Podemos no decide en Euskadi

Por: Juan Mari Gastaca | 04 mar 2015

Podemos
Podemos
no tiene autonomía propia en Euskadi. Es la primera conclusión directa del duro proceso negociador que mantiene la cúpula vasca de este partido con la dirección de Madrid sobre su presencia en las próximas elecciones forales. Todo un síntoma, revelador por poco edificante, sobre la capacidad de maniobra en la toma de decisiones que se antojan trascendentales.

Más allá de la decisión final que se adopte, de esta confrontación de posturas entre las dos direcciones emerge una conclusión poco alentadora: no se respeta la voluntad de las bases. En Euskadi, los círculos han votado a favor de concurrir a las elecciones forales, donde las encuestas auguran a Podemos una notoria influencia en el cuadro resultante de las tres Juntas Generales. Pero Madrid no lo validó de inmediato como podría desprenderse de una organización que hace bandera de su respeto a la voz interna.

Ya en Navarra, al calor de unas excelentes perspectivas electorales, su líder reconoció que la participación de Podemos en esta comunidad dependía de Madrid. Más de uno vio en aquel brote de sinceridad política una prolongación simplista de la dependencia ya vivida por partidos de la denominada casta en asuntos tan nucleares como un posible cambio de Gobierno.

Ahora, en Euskadi, la dirección de Roberto Uriarte tampoco ha conseguido el respaldo de Madrid. Y no deja de ser una imagen frustrante en un partido que supone toda una bocanada de aire fresco en medio de tanta frustración política.

Podemos, además, sabe que el resto de los partidos viven pendientes de su presencia en las próximas elecciones locales. En unos casos porque confluyen en el mismo granero político y en otros porque esperan rentabilizar el desgaste que supondría la competencia entre iguales. Con todo, más allá del cálculo electoral, esta nueva formación concita un inusitado interés nunca conocido.

Precisamente por la expectación que rodea cada movimiento de Podemos, dentro y fuera de un plató de televisión, sorprende que las primeras decisiones de enjundia sobre su futuro político en Euskadi apenas despierta el interés de sus propios círculos. Es llamativo que la decisión de concurrir a las elecciones municipales de Vitoria sea refrendada por poco más del imprescindible 10% de posibles votantes que obliga sus estatutos. No hay equivalencia alguna, sin duda, entre la dependencia mediática y social de Podemos y tan exigua participación.

Bien es cierto que sin otro examen que las anteriores elecciones europeas, Podemos es hoy mismo una incógnita en Euskadi. Pero nadie duda que se le presupone, y con la razón del olfato social, un papel desequilibrante en el escenario político vasco. Quizá por ello no debería descuidarse en proyectar una imagen de su reducida capacidad de decisión. Aquí no gusta.

Rajoy habla otro lenguaje

Por: Juan Mari Gastaca | 26 feb 2015

Mariano Rajoy ha despachado con un elocuente desprecio las eternas reivindicaciones nacionalistas en cuestión de autogobierno y de pacificación. Lo ha hecho, además, de una manera contundente en un marco con eco como el Debate del Estado de la Nación. Y quizá con el decidido propósito de proyectar la cuajada sensación de que jamás como presidente del Gobierno abordará semejantes retos.

Urku16
No es cuestión, por tanto, de mano tendida como ofreció intencionadamente Amaiur ni de aprovechar la oportunidad histórica que se le dispensa en un escenario social y político sin violencia como le recordó el PNV. Simplemente es la constatación de que Rajoy habla otro lenguaje, más acorde con la voluntad posiblemente mayoritaria del resto de España y, sobre todo, del ala más intransigente de su partido, ese que fluctúa pendiente de la fuga de votos por el flanco de la derecha política y mediática más extrema.

Paradójicamente, el mismo día en el que Iñigo Urkullu y familiares de presos de ETA escenificbaan el punto de partida de un diálogo hasta ahora impensable sobre posibles vías de entendimiento, el presidente del Gobierno central cercenaba buena parte de la viabilidad de estas esperanzas esbozadas en la mesa de Lehendakaritza. Bien es sabido que Interior nunca ha querido escuchar la constante reivindicación de un cambio en la política penitenciaria a partir del final del terrorismo, pero mucho menos lo hará ahora en un año de apretada agenda electoral.

Urkullu se ha tenido que sentir herido políticamente por el manifiesto desafecto de Rajoy en el Congreso. Ni un solo guiño a sus reiteradas apelaciones al diálogo para resolver, al menos, cuestiones como la Ley del Cupo. Por tanto, resulta una quimera esperar la mínima sensibilidad hacia el debate de una segunda transición, precisamente el mismo día en el que el fallo del Tribunal Constitucional arrasa con el medio de expresión de la identidad catalaña. Ahora bien, tampoco mejorarán un ápice las agrias relaciones entre PNV y el PP en Euskadi.

Así las cosas, ante el fundado riesgo de malgastar energías políticas en una apuesta condenada al fracaso al menos hasta el final de esta legislatura, haría bien el lehendakari en focalizar su mandato hacia el impulso del desarrollo económico de Euskadi, considerado siempre el primero de sus objetivos y siempre con mayor trascendencia social.

