El modelo de Urkullu

Por: Juan Mari Gastaca | 22 nov 2014

Urku24


Iñigo Urkullu
ya ha dado un paso más en el objetivo requerido de perfilar los rasgos de su modelo de autogobierno para Euskadi. Lo ha hecho en el marco más mediático, quizá no el de mayor trascendencia efectiva, que supone una audiencia con el Rey Felipe VI, la primera entre ambos.

El lehendakari se ha decantado por facilitar, siempre mediante el diálogo y una acción política sin subordinación alguna, el encaje de las nacionalidades históricas con el Estado español a partir de la superación del actual marco jurídico, considerado ineficaz. Se dispone, por tanto, de un punto de partida. Y al formularlo,el presidente del Gobierno vasco ha aportado una precisión de hondo calado: "no es necesaria una reforma constitucional".

Cuando ahora mismo la única solucion alternativa a la reivindicación soberanista de Cataluña se reduce a la propuesta socialista del federalismo y la previa reforma constitucional, Urkullu no la considera en absoluto como prioritaria en la recomposición del modelo de autogobierno. Curiosamente, este descarte posicional del lehendakari ha coincidido con la visualización del acuerdo presupuestario que sitúa al PSE-EE como aliado preferente. La líder socialista, Idoia Mendia, no ha cejado en el empeño de incorporar a los nacionalistas a la propuesta de la reforma constitucional. Ahora ya sabe que el PNV no lo considera prioritario para alcanzar su propósito.

Urkullu ha radiografiado ante el Rey un postulado político en el que se mantiene imperturbable desde el inicio de la legislatura y sobre la que basa la impronta de su gestión. No por disponer de un mayor calado informativo el lehendakari antepuso la reivindicación del modelo de autogobierno. Volvió a priorizar su preocupación por la salida de la crisis y el mantenimiento de los servicios públicos, coincidiendo con el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Tras el encuentro, Felipe VI ya sabe que Euskadi no desafiará al Estado, pero que tampoco olvide que su mayoría política de hondo calado identitario va a ser implacable en la exigencia de una nueva relación jurídica. Y que, además, inserta en Europa la proyección de sus aspiraciones convencida de que es ahí el nuevo marco para que las autonomías participen de un proyecto político de futuro.

Por tanto, ya hay materia para el debate en la ponencia del autogobierno aunque, de mometo, asome el vértigo cuando se piensa en cómo alcanzar el consenso. Desde la simple reactualización del Estatuto hasta el reconocimiento nacional de Euskal Herria mira que si hay recorrido.

ETA mira a Estrasburgo

Por: Juan Mari Gastaca | 16 nov 2014

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ETA
ha vuelto a asomar. Lo han hecho sus presos, su auténtica razón de ser. Y al hacerlo se han vuelto a multiplicar con tanto eco las interpretaciones sobre la intención de su gesto que hasta los propios abogados de los internos etarras se han sorprendido. Fuera de las prisiones se entendía con cierto alborozo que el colectivo EPPK se había decantado por las vías judiciales y que así se evitaba la cronificación de su inmovilismo, siempre exasperante. Los letrados ya sabían que en las cárceles no se querían ir tan lejos y de ahí la sorpresa por el alboroto.

Hay un indisimulado deseo de las fuerzas nacionalistas para que ETA no diluya las expectativas sobre la auténtica razón de su rechazo a la violencia. EH Bildu y PNV quieren que la banda terrorista se aproxime a las exigencias que propician la vía Nanclares, la vía Zaballa. Que tome la vía judicial, sí, pero que respete los códigos exigibles para que las peticiones individuales de un acercamiento a las cárceles vascas sean atendidas.

Pero ETA vive en su mundo y sobre esta realidad endogámica ha trazado su estrategia. Quizá en un golpe de candidez se había creído desde que este lado de la orilla democrática que el segundo intento de decenas de presos por acabar con una dispersión -ahora mismo difícil de justificar- conllevaría un ejercicio de la lección aprendida. Craso error.

No habrá ejercicio alguno de resignación ni de reconocimiento del daño causado. Otra oportunidad perdida. En su debate interno, el EPPK y con ellos el colectivo de abogados que pasan a limpio sus reflexiones consideran que ya han hecho esta contricción. Nada mejor que crearte tus propios códigos para cumplirlos con más facilidad. Así se explica más fácilmente que los defensores de muchos presos se sorprendieran por la atención informativa prestada a esta nueva oleada de peticiones individuales.

ETA no piensa en la fase de Instituciones Penitenciarias como una solución viable. Más al contrario, entiende que el Gobierno central ya es una oportunidad agotada para apurar sus exigencias. Por eso, al elegir la vía judicial -que representa todo un ejercicio de reconocimiento del Estado de Derecho- proyecta su auténtica apuesta: mirar al límite, agotar el recorrido que le lleve al Tribunal de Estrasburgo, donde algunas reivindicaciones que no les han sido ajenas han conseguido sacar los colores democráticos a España en más de una ocasión.

