica del país. Ecuador, Costa Rica y Colombia son sus principales exportadores mundiales. Históricamente, la imagen de la banana remite a la época colonial -cuando se comenzó a explotar las plantaciones- y a las conflictivas relaciones que estos pueblos mantuvieron a lo largo del siglo pasado con las compañías norteamericanas, en especial la United Fruit Company. Hoy todavía muchos colombianos recuerdan la llamada Masacre de las Bananeras, de diciembre de 1928, cuando el ejército del gobierno de Abadía Méndez, presionado por la multinacional, cargó contra miles de obreros que se manifestaban contra las duras condiciones de trabajo impuestas por la compañía. También se la ha relacionado con el escándalo Bananagate de Honduras (1975), con el negocio del narcotráfico y con la financiación ilegal a los paramilitares colombianos. El delirio de Zamora es también el delirio de las políticas económicas de los gobiernos latinoamericanos que han funcionado a la manera de “repúblicas bananeras”; es atópico por que no se adscribe a un lugar determinado, sino que puede situarse en Tegucigalpa, Bogotá o en cualquier metrópolis donde impere la política bananera de un gobierno antidemocrático.

Zamora explica que “la energía de lo natural, de lo orgánico que necesita crecer, viola literalmente el espacio interno de una galería y sale a la calle para accionar el espacio público”. El propio artista sugiere que el optimismo del sistema económico ultraliberal de las empresas globales va irremediablemente unido a etapas de depresión y desposesión. La colonización económica, el imperialismo orientado exclusivamente al beneficio, es insostenible. O no será posible por más tiempo.

En los últimos años ha ido creciendo la resistencia a la hegemonía total de un sistema social en expansión (poder económico, militar, político, cultural). Como escribió Edward W. Said, pertenecemos a la era del colonialismo y la resistencia a la vez. En los tiempos modernos, la reflexión sobre el intercambio cultural supone también reflexionar acerca de la dominación y la apropiación por la fuerza. Alguien pierde, alguien gana. Pero si el colonialismo se ha constituido como sistema, la resistencia a él ha empezado a concebirse como tal.

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Metáfora de esta resistencia es el vídeo que Zamora exhibe estos días en el Consulado General de México en Barcelona. Rodado en las costas de Auckland, en Nueva Zelanda; “White Noise” presenta un paisaje costero donde los decenas de habitantes oriundos de la zona han instalado 500 banderas blancas. El esfuerzo cultural por la descolonización de una sociedad se enfrenta siempre con la necesidad de reimaginar una nueva, que no es otra que la que nace de la reapropiación de la cultura. Para el artista, parece urgente poner en práctica la capacidad liberadora de la imaginación en nuestro viaje de retorno.

"White Noise". Héctor Zamora. Consulado General de México en Barcelona. Passeig de la Bonanova, 55. Hasta el 2 de junio

 

9788420669601"Contraposiciones". Iria Candela. Alianza Forma. Madrid.

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