Pero, al mismo tiempo, no es menos cierto que el desprecio a la exigencia de autogobierno y de avances en la pacificación amenazan con crear un caldo de cultivo de progresivo voltaje. De nuevo la ceguera del Gobierno central vuelve a planear sobre una reclamación de hondo calado político. Suele ocurrir cuando las dos partes concernidas utilizan un lenguaje diferente: es imposible que se entiendan.

Terremoto en el PSE alavés

Por: Juan Mari Gastaca | 20 feb 2015

Lios
El PSE-EE alavés
y el caso Cabieces se pueden llevar por delante el pretendido esfuerzo renovador de Idoia Mendia en su primer examen de mayo. De momento, los socialistas vitorianos se disponen a su harakiri particular, propio en un partido de arraigadas costumbres cainitas, pero que ha oficializado públicamente una escisión en dos frentes de fuerzas parejas y, sobre todo, irreconciliables con el paso del tiempo.

Se asiste a un terremoto en el PSE-EE alavés de consecuencias bastante previsibles sobre todo en las próximas urnas. La irrupción del sector crítico, durmiente desde que fue despreciado en el último congreso extraordinario, reabre las heridas nunca curadas en una organización desnortada al compás de una galopante pérdida de peso real en la política alavesa. Vuelven a sonar las voces críticas porque se acaba de asistir en la revocación de la primera candidata a la alcaldía de Vitoria a un esperpento que solo aporta desprestigio en el peor momento posible.

Con la enérgica exigencia a la Federal del PSOE de la destitución de la ejecutiva de Álava, los críticos dan un paso adelante que se guardaron cuando la nueva dirección abrió el período de primarias a las elecciones locales y forales. Había sido tal el engaño en la negociación con el sector oficial de Cristina González, que sus opositores testimoniaron el rechazo a toda contienda por el rebelde método de una retirada explícita.

Con divorcios tan sonoros, toda renovación suena a hueco dentro y fuera del ámbito socialista. En un tiempo dominado por la exigencia de las ventanas abiertas y expuestos a la crítica ciudadana, el PSE-EE ha vuelto al oscurantismo del poder del aparato en Álava. En un territorio donde un puñado de votos venía decidiendo las posiciones en su capital, la dirección socialista parece despreciar el efecto pulverizador de su crisis interna ante la mirada expectante de Podemos en la sombra.

Hizo mal Mendia en oficializar entonces el desencuentro del último cónclave del socialismo alavés. No debió entender que al validar una ejecutiva que desoía al 40% de la afiliación simplemente cubría el manto sobre un campo minado que le podría estallar indirectamente en su cara política. Y ahora ha explotado con toda crudeza hasta el punto de que, posiblemente, no está escrita aún la última letra.

Costó admitir entre la clase política el súbito entendimiento entre González y la candidata Maite Berrocal, situadas en parámetros bien distintos hasta entonces. Quizá esta improvisada conjunción de intereses electorales pudo tranquilizar a la dirección del PSE-EE aunque solo desde una posición de abierta ingenuidad. De hecho, si hubieran tomado la temperatura en Vitoria sabría que se estaba inoculando una crisis.

Álava endosa el enésimo disgusto a la dirección socialista. Hasta ahora siempre lo había hecho en el ámbito vasco. Ahora, la escala del terremoto ha alcanzado tales proporciones que se ha hecho un hueco detrás de la sustitución alevosa de Tomás Gómez.

 

Toña mete la duda en EH Bildu

Por: Juan Mari Gastaca | 12 feb 2015

Consejeron
Ángel Toña
, que seguirá siendo consejero de Empleo y Políticas Sociales, y EiTB, cuya directora general continuará en el cargo, han aflorado una realidad en el denominado entorno abertzale que cobra peso político y sindical. EH Bildu y LAB, sus respectivas referencias, responden sobre parámetros propios, diferentes, rompiendo desde la propia obviedad del enunciado un axioma -posiblemente acuñado fuera de Euskadi- por el que siempre ha cundido la tentación de proyectar una fotografia de su supuesta unidad de acción.

Ha bastado que se incendiera la polémica sobre la supuesta incompatibilidad ética de Toña para que la izquierda abertzale primara los fundamentos del rédito político sobre el análisis social. La coalición soberanista se echó en brazos del clamor de toda la oposición en favor de un cese inmediato del recién nombrado consejero, a quien, no obstante, es difícil de encontrar un reproche profesional en el mercado laboral más allá de una sentencia de índole mercantil. Pero EH Bildu ni siquiera debio llamar a LAB. Y si lo hizo para interesarse, despreció finalmente su opinión.

El sindicato abertzale, además del resto de representantes sociales, sabe en el País Vasco que Toña ha antepuesto la defensa de los trabajadores al pago a la Seguridad Social. ¿EH Bildu está en contra de esta decisión? ¿Cómo se lo explicará desde la óptica de políticas de izquierda a los afectados en el concurso mercantil?

