El arte, ¿en casa o en el museo?

Por: | 27 de febrero de 2013

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El arte, ¿es para vivir con él, en casa? ¿O es mejor que esté en exposición en un museo? He escuchado muchas veces a galeristas decirle a sus potenciales clientes, indecisos ante una pieza: “Tienes que llevártela a casa. Vivir con ella, sentir si estás a gusto. Prueba y después decide”.  El objetivo más profundo del arte era esa convivencia diaria, es allí donde el potencial de la obra daba todo de sí. En la experiencia de un espectador que se involucre y la conozca, como va uno conociendo a la persona (o animal, o cosa) con quien cohabita.

No siempre es ese el caso. Hay muchos que lo que quieren probar en casa es si va a juego con el sofá, si llena el vacío de una zona de paso, si es de un artista que dará lustre con su prestigio (y cotización en el mercado) a la fortuna que se quiere ostentar. La exposición Out Of The House (Fuera de casa), de la Cranford Collection en la Fundación Santander, me plantea muchas preguntas en ese sentido.

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Uno no puede evitar la sensación de “revista de decoración” ante las fotos de la Cranford Collection instalada en su mansión londinense. Una puesta en escena perfectamente estudiada y sin signos de vida humana normal en ninguna de ellas. Nada está fuera de lugar, hay un orden aséptico. Mucha pintura –que es más práctica para su combinación con los muebles—y también alguna que otra pieza algo más difícil para la convivencia diaria, como las inquietantes esculturas de Sarah Lucas. Todas esas obras adquiridas por Muriel Salem y su marido Freddy en los últimos 13 años, han salido por primera vez de su casa en Regent’s Park para instalarse en las salas de la Ciudad Financiera, en Boadilla del Monte (Madrid). De ahí el título de la exposición. Y se ven muy bien en ellas. La muestra permite observar cada pieza con amplitud, tranquilidad. Un montaje que saca a relucir mucha de la fuerza de cada pieza, que quizá se diluya más junto a los floreros o en un pasillo donde se le presta poca atención, como podría suceder con los poderosos, poéticos y pequeños cuadros de Spartacus Chetwynd.

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He tenido oportunidad de visitar las casas de algunos coleccionistas de arte. Pocos, en verdad. Sobre todo en España son bastante reacios a hacerlo. No así en Estados Unidos, por ejemplo, donde se ha convertido casi en una moda. Y casi en una competición. Durante la celebración anual de Art Basel Miami, la mayor feria de galerías de arte, es ya parte del atractivo el tour por las Open House de coleccionistas como Rosa de la Cruz, los Margulies, los Rubell. La primera de ellos redecora su casa poniendo mayor énfasis en algunas de las obras más arriesgadas que posee, las que harían la vida doméstica algo más incómoda. Pero ese es el juego y no dejan de reconocerse el comedor, el salón o la cocina entre los tentáculos de piezas que a veces parecen devorar los muebles. Tanto los Rubell como los Margulies tienen colecciones con obras no solo más numerosas sino que muchas son instalaciones grandes o aparatosas que requieren un tipo de exposición más cercana al museo particular. Y eso lo que han hecho. Museos para su colección en viejos almacenes redecorados. Una solución satisfactoria porque así pueden disfrutar cuando quieran de ellas, compartirlo con un público más amplio, y evitar tenerlas almacenadas sin que nadie pueda verlas. También tienen obras en sus casas, naturalmente.

Nunca olvidaré la visita para una entrevista que le hice en Lugano al barón Thyssen-Bornemiza, poco después de su matrimonio con Tita Cervera y antes de que se iniciaran siquiera las negociaciones para traer su colección a España. El pabellón-museo estaba anexo a la residencia principal, frente al lago. Para llegar a él desde la casa tuvimos que atravesar uno de los salones “de diario”. Era una tarde algo oscura. Junto a un sofá tapizado de palmeras y coloridos pájaros tropicales (una tapicería algo playera para Suiza), había alguna revista sobre una mesilla y otros signos de vida doméstica. De pronto descubro en una de las paredes, entre sombras, el Mata Mua, de Gauguin. El auténtico. The one and only. Como si nada.  Había más obras “de museo” en esa salita. Creo que un Cézanne y un Monet. No podría precisar. Pero la pregunta de la convivencia o el museo para las obras de arte, me ronda desde entonces.