Por lo tanto, ETA sigue jugando su propio partido, escenificando su suerte por una vía propia, sin esperar a la suerte del difícil entendimiento entre los Gobierno vasco y central sobre una flexibilización del régimen penitenciario. La banda terrorista lo hace, además, desde una posición de sujeto paciente como evidencian las denuncias que acompañarán a las peticiones individuales del fin de la dispersión. Y en el Parlamento vasco hablando de paz y convivencia.

Se sabía: hay que hablar

Por: Juan Mari Gastaca | 09 nov 2014

La foto (3)
El pulso soberanista de Cataluña
antes de llegar a las mesas improvisadas del 9-N era un partido del que se sabía su resultado de antemano. No podía existir otro desenlace que el diálogo, al que ahora se ven abocadas las dos partes, pero en medio de una desconfianza mutua y jaleados por el antagónica interés de sus enconados seguidores. Solo la ceguera intencionada de Mariano Rajoy -mucho más presionado ahora que antes en medio de una incómoda situación interna de su partido- ha servido para retrasar el previsible marcador final. Ha sido desafortunadamente el tiempo suficiente para caldear el ambiente y anteponer en cada minuto de espera la pasión a la razón.

La reivindicación mayoritaria en Cataluña del derecho a decidir, primero, como paso previo a conocer, después, la voluntad sobre una posible independencia no debería distraerse con valoraciones numéricas ni legalistas. Por encima del dato resultante -que tiene su peso, por supuesto- cuenta la imagen de una magna expresión libre y democrática que supera toda táctica escapista a la que Madrid tendrá la tentación de enrocarse con alegatos alejados de una realidad palmaria.

Que empiece el diálogo mejor hoy que mañana. Y que al hacerlo nadie se siente a la mesa con la intención oculta del regate corto, del interés apremiante. Hay demasiado en juego como para porfiar un desenlace que todavía estresaría mucho más el desafecto acumulado después de tantos meses de irritación política, mediática y social.

Claro que el mañana de esta democrática jornada del 9-N, felizmente sin incidentes ante tanta provocación previa, llega condicionado. Cataluña y España ya no se miran igual; quizá para ser más precisos, se sienten más ajenos. Por eso, del grado de sensatez de quienes hasta ahora han preferido driblar la realidad depende sobremanera conseguir una recomposición tajante del diálogo bajo el horizonte permanente de que es imprescindible buscar una salida al acuerdo.

Es cierto que la legítima aspiración del pueblo catalán a pronunciarse sobre su marco jurídico no debió expresarse por medio del sonrojante simulacro que representa una votación sin censo electoral. Por contra, era la única forma menos lesiva para no trasgredir el mandato constitucional, pero, en cualquier caso, no es de recibo. Ahora bien, con la misma severidad debe concluirse que jamás se pudo imaginar una fórmula menos agresiva para resolver la mínima duda sobre cuál es el sentimiento mayoritario que impera en Cataluña, el clamor por decidir.

Ha servido este ensayo democrático para proyectar un expresivo mensaje a quienes siempre cuestionaron el músculo político de la reivindidación soberanista catalana. De paso, confirma también el pulso firme de un presidente de la Generalitat que ideológicamente jamás pensó hace dos años que lideraría un proceso histórico suficiente para descoser el armazón constitucional por medio de una incuestionable y necesaria reforma. Y todavía queda el refrendo de las elecciones plebiscitarias.

Quiroga no gana para disgustos

Por: Juan Mari Gastaca | 30 oct 2014

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Arantza Quiroga no tiene suerte. Desde que asumió precipidamente la presidencia interina del PP vasco vive atormentada por demasiados sobresaltos propios y ajenos. Peor aún: teme que el horizonte situado en unas elecciones locales y forales y que, ahora mismo, se antoja desilusionante agrave las secuelas de tanto calvario.

Desde que arrancó la era Quiroga, el PP vasco trata de buscar una estrategia sin dobleces que, sin embargo, se le resiste porque la realidad política juega en su contra. Ha basado su catón en la recuperación de ese voto vasquista moderado que no quiere veleidades soberanistas porque cree que es la principal vía para restañar las heridas de los últimos zarpazos electorales sufridos. Bajo este argumentario, es ahí donde afila los intencionados ataques contra un PNV a quien sitúa permanentemente en el escenario catalán. Sin éxito alguno. Los nacionalistas le responden desinflando el globo identitario con la sencilla proclama de su apuesta por un nuevo estatus político que, en esencia, no causa hilaridad ni siquiera en La Moncloa.