Quizá ha sido suficiente apaciguar el instinto primitivo para que en la izquierda soberanista cundiera con rapidez la necesaria reflexión. "Algo debe pasar aquí si todos los sindicatos sin excepción apoyan a Toña". Bajo este principio es fácil de comprender que Unai Urruzuno, portavoz reconocido y contundente de EH Bildu, recibiera con un cálido abrazo a Toña en los pasillos del Parlamento en pleno fragor de la baralla, y más allá de que ambos son naturales de Ondárroa. Y, claro, que su grupo se lo piense con más calma acaba bajando el dedo pulgar contra el nuevo consejero.

Eso sí, Toña nunca se perdonará el error de haber ocultado al lehendakari su condena. A veces la talla profesional y personal, reconocido en este caso desde la objetividad de los sectores directamente concernidos, no encuentra explicación comprensible para entender semejantes deslices en un asunto de indudable trascendencia política e institucional.

En EiTB, la situación resulta más complicada para EH Bildu. Cuando la dirección del ente vasco ideó una OPE como figura legal para una adecuación de la plantilla, los consejeros de la coalición y de LAB coincidieron en el apoyo. Veían una oportunidad para euskaldunizar las emisoras públicas y, sin duda, los aspirantes no serían especialmente críticos con la realidad vasca. Pero resultó un espejismo.

Aquellas urgencias de plantilla acabaron convertidas en un ERE. Y entonces EH Bildu puso pie en pared. Entendió que no había sido informada del alcance de la operación y se desdijo del inicial apoyo. Se opuso en contra hasta el extremo de reclamar junto a PSE, PP y UPyD la dimisión de Maite Iturbe. Sus consejeros no lo entendieron porque no lo comparten. LAB, tampoco. A tal punto llega la disconformidad del sindicato con la coalición que no está dispuesto a secundar movilización alguna.

Vaya, que  EH Bildu y LAB tienen, a veces, vidas paralelas

Kutxabank, la familia desunida

Por: Juan Mari Gastaca | 08 feb 2015

Mario villalabeitia
Más allá de las trincheras creadas en torno al poder ejerciente (Gregorio Villalabeitia y Xabier Sagredo, éste especialmente) y el poder cesante (Mario Fernández, sobre todo, e Ignacio Sánchez Asiain), el escándalo político, financiero y judicial de un pago irregular al socialista Mikel Cabieces ha desvelado las intrigas palaciegas en Kutxabank.

La revelación involuntaria o interesada -o, quizá, sencillamente la torpeza de un afán revanchista mal administrado- de la absurda injerencia de una entidad financiera de origen público en un remiendo político ha permitido aflorar una inquietante lucha de poder interno sobre el antagonismo de dos modelos de gestión empresarial.

Sería pecar de excesiva ingenuidad no reconocer el aroma político que se desprende de más de uno de los nombramientos realizados en los órganos de gestión y control de Kutxabank y de las tres fundaciones que acoge en su accionariado. Pero juega a su favor unos excelentes resultados y una solvencia reconocida más allá incluso del mercado nacional. Este tinte político es una verdad silenciosa, asumida por todas las partes interesadas como la consecuencia insalvable del origen fundacional de unas cajas de ahorro íntimamente ligadas a las instituciones y a la acción social, entonces más que ahora pegada a la acera de las necesidades.

Ha tenido que llegar la absurda solución de una contratación fraudalenta a un político en paro para que Kutxabank defraude a más de uno. No es de recibo que un profesional de la talla contrastada de Mario Fernández acepte semejante chapuza. Un abogado bregado en aquellas arenas movedizas del BBV no puede dejarse pelos en la gatera admitiendo que se pague 6.000 euros al mes a un exdelegado de Gobierno en virtud de una ley no escrita. Mucho menos, que no aguantara el calentón del orgullo herido y sacara de su bolsillo 243.000 euros para garantizarse ingenuamente la paz del enemigo que le estaba clavando el puñal antes de darse la vuelta.

¡Cuánta torpeza, cuánto daño a Kutxabank y cuánta desilusión a quienes siempre defendieron que "aquí lo de las cajas es otra cosa"! Y por supuesto que lo es, aunque precisamente ahora mismo, algo menos de lo que se creía.

El banco vasco ha resultado una familia peligrosamente desunida en el momento menos propicio para el afán regulador de los supervisores europeos. Este escándalo, más alarmante en las formas que en el fondo, desvela que existía una lucha interna por marcar el territorio que solo se ha resuelto con la precipitada marcha de Fernández, pero que deja pendiente la impronta de una nueva etapa iniciada de la peor manera posible.

Sería exigible reclamar con urgencia a Kutxabank y a su socio mayoritario que proyecten a las decenas de miles de clientes y al mercado en definitiva una acción concertada para asentar así una necesaria resistencia ante el vendaval político que se avecina. Y, de paso, que quienes han resultado directamente concernidos por los coletazos innegables de este irrisorio escándalo demuestren la profesionalidad suficiente para cicatrizar las heridas sin salir necesariamente a la arena pública. Que nadie olvide que una parte del presente y futuro de Euskadi pasa por Kutxabank.

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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