La convivencia, una cuestión sin ETA

Por: Juan Mari Gastaca | 20 oct 2014

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No habría mejor manera para armar política y socialmente el escenario de la paz en Euskadi que acabar de una vez con los esporádicos pero imperturbables intentos de ETA por hacerse presente. A estas alturas del partido, tres años después del tardío anuncio del fin de la violencia, y muchos más desde que la calle se hartó de la banda terrorista, la difícil asignatura de la convivencia que resta por aprobar debería reducirse a una cuestión nuestra, de la propia democracia.

¿Que ETA no sella sus zulos, que no desarma? ¿Esa es la preocupación para hoy y mañana de la sociedad vasca? Solo con su maniquea repetición, como si se tratara incluso de una conquista envidiable -que siempre sería bien recibida, ojo-, contribuimos a dar oxígeno a este reducto de terroristas que no ceja en su empeño de poner siquiera un pie en el ámbito político después de tantas décadas haciéndolo.

Si quieren, que avisen de la entrega de las armas. Mientras llega ese día, que nadie, ni en Euskadi ni en el resto del Estado, se distraiga de su responsabilidad ni, por supuesto, cruce las manos para evitar la búsqueda de las soluciones pendientes alegando que todavía existe una cuadrilla de histéricos con un arma al alcance de su mano. Vaya, que algunos abandonen el pretexto en la que están instalados.

Es verdad que con armas y sin la disolución de la banda, el Gobierno Rajoy tiene la permanente disculpa abonada para justificar su inacción y así lo viene haciendo en los últimos tres años. Pero sabe que con esta posición escapista no contribuye a consolidar un proceso de paz ni aporta siquiera un grano de arena. Pero tampoco le importa demasiado. Es entonces cuando el PP vasco, consciente como el resto del pueblo vasco de la realidad que se vive, se lo debería reclamar, aunque fuera en voz baja.

Y en paralelo todas las fuerzas políticas vascas cumplir con su cuota de responsabilidad. Hay que priorizar la creación de un estado de concordia como máxima expresión de la libertad conseguida. Y hacerlo desde el reconocimiento de que aquí se han vulnerado derechos humanos pero huyendo, desde luego, de la patética creación de dos bandos enfrentados para quien eleva más la voz sobre la exhibición de su dolor.

Queda, por tanto, el difícil ejercicio de la madurez política que tendría en la ponencia de Paz y Convivencia uno de sus mejores escaparates desde Euskadi. Eso sí, haciendo abstracción en sus trabajos de los tiempos electorales que se avecinan y que tanto influyen. Y en Madrid, que sigan simplemente los consejos que aportan reconocidos expertos jurídicos para que en tiempos de paz se acabe con la excepcionalidad y el Derecho Penal se adapte a la realidad. Y todo ello sin estar pendientes de ETA.

 

 

 

Maroto sube el volumen

Por: Juan Mari Gastaca | 13 oct 2014

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El alcalde de Vitoria, Javier Maroto, ha enarbolado la bandera de las ayudas sociales para sacudir con estruendo la próxima campaña de las elecciones locales en Euskadi. Lo ha hecho con mucha antelación pero con absoluta intención. Sin inmutarse por la lupa de la Justicia sobre sus palabras contra algunos inmigrantes, se siente reforzado porque le asiste su conexión con la inquietud de un amplísimo sector de la calle -especialmente en la capital alavesa, su plaza- donde anida una admitida preocupación. Ahora bien, el caldo de cultivo de esta denuncia ya permanente de las principales autoridades de este territorio debería ser debidamente controlado para no caer en riesgos impropios por parte de una sociedad madura y, por tanto, racional.

Con su propuesta de recoger firmas de portal en portal para cambiar en el País Vasco la estructura de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), Maroto ha subido el volumen de su particular campaña. Se ha servido, además, de un escenario mediático inigualable como es el encuentro con el lehendakari, Iñigo Urkullu, a quien, por cierto, le ha indignado el calado de la propuesta.

Sin haber cruzado el umbral del Parlamento, sin haberse presentado iniciativa alguna de calado más allá de un puntual debate, el alcalde de Vitoria lleva su propuesta a pie de acera. Bien sabe que al hacerlo altera intencionadamente el orden del propio marco jurídico. Y es ahí donde Maroto corre el fundado riesgo de que su propuesta sea concebida sencillamente como electoralista.

Ninguna fuerza parlamentaria debería ser reacia a abordar con carácter extraordinario si fuera preciso el análisis profundo de las esencias de la RGI y su viabilidad. Incluso, hacerlo antes de que el actual consejero vasco Juan Mari Aburto tenga que abandonar esta responsabilidad para entrar en la campaña por la alcaldía de Bilbao. A partir de entonces, solo si el PP obtuviera un portazo a esta iniciativa podría legitimarse la recogida de firmas que se propone Marot oy que, dicho sea cuanto antes, a buen seguro que supera el nivel exigido para su admisión reglamentaria. Mientras tanto, no estaría mal que algún cualificado representante de su partido terciara para aclarar las justas intenciones.

