El director de museo como obra de arte, incluso

Por: | 02 de julio de 2012

Miguel-Zugaza-bueno

Al ver la serie de fotografías por primera vez se piensa que se trata de un fotomontaje, aunque luego, pensándolo mejor, está claro que debe haber habido complicidad por parte de los modelos. Después se esboza una sonrisa frente a la que parece una propuesta inocente e incluso divertida, si bien una segunda mirada deja claro que de inocente no tiene nada. No sólo porque retoma y revisa esa “crítica institucional” -tan a la moda aunque iniciada por Martha Rosler hace décadas-, sino porque pone de manifiesto la imposibilidad última de subvertir lo  establecido que nos atrapa a todos, lo queramos o no, en un juego perverso en el cual incluso la mencionada “crítica institucional” termina por refrendar el sistema, quizás porque el sistema es poderoso, sinuoso y perfeccionado en sus estrategias.
La serie fotográfica, de Mariela Apollonio, pertenece  al proyecto The Art Circle –el círculo del arte o, más bien, “el mundo del arte”, siguiendo a Arthur Danto-, cuyo título es un préstamo del teórico americano Georges Dickie, autor de algunos textos que enfrentan el problema mismo de la institucionalización de la obra de arte, textos tan admirados como denostados, ya se sabe.
Pero miremos las asombrosas fotos: ¿cómo habrá logrado la fotógrafa convencer a los modelos de que posen sobre un pedestal? Aunque, confiesa la autora, son ellos los que deciden dar ese uso al pedestal: ella se limita a ofrecerlo como atrezzo para la foto. Pese a todo, el hecho mismo de ofrecer un pedestal escribe el guión para el relato: ¿qué otra cosa se puede hacer con un pedestal sino subirse?
Pedestales para estatuas, para héroes en forma de podios, peanas para santos... Lo que se mira y se admira y se adora –un pedestal siempre marca distancias, describe un plano superior. El resultado en este caso acaba por ser paradójico, porque teniendo en cuenta que los que posan sobre los pedestales son directores de museo, se cosifica al modelo y se convierte al regador en regado, en estatua, en obra de arte, sí,  pero al tiempo se le sitúa en un curioso plano de intangibilidad: los intocables -santos y héroes. Guillermo-Solana

No obstante, la pregunta aparece inmediata: ¿son de verdad los directores de los museos los intocables del mundo del arte? No sabría decirlo, pese a ostentar el poder más institucional desde luego, el más visible, el que en apariencia toma las decisiones de qué mostrar y qué no mostrar –si bien los factores invisibles, como por ejemplo programar para que haya público y las exposiciones sean rentables, es algo que incluso el director más poderoso debe tener en cuenta. En esta serie, los retratados encima del pedestal/podio/peana son, además, los directores de algunos de los museos más importantes del Estado, además de los del Lourve y el Metropolitan, que posan en las instituciones que dirigen –salvo en el caso de Vicente Todolí, quien aparece en medio de un jardín y que ha convertido el pedestal en una jardinera llena de plantas –nada mal como opción.

Vicente-Todoli
Philippe-de-Montebello

Sin duda el escenario es importante en las fotos, quizás porque algunas series anteriores de Apollonio se centraban en arquitecturas, y no es en absoluto neutro, sino fácilmente reconocible (igual sólo para las personas del mundo del arte, no sé). De este modo, cada escenario y cada actitud a la hora de posar describen un poco la institución donde se representa la escena. Montebello, dandy como siempre, aparece en un ambiente simple y sofisticado y con una postura desenvuelta, como el  propio Metropolitan, un museo capaz de acoger a un tiempo arte egipcio y romano y fotografía contemporánea; un museo, pues, que lo ha visto todo. Miguel Zugaza, flanqueado por las columnas resistentes del Prado (y con una curiosa réplica de pedestal detrás, parte de la edificación misma), se presenta tranquilo y confiado, como quien dirige una colección imperturbable. José Guirao, director del Reina Sofía hasta el año 2000, posa ahora en la terraza de la Casa Encendida y se ha quitado la chaqueta, usando el pedestal a modo de mesa auxiliar. Agustín Pérez Rubio, frente al Musac y con aspecto de Lord Byron, apenas apoya un pie en el pedestal, igual porque el arte actual ha perdido definitivamente la peana.  Guillermo Solana, recortado sobre un marco de la fachada de la Thyssen, parece más cuadro que una estatua y nos mira con cierta sorna. En esta serie hay ausencias notables, como el actual director del Reina, Manuel Borja-Villel, que, dice la fotógrafa, le da largas. Seguro que acaba por dejarse retratar: no puede faltar entre los diez protagonistas.

Agustín-Pérez-Rubio

La verdad es que me parece todo un logro que  la  fotógrafa haya conseguido convencerlos para que posen sobre la peana y me parece estupendo que se hayan dejado convencer. Un diez para los directores por desenvueltos. Quizás ellos también saben, porque leen textos sobre “la crítica institucional”, que en esta vida todo son papeles, roles culturales, y que de vez en cuando no viene mal subirse a un pedestal y mirar al objetivo con ironía -a mitad de camino entre obra de arte, héroe y santo- y, sobre todo, como mascarada.
En cualquier caso, la pregunta queda en el aire: si ellos, los directores, abren el círculo que propone Apollonio, ¿quiere eso decir que son los que más poder detentan en “el mundo del arte”, incluso a pesar de los cambios que se han producido los últimos años? ¿Sigue siendo así? ¿O es el antiguo poder que se percibe aún como el más visible? ¿No será que se  acaba siempre atrapado, incluso en un intento de “crítica cultural”, en las convenciones culturales mismas, pese a la tan repetida actual crisis del museo? Quizás al final, y mal que nos pese, acabamos siempre por adorar el santo por la peana.

Hay 4 Comentarios

Creo que el proyecto, sus intenciones y su realización son bastante interesantes.

También el artículo de Estrella de Diego, que nos ayuda a comprenderlo mejor.

Pero al ver el proyecto no tengo más remedio que hacerme una pregunta, y no por el proyecto sino por cómo son estas instituciones tan vetustas y estupendas: dónde están las mujeres? Ya digo, no en el proyecto de Apollonio, que al fin y al cabo refleja una situación dada, sino en las grandes instituciones culturales.

Bravo.

Mujeres inteligentes: Estrella con su fino análisis, Mariela con su elegante y profunda propuesta. No puedo evitar reconocer tanto en las palabras de estrella como en la mirada de Mariela, mucha, mucha libertad. Una libertad muy femenina: fresca, sencilla, seductora y a la vez candente, profunda, pertinente y revolucionaria. Gracias a las dos por ofrecernos, por ofreceros

Interesante tu reflexión, Estrella. Yo, como persona implicada en el proceso de gestación de este calmado y coherente proyecto, recomiendo vivamente la visita a la exposición de Mariela Apollonio, actualmente en la sala Kir Royal de Valencia porque estas fotografias tienen en sí muchas preguntas sobre el contenido, el arte en sí, la pieza, etc, pero además, es fascinante pensar en ese alrededor que no se ve (la experiencia vivida por el retratado y la retratante) y, que casualmente forma parte de la propia obra, siendo objeto de otros retratos audiovisuales como cámaras de vigilancia de los museos o de la calle, gente curiosa que pasa observando, asistentes, etc. Así pues, cada una de estas obras es una vivencia en sí misma, desde los nervios hasta las anécdotas. Merece la pena porque hoy en día hay muy poca fotografía con significado, muy poca teoría detrás de la práctica. Sin embargo, Mariela, poquito a poco encuentra en la concreción, el saber del arte.

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