Un PP vasco sin Basagoiti

Por: Juan Mari Gastaca | 20 may 2013

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Antonio Basagoiti
abandona la política pero deja su huella inequívoca en el PP vasco. Al irse, una vez trabada la sucesión que pretendía, abre la puerta a la interrogante sobre cuál será el sello que la nueva presidenta, Arantza Quiroga, imprimirá durante su mandato habida cuenta de de que les caracterizan perfiles tan distintos aunque hayan compartido las mismas inquietudes.

Quizá para mitigar esta primera sensación de choque, Quiroga ha aprovechado la elección del portavoz del partido y así enviar un primer mensaje de su futuro estilo. Consciente de que va a ser sometida a un puntilloso examen sobre cada una de sus posiciones políticas, y mucho más en el ámbito de las libertades sociales habida cuenta de sus creencias religiosas, la presidenta ha apostado por Borja Sémper para que siga proyectando esa imagen de renovación estética y programática que Basagoiti abanderó desde que sustituyó a Maria San Gil.

Con la signfiicativa apuesta por Sémper, otro valor en alza de largo recorrido, Quiroga se olvida también de las exigencias de las cuotas territoriales tan influyentes en el PP vasco. Bien es verdad que lo hace favorecida por las posiciones confortables de Bizkaia (Antón Damborenea, en la Mesa de la Cámara) y de Álava (Iñaki Oyarzábal, secretario general), pero es indudable que ha escogido un perfil como el parlamentario guipuzcoano dotado de un lenguaje que pisa el suelo de la realidad vasca desde una óptica popular de mayor apertura y que en ocasiones puede colisionar con las esencias de Génova.

Basagoiti no se ha cansado de repetir en su despedida que Quiroga ha sido uno de los bastones de apoyo en la gestión de su presidencia, y sobre todo en el arranque enrevesado de su mandato en 2008. Pero, de momento, no puede evitar que la imagen estereotipada de su sucesora llegue cargada de un simbolismo menos asociado a la renovación del discurso popular. Por eso adquiere más valor la elección de Sémper como contrapeso. En cualquier caso, el PP tampoco tiene demasiados atajos para consolidar su proyección electoral. La llegada de la paz al País Vasco rompe para siempre con sus lógicos duros discursos de los tiempos del terror y obliga a los populares a una adecuación de la centralidad. Lo deberán acompañar de un olfato alerta sobre cómo evoluciona la propia sociedad en la que ya han conseguido implicarse tras años recluidos en la amenaza y el rencor.

Mientras, Quiroga ya tiene un motivo para el estreno de su nueva responsabilidad: representar al PP en la ronda de encuentros que ell lehendakari, Iñigo Urkullu, pretende mantener con el resto de partidos para conseguir un complicado pacto de estabilidad. Los populares son conscientes de que su capacidad de decisión está en Madrid y no en Euskadi, donde su principal objetivo radica en cubrir las necesidades de las dos instituciones que controlan en el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación de Álava.

Es ante retos como el que ahora ocupa a Urkullu cuando los populares siguen lamentando que las urnas del pasado 21-O les privara de un parlamentario más. Al PNV, por supuesto, le ocurre lo mismo. En una situación de crisis económica como la actual, la suma de una mayoría parlamentaria entre ambos partidos habría dado vuelta al calcetín al actual escenario político vasco, cada día más alejado del acuerdo suficiente y necesario.

 

Algo más que un pulso a la Ertzaintza

Por: Juan Mari Gastaca | 15 may 2013

Alkorta15
La resistencia de inspiración abertzale a la detención en Ondarroa de Urtza Alkorta, condenada por colaborar con ETA, y hace un mes en San Sebastián de cinco miembros de Segi, tambien pendientes de cumplir una sentencia, evidencia mucho más que un pulso, que lo es, a la Ertzaintza. La contitución de un denominado muro popular, con el entusiasta y comprometido apoyo de dirigentes y centenares de seguidores de la izquierda soberanista, representa un nuevo modelo de su lucha reivindicativa contra el Estado, al que sus inspiradores consideran la solución pacífica.