En paralelo, los populares buscaron co poco éxito al final un hueco en el verano mediático sembrando dudas sobre la financiación de los batzokis del PNV. Pero como efecto boomerang les estallaron sin querer las cuentas opacas de Luis Bárcenas con la financiación nada aleccionadora de su sede central de Bilbao.

Sin reponerse del último sobresalto, Quiroga asiste aturdida ahora a la catarata de casos de corrupción de compañeros de partido que se llevan por delante cualquier labor de oposición que se precie. Y han reaccionado con firmeza. La presidenta del PP vasco y todos sus principales dirigentes han reclamado con rapidez la contundencia implacable contra los corruptos porque temen que estas tropelías acaben por alejarles definitivamente de la localizada cuota de poder que mantienen en Euskadi.

Así las cosas, descorazonados por el efecto cascada de la corrupción, los populares vascos parecen entregados en manos de la peligrosa cruzada de Javier Maroto con sus polémicas denuncias sobre irregularidades en el cobro de las ayudas sociales. Ahora mismo, el discurso del PP no sale de Álava, curiosamente el único territorio donde ya han decidido sus candidatos locales ante el silencio y las disensiones internas en Bizkaia y, sobre todo, Gipuzkoa.

El alcalde de Vitoria es el epicentro de la acción política del PP vasco antes de encarar la recta de la precampaña electoral que se avecina. Han decidido jugárselo todo a esa carta. Maroto está convencido de que le asiste el respaldo de un amplio espectro de la sociedad vitoriana tan suficiente como para añorar una victoria holgada. Ahora bien, a cambio puede poner en riesgo un espacio de convivencia reconocida en la capital alavesa que le lleve al aislamiento político. Que se lo piense.

Así las cosas, mientras alimenta sus expectativas electorales exasperando al Gobierno vasco y al resto de partidos con el Parlamento como campo de batalla, el PP trata de contraprogramar un discurso casi diario que drible la tremenda sacudida que le puede suponer la gota malaya de la corrupción. Vaya, Quiroga no gana para disgustos.

La convivencia, una cuestión sin ETA

Por: Juan Mari Gastaca | 20 oct 2014

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No habría mejor manera para armar política y socialmente el escenario de la paz en Euskadi que acabar de una vez con los esporádicos pero imperturbables intentos de ETA por hacerse presente. A estas alturas del partido, tres años después del tardío anuncio del fin de la violencia, y muchos más desde que la calle se hartó de la banda terrorista, la difícil asignatura de la convivencia que resta por aprobar debería reducirse a una cuestión nuestra, de la propia democracia.

¿Que ETA no sella sus zulos, que no desarma? ¿Esa es la preocupación para hoy y mañana de la sociedad vasca? Solo con su maniquea repetición, como si se tratara incluso de una conquista envidiable -que siempre sería bien recibida, ojo-, contribuimos a dar oxígeno a este reducto de terroristas que no ceja en su empeño de poner siquiera un pie en el ámbito político después de tantas décadas haciéndolo.

Si quieren, que avisen de la entrega de las armas. Mientras llega ese día, que nadie, ni en Euskadi ni en el resto del Estado, se distraiga de su responsabilidad ni, por supuesto, cruce las manos para evitar la búsqueda de las soluciones pendientes alegando que todavía existe una cuadrilla de histéricos con un arma al alcance de su mano. Vaya, que algunos abandonen el pretexto en la que están instalados.

Es verdad que con armas y sin la disolución de la banda, el Gobierno Rajoy tiene la permanente disculpa abonada para justificar su inacción y así lo viene haciendo en los últimos tres años. Pero sabe que con esta posición escapista no contribuye a consolidar un proceso de paz ni aporta siquiera un grano de arena. Pero tampoco le importa demasiado. Es entonces cuando el PP vasco, consciente como el resto del pueblo vasco de la realidad que se vive, se lo debería reclamar, aunque fuera en voz baja.

Y en paralelo todas las fuerzas políticas vascas cumplir con su cuota de responsabilidad. Hay que priorizar la creación de un estado de concordia como máxima expresión de la libertad conseguida. Y hacerlo desde el reconocimiento de que aquí se han vulnerado derechos humanos pero huyendo, desde luego, de la patética creación de dos bandos enfrentados para quien eleva más la voz sobre la exhibición de su dolor.

Queda, por tanto, el difícil ejercicio de la madurez política que tendría en la ponencia de Paz y Convivencia uno de sus mejores escaparates desde Euskadi. Eso sí, haciendo abstracción en sus trabajos de los tiempos electorales que se avecinan y que tanto influyen. Y en Madrid, que sigan simplemente los consejos que aportan reconocidos expertos jurídicos para que en tiempos de paz se acabe con la excepcionalidad y el Derecho Penal se adapte a la realidad. Y todo ello sin estar pendientes de ETA.

 

 

 

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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