El lío del centroderecha vasco

Por: Juan Mari Gastaca | 23 mar 2015

Quiroga 25
Los resultados de la autonomía andaluza no son extrapolables, por más de una razón, al mapa vasco. Pero no por ello consiguen reprimir el irrefrenable deseo político de trasladar algunas derivadas. Les ocurre a los socialistas vascos, que caminan aliviados desde la noche del 22-M al entender que se han quitado de encima ese fantasma de Podemos que les amargaba su existencia y que les comprometía sus expectativas. También el eco alcanza a los populares vascos, pero en este caso les obliga a contener el aliento tras el batacazo de su candidato.

Con el desplome en Andalucia y la irrupción de Ciudadanos, el PP vasco ensombrece en exceso sus expectativas. Lo hace, además, sin tiempo para librarse de los incómodos ecos de la supuesta financiación irregular de su sede en Bilbao, acusación que le perseguirá aunque responda a una gestión anterior cuando sus dirigentes tenían como principal objetivo seguir vivos. En suma, un escenario nada propicio para un partido al que le cuesta adaptar su mensaje a una realidad sin el terrorismo de ETA.

Así las cosas, bien sabe Arantza Quiroga que se le presenta un camino lleno de espinas. Lo afronta, no obstante, dando la cara y ofreciendo una lectura crítica de calado sobre la debacle de Andalucía que a muchos de sus compañeros en la Ejecutiva Nacional no se les ha escuchado. Es consciente, sin duda, de lo mucho que se juega a corto y medio plazo y por eso es fácil de comprender que la líder de los populares vascos se estremezca al comprobar que la calle sigue culpando a su partido de la crisis.

Es posible que por el camino andaluz el PP vasco se haya desembarazado de la carga que les suponía UPyD, sobre todo pensando en Álava. A cambio, sin embargo, se encuentran con la ola de un rival que hasta ahora parecía reducido al feudo de Cataluña y que en Euskadi dispondrá también de un discurso de centroderecha sin levantar el pie del acelerador en cuestiones de la identidad española.

Con todo, Ciudadanos es una incógnita en el País Vasco. Ni siquiera ha merecido el interés de los sondeos de opinión y en esta ausencia el PP no sale bien parado, excepción hecha de Vitoria donde el bastión de Javier Maroto es incuestionable. Por tanto, cuando Ciudadanos se haga con el hueco obligado en las próximas muestras se podrá disponer de una situación aproximada de su efecto sobre PP y UPyD, con quienes comparte buena parte del lógico granero electoral.

¿Cómo diferenciarse? Aquí tiene el PP una asignatura complicada. Asediado por los efectos de los recortes que le siguen persiguiendo, todavía sin un encaje social reconfortante fuera de Álava, quizá debería procurarse un ámbito de cobijo en futuras coaliciones ante el fundado riesgo de perder pie en Ayuntamientos significados y Juntas Generales. De momento ha elegido la vía del hostigamiento. En Gipuzkoa han tomado nota.

Gernika, más que un símbolo

Por: Juan Mari Gastaca | 18 mar 2015

Gorroño
EH Bildu
ha acusado el golpe político que le supone el sorprendente acuerdo entre el PNV y su actual alcalde de Gernika, José María Gorroño, a quien desde hace mucho tiempo ya no querían. De entrada, porque acogota sus posibilidades de seguir en el poder de una localidad símbolo de la paz en Euskadi. Pero, sobre todo, porque le retrata en una fotografía incómoda, poco grata. Sortu, la auténtica izquierda soberanista, ha desoído la voluntad de las bases de un partido de su coalición como es EA para imponer finalmente su criterio.

Es muy posible que el estratégico acercamiento de conveniencia política entre PNV y EA de Gernika acabe convirtiéndose en un síntoma. Con este acuerdo concebido para impulsar el desarrollo económico local y de la significativa comarca de Urdaibai, ha aflorado una incómoda convivencia en la coalición independentista. Gorroño, y con él la dirección y las bases de su partido, no se han ido sintiendo cómodos a medida que Sortu ha apretado el acelerador de su reconocido poder e influencia dentro de EH Bildu. En realidad, ambas partes no comparten la misma sensibilidad más allá de una coincidencia plena en la configuración de la identidad del pueblo vasco.

Lógicamente Pello Urizar ha taponado el brote de incipiente hemorragia abrazando la decisión colectiva de la coalición en detrimento de su organización local. ¿Este sonoro divorcio de Gernika será el único caso o fluye como una puntual amenaza para aquellos escenarios donde EA se vaya viendo relegada en posiciones de poder?

