Mendia tiene que arriesgar

Por: Juan Mari Gastaca | 17 sep 2014

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La primera mujer que liderará el socialismo vasco
, Idoia Mendia, arranca su mandato con buena parte del terreno más próximo minado políticamente. Coge la dirección de un partido, el PSE-EE, en una imparable curva electoral descendente desde que abandonó su paso por el Gobierno vasco y sin sacudirse, además, del pernicioso efecto que le ocasiona un PSOE a la búsqueda de su rumpo perdido. Por si fuera poco, siente la amenaza permanente que le supondrá el fenómeno Podemos mientras define su estrategia a partir de la marcha de Patxi López, el referente en la última década.

Y todo ello sin haber arrancado entre su militancia el apoyo suficiente que relance debidamente su figura política con el peso suficiente para acompasar en el tiempo un perfil aún sin acuñar. Con poco más del 60 % de los votos posibles, y tratándose de una única candidata, Idoia Mendia se ha dejado demasiados sufragios en el camino, posiblemente por los efectos colaterales de unas elecciones territoriales en Bizkaia y Álava que siguen causan desgarros internos.

Bien es verdad que el núcleo duro del PSE-EE ha estado hábil en proyectar que la nueva secretaria general reunió en la participativa jornada electoral más del 82% de quienes acudieron a las urnas, pero las lecturas políticas son otras. Claro que ha preocupado en el partido que el respaldo no pase de seis de cada diez afiliados. Pero ahí está precisamente la oportunidad de Mendia para restañar con mano izquierda y efectivos llamamientos a la unidad las heridas de unas primarias y fortalecer, por tanto, la acción desde su nueva ejecutiva.

Ahora bien, quienes han querido castigar a Mendia en Bizkaia y Alava por considerarla un producto natural de la actual dirección tampoco deberían jugar con fuego en favor del partido. El socialismo vasco lleva tiempo buscándose en el diván, rozando peligrosamente el suelo electoral desde que decidió entrar al Gobierno vasco y Rodriguez Zapatero negó la crisis y abrió la puerta a la reforma laboral. Por eso, su endeblez no aguantará una mínima guerra de guerrillas en la inmediata confección de listas para las elecciones locales y forales, siempre una batalla por librar.

Sin peso institucional reconocible, el PSE-EE tiene que preguntarse qué papel quiere jugar en la política vasca. Corresponde a Mendia arriesgarse en un momento adverso. Bien sabe como exconsejera y parlamentaria que los acuerdos con el PNV no aportan rédito alguno a su partido porque no se valora su aportación a la estabilidad, a la lucha contra el fraude o a la reactivación económica. ¿Pero tiene las manos libres para caminar solo?

En la concreción de la apuesta que acometa, bajo los efectos del debate soberanista que se instalará en Euskadi sin retraso para la propia incomodidad socialista, la nueva secretaria general se juega buena parte de su futuro inmediato consciente de que la primera evaluación le llegará en los comicios de 2015. Quizá demasiado pronto para valorar el efecto Mendia.Por primera vez participarán en una votación directa para elegir a los secretarios generales y delegados

Ayudas sociales: un debate

Por: Juan Mari Gastaca | 11 sep 2014

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En época de crisis, sobre todo, las ayudas sociales son gramos de pólvora incendiaria. Y en manos irresponsables, explotan. En Euskadi, la creciente demanda de estas prestaciones ha pulverizado las partidas presupuestarias provocando así un primer escenario de alarma sobre la viabilidad de un modelo que se antoja envidiable en su concepción.

Hasta ahora, la inquietud se venía centrando en las localizaciones de pequeñas bolsas de fraude -las cifras siempre han estado por debajo del 5%- pero que nunca han creado alarma social más allá de la puntual explosión mediática de un tema siempre favorable al bullicio dialéctico. Incluso, las advertencias de algunas instituciones sobre la estrechez galopante de sus recursos tampoco habían movido el árbol del debate con el vigor suficiente.

Pero unas acusatorias declaraciones del alcalde de Vitoria, Javier Maroto (PP), sobre el destino de las ayudas sociales que realizan colectivos de inmigrantes -en especial, magrebíes- han abierto la caja de los truenos. Maroto sostiene que algunos inmigrantes "viven principalmente de las ayudas sociales y no tienen ningún interés en trabajar o integrarse". Y no ha rectificado a pesar de que el resto de partidos y el Gobierno vasco han afeado su irrupción tan estruendosa en un tema tan delicado y de tan arriesgadas repercusiones sociales. Más aún, azuzó el debate al considerar "escandaloso" el caso de los ciudadanos de origen argelino y marroquí que llegan al País Vasco. A tal punto llega la gravedad de la acusación que el fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, ha abierto diligencias.