Es innegable que el riesgo de caer en debates xenófobos en el espinoso asunto de las ayudas sociales surge latente, sobre todo en tiempos de crisis como el actual. La difusión real e intencionada de algunas irregularidades en el cobro de la RGI, que las hay, no puede trasladarse en un análisis de la parte por el todo. Hay cobros indebidos, pero la tasa de denuncias es sensiblemente inferior a la alarma social que provocan iniciativas de regate corto como las de Maroto.

Es innegable que el alcalde de Vitoria habla por los casos que conoce. Pero sería deseable que desde su responsabilidad contribuyera a exprimir la rigurosidad de los controles en el Ayuntamiento que preside. Y junto a él, el resto de las fuerzas concernidas para exhibir ante el contribuyente una política social fundamentalmente justa.

El peso de la mochila

Por: Juan Mari Gastaca | 06 oct 2014

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La progresiva incorporación de la izquierda abertzale a las vías políticas exige en el tránsito una imagen de predisposición a la estabilidad institucional. Es la que corresponde a un partido con responsabilidad de gobierno, que ya nunca dejará de tener en el País Vasco. Bien que lo saben. En ese propósito podría entenderse sin demasiado esfuerzo la lectura en clave positiva que el presidente de Sortu, Hasier Arraiz, ha hecho de su encuentro con el lehendakari, Iñigo Urkullu.

Aquellos años del Gobierno vascongado en el léxico batasuno son ya historia, pero forman parte entre otras cargas mucho más dolorosas de la pesada mochila que todavía se deja caer en los recelos que el PNV sigue sintiendo hacia la nueva apuesta soberanista. Los dirigentes abertzales son conscientes de que las rémoras de su pasado cuentan en el presente que se vienen procurando y de ahí su propósito de aminorar el impacto.

Resulta tan novedoso como alentador para la convivencia entre diferentes que quienes han abrazado durante demasiado tiempo la ceguera de posiciones inmovilistas, castigando además a quienes pensaban difrente, se abran ahora al diálogo permanente sin renunciar, por supuesto, a sus principios.  Lo hacen 37 años tarde como les recordaba con toda intención el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, pero les da tiempo suficiente a participar en el arquetipo de una Euskadi en paz. Y Sortu quiere jugar este partido.

Aunque fuera de cara a la galería es gratificante escuchar la predisposición de EH Bildu a negociar un Presupuesto con su principal rival político. Claro que es prácticamente imposible el acuerdo desde el cálculo electoral y las esencias ideológicas tan alejadas, pero Urkullu y Arraiz, de momento, han dialogado durante dos horas. Hace apenas tres años supondría una auténtica quimera.

Pero también la fotografía del encuentro favorece la imagen de un lehendakari abierto al diálogo entre diferentes para procurar la estabilidad institucional que supone la aprobación de los Presupuestos. A Urkullu, y con él al PNV, le interesa procurar esta sensación de líneas transversales después del guiño político que dedicó a la líder socialista, Idoia Mendia.

Ahora bien, el peso de la mochila impide, de momento, ir más lejos. Es ahora cuando EH Bildu tiene que demostrar en la ponencia de Paz y Convivencia que el ofrecimiento de la revisión crítica de su pasado es real, que está dispuesto a comprometerse con el punto de partida que supone la admisión de un suelo ético al que se ha venido resistiendo entre la indignación de los demás. Si lo hiciera sería difícil privarles el reconocimiento de que han reactivado la ponencia aunque fuera como consecuencia de un error superado. Pero la imagen ahorraría las interpretaciones y la mochila pesaría menos.

 

Bilbao, más que un jarrón chino

Por: Juan Mari Gastaca | 30 sep 2014

23-07-13- J L BILBAO DPUTADO GENERAL DE BIZKAIA  5  FERNANDO DOMINGO-ALDAMA
José Luis Bilbao
se ha asegurado su presencia en las próximas elecciones forales de Bizkaia. Precisamente su significativa ausencia en las listas del PNV por primera vez después de tres legislaturas consecutivas como diputado general le situará durante la campaña en el apetecible blanco de toda la oposición, ávida de pasar factura a quien durante tanto tiempos y más duramente les ha aguijoneado con un verbo afilado y de sencilla comprensión, que siempre encontró el eco que buscaba.

En medio de una creciente ola que amenaza con engullir a quienes han dedicado más de la mitad de su vida a la política, el PNV no ha podido sustraerse a pedir a Bilbao su retirada. Temerosos, quizá, de verse sacudidos en el próximo reto electoral por la infecta acusación de casta, los nacionalistas se sacuden de su principal riesgo convencidos de que a EH Bildu se le sigue atragantando Bizkaia en sus aspiraciones de poder.