Sortu está legitimida por la fuerza política que aporta a idear el rumbo de una coalición donde hasta ahora la cuota de representación del resto de integrantes ha respondido a criterios magnánimos, propios de un ensamblaje siempre vigilado por el Estado. Ahora bien, superado este escenario llega ahora con la confección de las listas la prueba del algodón de la auténtica convivencia.

En Gernika, la tormenta se veía venir. Asentado Gorroño sobre un reconocimiento popular que le ha propiciado dos éxitos electorales consecutivos con sendas marcas distintas es fácil de comprender su prolongada irritación al verse sometido a otra voluntad dentro de su propio grupo de concejales. Y en EA lo sabían. Por eso se ha hecho fácilmente comprensible que Sortu prescinda de este alcalde y que Gorroño, reconfortado con el calor de su partido, alargue su personalismo político en otra batalla. Sin duda, la campaña en la villa foral será de todo menos tranquila.

Eso sí, es fácil concluir que la presidenta del BBB, Itxaso Atutxa, ha superado más de un sofoco político para convencer a la afiliación de Gernika que ahora trabajarán para hacer alcalde a un dirigente de EA, partido surgido de la trágica escisión nacionalista. Para quien quiera, la puerta sigue abierta.

 

 

Urkullu castigó el 'caso De Miguel'

Por: Juan Mari Gastaca | 11 mar 2015

Urkullu parla
Tiene razón Iñigo Urkullu en defender su diligente actuación al estallar el caso De Miguel. Puede jactarse, con razón y a diferencias de otros políticos, de la rotundidad de su inmediata reacción como presidente del EBB tras conocer el alcance de las primeras detenciones que golpeaban de lleno una imagen muy visible de su partido en Álava. No le tembló la mano en sus contundentes decisiones, encaminadas a delimitar con ejemplaridad que aquella trama incipiente no respondía a la marca PNV en la gestión institucional.

Hubiera sido de desear que otros burukides como Joseba Egibar, estrechamente vinculado a la sensibilidad política que los detenidos defendían, reaccionaran con la misma rotundidad que su presidente entonces. Resultó poco edificante que el portavoz parlamentario del PNV respaldase a aquella cohorte de imputados, alineados con el soberanista Iñaki Gerenabarrena, en su pulso rebelde para mantener su carné de afiliados, que finalmente acabaron entregando a regañadientes.

Por eso Urkullu está legitimado ahora para interpretar el auto judicial del caso De Miguel, que le enrabieta personal y políticamente. Ya lLe desagradó sobremanera el olor que desprendían las imputaciones y por eso no le tembló el pulso para encargar a Xabier Agirre que se procediera a una urgente renovación del ABB, excesivamente contaminado por los efectos de tan magno escándalo.

Desde entonces, el PNV se ha ido buscando políticamente en un territorio que, sin duda, no admite el mínimo resbalón debido a las exiguas diferencias electorales entre los partidos. Por eso ahora que las encuestas le sitúan con serias expectativas de gobierno es fácil comprender su lamento por el adverso golpe de efecto que entrañan los 180 folios de las supuestas ilegalidades cometidas por varios de sus dirigentes, afiliados y simpatizantes.

Nadie le podrá negar al PNV su resquemor sobre el momento político en el que se publica el contundente auto judicial. Pero tampoco es menos cierto que se ha asistido durante demasiado tiempo a una sucesión de trabas que han dilatado en exceso una instrucción de por sí enrevesada.

Con todo, haría bien el PNV en exhibir ante la sociedad -y en especial, la alavesa- la actuación de profunda higiene democrática de Iñigo Urkullu y, de paso, desmarcarse con absoluta claridad de quienes crearon su propia empresa y tejieron su red clientelar en beneficio propio utilizando la influencia que les proporcionaba su condición política. Y a partir de ahí simplemente que decida la justicia.

Navarra, en el ojo de Euskadi

Por: Juan Mari Gastaca | 08 mar 2015

Bildu10s



EH Bildu parece tener más claro la ambiciosa necesidad de tomar el poder en Navarra que adecuar los pasos de su proyecto independentista. Bastaría con repasar los discursos de Adolfo Araiz, su candidato en la Comunidad Foral, y de Hasier Arraz, presidente de Sortu, en la cita multitudinaria del BEC para llegar rápidamente a tan obvia conclusión, propia del calendario y del pragmatismo.

Además, Navarra ofrece desde hace varios meses el caldo de cultivo suficiente para avivar las expectativas de que es posible un giro copernicano en el sesgo político de su gobierno a partir de las pròximas elecciones autonómicas. La concatenación de vivas polémicas sobre las supuestas irregularidades en la CAN, la inestabilidad manifiesta del Parlamento, el ridículo socialista con la non nata comisión de investigación han servido para comprender que el hartazgo social ha prendido y que partidos de nuevo cuño como Podemos podrían recoger gran parte de la indignación callejera.