Hay unanimidad en los partidos al advertir "populismo" en los dardos de Maroto. Pero su partido no le ha desautorizado. Muy al contrario, el diputado general de Álava, Javier de Andrés, ha puesto ejemplos, incluso, que le permiten hablar de empadronamientos ilegales de inmigrantes. ¿Quién los permitió? ¿Cómo se pudieron hacer sin que nadie lo denunciara? ¿Es esta la manera elegida por el PP para abrir el melón de las ayudas sociales en Euskadi?

Es muy posible que Maroto hable por casos que conoce en el día a día de su gestión. Y De Andrés, también. Pero la forma elegida para desvelar posibles irregularidades supera el catón de la responsabilidad de un cargo institucional. Nadie duda de que la crisis y el efecto pernicioso de los recortes desbordan el modelo social del que se sirve Euskadi. Es por ello que urge la reflexión serena, no la populista ni la del regate en corto. De estas acusaciones a la xenofobia queda un paso muy corto.

Consciente de la alarma creciente y poco constructiva, ha sido el lehendakari, Iñigo Urkullu, quien ha centrado con acierto la polémica. Es consciente de que el modelo se desborda y por eso pide que se alcance un pacto donde nadie se sienta ajeno. ¿Es posible hacerlo ahora, en el horizonte de las elecciones de 2015? Con responsabilidad, por supuesto; buscando la rentabilidad, imposible.

Elecciones por encima de todo

Por: Juan Mari Gastaca | 01 sep 2014

Mientras sobrevuelan incómodos augurios sobre la fortaleza de la recuperación económica en Euskadi, la clase política vasca se ha puesto a hablar de Escocia. Sin duda permite derramar más litros de tinta, compromete mucho menos y agita más fácilmente las redes sociales. Pero, en realidad, es un señuelo: en el fondo, lo que realmente importa aquí de este nuevo curso son las elecciones locales y forales de 2015. El resto, pura agitación.

Gipuzkoa sigue sin recuperarse del susto de Fagor cuando empieza a temblar por la sacudida que supondría el cierre de la planta de Arcelor en Zumarraga. Mientras, Álava cruza los dedos para que la apuesta de Guardian por el Valle de Ayala no empiece a resquebrajarse. Y Bizkaia, en silencio, intenta consolidar la lenta reactivación con la mirada puesta en la repercusión del frenazo europeo.

En este contexto socioeconómico más propenso para contener el aliento, Euskadi pone las luces largas en la renovación del poder municipal sobre un ambiente político crispado. En un año electoral, las apelaciones al consenso se antojan simples ensoñaciones. Ahora bien, tendrá que llegar el momento en el que los partidos entiendan que la ciudadanía sí reconoce los pactos cuando son necesarios. Su rechazo en las urnas es a los pasteleos, al amago de intereses. Y el voto los distingue con claridad.

Hasta que lleguen las primeras negociaciones presupuestarias, Escocia se habrá hecho omnipresente. Antes y después del referéndum del 18 de septiembre será el monotema al que solo podría ensombrecer un mínimo punto de encuentro entre Mariano Rajoy y el lehendakari. Y una vez conocido el resultado escocés se avivará el argumentario de la precampaña electoral en Euskadi. Como alternativa siempre quedará Cataluña.

Así las cosas, es posible que las ramas del voto no dejen ver el bosque. Sería perturbador que los cálculos electorales y las posiciones políticas estratégicas desbarataran acuerdos presupuestarios en cada una de las instituciones mientras la crisis continúa como amenaza lacerante. Sin embargo, no es descartable. Ocurre que se acumulan demasiadas incógnitas como para ser optimistas.

En el Parlamento, de entrada, donde nadie imagina un mínimo acercamiento entre PNV y EH Bildu desde sus respectivas expectactivas electorales, la clave estriba en conocer sobre qué mínimos se sentarán a hablar nacionalistas y socialistas, la única suma factible. Es fácil de intuir que el PSE-EE de Idoia Mendia endurezca sus exigencias. Una posición de complacencia les resultaría letal después de haber cruzado la travesía de su renovación interna. Es ahí donde Iñigo Urkullu tendrá que calibrar el riesgo de desgaste que puede afrontrar. Este contexto irradiará al resto de instituciones, aunque se avivará de una manera incisiva en las tres diputaciones.

¿Hasta dónde van a tender la mano quienes gobiernan? ¿Hasta dónde van a llevar sus exigencias quienes están en la oposición? Quizá pedir sentido común y altura de miras en plena precampaña suene a pretensión quijotesca. Pero es obligado hacerlo.

 

El guiño de Areso

Por: Juan Mari Gastaca | 25 ago 2014

Bilbao se ha entregado a su Aste Nagusia más apacible jamás conocida. Y tan feliz desenlace no ha sido por casualidad.

Cuando EH Bildu sentenció minutos antes de lanzarse el txupinazo que las comparsas se sentían "satisfechas" por el trato que les dispensaba el alcalde, Ibon Areso (PNV), el manto de la tranquilidad se extendió sobre el recinto festivo y su programa de reconocida participación popular. Era el certificado que auguraba la paz absoluta en medio del jolgorio. Nadie se ha saltado el guión.

