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Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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PP-PSE, divorcio enrabietado

Por: Juan Mari Gastaca | 13 jun 2012

WEB BASAGOITI LOPEZ
Aquel inédito pacto político de 2009 entre PP y PSE en el País Vasco, entendido como asunto de Estado por la lucha contra ETA, es hoy pura ceniza. A su extinción ha contribuido, muy por encima del final de la violencia, el indisimulado deseo de ambos partidos de oxiginear su discurso propio con la mirada puesta en unas elecciones autonómicas, que, sin embargo, no les serán especialmente propicias según las primeras estimaciones demoscópicas.

En ese propósito estratégico de caminar por senda propia, los socialistas han puesto mucho más empeño, aprovechando la veta que supone oponerse férreamente a los recortes de Mariano Rajoy en áreas de hondo impacto ciudadano como educación y sanidad. Como resultado, el lehendakari, Patxi López, se ha instalado en un discurso muy cómodo, de llegada fácil pero que ha acabado por irritar no solo a los populares vascos, sino especialmente al Gobierno central.

A tal extremo llega la indignación en Madrid con la oposición socialista desde Euskadi que, paradójicamente, la comunión de intereses en materia de Interior ha saltado por los aires. Ya no hay entendimiento; peor aún, cada bando va adecuando su propio mensaje ante una misma realidad, a la que miran con ojos e intenciones delicadamente distintos. Sería imposible imaginar hace apenas medio año que un ministro del Interior calificara de "impresentable" cualquier iniciativa del Gobierno vasco sobre víctimas, aunque éstas fueran motivadas por excesos policiales. Vaya,entonces se hubieran cocinado las diferencias a puerta cerrada; ahora han abierto la ventana para que se escuchen los gritos.

Así las cosas, Madrid y País Vasco ya no van de la mano en el final del terrorismo. Podría decirse que solo han sabido entenderse cuando ETA estaba en activo. Roto el pacto político, que deja a Patxi López en una debilitada situación parlamentaria, los dos Gobiernos comparten, claro, un escenario de convivencia y de libertad a partir de la ausencia de la violencia, pero les separan demasiadas cosas: la política penitenciaria, la mirada al entorno abertzale y, quizá, hasta el grado de supeditación a las exigencias de las propias víctimas, implacables en el marcaje sobre Jorge Fernández Díaz.

Este hondo desgarro entre PP y PSE augura un divorcio enrabietado. Además, el ambiente preelectorial en el que Euskadi se ha instalado en plena crisis económica, alimenta la reyerta política. A medida que López y el socialismo vasco desacrediten a Rajoy, los populares se echarán con mayor frecuencia en los brazos del PNV para ridiculizar así la soledad del lehendakari en la Cámara. ¿Hasta cuándo se podrá seguir así? En la respuesta está, lógicamente, la clave sobre el presumible adelanto electoral, al que el Gobierno vasco se resiste quizá únicamente por motivos de supervivencia. Hasta entonces, podría entenderse como una fatalidad que semejante divergencia política entorpeciera la mayoritaria exigencia de la sociedad vasca de que es prioritario consensuar cómo vamos a vivir, de una vez por todas, en paz.

El País

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