La bicicleta ilustrada es la Alsus Bridgestone de Florent Chavouet. El francés la rescató de un aparcamiento desierto donde había sido abandonada. Desde ese día, se convirtió en su único medio de transporte para recorrer Tokio. En la cesta, el maletín con sus cuadernos de dibujo y una silla de camping. Con eso bastaba para dibujar -con minuciosidad- Tokyo Sanpo (Sins Entido). "Tenía mucho tiempo libre porque no trabajaba. Y cuando no tengo nada que hacer, dibujo. Mi intención no era publicar un libro, sólo quería explorar una ciudad que es muy estimulante visualmente", explica Chavouet por correo electrónico. Pero tras seis meses en la capital nipona, volvió a Francia y un editor le propuso que reorganizase sus ilustraciones y buscase un hilo argumental. Él sí quería editar un libro.
Tokyo Sanpo no es ni una guía, ni una crónica de viaje. Es un libro "sobre un viaje a Japón". Que empezó en junio y terminó en diciembre. De 2006. La duración de las prácticas de Claire, novia de Chavouet, en una compañía cosmética. Dibujada está su llegada al aeropuerto de Narita, la pesadilla del jet lag, la desesperante búsqueda de casa, su rutina. “Me despertaba a la misma hora que mi novia. Sobre las siete –lo cual es muy temprano para un diseñador-, cogía la bici y me perdía por
las calles de Tokio. Por lo general, intentaba hacer un dibujo ‘modesto’ por la
mañana y por la tarde cambiaba de lugar y trataba de hacer uno más grande”.
El libro es una colección de las cosas que llamaron la atención a Chavouet durante sus paseos por la ciudad. Y pueden dividirse en dos escalas: dibuja pequeñas -diminutas- y grandes cosas. ¿Entre las primeras? Las pegatinas de las manzanas -la fruta, advierte varias veces, es "carísima" en Tokio-, la caja de unas pastillas antitusivas, las cucarachas y mosquitos que campan a sus anchas por la ciudad y por la cocina de su casa, una guarida de tortugas, carteles, un pan de molde de peluche...
A pesar de la advertencia: "Tokio es la más hermosa de las ciudades feas", Chavouet no tardó en apreciar sus virtudes. "La arquitectura es increíble, también la organización de la ciudad. No hay un centro sino varios. Tampoco hay un casco antiguo. Todo parece anárquico y ordenado al mismo tiempo", asegura. Quizás es una cuestión de mimetismo, pero Tokyo Sanpo comparte ambas cualidades: es anárquico -pequeños dibujos por todos los rincones- y ordenado. Cada capítulo se corresponde con uno de los barrios que visitó, que Chavouet abre con la ilustración de una comisaría (koban en japonés), una muestra de arquitectura japonesa que le parece de lo más variopinta, seguida de un mapa, en el que pueden encontrarse desde los principales lugares de interés de la zona -hospital, universidad, parque, iglesia- hasta un "súper chino barato donde no son muy amables", "el supermercado donde comprar los huevos" o la "academia de detectives-policías". Aquí, cuando plasma su entorno, Chavouet cambia de escala y dibuja hasta el más mínimo detalle de tiendas de ultramarinos, puentes, calles comerciales, rascacielos adornados por neones...
Pero sólo es la mirada de un francés que pasó seis meses en Tokio, insiste. "Japón rebosa inspiración visual. Hay nuevas tonalidades, nuevas formas y señales". Él simplemente trató de dibujarlas todas.
Tokyo Sanpo de Florent Chavouet. Traducción de Julia Osuna Aguilar. Todas las imágenes son cortesía de la editorial Sins Entido.