Después de un sostenido pulso durante años con Iñaki Azkuna, donde los enfrentamientos se sucedían por el mínimo chispazo, las comparsas proclaman encantadas que han encontrado un entorno mucho más favorable, más comprensivo. En esta catarsis de la voluntad del equipo de gobierno es donde se ha apreciado la intencionalidad del auténtico guiño político de un pragmático Areso.

Con la habilidad táctica de su mano derecha, jalonada además por una incansable toma de temperatura permanente a la fiesta, el alcalde ha dejado su huella. Lo ha hecho sin alardes, brotando sencillez de una figura alejada del protagonismo pero suficiente para afear a quienes jamás imaginaron que podría desplegar semejante complicidad callejera sin que nadie pudiera sentirse desatendido.

Con este éxito personal, Areso libra con nota uno de sus retos más comprometidos socialmente. No es fácil llenar el vacío de Azuna entre bilbainadas, aperitivos, toros y espectáculos. Este alcalde de transición deja su impronta en un escenario siempre difícil para la unanimidad. Pero libre de compromisos para su futuro particular, y meses antes de las próximas elecciones municipales, proporciona, sin duda, a su partido un indudable rédito de buena gestión.

A este clima de complicidad entre quienes tejen la fiesta, y que debe ser reconocido, también ha contribuido, desde luego, la distensión derivada de la elección de una txupinera sin contaminaciones políticas. La amarga y desquiciante experiencia del pasado año dejó demasiados jirones, con una herida suficiente para no caer de nuevo en el error. Cuestión de sensatez.

Bien es cierto que durante años la izquierda abertzale jamás desperdició la oportunidad de las fiestas para profundizar en su lucha. Aunque aquellas insistentes reivindicaciones en favor de la ikurriña y la libertad de los presos de ETA siguen teniendo plena vigencia, el guiño de Areso exigía prudencia en esta edición. No se ha registrado el mínimo incidente. Cada uno sabía lo que tenía que poner de su parte.

El aviso de los autobuses

Por: Juan Mari Gastaca | 22 ago 2014

La imagen de cinco autobuses intencionadamente calcinados lleva mensaje. Este puntual (?) regreso al pasado de la mano de quienes siguen instalados en la hiriente apuesta de la barbarie como acción política conlleva un aviso a más de un navegante. No solo expresa el malestar de un sector anclado en las esencias de aquella izquierda radical ilegalizada por la irresolución de sus reivindicaciones -los presos para ser claros- sino que inoportunamente inocula dudas sobre la solidez del tránsito democrático de esta sensibilidad soberanista.

Pero tampoco deberían sentirse ajenos quienes en nada vienen contribuyendo a aprovechar la ausencia del terror para profundizar en el asentamiento de la paz y la convivencia. El desesperante quietismo del Gobierno Rajoy en cuestión de política penitenciaria como respuesta táctica podría entenderse como germen de quienes equivocadamente demuestran su desesperanza con los métodos en los que siempre creyeron con tremenda fatalidad. El riesgo de que la actual situación enquiste podría visualizarse en respuestas tan denigrantes como la última de Loiu, estratégicamente alejada del foco informativo que estos días suponen las fiestas de Bilbao. Que nadie lo olvide.

Es verdad que solo y exclusivamente los terroristas son los responsables del terror. Ahora y siempre, Pero la sociedad vasca no debe permitir que se diluya la grandeza de su apuesta por la paz una vez conquistada. Desde esta condición siente su incuestionable legitimación para exigir a gobiernos y partidos que encaucen, en el tiempo y sin presiones exógenas, la vía del definitivo entendimiento.

No es cuestión de calibrar el grado de intensidad del rechazo de EH Bildu o en especial de Sortu. Ahí no está la clave del análisis de tan absurdo atentado. En realidad estas formaciones abertzales son víctimas políticas que, paradójicamente, se ven atrapadas en el propio movimiento de condena. Claro que les gustaría elevar la voz contra ese grupo de alimañas criados para el resto de sus vidas en el odio. Desde una óptica de rédito político, afianzaría la credibilidad de su apuesta democrática. Pero, en paralelo, si lo hicieran podrían tensionar las evidente diferencias políticas con cuantos disienten de su actual estrategia política. Y ahí conviven sus tribulaciones. La duda es hasta cuándo van a seguir así.

La presión del resto de fuerzas políticas hacia los radicales democráticos no aporta solución alguna ni contribuye a distender avisos como el de los autobuses de Loiu. Por ahí no vendrá el remedio a la enfermedad. Lógicamente ayudaría como bálsamo, pero el origen del mal necesita de otro tratamiento mucho más invasivo. Y es ahí donde nadie debería pasar la pelota al contrario, empezando, claro, por la propia izquierda abertzale demasiado acostumbrada a cargar las exigencias sobre los hombros de los demás.

 

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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