Bilbao no se irá nunca. Abandonará, sí, la Diputación de Bizkaia pero le quedará, desde luego, el alma política, la frase ocurrente y, a veces, precipitada. Pero, sobre todo, dejará una estela que inicialmente tendrá que encauzar su propìo partido. A sus 57 años, este afiliado de cuño reconocido y curtida experiencia no puede -ni debería- quedarse relegado a un jarrón chino. Fundamentalmente porque el pragmatismo del PNV es incompatible con el fundado riesgo de verse obligado a sofocar más de un fuego y a pagar un reconocimiento obligado.

Con esta renuncia, el EBB afronta,a su vez, el reto de concurrir a las elecciones del poderoso territorio de Bizkaia con sus principales candidatos inéditos en el Ayuntamiento de Bilbao y en las Juntas Generales. Claro que es un riesgo, pero menos porque el PNV juega con ventaja. Sabe que tiene a su favor la corriente mayoritaria de quienes social y políticamente jamás permitirán entregar ni Bilbao ni la Diputación a la izquierda abertzale.

Olvidada por inalcanzable la mayoría absoluta sin el recordado Iñaki Azkuna, el PNV cuidará con mimo el respaldo de los socialistas, sabedores, a su vez, del frío que a estos les embarga. Y en la Diputación, repetirán la jugadal. Por eso, cuando en junio de 2015 llegue el obligado relevo en la Diputación de Bizkaia, nadie en Sabin Etxea se echará las manos a la cabeza por la marcha de Bilbao. El poder seguirá en manos nacionalistas, aunque haya que recurrir al voto desesperado de los populares.

¿Y Bilbao? Tiempo tiene hasta entonces para ir desvelando un futuro en el que, por supuesto, ha ido pensando durante este verano cuando percibía que llegaba el final de sus días en la Diputación. Nadie se sorprendería, incluso, de que una mínima remodelación del Gobierno Urkullu le podría abrir mucho antes una oportunidad para seguir donde siempre le ha gustado: en la gestión política. Todo menos ser un jarrón chino.

EH Bildu revisa su pasado

Por: Juan Mari Gastaca | 26 sep 2014

EH Bildu ha vuelto a provocar un golpe de efecto cuando apenas se le esperaba. Parecía destinado el pleno de Política General, en el inicio del nuevo curso político, a calibrar cómo templaría el lehendakari, Iñigo Urkullu, las advertencias de Idoia Mendia; incluso, cuál sería el alcance de la apuesta soberanista de los dos partidos mayoritarios al socaire de Escocia y Cataluña. Y en el medio, de repente, el presidente de Sortu anuncia la convicción de la izquierda abertzale de revisar su pasado desde el convencimiento de que no siempre han estado acertados. Un ejercicio de autocrítica sin flagelaciones pero que sacia la demanda quee con tanta insistencia se le venía exigiendo desde el resto de partidos.

La solemnidad de este compromiso en sede parlamentaria obliga a la coalición a cumplirlo sin refugiarse en  esas lecturas enrevesadas por donde más de una vez ha desparramado buena parte de la confianza. Pero si lo explicita con hechos, la acogida por parte de las demás fuerzas democráticas debería ir en consonancia al gesto desvelado por Hasier Arraiz.

Con su disposición a revisar el pasado aunque bajo la clara advertencia de que no se concluya en un relato de vencedores ni vencidos, EH Bildu reactiva la ponencia de Paz y Convivencia que parecía condenada al fracaso. Ahora bien, lo debería hacer cumpliendo los mismos requisitos del resto de grupos representados sobre el reconocimiento explícito de un suelo ético que, en ningún caso, puede ser regateado.

Mientras los presos de ETA siguen sin entender cuáles son las exigencias que deben cumplir para que el Gobierno central acceda a sus peticiones individuales, EH Bildu abraza la autocrítica en un gesto impensable para muchos de quienes durante años entendieron la socialización del sufrimiento como una vía política hacia la liberación de Euskadi. Podría tratarse de otro capítulo en una estrategia calculada, pero quienes lo hacen se exponen. Ahí queda su predisposición que debe pasar ahora la prueba de la autenticidad sin que nadie, acuciado posiblemente por la ansiedad, olvide el pasado.

El paso adelante de EH Bildu deja un poso en el arranque del curso político que no lo ha conseguido el debate sobre el autogobierno, posiblemente porque el horizonte de largo plazo que lleva consigo esta aspiración identitaria fundamentalmente ni conmueve a Mariano Rajoy. En cambio, en Euskadi será imposible desoír el ofrecimiento abertzale que se venía reclamando. Queda por saber la magnitud del paso dado.

 

 

Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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