Tras la renuncia de ETA a su violencia macabra, la izquierda abertzale ha entendido que no existen razones para que se cumplan en las cárceles nuevas condenas relacionadas con el terrorismo porque lo consideran una entelequia ya que, sostienen, no existe. La inmediata por interesada aplicación del Derecho a la realidad permite manejar al entorno de EH Bildu una curiosa teoría por la cual la Justicia debería aplicar una amnesia selectiva para todos aquellos casos pendientes de ejecución penal que estén relacionados con el terrorismo. Es decir, se reclama por la vía de los hechos al estado de Derecho una primera contrapartida efectiva tras haberse asistido al abandono del terror.

En la materialización de este desafío, la implicación política de la coalición independentista es absoluta. Ya lo evidenció al ofrecer desde las instituciones que Bildu gobierna en Gipuzkoa todo el respaldo a los miembros de Segi condenados por la Audiencia Nacional. Fue tan explícito su apoyo que el propio alcalde de San Sebastián no dudó en tributarles una recepción en el Ayuntamiento. Y ahora la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Laura Mintegi, ha encabezado la delegación de dirigentes políticos apostados en el puente sobre la ría de Ondarroa para evitar que la Ertzaintza cumpliera con la orden recibida.

Para sus promotores, la imagen de resistencia que proyecta el muro popular tiene una segunda lectura no menos importante ya que alcanza directamente al entorno de los presos de ETA. Las impactantes fotografías de estas detenciones, su interpretación mediática, la ocupación resistente de un puente o la toma como en los viejos tiempos del feudo político de la Parte Vieja donostiarra vienen a demostrar que no hay entreguismo ni se han bajado los brazos. Es la vía elegida para levantar siquiera puntualmente el ánimo de cuantos siguen en la cárcel abatidos por el actual inmovilismo del proceso de paz.

Al empeño contribuye comprometida la izquierda abertzale, procurando encauzar la indignación de los suyos sin recurrir a partir de ahora al vandalismo que acostumbraban. Ahí debe inscribirse el compromiso de Mintegi al acordar por teléfono a las seis de la mañana con la consejera de Seguridad del Gobierno vasco que las "dos partes en conflicto", Ertzaintza y resistencia, iban a cumplir sus objetivos por las vías pacíficas. Mientras, en la Audiencia Nacional ni se inmutan: Urtza Alkorta acaba siendo detenida.

Nerviosismo en el PP vasco

Por: Juan Mari Gastaca | 10 may 2013

Sirimiripp
Antonio Basagoiti
no resulta indiferente ni siquiera el día de su marcha de la política. Cuando todavía se digiere la sorpresa de su retirada por motivos de indole personal y mucho más la inesperada precipitación de cuándo lo hará, el presidente del PP vasco ha cogido con el pie cambiado a cuantos a su alrededor creían que todavía le quedaba tiempo para acomodar una transición consensuada. Y lo ha hecho, además, asegurándose el respaldo de Génova a su candidata propuesta: Arantza Quiroga,actual portavoz parlamentaria y expresidenta de la Cámara vasca

Ha querido Basagoiti atajar el desenlace de su relevo en un cordial mano a mano con Mariano Rajoy, consecuencia directa de su estrecha complicidad. Lo ha hecho porque era muy posible que las múltiples invitaciones de sus compañeros en Madrid y Euskadi para que prolongara su vida en la política activa podrían empezar a resultar embarazosas. Por eso, en una reunión en Moncloa, el presidente nacional del PP ha aceptado la hoja de ruta que Basagoiti le ha propuesto para asegurarle que en su relevo no habrá lugar para batallas internas.

Pero en su estrategia Basagoiti no ha podido aplacar el malestar de los principales dirigentes de Álava, absortos todavía por la maniobra de su todavía presidente. De un lado, al no adelantarles siquiera a los más proximos, su calendario de intenciones, y, de otro, por haberles relegado en este proceso de elección de un candidato tan determinante. Y es que en el territorio alavés, donde el PP dispone de la única representación institucional en la comunidad autónoma, existía una fundada aspiración de que "ahora" les correspondía situar a uno de los suyos al frente del partido. Quizá acuciados por este indisimulado malestar, los responsables populares en Álava animan vivamente a Alfonso Alonso para que plante cara a Quiroga y se convierta en una alternativa consistente.