Pero ha tenido que llegar las denuncias contra Osasuna por amaño de partidos para que la inestabilidad del denominado régimen navarro toque fondo ante el descrédito popular. Más aún, en la gravedad de esta torticera implicación del club navarro -que ha adquirido rápidamente una proyección estatal- asoman fatídicamente los fantasmas de una aviesa interconexión Gobierno-CAN, trabada como siempre sobre intereses económicos y políticos que no parece tener fin.

En este contexto tan enrevesado, Euskadi pone su ojo en Navarra. Entiende que el cambio político jamás imaginado en las urnas durante la macabra existencia de ETA ni permitido desde Madrid como supuesta razón de Estado toma cuerpo mientras se multiplican los escándalos. Y si el desalojo de la derecha foralista tomara cuerpo, el escenario de relación entre las dos comunidades vecinas ya no sería el mismo.

Ahora bien, en paralelo, siguen sin resolverse muchas incógnitas. Es muy posible que Podemos, que irrumpe con fuerza, no disponga en Pamplona del grado de autonomía suficiente para empujar al bloque nacionalista y de izquierdas hacia el poder. Tampoco es fácil saber si el PSOE habrá aprendido para entonces la lección de que su convulsa convivencia con UPN le está diezmando su respaldo electoral. Incluso, nada puede asegurarse ahora mismo sobre el grado de entendimiento entre nacionalistas después de años de enfrentamientos y desencuentros sonoros más allá de compartir el objetivo de que procede acabar con el actual sistema.

Pero desde Euskadi, la coalición soberanista ya ha señalado con nitidez y urgencia la conscución del objetivo navarro, consciente de que así acelerará su vía vasca, ahora mismo simplemente esbozada como un lógico antelo político que se le presupone. Navarra se hace presente más que nunca en la vida política vasca.

Podemos no decide en Euskadi

Por: Juan Mari Gastaca | 04 mar 2015

Podemos
Podemos
no tiene autonomía propia en Euskadi. Es la primera conclusión directa del duro proceso negociador que mantiene la cúpula vasca de este partido con la dirección de Madrid sobre su presencia en las próximas elecciones forales. Todo un síntoma, revelador por poco edificante, sobre la capacidad de maniobra en la toma de decisiones que se antojan trascendentales.

Más allá de la decisión final que se adopte, de esta confrontación de posturas entre las dos direcciones emerge una conclusión poco alentadora: no se respeta la voluntad de las bases. En Euskadi, los círculos han votado a favor de concurrir a las elecciones forales, donde las encuestas auguran a Podemos una notoria influencia en el cuadro resultante de las tres Juntas Generales. Pero Madrid no lo validó de inmediato como podría desprenderse de una organización que hace bandera de su respeto a la voz interna.

Ya en Navarra, al calor de unas excelentes perspectivas electorales, su líder reconoció que la participación de Podemos en esta comunidad dependía de Madrid. Más de uno vio en aquel brote de sinceridad política una prolongación simplista de la dependencia ya vivida por partidos de la denominada casta en asuntos tan nucleares como un posible cambio de Gobierno.

Ahora, en Euskadi, la dirección de Roberto Uriarte tampoco ha conseguido el respaldo de Madrid. Y no deja de ser una imagen frustrante en un partido que supone toda una bocanada de aire fresco en medio de tanta frustración política.

Podemos, además, sabe que el resto de los partidos viven pendientes de su presencia en las próximas elecciones locales. En unos casos porque confluyen en el mismo granero político y en otros porque esperan rentabilizar el desgaste que supondría la competencia entre iguales. Con todo, más allá del cálculo electoral, esta nueva formación concita un inusitado interés nunca conocido.

Precisamente por la expectación que rodea cada movimiento de Podemos, dentro y fuera de un plató de televisión, sorprende que las primeras decisiones de enjundia sobre su futuro político en Euskadi apenas despierta el interés de sus propios círculos. Es llamativo que la decisión de concurrir a las elecciones municipales de Vitoria sea refrendada por poco más del imprescindible 10% de posibles votantes que obliga sus estatutos. No hay equivalencia alguna, sin duda, entre la dependencia mediática y social de Podemos y tan exigua participación.

Bien es cierto que sin otro examen que las anteriores elecciones europeas, Podemos es hoy mismo una incógnita en Euskadi. Pero nadie duda que se le presupone, y con la razón del olfato social, un papel desequilibrante en el escenario político vasco. Quizá por ello no debería descuidarse en proyectar una imagen de su reducida capacidad de decisión. Aquí no gusta.

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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