CRANFORD_COLLECTION_06Muriel Salem sostiene que su naciente –y creciente—pasión por coleccionar arte contemporáneo se completa en la convivencia diaria con ellas. “La mayor revelación ha sido la oportunidad de convivir con varias instalaciones de arte comisariadas en la casa donde vivimos”, escribe en el catálogo de la exposición madrileña. “Pronto descubrimos que esta es la mejor forma de ver la colección en funcionamiento y plantear el desafío de lo que es posible en un entorno doméstico. En lo personal, nos ha permitido conocer las obras con un increíble nivel de detalle y profundizar en nuestra comprensión de las piezas”.

Y no he podido evitar relacionar lo doméstico con las características dealgunas de las obras que exponen ahora. Karla Black, que pinta sus delicadas piezas con sombras de ojos y lápiz de labios; Mona Hatoum, con sus ralladores gigantes a modo de biombo; los cuadros tejidos de Rosemarie Trockel; las vitrinas con peces disecados de Damien Hirst –como un acuario seco—o sus cuadros con mariposas; la estantería de plexiglás de Martin Kippenberger, que ordena 48 pequeñas pinturas apiladas y, sobre todo, las piezas de Franz West que consisten, precisamente en un sofá y unas esculturas que son, en realidad, lámparas.  

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Una colección privada puede ser “indisciplinada”, como se califica a la Cranford, que no sigue más pauta que el gusto y la oportunidad. La de un museo quizá caiga con mayor frecuencia en cierto carácter enciclopédico o atienda a líneas de estudio determinadas. De una u otra forma entiendo que hay obras de arte domésticas y obras de arte salvajes. ¿Cuál es la jaula y cuál el campo abierto: la casa o el museo? Supongo que la libertad de una obra depende del ojo y la mirada de cada espectador.

Hay 7 Comentarios

"A favor del arte en casa, de una relación cotidiana con el arte."

¿Cotidiano para quién, para un ricahón/snob que pueda pagar una suma desorbitada para poder disfrutarlo sólo él en su casa? ¿En serio no ves que la afirmación que haces es un contrasentido en sí misma?

El arte es de todos y por tanto tiene que estar al acceso de todos. Tiene que ser cercano a la gente, si no no es arte. De acuerdo con Teresa.

Tuve la suerte de estar en casa de Muriel unos dias, y vivir una maravillosa experiencia de dormir despertar comer admirando esta maravillosa colleccion!! Yo no era amante del arte contemporaneo!! Pero el entusiasmo con que me explico Muriel la fuerza de cada cuadro o obra de arte, me cambio totalmente el horizonte...... Una maravillosa experiencia!! Gracias Muriel por compartir tu extraordinaria colleccion

El arte y la cultura deben ser cotidianos. No debe ser algo elitista o lejano. Buen artículo.

A favor del arte en casa, de una relación cotidiana con el arte.
Arte actual de calidad alejado de las especulaciones del mercado. Precios basados en coste de producción. Echadle un ojo.
http://artscoming.com/

de propiedad pública o privada creo que las obras deben exhibirse, pertenecen al público y están hechas para ser vistas, no para combinar con un sofá en el salón de una casa.

Si te las puedes pagar, en casa, obviamente.

No sé, si está en un museo la obra es más accesible a todo el mundo mientras que en casa de un particular no siempre deja verlas (a la Duquesa de Alba le ha costado media vida enseñar su colección). Yo prefiero que estén en museos y alguna en mi casa ;)

http://areaestudiantis.com/

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