Pero Alonso no será el candidato porque su vida política está en Madrid, donde su reconocida labor dentro del PP como portavoz parlamentario en el Congreso le sitúa en una carrera ascendente, a la que el exalcalde de Vitoria no quiere renunciar. Además, sabedor del acuerdo entre Basagoiti y Rajoy para evitar pugnas que pudieran desestabilizar todavía más al partido, Alonso va a optar por la disciplina desde el reconocimiento público de estar siempre a disposición.

Asumida, no obstante, la lógica renuncia de Alonso, el nerviosismo elocuente del PP alavés se alimenta, a su vez, de la desconfianza que crea el conservadurismo de Quiroga, interpretado rápidamente como un evidente riesgo electoral. Mientras a la próxima presidenta del PP vasco se le concede una coherencia y tolerancia que nadie cuestiona, y se le reconoce, además, su apuesta por el espíritu de renovación que encarnó Antonio Basagoiti, con la misma vara de medir se teme por el impacto de sus creencias religiosas.

Quizá por todo ello, bajo el propósito de alcanzar el máximo consenso ante una transición que llega en un momento delicado para el PP como marca política, toma cuerpo la idea de que Arantza Quiroga sea propuesta como presidenta en funciones tras la marcha de Basagoiti a México y así abrir un período de progresiva integración antes de llegar a un Congreso del partido que oficialice cuál va a ser la apuesta política en la Euskadi de hoy y quiénes la van a dinamizar ante la sociedad.

Patxi López tensa demasiado la cuerda

Por: Juan Mari Gastaca | 02 may 2013

26-04-13- PATXI LOPEZ  2 FERNANDO DOMINGO-ALDAMA
Mientras Alfredo Pérez Rubalcaba compromete al presidente Mariano Rajoy a buscar un acuerdo de emergencia que tapone cuanto antes la sangría económica, Patxi López ha sorprendido con su propósito de vetar la presencia del PP en un posible pacto de estabilidad al que ha instado Iñigo Urkullu en el Parlamento. Esta inesperada posición del líder de los socialistas vascos, que llega justo un año después de la ruptura del pacto de gobierno que mantenía con los populares y que le había permitido convertirse en lehendakari la pasada legislatura, se fundamenta en la política de recortes que abandera el Gobierno central. Según López, la política económica del PSE es incompatible con la PP.

Esta línea roja marcada por los socialistas, que ha molestado sobremanera a Urkullu porque no se la esperaba y le desbarata los planes, debe inscribirse en el decidido empeño de Patxi López de recuperar el aliento ideológico perdido por su partido en Euskadi y que en buena parte es atribuido a los efectos del acuerdo político con Antonio Basagoiti ya que jamás se entendió en la inmensa mayoría de su afiliación.

Antes de aseverar que "nunca" formará parte de un pacto de estabilidad en Euskadi con el PP, López ya había dado muestras durante la negociación de los Presupuestos con el PNV de querer imponer un perfil político propio. Fue entonces cuando hizo pivotar sus exigencias al lehendakari Urkullu sobre el rechazo a cualquier recorte social, incorporando también una apuesta por la reforma fiscal y el adelgazamiento del actual arquetipo institucional de Euskadi. Y no se movió un ápice de su órdago, desbaratando todos llos pronósticos que preveían un acercamiento de última hora para facilitar las Cuentas habida cuenta de su responsabilidad institucional como artido de gobierno. Así propició la sonora derrota política de Urkullu, el primer lehendakari obligado a retirar su proyecto de Presupuestos.

Entonces, López tensó la cuerda, se cobró la pieza pendiente con el PNV y de paso hizo correr la voz de que había dado un golpe de autoridad para legitimar al PSE-EE como alternativa y no como muletilla habitual de un partido nacionalista sin mayoría parlamentaria. Pero ahora, cuando todos los sectores socialesen Euskadi claman por la necesidad de llegar a acuerdos, posiblemente se le haya ido la mano sobre todo porque abre una vía antagónica al posicionamiento de su todavía secretario general Rubalcaba. Lógicamente, López no podría evitar que este veto a los populares sea interpretado dentro y fuera del País Vasco en clave de una ubicación táctica en la carrera por las primarias del PSOE, de las que sigue huyedo en público.

Por otra parte, con este manifiesto antagonismo del PSE hacia el PP, López aborta, además, las expectativas del pacto de estabilidad, curiosamente cuando el lehendakari se había vuelto atrás de su inicial propósito de excluir a EH Bildu y a UPyD. No ha valido de nada esta significativa rectificación política de Urkullu en el corto plazo de tres días. A este paso, los socialistas van a sacarse demasiado pronto las espinas clavadas durante su calvario de la anterior legislatura. Y eso también tiene un precio, sobre todo en la oposición.

 

Euskadi se enrarece

Por: Juan Mari Gastaca | 26 abr 2013

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Basta una instantánea fugaz sobre el latido político de Euskadi para convenir que no soplan vientos favorables. En la izquierda abertzale hay demasiada intranquilidad, generada por la suma parquedad en los movimientos alentadores del proceso de paz; en la vida parlamentaria, a su vez, el desacuerdo se ha apoderado del escenario hasta tal punto que Iñigo Urkullu metaboliza en silencio su primer sonoro fracaso como lehendakari; y en la economía, aunque con datos menos dramáticos que la media española, el paro sigue creciendo y muchas empresas, cerrando.

Todo coincide, paradójicamente, cuando menos se pensaba, cuando se creía que la convivencia de todas las sensibilidades en un marco de paz haría realidad la tranversalidad de la geometría variable, de ese ansiado encuentro entre diferentes. Peor aún: no hay, siquiera, un denominador común como acción concertada ante la gravedad de la situación laboral. De hecho, sobre la cabeza de un gobierno pesa la amenaza de otra huelga general de la mano de los sindicatos abertzales como proyección de un lenguaje de sordos en el diálogo social.

¿Qué está pasando? En el entorno abertzale se detecta una irritante constatación de que claman en el desierto, de que sus exigencias en favor de un simbólico paso adelante desde el Gobierno de Mariano Rajoy apenas tienen eco, cuando no reciben intencionadas advertencias sobre el riesgo que conllevan su condescencia con el ámbito etarra. En el Parlamento, se concluye que el PNV no ha entendido que hay una Euskadi distinta a aquella a la que siempre gobernó y donde ahora su debilidad (27 de 75) le obliga a un ejercicio de transigencia al que posiblemente le cuesta adaptarse. La insólita retirada del proyecto de Presupuestos del Gobierno Urkullu ha desnudado su profundo desencuentro con las fuerzas mayoritarias de la oposición (EH Bildu y PSE-EE), que no han dudado en exprimir el fracaso del lehendakari para endosarle una pública derrota política.

Así las cosas, el ambiente político se ha enrarecido en exceso. A ello también ha contribuido, por su claro efecto popular, el desafío asambleario a Bildu que ha tenido lugar en Legazpi (Gipuzkoa) donde un referéndum ha volteado mayoritariamente la imposición abertzale de la recogida puerta a puerta de las basuras. Con este mayoritario rechazo, la coalición independentista recibe otro tirón de orejas que puede volver a tener su impacto en las próximas elecciones locales y forales, como ya lo tuvo en las últimas autonómicas. Sin duda, es un motivo de preocupación más para Bildu.

Pero Urkullu tiene la peor papeleta. En su primer proyecto de Presupuestos se ha visto desairado y son golpes que minan la credibilidad, incluso de un político como él que se ha implicado hasta verse obligado a arrojar la toalla. Para reducir la profundidad de la carga, el PNV se ha encargado de extender la tinta del calamar y así responsabilizar a todos los demás grupos del fracaso, pero casi nadie se lo cree.

A partir de ahora, el PNV se siente obligado a recomponer con urgencia la situación. Y lo tendrá que hacer por la senda de procurar un necesario entendimiento, principalmente con los socialistas y sobre la base de la lección aprendida tras el revolcón sufrido. En estos tiempos de zozobra apremia la estabilidad.

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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